jueves, 31 de julio de 2014

Soñadores

Una postal para decirte que no estamos solos. Hay más locos. Soñadores. Luchadores. Sueltos. Los hay por ahí que no han perdido la fe.

martes, 29 de julio de 2014

Te quedarías o te irías?

Corte radical de pelo. Miles de razones para hacerlo. Me había prometido esperar a que Maduro se fuera, pero en algún momento me dije que eso era una tontería, que no puedo seguir esperando que acontecimientos externos determinen mi vida. Quería un cambio. Un nuevo comienzo. Un paso en otra dirección. Reorganizo todo. Miro lo que hago y escojo.

Me cuesta aceptar ciertas cosas de mi vida. De mi personalidad. De mi historia. He pasado años huyendo. Sobre todo de mí misma y de mi espejo. Mi espejo humano. También es cierto que hay cosas que no dependen de uno. Cosas que no se pueden forzar, pero hay otras que spn nuestras. El eterno juego entre voluntad y destino. El dificil arte de ser mujer que forma parte de una generación perdida. Las trampas en todos lados.

Tal vez necesito darle un aire nuevo a este blog. Escribo desde mi teléfono. Bienvenidos a la era de lo inmediato. En que nuestros celulares son mucho más inteligentes que nosotros.

Estoy de regreso en el café. Trabajo en la novela. Una nueva aproximación a un trabajo ya terminado. A veces falta distancia para entender y aceptar lo que no funciona.

Pasa un tour de japoneses y llegan los locales. El día está lluvioso y frío. Y me vienen a la mente tantas preguntas: si tú pudieras, te quedarías o te irías? Quién serías si te quedas? Quién serías si te vas?

lunes, 21 de julio de 2014

Fragmentos de pensamiento en una caminata


Estoy agotada. Este post no está editado. Ni vuelto a leer. Ha sido esto así. Nadie edita mi cabeza. Mejor así. Más puro. Más honesto. Los errores de tipeo se deben a las horas sin dormir. A la velocidad con que tecleo. Los asumo y de entrada pido disculpas. 

Suena The National como siempre. Conversation 16. La puse de primero porque ya es como una especie de ritual. Voy caminando por la ciudad y me encuentro un grupo de música en la calle, rodeado de gente que filma y sonríe. Me parece tan rato escucharlos mientras en mi cabeza lo que suena es totalmente distinto y lo que sueño forma parte de sucesos de un universo paralelo.

Soy esclava de lo que imagino. No paro de hacerlo. De vivir cosas que no se pudieron de vivir. En mi mente la atmósfera. Las palabras. La ropa. Cada detalle servido hasta lo más exacto. Y lo vuelvo a repetir mientras me pregunto, ¿de dónde la tendencia a soñar despierta?

Sigo caminando. Perdiéndome. Una mujer se abraza frente a una heladería, mira los sabores mientras yo me acerco a toda velocidad. Se limpia los labios con la lengua. Pienso que es una maravilla que todavía exista gente que no ha perdido ciertos instintos de la infancia, como saborear una golosina. Así saboreo yo estos días. Como un regalo. Una bendición. Una oportunidad. Una ventana.

Sigo caminando. Hoy no llegué al río. Me fui a otro lado. A vagar.  A atravesar extraños como si yo fuera una sombra. Suena Anyone´s Ghost y pienso en mi obsesión con los fantasmas. Los que viven conmigo. Los que susurran mi nombre de vez en cuando y algunas palabras. No son malos. Son fastidiosos. Eso es todo. Hay que aprenderlos a tratar. No se trata de esoterismo o algo así, es más bien erotismo y algo de no saber lidiar con el pasado.


Voy caminando y pienso en Rayuela. “¿Encontraría a la Maga?” Y qué si la encontraba. Al final eso no iba a hacer la menor diferencia. El amor amado está o no está amado. Perdido. Desperdiciado. Pienso en las cosas que quiero escribir. En los libros que me están buscando. Camino. Doy la vuelta. Cruzo una calle. Pasa un autobús tan cerca de la acera que por un instante cambia violentamente lo que imagino. Es una tragedia. Los extraños. El cuerpo descuartizado. El conductor desesperado. Alguna vieja con un ataque de nervios. Los turistas incómodos.


