jueves, 14 de mayo de 2015

Esperando a los Bárbaros - Constantino Cavafis

-¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

-¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto
y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,
está sentado, solemne y ciñendo su corona?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
Y el emperador espera para dar
a su jefe la acogida. Incluso preparó,
para entregárselo, un pergamino. En él
muchos títulos y dignidades hay escritos.

-¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron
hoy con rojas togas bordadas;
por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;
por qué empuñan hoy preciosos báculos
en plata y oro magníficamente cincelados?
Porque hoy llegarán los bárbaros;
y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

-¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores
a echar sus discursos y decir sus cosas?
Porque hoy llegarán los bárbaros y
les fastidian la elocuencia y los discursos.

-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.

martes, 12 de mayo de 2015

¿Cómo formar un círculo de lectura?



Aquí algunos de los tips para quienes quieren comenzar con un grupo de lectura. Eso sí, lo más importante es divertirse. La lectura, por más seria que sea, tiene que ser un placer.

1. Definir el Tipo de Club de Lectura: Lo primero que se debe hacer antes de formar un club de lectura es sincerarse en cuanto a las intenciones del mismo. Quizás parezca demasiado serio decirlo, pero un Club de Lectura es una institución literaria, por más pequeño que sea, y si no se define la naturaleza del mismo difícilmente será exitoso. De modo que quien lo promueve debe estar muy claro en qué está buscando. Hay quienes buscan en esta actividad una forma de entretenerse, de hacer una actividad diferente. Otras personas sienten que tienen un vacío en cuanto a sus hábitos de lectura y quieren mejorarlos, como cuando uno se inscribe en un gimnasio y lo paga por adelantado porque siente que es la única forma de obligarse a hacer ejercicio. También están los lectores más experimentados que lo hacen porque quieren sistematizar un espacio de reflexión literaria. Cualquier razón es válida. Lo importante es tenerla clara y expresarla con humildad.

2. Definir el tipo de miembros: Una vez que uno tiene en mente el tipo de club de lectura que quiere formar entonces puede invitar miembros. Si la idea es organizar un grupo que se reúna de manera informal, por puro entretenimiento, entonces no sería adecuado invitar a personas que sabemos que son lectores experimentados, que de entrada estarán buscando discusiones más profundas, a menos que previa discusión estén de acuerdo con el formato del club. Lo mismo sucede si la idea es hacer reflexiones profundas. En este último caso será difícil que el club sea exitoso y se mantenga en el tiempo si la mitad de los miembros quieren hablar  de una novela que lleva un mensaje profundo y filosófico y la otra quiere hacer una discusión más superficial. Siempre hay que respetar las opiniones de los demás, pero para armar un grupo como este es importante que las intenciones sean las mismas. En otras palabras, el club debe ser heterogéneo en cuanto a sus miembros, pero homogéneo en cuanto a la aproximación a la lectura de cada uno de ellos.

3. Establecer Frecuencia de Reuniones: Al invitar a los miembros es importante tener definido la frecuencia con el club de va a reunir, de este modo las personas que acepten formar parte del club sabrán si pueden comprometerse o no, y qué ofrecer en cuanto a su disponibilidad de tiempo. Hay círculos literarios que se reúnen cada mes, otros de forma trimestral, incluso hay los que se reúnen anualmente o hasta semanalmente. Todo depende de la naturaleza del círculo de lectura y de las obras a discutir, cosa que forma parte del siguiente paso. Recomendamos ser lo más disciplinado posible en cuanto a las fechas de las reuniones. Si se acuerda una reunión una vez por mes es importante mantenerse fiel a ello, así varios miembros no puedan asistir, en la medida en que vean que se mantiene la seriedad de la fecha para el siguiente mes se organizarán.

