lunes, 19 de febrero de 2018

De que hablo cuando hablo de no tolerar enchufados

Sí. Gran parte de la mierda, de la tragedia de esta revolución asquerosa es que ha sacado lo peor de la gente. Gente que queríamos. Gente que era de nuestra gente. Con la que crecimos, compartimos, con quienes pensábamos que íbamos a estar unidos toda la vida. Personas que creíamos que compartían nuestros principios y valores, y sobre todo el respeto por un país que tanto nos dio, de repente se unen a la parranda de bandoleros que no sólo nos robaron y dejaron a Venezuela quebrada, sino que en el proceso se han cobrado tantas vidas.

Una de las caras de esta tragedia es la separación. Nos ha tocado dividirnos de muchísimas maneras. Nietos que ya no pueden crecer viendo a sus abuelos, hijos que no han podido ir a enterrar a sus padres, navidades en solitario, y así. La historia de la despedida, de la pérdida, incluso de formas atroces y violentas nos ha tocado prácticamente a todos y tristemente se puede decir sin riesgo de generalizar, porque hasta Cilia la dejaron sin sobrinos (y que fresco nos trajo al menos algo de justicia). El caso es que para muchos es muy duro tener que renunciar a una amistad, a un vínculo familiar y en ese caso el cómo tratamos a un ser querido que se enchufó genera, al parecer, muchas dudas.

La venganza y el resentimiento son las peores expresiones del ser humano. Vengándonos no vamos a traer de vuelta el país que perdimos. Muriéndonos de rabia día tras día tampoco. Todo eso es cierto. Cuando uno sufre, sobre todo una herida profunda, el momento de liberación total es el momento del perdón. El problema está cuando confundimos el perdón y la tolerancia con la comodidad y la falta de principios. Para plantarse sobre un principio no hace falta agredir a los demás. Ya lo dice el dicho que lo cortés no quita lo valiente. Si bien escrachar le puede parecer bien a algunos porque es una forma de desahogo hay también formas más inteligentes y hasta eficaces de aplicar una forma de sanción muy necesaria para que nuestra sociedad evolucione: la sanción social.

Como sociedad somos responsables y esto es algo que tenemos que entender. No se trata de ir a golpear, ni agredir a nadie, pero tampoco la otra cara de la moneda es pasar la página y mirar hacia otro lado. El momento que uno aplica la segunda opción, por más que lo haga agarrado de unos tweets o de unas citas a veces hasta apócrifas del Dalai Lama o de Gandhi, uno se vuelve en cómplice de toda esta porquería.

Hace unos años me encararon y me dijeron qué haría si llego a una cena y está sentado un gran enchufado. ¿Qué entonces? Me preguntaron. ¿El show? ¿Le vas a gritar? ¿Lo vas a humillar? La verdad es que parece mentira como nuestra cultura es tal cual como en las telenovelas, para hablar claro y decir lo que piensas tienes casi dar una cachetada y batir pelos, tirar puertas, pegar gritos. En realidad mi respuesta fue que si eso me pasa, y lo mantengo, sencillamente me voy sin dar demasiadas explicaciones, porque al buen entendedor no le hacen falta demasiadas palabras. Yo no tengo por qué gritarle a nadie, humillar a nadie, no es mi naturaleza, ni se me dan esas confrontaciones, yo simplemente me voy, no me siento, no como, no comparto, no me río de los chistes, ni paso el rato en cordialidad y simpatía con la gente que destrozó mi país. Tendrán sus jueces, los del estado y los de su conciencia, la propia incomodidad que les dará darse cuenta que uno a pesar del dolor también mantiene la dignidad para entender que su basura no será tolerada, que no por ser amigos de mis amigos, o porque tengamos algo en común se pasa la página y se mira hacia otro lado.


La cosa es que ahora hay gente que aplica la de la confusión para pasar el trago amargo de la culpa por haberse tomado la champaña de un enchufado. Es que ¿qué voy a hacer? Dicen. Nadie está pidiendo, ni es lo que se busca, que se aplique la justicia como Pedro El Grande de Rusia que asesinó  y empaló a sus enemigos. ¡Por favor! Al final del día esa no es la base de la república que queremos para el futuro. Si uno es decente, uno también aplica ese criterio a la hora de defender un punto, sobre todo de defender un país.