Llego al lugar que quería visitar y mientras hago unas fotos unos viejos empiezan a pelear. No bajan de los 70 años. Eventualmente agarran unas sillas de metal y las usan como espadas. Finalmente se sientan uno al lado del otro, como si pegarse no hubiese sido jamás algo que contemplaron. Pienso que esto si es civilización.

Pienso en qué somos y mi vida. No sé qué clase de vida tengo. Una marea constante. Pienso de nuevo en Rayuela. En las caídas del sol. En las palabras no dichas. En los silencios. En las numerosas interpretaciones que le he dado a una mirada, en lo improbable del amor, en lo falso que es todo. En lo que queremos comprar como auténtico. Veo los turistas entregados a su paseo y me imagino cómo será ser uno de ellos. Al final lo somos todos. Si queremos. Hacemos turismo por la vida. Paseamos a toda velocidad por las experiencias. Agarrándolas. Consumiéndolas. Registrándolas en algún lugar, hoy en día demasiado público, para que quede constancia que vivimos. Hoy en día cada quien es responsable de inmortalizarse. Si nadie se acuerda de ti es porque no actualizaste lo suficiente las cuentas que tenías a la mano.

No siento miedo. Siento una gran determinación. La misma que me llevó a cortarme radicalmente el pelo hace una semana. Simplemente me levanté y me senté en la silla de una peluquera que incluso estuvo renuente a hacerlo. Finalmente usó sus tijeras y cuando me levanté había una montaña de pelo en el piso. Te quitaste un peso de encima. Ni te imaginas.

Nadie se imagina el peso que me he quitado de encima. Unas cuantas letras mientras he subido unos cuantos kilos. Este camino no es fácil. Aunque hice trampa porque desde hace seis meses estoy en terapia. Desde hace varios meses he tenido que reconocer que no todo es como yo quiero que sea. Desde hace unas cuantas semanas me di cuenta que es cierto, que algunos quieren usarte, algunos abusarte, como dice la canción. Y duele. No me gusta que me usen. Soy demasiado comeflor para este mundo.

Las noticias me asquean y cuando miro lo que pasa siento que no debo ser humana. A veces me parece que el mundo es asqueroso y me avergüenza pertenecer. Me dan ganas de rendirme. Sigo caminando. La noche cayó. La ciudad esta casi desierta y somos como fantasmas. Me gusta la humedad del verano. Me gusta el calor. Me gusta que me sorprenda de pronto una ráfaga de un vieno que me recuerda el frío.


Prendo la computadora. Pienso en cómo diablos voy a hacer para abrir mi cena que consta de una cerveza, y en bañarme porque ahora el calor es demasiado. Y pienso en escribir ese libro que tiene tanto de mí camuflado en ficciones. Pienso en soltar de una puta vez lo que quiero soltar y que las obsesiones se muden. Ese universo nuevo, imaginado, en el que habitan un millón de seres que existen justamente porque no existen y que se han convertido en mis compañeros permanentes. Mañana abriré los ojos. Leeré un rato. Tomaré café. Seré madre. Iré al cine y trataré de no pensar demasiado.

miércoles, 16 de julio de 2014

Un país frente a la cara de Messi

No sigo el fútbol. Me importa un comino el Barca, el Real Madrid y el Boca Juniors. No sé quiénes están en segunda división, ni en tercera, ni que carajos va a hacer Blatter a partir de hoy. De la biografía de Messi sé lo poco que queda explayado por los medios de comunicación, desde Cancha Llena de La Nación hasta la revista Hola! Sé que luchó contra la adversidad, que su tamaño fue su gran obstáculo y más adelante su arma secreta. Que muchas veces tuvo que escuchar que jamás lograría ser un futbolista profesional, y que luego Argentina y España se lo pelearon para sus selecciones y él decidió quedarse con Argentina, dejando pasar la cantidad de ventajas que le ofrecía el país Europeo, incluso sabiendo que en aquella oportunidad tenía más chance de ganar con esa selección y que el ambiente para él era más amigable. Él hizo lo que creyó correcto, no lo que le convenía. 

Yo me imagino que la vida del deportista debe ser tremendamente compleja. Claro, que a veces me parece que la gran cantidad de dinero que ganan y mueven y es algo que tiene que cambiar en un mundo que tiene un continente como África, pero eso es otro post. El caso es que la presión de esa gente es algo que uno desde su computador no entiende. Son personas que han librado luchas titánicas, y que salen allí a llevar la bandera de sus países, pero también la responsabilidad que sienten desde todo punto de vista, desde el económico, hasta el histórico. 