4. Identificar la Naturaleza de las Obras a Leer: Dependiente de las intenciones del club de lectura y de la cantidad de tiempo disponible el siguiente paso es establecer el tipo de obras a discutir. En club más bien informal, donde la idea es divertirse y donde los miembros no son lectores experimentados, sería buena idea aclarar que no se leerán obras de mil páginas. Cada libro tiene sus lectores y su tiempo de lectura. Así mismo, si el club de es lectores empedernidos y quisquillosos, proponer libros que tal vez sean entretenidos pero que carezcan de interés para el lector que busca adentrarse en un estudio de los clásicos hará del club un fracaso. Todos los miembros deben estar claros en cuanto a la naturaleza de las obras a escoger, y es importante definir en un principio si en el club se discutirá sólo literatura y si el mismo estará o no abierto a otros géneros como ensayo, poesía, biografías, historia, entre algunos ejemplos. Es importante tener en mente una especie de canon ideal, aunque no sea definitivo, no es conveniente que algunos miembros esperen leer clásicos de literatura universal mientras que otros están ansiosos por leer la última novela de vampiros. Hay clubes donde sólo se discute literatura contemporánea, otros donde todo es válido.

5. Desarrollar el Mecanismo de Funcionamiento: ¿Quién escoge los libros? ¿Cómo se lleva a cabo la discusión? ¿La discusión es moderada por alguien o es abierta? Hay clubes en los que todos los miembros tienen la oportunidad de escoger un libro siguiendo el mecanismo de turnos. En otros se somete a votación. Todo depende de la naturaleza del club y de la amplitud en cuanto a género. Un consejo es establecer la regla de que la mitad más uno puede vetar un libro que sea propuesto, de esta forma se garantiza el interés de varios miembros en cuanto al libro que se va a leer. Un club de lectura no es exitoso si la mayoría de los miembros no se siente atraído por lo que se ha mandado a leer. Otro punto es cómo van a hacer las discusiones. En algunos casos se pide que quien escoge el libro haga una pequeña presentación, se puede hablar del autor y del contexto de la obra. En otros grupos se invita a alguien de afuera para que haga esta parte de la presentación y en otros es deber de todos averiguar. Sea cuál sea el mecanismo escogido lo importante es contar con el acuerdo de la mayoría, a fin de que nadie sienta que tiene que hacer una tarea que le causa desagrado o que no puede expresar una opinión, o algo que sabe.

6. Nombrar un Moderador o Promotor General: Como toda institución nada funciona si no hay un responsable. No importa si el moderador o el promotor no es la persona que movilizó a los miembros en un principio, lo importante es que haya alguien que esté pendiente de recordar a los miembros cuándo son las próximas reuniones, que facilite y ayude a los miembros a ubicar copias ya sea en papel o en digital de los libros, y que ayude a organizar la parte práctica de los encuentros. El lugar, la hora y la confirmación de los asistentes. Esta es la parte más difícil, pues suele suceder que nadie quiere la responsabilidad, ni el trabajo extra que implica movilizar a un grupo de gente. La realidad es que si no hay un promotor empujando a los miembros, estos suelen disolverse. Recomendamos que sea siempre la misma persona, pues cuando esto se rota sucede que no todo el mundo coordina la actividad con el mismo ahínco.

7. Elaborar un Decálogo o Reglamento: Es fundamental que las reglas del funcionamiento del club estén por escrito y disponibles para todo el mundo. De esa forma nadie puede decir que no sabía que tenía que hacer una presentación o que la mitad más uno podía vetar un libro propuesto. Mientras más claras estén las reglas para los miembros, más posibilidades de éxito tiene el club. Así mismo es importante definir las reglas de comportamiento dentro de la discusión. Hay clubes en donde cada miembro tiene la palabra durante tantos minutos y no se puede entrar en discusión, hay otros donde más bien se busca una discusión. Todo depende de la naturaleza del club lo que están buscando sus miembros. En este sentido lo importante no es lo que se haga, sino cómo se haga y que se establezca de forma clara. Se recomienda establecer en el reglamento que se debe respetar la opinión ajena y prohibir el vocabulario soez. Cuando las discusiones se van al terreno de la falta de respeto hacia el libro y los participantes la experiencia se vuelve negativa y el club será un fracaso. Se debe informar a los miembros que si alguien incumple el reglamento se le puede revocar la invitación. Este tema es crucial para el éxito del club, nadie quiere pertenecer a un grupo donde corre el riesgo de ser agredido por emitir una opinión.