Sin embargo, es muy simplista y cómodo usar como excusa valores como la tolerancia y el respeto para tapar la complicidad con gente que ha dañado tanto el país. Y ese es también parte de nuestro problema. Uno de los casos más duros es el de los hijos en las escuelas. Que un niño no tenga la culpa de lo que hicieron sus padres es totalmente cierto. Nadie habla de escrachar niños, ni hacerles daño,.. Eso sería un oprobio, y da mucho dolor ver a los chiquitos pagar por el daño de los padres, aunque lamentablemente es una realidad con la que tienen que vivir.  No se trata de hacerle la vida un infierno, pero a la vez nadie te obliga a mandar a tu hijo a un cumpleaños en avión privado, a un carnaval en una isla privada, porque es que pobrecito. Cuando aquí las víctimas que realmente han pagado todo esto no son los hijos de los narcoenchufados, son otros, los que realmente han perdido todo.

Tolerar no es dejar pasar. Respetar no es quedarse callado. Al final del día, para ser tolerante no tienes que ir a disfrutar de aquello que ha sido costeado con la miseria de otros venezolanos. Sí, es duro de asumir. Es duro enfrentar más pérdida, pero el derroche del que mucha gente buena ha participado se ha financiado a punta del dolor de quienes hoy no consiguen medicinas, ni alimentos. Cada vez que una madre tiene a un bebé en brazos que no ha ni probado fórmula, que el bebé llora de un hambre que no se puede saciar porque sus padres no tienen cómo comprar el alimento, cada paciente que no tienen diálisis, ni tratamiento para el cáncer, esa mengua y ese sufrimiento están en las copas, en las carteras, en los yates, en los paseos, de los que mucha gente se beneficia “porque él es mi amigo y no tengo nada que decir, soy tolerante, cada quién como es”.


Insisto, no se trata de ir con una bandera, de agredir a nadie, se trata de ser firme y coherente. Se trata de que la gente decente, luchadora, trabajadora, tiene que hacer que su voz se escuche. Y sí, tiene que haber un poco de intolerancia hacia el que robó, saqueó y ayudó a destrozar este país. Esto se ha llevado a demasiada gente por delante y así como los políticos tienen responsabilidad nosotros los ciudadanos también. Al final del día, si tu amigo, tu primo, es realmente una buena persona, si está arrepentido y le duele la solución es muy sencilla: que devuelva lo que se llevó. Y tú, no tienes que levantar una bandera, ni desenvainar una espada, ni siquiera escupir un insulto: con que digas no gracias, educadamente y con la mirada firme, con que digas lo siento pero mi abrazo ya no puede ser el mismo. Con eso es que ganas la batalla.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Saturno devorando a sus hijos

Saturno devorando a sus hijos es una de las obras del que se conoce  como el período negro de Francisco Goya. Guya pintó 14 obras directamente sobre las paredes de su casa en Burdeos entre 1819 y 1823. El pintor no sólo se había quedado sordo, sino que además sufría por los conflictos sociales y políticos que había sumido a España en la invasión y la guerra. Goya fue quizás uno de los primeros artistas en representar en su obra directamente su pensamiento político. Aunque fue un hombre que siempre supo surcar las turbulentas aguas que del mecenazgo necesario para crear y sobrevivir en un mundo en que un pintor era poco más que un artesano, su visión de la humanidad, de la profundidad de los conflictos entre las naciones y los hombres, de lo absurdo y lo devastador que puede resultar la violencia para un país, quedó plasmado en su obra, como hasta entonces pocos artistas pudieron lograrlo.

Francisco de Goya, Saturno devorando a sus hijos,  Oleo traspasado a tela, 1819-1923, Museo del Prado, Madrid. 