En el caso particular de Messi creo que es aún más fuerte, y aunque lo admiro, no me gustaría estar en sus zapatos. Perdió. Y no debe ser fácil. No es sólo un tema de perder un partido, mirar adelante y darle las gracias a la vida. No todo en este mundo es Zen y Paulo Coelho. En esos momentos esperamos respeto al ganador, pero al perdedor nadie lo respeta, ni mucho menos el derecho que tiene a sentirse frustrado. Creo que también hay formas honrosas de expresar la frustración, y no creo que la sonrisa falsa sea una de ellas. 

En el caso particular del domingo, la Fifa y el Balón de Oro, creo que el mismo Messi sabía que ese trofeo no era para él. Lo poco que lo he escuchado hablar y sé de su vida, la cual es relativamente tranquila y bajo perfil para un jugador que ha tenido tanta exposición y éxito, es un tipo que no anda buscando ese tipo de reconocimientos y menos inmerecidos. Para él lo perdido, perdido estaba, y lo que es más, sabía que de una forma u otra lo iban a señalar. Claro que, ese es el riesgo que se corre cuando uno se lanza a la luz pública. Y él lo asumió. Es más, era parte de su sueño. 

Creo que todo este asunto de Messi abre la puerta a una gran cantidad de temas, y no es precisamente por la cara de culo que le haya puesto o no a Dilma. Creo que tiene que ver con cómo se adjudican los premios, y por qué. Qué significan. Para qué sirven. Y cómo asumimos las derrotas. Pero sobre todo, creo que ahora que pasan los días y la gente sigue destruyendo a un gran deportista, creo que también tenemos que pensar qué vemos en la derrota ajena que nos causa tanta rabia. ¿Por qué la saña? ¿Por qué la poca piedad? 

Cada quien es libre de opinar lo que quiera. El que le molestó, le indignó, le pareció bajo y poco profesional está en su derecho. Pero seguir dándole vueltas al tema y rebajar al jugador, achacarle la derrota y encima llevarlo al terreno político, es ridículo y muestra de una miopía que sirve de prueba para demostrarnos lo mal que está el mundo y lo rampante de la ignorancia que nos carcome. 

En el fondo, me importa poco la cara de Messi. Creo que la lección de vida no está en su cara, sino en cómo el mundo la asume. No creo que ganemos nada de una sonrisa falsa de su parte, pero sí perdemos mucho con la impiedad con que la gente comenta una actitud de frustración. Somos muy tolerantes con todo, menos con la derrota. Allí somos implacables. Qué fácil es ganar. Qué fácil es pisotear al que pierde. Y lo que más me impresiona es que estamos dispuestos a tragarnos sonrisas falsas, porque preferimos las formas y no el fondo. La frustración no se tolera. Pero lo que es más, sirve de plataforma para juzgar a todo un país. 

La gente que se dedicó a hablar pestes de Brasil por las bombas lacrimógenas no se ha puesto pensar cuántos productos brasileños compra. Es decir, que vitupera por Facebook pero sigue contribuyendo para que se hagan negocios millonarios. Me pregunto, ¿de qué sirven los comentarios dañinos en contra de Brasil? Para dañar más el mundo, pero para que Dilma Ruseff entienda algo, o cambie de posición, no.

Y así ha pasado con Argentina. Generalizando. Juzgando. Desviando el foco de lo realmente importante. Y lo que es más, hablando del ejemplo que deben dar los jugadores, sin pensar en el ejemplo que debemos dar nosotros. Me da dolor cómo somos capaces los venezolanos de criticar a mansalva un país, sin pararnos a pensar en cómo está el nuestro. Cayéndose a pedazos. Y no, no sirve lavarse las manos y culpar la plaga de Chávez. Un país es su gente y todos somos responsables, todos tenemos algo que responderle a la historia, aunque en los libros no quede registrado nuestro nombre. 

Lio Messi se levantará mañana y seguirá jugando. Y quién sabe si en cuatro años logra lo que se le escapó el domingo. Estoy segura de algo, lo va a intentar. Mientras lo destruimos, aquí nos derrotan todos los días y no hacemos nada. Y me pregunto ¿es que el fútbol se pueda comparar a las batallas en las que uno se juega la vida? Tal vez en el deporte como tal no, pero en cómo se asume a través de los valores, sí. 