viernes, 8 de mayo de 2015

Sobre la carta de Dilma a Tintori y a Rousseff

Pareciera que Dilma Rousseff no sabe lo que es una democracia. La carta que le envía a Lilian Tintori y a Mitzy Ledezma es un ejemplo de la hipocresía con que se manejan la diplomacia, la política, la izquierda. Durante años el pregón de estos líderes que se rasgaron las vestiduras por su sufrimiento y que cantaban hasta sacarnos lágrimas y que ahora forman parte de varios gobiernos fue la exclusión y la injusticia que plagaba a América Latina. Parece que más sincero era el discurso de cualquier miss al hablar de paz mundial. Resulta que una vez electos, empezando por Chávez, demostraron (claro que Chávez jamás prometió otra cosa, sólo que los venezolanos jugamos a la demagogia, al caudillismo, a que el líder siempre tiene que decir lo que la gente quiere oír y no lo que debe o tiene que hacer), que lo que querían era venganza.

Si bien Dilma ofrece en su carta toda una suerte de deseos e intenciones de hacer lo imposible porque se resuelva la crisis en Venezuela, queda claro que dentro de lo imposible no entra, no sólo dejar de hacer negocios ni estar del lado de un gobierno que abusa sistemáticamente de los derechos humanos de sus ciudadanos, sino además no está cotemplado ni siquiera recibir, escuchar el planteamiento de las esposas de dos presos políticos. No sé qué ejemplos haya de cosas menos democráticas que no escuchar a una persona, independientemente de su forma de pensar. 

Claro. No podemos pecar de ingenuos, todos sabemos lo que implicaría que Dilma recibiera a Tintori y a Ledezma. Probablemente para ella una crisis interna, política, muchos problemas, debacle, fin del mundo. Primero recibe La Cenicienta al Capitán Garfio. Quizás, digo quizás, porque como no conozco a Dilma no puedo aplicar una omniciencia al mejor estilo novela de ficción, ella en realidad sí se preocupe por los presos políticos, tal vez sí sea una persona que se angustia, que quisiera que parasen las violaciones de derechos humanos, bueno todos tenemos una abuelita que nos ablanda el corazón, al menos su recuerdo. De modo que a lo mejor ella sí ha sacado la cuenta y está al tanto de que cada tres meses en Venezuela hay más muertos que en Nepal, pero no lo puede asumir porque bueno, el costo para ella sería muy caro. Entonces somos como ganado, y ella seguro es vegana y no come fois gras porque pobres gansos. Los venezolanos van al matadero a cambio de un proyecto político panamericano o algo así. En fin, que somos el vuelto de una lucha de poder. Y cuando vienes a ver pareciera que estas historias no son dignas ni de Wikileaks, ni de Wikipedia, sino de algo más bien como Wikimierda. De cómo a una gente la sacrifican, de cómo unos líderes enarbolan banderas con discursos plagados de promesas, de palabras bonitas, que supuestamente van a ondear con los vientos de cambio, y lo que viene es un ventarrón de lo mismo que hemos visto en política durante años, pero mucho peor.

Sin embargo, lo más grave de la carta de Dilma es que ella habla de una resolución al conflicto bajo un “absoluto respeto al estado democrático”. Creo que se refiere Dilma, por supuesto, a un golpe de estado, al que además Leopoldo llamó por un twitter que usó desde un teléfono que un perito testificó que era un teléfono Manaplas de plástico. Pero esas palabras en Latinoamérica son el equivalente a decir Diablo dentro de una iglesia. Entonces ella asume que todos los que queremos un cambio en Venezuela queremos un golpe, somos violentos, casi puede unirse a las beatas y decirle guarimberas. Como si fuéramos todos una cuerda de tontos que no sabemos todo lo que una ruptura violenta implica. Es que no hay nada más cómodo que generalizar. 