En esta obra en particular vemos a Saturno o a Cronos, devorando a uno de sus hijos. Como cuenta el mito, el creador para evitar que sus hijos lo superaran los devoraba. Es la quintaesencia de la antropofagia, del padre que no está dispuesto a que sus hijos lo alcancen, ni lo depongan. Es una reflexión sobre las mecánicas de poder que desde comienzos de la historia han marcado las relaciones humanas. Nos lleva a plantearnos la reflexión de si el hombre es por naturaleza violento, si a pesar de que luego Cronos es depuesto y derrotado por la astucia de uno de sus hijos y la abnegación de una madre que se niega a capitular ante las órdenes de su marido, a la larga es imposible que el hombre venza ante la voracidad de los mecanismos de poder.


Hoy en día, a pesar de que en occidente el estado y los derechos humanos han logrado grandes avances en cuanto al sistema de libertades, todavía parecira que el poder, que el Cronos, se come a sus hijos. Esa es una imagen que transmite emociones y que expresa sentimientos aún vigentes en quienes vemos en las coyunturas de nuestros países situaciones de desigualdad e injusticia. Tal como las vio el propio Goya, que atormentado se valió de la mitología para reflexionar sobre esto asuntos.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Dede lejos

En el último año y medio he llorado más veces en mi carro que en todo el resto de mi vida. Algunas veces ha sido por una mala pasada del Spotify. Porque suena una canción que me recuerda una calle, un momento de Caracas y no puedo evitar sentir que algo en mí se quiebra. Algo que no sé si voy a recuperar. Otras veces ha sido porque uno está tan solo. Tan solo. No es una soledad de falta de compañía. Es una soledad distinta. Esto de ser extranjero. De caminar distinto, hablar distinto, de depender de una explicación para todo. Sí, es un descubrimiento, una aventura y una oportunidad, pero es también una orfandad.

No hay un día de la vida que no piense en mi casa. En la de mi mamá. Hay días que sólo añoro el olor de Caracas por la mañana, o antes de la lluvia. Hay días que sólo quisiera que fueran las cuatro de la mañana en La Castellana, porque a esa hora que los pájaros empiezan a hacer ruido. Extraño mis amigos. Mi familia. Extraño tanto que ya me he vuelto una profesional del arte de extrañar. Y como imagino, pues no he parado de imaginar, y así entre la memoria y la imaginación creo que he creado un país dentro de mí que no sé si existió alguna vez, pero que es tan mío. Tan profundamente mío.

Sin embargo, este es mi aquí y mi ahora. Este cielo, estos colores, estos sonidos, estas bestias tan distintas a las ya dominadas por mí. Las ciudades, los países, son pequeñas reproducciones del universo, y nosotros tenemos que reprogramar nuestras naves para navegar por ellos. Los colores, los sabores, las miradas de otra ciudad. Lo que arrastra otra historia. No hay un manual, ni hay reglas exactas, no hay forma de decir esto se hace así, o no debe hacerse de esta forma porque al final del día cambiar de mundo es tan complejo como cambiar de amor, de profesión. Es tan duro como perder una extremidad. Es tan desgarrador como que te rompan el corazón. Te deja tan aturdido como un golpe en la cabeza. Te deja tan mudo como la pérdida total de la memoria.  Llegar a un nuevo país es aprender a vivir de cero. Y lo más difícil, lo que nadie puede decirte es cómo, cuándo y ni siquiera si debes dejar ir el anterior.

A lo mejor debemos dejar ir lo malo, pero quedarnos con la maravilla. A lo mejor debemos seguir fomentando ese país imaginario, de los sueños, del recuerdo, de la infancia, de lo que fuimos, de lo que nos ataba a él, de las tardes maravillosas, de la risa, del baile, del placer, de la mirada que nos hizo sentir vivos por primera vez, del paso firme, de la palabra inteligente.

Los caminos que tenemos que recorrer no siempre dependen de nosotros. A la veces la vida simplemente se abre, porque su topografía es así, inesperada, imprecisa, salvaje, pero lo que sí podemos hacer, de lo que sí somos dueño es de nuestro paso. Volver a atrás nunca será posible. Pero lo que hemos sido, lo que hemos vivido, forma parte de nuestra esencia y nadie nos la puede arrancar.