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Ardieron los cuerpos. Imaginándose. Soñándose. En la penumbra de un amanecer que los hacía presentirse. Con el nervio de quien sabe que ya ha sucedido la escena que está por vivir.  Que lo aún no vivido ya es pasado. Tan inexpugnable. Tan inamovible. Innegable. Certero. 
Hombre cuya piel se hace frágil ante el recuerdo del futuro. 


Dirigiéndose a paso firme hacia ese universo paralelo en el que desde hace años los unía la carne. Imaginando las palabras. Soñando el recorrido de las manos. Intuyendo latidos. El ritmo  de los cuerpos henchidos de lujuria. De placer. Las alas abriéndose en pleno vuelo. Sentidos indómitos. Piernas abrazadas. Lenguas quemando. Pechos en marea constante. Llenando los vientres de mariposas, justo en el lugar más sensible de la profundidad de la piel. Donde convergen carne y sentimiento. 

Ardieron. Él tomaba el volante. Ella sorbía café. Sus ojos en plena calle. Su cintura ajustándose a una falda ceñida. Ambos tocaron la realidad con el sueño puesto en la cama, en la pared, en el suelo, en el sillón, de espaldas, de frente. Ambos vivos y casi muertos de tanta sed. Saboreándose en silencio.  Buscando alivio con la mano propia bajo la prisión de los fluidos. En pleno descenso hacia el desenfreno, en pleno ascenso hacia el orgasmo lejanamente compartido. 
Ave triste. 

Mariposa solitaria.

Voladores de sombra. De oscuridad. Amores rastreros. Kamikazes que se lanzan al fuego sin ver. Sin esperar. Sin el menor cuidado. Sin medida. Ni atención. Sin ideas. Ni razones. Ni principios. Esclavos de instintos primitivos y salvajes. Subyugados a las exigencias de la piel. 


Ardieron en sueños, hasta sucumbir a la combustión espontánea del deseo frente a frente. 

lunes, 14 de julio de 2014

En un juego la vida



Mi afición por el equipo de fútbol argentino empezó en la cocina de mi casa en el final del Mundial de México 86. Yo tenía apenas siete años, mis papás habían salido, mis hermanas también, me había quedado sola con una niñera. Veía el partido en un televisor que estaba encima de la nevera en la cocina. No me interesaba el fútbol. Argentina ganó y no puedo decir que fue la emoción más grande de mi vida, simplemente me cautivó aquella selección. Vi calladamente esa celebración que se terminó cuando la transmisión culminó y volví a las muñecas, a la soledad de mi casa en un domingo sin adultos, a otra cosa. Hasta cuatro años luego, cuando desde el comienzo mi equipo fue Argentina. Y así desde entonces. Siempre sentí que la selección llevaba algo de mí. Tal vez no tiene nada que ver con un deporte sólo sigo en mundiales, sino con una especie de camaradería. Una compañía en una tarde solitaria de domingo.

Cuando finaliza el partido, como ya es costumbre enfocan a ganadores y perdedores. No deja de afectarme ese contraste entre la victoria y la derrota y las formas de asumirlo, tanto de los fanáticos como de los jugadores. Del ganador esperamos la algarabía, nada especial, con el perdedor, somos implacables. No nos gusta. No nos gusta ver la frustración, ni los sentimientos negativos, hay que reflejar humildad, en tal caso tristeza, de resto nos parece de mal gusto e injusto. Un jugador, para ser un héroe, tiene que tener destreza para ganar y coraje para perder.

Entonces pienso en el partido, en el mundial, en el fútbol, lo que significa, lo que mueve. ¿Qué pasa hoy? ¿Cómo amanece el mundo? ¿Qué cambia un mundial?

Para un país, ¿qué cambia de ganar un juego? Sobre todo cuando se ha tratado de ligar tanto el deporte a la política. Tal vez los expertos me contradigan, no sé si un deporte afianza un presidente o cambia el destino de una nación. Seguramente contribuye en algo, une a la gente y la hace más benevolente. Le permite poner la rabia contra los problemas cotidianos de lado. En general, las vidas de quienes ayer lloraron y hoy seguramente critican el partido con agudeza no cambiarán de una forma u otra. O eso parece.