A Dilma lamentablemente le falló la educación. Debería devolver su título de bachiller, porque así cómo seguramente olvidó qué es el Máximo Común Denominador también olvidó que democracia no es nada más un gobierno electo por votos. Es más, eso es una ínfima parte de lo que es un estado democrático. El hecho de que haber accedido al gobierno, cualquiera de sus poderes bajo los mecanismos que estipula la constitución no te hace democrático, ni siquiera es suficiente para legitimarte. Lo que realmente te legitima es el ejercicio de ese poder dentro del marco que establecen las leyes. Lo que hace a un gobierno democrático es su estructura, la separación de poderes, el ejercicio de esa separación bajo un sistema de pesos y contrapesos de modo que no haya una rama del gobierno que tenga el control de todo, muchísimos menos una sola persona. Y no, tampoco un sólo partido.

La democracia se ha ido pervirtiendo, entre otras cosas porque la misma gente que elije a sus gobernantes, no sólo a los presidentes no lo entiende, y lo mismos líderes manipulan el concepto para usar el poder de forma abusiva. Entre ellos Dilma. Así como usan el concepto para sacarse encima a quienes denuncian atropellos. 

La gran mayoría de quienes queremos un cambio en Venezuela, lo queremos justamente democrático, queremos que precisamente se active el mecanismo que nos permita renovar los poderes. En lo que estaríamos de acuerdo, no de forma, sino de fondo con Rousseff es que también buscamos un “absoluto respeto al estado democrático”, desde el ejercicio del voto, el cual aquí es cada vez menos democrático –ejemplo captahuellas en centros de votación, que es una especie de fusil electrónico- hasta la separación de poderes.


La verdad que las cartas de Dilma, su migaja de buenas intencinoes, quizás tengan un peso diplomático, pero resultan insuficientes, realmente tristes y casi ofensivas. Uno se harta de la diplomacia hipócrita, de los líderes que son incapaces de tomar una posición moral coherente, y de que siempre le estén jugando al poder. La política a todo nivel se ha convertido en un asco y uno se da cuenta de la crisis de valores es a nivel mundial. Se llenan la boca hablando de derechos humanos, pero lo que hacen es justamente ignorar al atropellado cuando les conviene, o tirarle una migaja,  un “gesto” que lamento decirle a Dilma será insuficiente para lavarse las manos frente a la historia. Más limpias le quedaron a Poncio Pilato. Seguramente ese personaje también lo olvidó. 

jueves, 7 de mayo de 2015

Viktor Frankl

Viktor Frankl fue un psiquiatra austríaco que sobrevivió el holocausto durante la segunda guerra mundial. Perdió a toda su familia, incluyendo su esposa embarazada. En su libro El hombre en busca de un sentido
, Frankl no solo cuenta su historia, sino que busca responder la pregunta, ¿por qué unos sobreviven y otros no? No es fácil responder la pregunta, y aún si creemos que Frankl lo hace, es algo mucho más complejo de lo que parece. Al final sale adelante quien vive en base a un significado, quien entiende, asume, vive para algo más que vivir por algo.

En estos tiempos que vivimos, no sólo en Venezuela, sino en mundo cada vez más complejo y materialista leer este libro me ha ayudado a ubicar muchos de mis pensamientos. Es uno de estos libros que sirven de eslabón en la cadena de construcción de una forma de pensamiento, de una forma de vida.