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Estos son días duros. Para mí, para todo el que se fue, para todo el que se quedó. No somos unos más que otros, nunca lo hemos sido. Cada quien sufre a su manera, sueña a la suya, cada quien añora algo que no volverá, cada quien espera lo siente que le salvará, lo que devolverá algo de vida o transformará la que tiene. Todos esperamos a que el destino nos toque la puerta, nos recuerde lo que fue amar, y perdonar, mirar el cielo sin temor y tristeza, pero sobre todo sin miedo. Todos esperamos escuchar nuestro nombre, como un eco que viene desde lejos y reconocer el llamado, no de la partida, sino del reconocimiento.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cómo Sobrevivir a Perro Paisajista


Yo no he hecho nada.


Homero. Es un Golden Retriever que llegó a nuestras vidas hace exactamente un año. Homero es el perro más dulce que he tenido desde que tuve mi primer perro a los quince años. El puede pasar del agua y de la comida con tal de que le hagas cariño. No le importa si tienes café caliente o vino en las manos, te lo garantizo que te lo va a echar encima si haces contacto visual, porque va a ir a forzar su cabeza entre tus manos para que lo acaricies. Sí, la culpa es mía, yo malcrío a los perros.

Antes de que llegara Homero yo había arreglado el jardín. Nunca he sido de plantas, ni matas, ni me sé los nombres de los árboles, ni entiendo de huertos, de transplantados. Me encantan las flores, lo verde, pero no es lo mío. Soy demasiado dispersa para el cuidado que requieren algunas matas, lo confieso, pero estoy decidida a tratar. Una de las razones por las que hice un huertico y arreglé el jardín es que como a mis papás les encanta pues yo los sentía más cerquita. Pero entonces me sentía muy sola y salí a buscar a Homero.

Bueno, Homero, como pasa con todos los perros le toma un tiempo adaptarse a la familia, para él la manada, al entorno, a la rutina. Pasan unos tres días de capa caída pero después son unos tres meses dependiendo de la edad del perro para que de verdad se adapte. Una de las cosas que he aprendido en estos años es que no todos somos buenos entrenadores de perro. Yo soy un verdadero desastre, lo reconozco. Apapacho, consiento, y he llegado a humanizar al perro cosa que es un error garrafal que después terminamos pagando los dos. El caso es que con Homero busqué ayuda de un entrenador, cosa que en México no es tan costoso y me ayudó un imperio. Sí, reconozco que hubo días en que no sabían si entrenaban al perro, a mí o me daban tips invaluables para criar a mis hijos. El caso es que la llegada del entrenador fue una bendición.

Homero, como buen cachorro, y Golden tiene el instinto de hacer agujeros en la tierra y arrancar las matas. El primer consejo es cansarlos para que no tenga ni energía de pensar en eso. Otro es dejarle un espacio del jardín, donde haya tierra fresca y húmeda (los golden pasan mucho calor, al igual que otras razas), porque a ellos aunque a uno les parezca asqueroso, le parece que no hay mayor placer que echarse sobre tierra húmeda.

Otra de las razones por las que arrancan matas es por ansiedad. Sí, esa fase paisajista no tiene nada que ver ni con celos a las flores, ni disgusto por el olor, a veces es porque se quedó solo, porque se siente olvidado, porque sabe que así llama la atención de su dueño.

El truco infalible para combatir las embestidas contra las plantas es: el tabaco. Así como lo oye mija. Uno agarra tabaco, se lo restriega en la nariz al perro, eso lo hace estornudar y luego se esparce entre las matas y es un santo remedio. Los perros detestan el tabaco, así que apenas lo sienten se alejan. Lo malo es que se diluye muy rápido, así que hay que volverlo a aplicar cada dos días más o menos. Pero en un par de semanas, ya ni se acercan a averiguar. Y si con el paso del tiempo lo vuelven a hacer (sí, Homero ha vuelto a traer una planta, arrancada desde la raíz en plan, mira ¿verdad que yo soy fuerte y logro lo que me propongo) con volver a empezar rapidito se dan cuenta que por ahí no van los tiros. Sin embargo es importante reconocer las necesidades de su raza para que ellos desahoguen esa energía y ese instinto de otra forma porque si no van a ir a destrozar otra cosa.


lunes, 13 de noviembre de 2017

Sobre Coco


 

Amamos Coco. La historia de un niño que sueña con ser músico a pesar de que en su casa se lo prohíben por la historia familiar. Entonces Coco, para realizar sus sueños termina en la tierra de los muertos, donde se encuentra con su familia, sus raíces, pero sobre todo reafirma su convicción de lo que ha venido a hacer en la vida.