Entonces, ¿qué significa el deporte? Eso de ver a los equipos luchar por una pelota, combatirse, agredirse, acercarse un gol, lanzar la pelota y rezar. Estoy segura que si Dios tuviera estadísticas a la mano podría decirnos que se registran más oraciones por segundo durante uno de estos partidos que durante cualquier crisis internacional. Allí está invertido tanto. Patrocinantes, la FIFA, las selecciones, scouts de talento que están viendo y sacando cuentas. Para muchos el mundial no es un deporte, ni una fiesta, ni un bálsamo que viene a sacarlos de la vorágine de la cotidianeidad, sino todo lo contrario. Para muchos ahí está la vida, la oportunidad o el paso en falso.

En un juego. Algo que sigue siendo misterioso. Que a veces parece voluntario, pero otras no. Que depende de la voluntad, del discernimiento y la consciencia de algunos hombres, de la fortaleza física y mental de otros y de las ganas, los deseos y las energías de millones. ¿Y al final? ¿Cómo sigue la humanidad? En el caso de los involucrados directamente no sé. Creo que algún día me gustaría conocer los intríngulis de esos organismos, que en muchas ocasiones habrán jugado con el corazón de tanta fanaticada. Tanta gente haciendo dinero a costa de una especie de religión, de las emociones que se tejen en evento en el que deposita esperanza, sin saber mucho qué espera además del resultado a favor. ¿Y el resto?

Nosotros seguimos con nuestras vidas. Para muchos habrá nacido un héroe, o tal vez alguien que admirábamos nos desilusionó. Quizás la mayoría no saque nada  de esto y sea una experiencia más. Una tarde más en la que pasó algo distinto. Muchos se levantarán hoy a juzgar y a endiosar al que crean conveniente, y allí la presión y el peso de quienes salieron a darlo todo, ese el riesgo y ellos lo saben.

No sé cuántas fanaticadas nacieron ayer, cuántas personas creyeron alcanzar algo o tocaron la gloria. No sé qué sentirán los argentinos y los alemanes, mi país  no ha estado en un mundial.  Sólo sé que dentro de todo esto hay una gran lección para el ser humano, sobre creer y esperar, pero sobre todo sobre la relación entre la voluntad y el azar, sobre la humildad al ganar y la inteligencia al perder.


Hay algo más profundo en el fútbol, algo bajo el campo que muchas veces la adrenalina no nos deja ver, y es línea tan delgada en la que parece que todo es sólo un juego, pero a la vez no. Algo que apariencia no es nada, pero en lo que llevamos la vida. Nos recuerda que es en una tarde, de pronto, cuando sucede la vida, con acontecimientos que pensábamos que no tenían que ver con nosotros, pero que nos hacen quienes somos. Nos inspiran o nos quiebran. Se hace un fanático o se forja una convicción, un ejemplo, o una desilusión que crea un abyecto. Así es el fútbol. Así es la vida. Alguien alza la copa luego de un un partido que se llevó y que trajo todo, incluso para el que le pasó por encima y pensó: esto es sólo un juego.

viernes, 11 de julio de 2014

Soñando con Itaca

Estos días han sido para reflexionar. Así que hoy voy a dejar en este post un poema. Itaca de Kavafis. He estado tan preocupada por llegar a Itaca, que me he olvidado del viaje, y la importancia que tiene. Hay mil Itacas. Yo tengo mil Itacas, pero por alguna razón, no termino de embarcarme en el viaje. Es como que quedo viendo de lejos ese lugar soñado, pensando que nunca podré entrar.

Eso va a cambiar. A eso me dedico estos días. Estos procesos no son fáciles, lo que no quiere decir que no sean imposibles. Lo que hace falta es convicción, paciencia y trabajo. Y con eso en mente manos a la obra.

Eso sin dejar de lado, que hoy en día además de escritora soy mamá y que ese es un trabajo que si no lo hago bien no sale todo lo demás. Lo que quiere decir, que la paciencia, la convicción y el trabajo vienen con el doble de la carga.

Y si lo unes a todo la frustración de vivir en un país roto, ni hablar.

Pero basta de quejarse por la circunstancias. Creo que el hecho de estar aquí presenta un deber y una oportunidad. Y en eso ando pensando en lo que voy a hacer, y cómo voy a dar mis próximos pasos.

Además estoy haciendo algo que rara vez hago. Pedir ayuda y deslustrarme de las sombras.

Todos los días un esfuerzo por vivir acorde al consejo de Píndaro: "Llega a ser ser quien eres".

Con ÍTACA en los sueños, en las metas, me embarcaré en mi viaje.

ITACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.