A pesar de la gran distancia entre Viktor Frankle y yo, puedo sentir cómo mucho de lo que narra se parece en el interior a cosas que he sentido y a cosas que he visto en mi entorno. Creo que capturó la esencia de cómo funciona la psique del hombre contemporáneo. Vi a Venezuela y la actitud de los venezolanos retratada en muchas de las conductas que Frankl observó en los prisioneros de los campos de concentración, y su descripción de cómo la libertad y el sufrimiento se perciben, se manejan, se manifiestan. A qué lleva la depresión, la apatía, la desesperanza de llegar a sentir una impotencia tan grande que la vida ya no tiene sentido. Lo que es más, qué significa para una persona estar perdida y sin propósito.

Me recordó mucho al libro de Leonardo Padura El hombre que amaba los perros, y la forma como su protagonista se resigna, se entrega ante un destino sobre el cual no tiene ningún control. La renuncia, la prisión interna.


Considero que su relato y su enfoque son válidos para mirar la vida sea cuál sea el origen de nuestro sufrimiento, de nuestra sensación de vacío o de angustia. Creo que el sufrimiento no se debe medir, pero lo que si podemos ponderar es la fortaleza para salir adelante. ¿Por qué no rendirse si es tan fácil? ¿Qué tan complejo es encontrarle un significado a la vida? No todo el mundo responde de la misma forma, y creo que en comenzar por allí no sólo estamos trabajando con Frankl, sino que llegamos a comprender la diversidad del mundo, a ser más tolerantes y a abrir los ojos a una nueva forma de asumir la vida.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Sobre exigir calidad de servicio

Este mensaje es para CINEX: 

Fui a uno de sus cines muy recientemente y tengo que decir que a pesar de haber visto una maravilla de película, y que en general salí contenta de haber podido verla, no puedo evitar sentir la necesidad de expresar una enorme frustración como consumidora, pero sobre todo como ciudadana. Era un día de semana y no había demasiada gente, como era de esperarse. Aún así, la cola de la taquilla era larga y lenta. El motivo de la cola, según los empleados a los que tuvimos que acercarnos, porque no estaban cerca ni para pedir disculpas ni para dar explicaciones, era el punto de venta. 

Claro que uno puede entender que puntos de venta, redes, sistemas caen, sufren desperfectos, la luz se va, y un sin fin de problemas que pasan incluso en el primer mundo. Es normal que no todo vaya perfecto y que pasen cosas que al cliente le general molestias. El problema es cómo el personal reacciona ante la falla. Había varios empleados del cine hablando entre ellos en una esquina. Uno se reía, el otro se apoyaba contra la baranda, un tercero iba y venía, dos más se paraban frente a una sala a la que nadie entraba, mientras tanto unas veinte personas hacían cola. Veinte personas para el total de butacas de un cine con varias salas debe ser realmente poco. Mientras hacíamos la cola y comentábamos veíamos cuatro taquillas vacías y dos puntos de retiro por internet. Cabe destacar que comprar por internet es virtualmente posible, literalmente imposible, pero además el empleado ni sabe por qué, ni está seguro de si se puede, por lo que cabe deducir que nadie le ha enseñado la página, ni le ha mostrado cómo funciona, ni por qué no habría de hacerlo. Pero cómo éramos un grupo de mujeres testarudas e impacientes, (digoéramos pero yo tengo que confesar que soy la propia que jamás se queja, y es algo que ayer me decidí a cambiar) una de nosotras interrumpió la tertulia de los empleados, para obtener como respuesta: “ya va.” Fue tanta la insistencia (y tantos los "ya va"), que finalmente se abrió una taquilla adicional. No, no fue de aplausos, fue un proceso casi burocrático. Prende el aire, la computadora, manda un texto, revisa las uñas, vuelve a salir, se ríe con otro empleado, el da vueltas a un llavero en la mano. Mientras nos dividimos tipo comando, porque en la caramelera te puedes pasar más tiempo que sacando el pasaporte. 