La belleza de Coco es que está enmarcada en la tradición mexicana del Día de Muertos. Quizás uno de los eventos culturales más espontáneos que haya vivido. México se transforma para el dos de noviembre. Todo se llena de cempasúchil y calaveras de colores, y a pesar de que por la cercanía con el Halloween todo tiene un aire macabro, en realidad es un día el se celebran los amores más grandes que se hayan tenido en la vida. La familia, los amigos, y la huella que ellos han dejado en nuestras vidas.

Creo que a la larga Coco tiene una importancia mucho más grande de lo que podamos imaginar, porque la película plantea un tema que ha sido uno de los grandes problemas de América Latina: la memoria. Cómo recordamos, cuándo y por qué, pero sobre todo la otra cara de la moneda: el olvido. Somos un continente de olvido. Estando en México me he dado cuenta que es un mal que padecemos en muchos países de la región. Aunque México hace un gran esfuerzo por mantener su memoria y celebrar su historia, todavía hace falta que ese fenómeno permee en la gente. Sobre todo en cuanto a la gloria prehispánica se refiere.

Una de los grandes temas de Coco es que para saber quién eres, para entender bien tu destino y tu propósito en la vida es fundamental conocer tu historia y saber de dónde vienes. Si tomamos este punto de reflexión, el tema no sólo tiene que ver con conocer tu historia familiar, sino la de tu país. El viaje de Coco, el mismo título de la película, alude a la herencia que recibimos de nuestros antepasados y que mantenemos viva no sólo en el altar del día de muertos, sino en la forma de compartir la vida, en cómo nos apoyamos unos a otros y como de generación en generación se transmite el amor.

Otro de los aspectos importantes de la historia de Coco es el matriarcado. La película arranca con la historia del bisabuelo de Coco, que abandonó su hogar y dejó a su mujer y su hija. Esta es la realidad de millones de mujeres en nuestro continente. Somos una cultura machista, pero de matriarcado, en el que empuje de las mujeres saca los hogares adelante. En Coco no hubo una fórmula mágica para resolver el abandono del padre, sino una mujer que no se amilanó, ni se echó a morir, sino que salió adelante. Que la vida la endureció ¿pues a quién no? Pero en la resiliencia está también el secreto del éxito en la vida.

La grandeza de Coco está en que para abordar estos temas y contar esta historia, se apoya en las tradiciones mexicanas. Es que México tiene una serie de tradicoines y elementos culturales llenos de magia. Uno de los ejemplos más bellos son los alebrijes, objetos artesanales en los que el artesano interpreta sus sueños y crea una especie de animal, producto de su imaginario más profundo. La música, no es un elemento accidental tampoco. Quien ha venido a México sabe que no es raro en una noche cualquiera que el viento traiga de lejos el sonido de una fiesta de mariachis. Aquí todo se canta, incluso cuando se preparaban las ayudas para las víctimas del terremoto se cantaba. México con todos sus problemas es un país lleno de color, de emoción, cuya historia y tradiciones tienen mucho que enseñarnos de la vida. Es una herencia prehispánica, que emociona a todo el que se acerca a ella y me tomo permiso de generalizar.

A pesar de una que otra mínima laguna del guión, que sí la hay, pasa desapercibida porque Coco es una historia honesta, mágica, que quiere tocar al espectador sin importar la edad. Que no ha venido a dar lecciones, ni trae moralejas baratas, pero que sobretodo nos viene a recordar que la cultura y las tradiciones no son ni algo grandilocuente y alejado de quien no sea erudito, sino más bien parte de la vida. Nos recuerda que el amor más grande es la familia y que la muerte nos arranca del mundo pero si sabemos vivir bien la vida seguimos presentes en la memoria de aquellos a quienes tocamos mientras estuvimos en este mundo.


Rating: 5/5.