Todo el proceso me tumbó la teoría que yo tenía en la mente excusando a la empresa “es que la ley del trabajo no les permite tener más personal a esta hora”. Pero resulta que sí. El empleado sí podía, pero simplemente no lo motivaba ver una cola de gente llegando tarde a sus películas. Luego en la caramelera no habría más de diez clientes y  dos personas atendiendo, pero entre bostezos y un ir y venir lento, calmado, como quien se quiere dorar bajo el sol, entre la caja prioritaria del 4X y la del resto de los cines. 

Siempre caemos en la de que en Venezuela no hay calidad de servicio, lo que es cierto, pero rara vez nos quejamos y/o nos preguntamos por qué. O toleramos el abuso y no nos quejamos, o lo echamos la culpa a la circunstancia. Lo hacen los consumidores y lo hacen las empresas. No podemos seguir depositando el paupérrimo estado de nuestros servicios en la coyuntura del país. Sí, es difícil motivarse en estas circunstancias, pero el empresario, el ejecutivo, el gerente, tienen la responsabilidad de hacerlo. Hay cosas que son complicadas de remediar, como que de repente no haya algún producto, y es una realidad que tenemos que aceptar, pero también hay que superarla de alguna manera, y no se puede asumir que nada funcione, que todo quede a la deriva porque el país está complicado.

A los ejecutivos tanto de CINEX, como de otras empresas, tienen una responsabilidad con sus clientes, pero con el país, de prestar un mejor servicio, de entrenar mejor su personal, de ver qué está pasando en sus salas y cómo están haciendo las cosas. Motivar a su personal y darles verdaderas herramientas de trabajo no es un gasto, debería ser más bien su objetivo y misión como gerentes. 

Como consumidores los venezolanos tenemos también que cambiar nuestra mentailidad, exigir el servicio y producto que se ofrece con respeto, pero con firmeza, no buscar siempre un culpable externo, o esperar a que el furor nos invada para luego protagonizar una escena lamentable (como se han visto tantas) en la que alguien le falta el respeto a un empleado que tal vez lo que le pasa es que nadie lo ha motivado a superarse, ni mucho menos lo ha entrenado para hacer bien su trabajo. Incluso para lidiar con esa persona exaltada y difícil. 

Pasamos mucho tiempo pensando cómo hacer un mejor país, cómo salir de esto, quejándonos, lamentándonos, pidiendo que las cosas cambien. ¿Cambien cómo? El cambio es mucho más que un rumbo en la política, es una actitud de la gente. Cuando se argumentan las fallas en base a las dificultades del país, desde el desabastecimiento hasta la actitud del personal, entonces se convierten en excusas. Cuando se miran las dificultades y se busca la manera, se reúne la voluntad y el empeño de cumplir metas y objetivos, entonces se convierten en razones. Por último la empresa y los consumidores no podemos seguir culpando al “venezolano” de ser flojo, ignorante, y otras cosas más que son una forma muy cómoda de evadir el problema. Si la gente no trabaja es porque nadie la ha estimulado, ni le ha enseñado el valor del trabajo. Sí, el discurso oficial ha motivado eso por una razón muy perversa, la de hacer a la gente dependiente del estado, pero justamente por eso la empresa privada y los ciudadanos tenemos el deber de dejar la conducta derrotista a un lado y asumir nuestra responsabilidad de forma proactiva y constructiva.

En cuanto al personal el problema que tenemos no sólo tiene que ver con el sueldo, que es una gran parte, el drama es mucho más que económico, es de mentalidad y de educación. La forma de comenzar a enfrentar esta debacle tiene que ver con un programa cultural y educativo, que no tiene que tomar necesariamente años, ni depende sólo de las universidades o colegios. Hay muchos ejemplos de empresas tanto en Venezuela como afuera que no sólo califican, sino que forman a sus empleados en corto tiempo. Hay muchas formas de motivar a la gente,  y en este momento no es sólo motivarlas a un cargo más alto, a un sueldo mejor,  a una calidad de vida superior, es motivarlas a luchar por sí mismas. 


Para cerrar, así como hay muchos ejemplos que dejan tanto que desear, sí hay empresas venezolanas que aún capacitan, motivan, que logran sacar lo mejor de la gente y sus empleados a pesar de todo lo que vivimos. No todos los ejemplos son malos, no todos pueden ir a parar al mismo saco, así que el que diga que es imposible está equivocado, y si dice que es muy difícil son sólo excusas.

domingo, 3 de mayo de 2015

La pelea del siglo.

La pelea del siglo es por Venezuela y su libertad. Es por volver a aprender qué significan los valores de una sociedad de derechos humanos: libertad, igualdad, justicia. La pelea del siglo es por exigir que nos respeten, no sólo en el número, cantidad, duración y contenido de las cadenas nacionales, sino en el funcionamiento de los organismos públicos, en el cumplimiento del ordenamiento jurídico, pero también en la forma como nos relacionamos como ciudadanos. Respeto a las normas de tránsito, a las normas básicas de convivencia. La pelea del siglo es por recuperar la educación en Venezuela, pero no educación entendida como el número de bachilleres que gradúa una gobernación o una universidad pública, sino la calidad de esa educación. Si el individuo no sabe pensar por sí mismo, la educación ha fallado. La pelea del siglo es por libertades económicas, porque un emprendedor a punta de trabajo pueda hacer surgir su idea. Desde el emprendedor que sueña con tener un negocio pequeño, hasta el que se ha propuesto llegar a ser un gran empresario. La pelea del siglo es por los presos políticos, por toda la gente a quien no se le ha seguido un debido proceso, se le violan sus derechos humanos y espera dentro de un calabozo. La pelea es por ellos, por evitar a toda costa que pierdan la esperanza y que sientan que nadie los escucha. La pelea es porque los padres de este país eduquen a sus hijos en el valor del trabajo, en que las cosas se ganan con esfuerzo, en que el ventajoso y la supuesta "viveza" criolla no son formas de construir ni nuestro propio futuro ni mucho menos un país. La pelea del siglo es por rescatar nuestra identidad, nuestro sentido de pertenencia y nuestra historia. Es por evitar que la gente siga maltratando verbalmente a Venezuela, un gran país, que no sólo tiene enormes bellezas naturales, sino que además tiene gente dentro y fuera de ella, que con todo su empeño está luchando por salir adelante y construir un futuro mejor. Gente que lo ha arriesgado todo y sacrificado mucho. La pelea del siglo es levantarse todas las mañanas y buscar una razón para que el miedo no domine y de paso a la apatía, para no creer en promesas falsas, sino que bajo la perspectiva de la realidad tan dura que nos agobia, asumir que la responsabilidad de sacar el país adelante es de todos. La pelea del siglo no son intercambios donde se descalifica, se utiliza el lenguaje del chavismo para minimizar a los demás, se pierden los argumentos, se anula todo lo que venga de alguien que no nos "cae bien". La pelea del siglo es justamente entender qué es el pensamiento crítico y la tolerancia, argumentar, fomentar el debate con respeto. La pelea del siglo es volver a comprender que pensar distinto no nos hace enemigos. La pelea del siglo es por erradicar el resentimiento y fomentar la competencia sana. La pelea del siglo es por rescatar la empresa privada y la industria, por volver a tener no el país que teníamos, sino a encontrar el camino que nos lleve a ser la nación que todavía tenemos la gran posibilidad de ser. La pelea del siglo es rescatar la idea de Arturo Uslar Pietri de sembrar el petróleo, de no depender ni de un sólo recurso, ni de un estado, ni mucho menos de un gobierno que lo administre. La pelea del siglo es por la separación de poderes, por funcionarios públicos capacitados para su trabajo, con vocación de servicio al ciudadano. La pelea del siglo es contra la pobreza económica y moral. La pelea del siglo es porque la gente que saqueó el país devuelva, restaure y de la cara ante la justicia, que pasa por la indignación de los venezolanos que tenemos que ver las consecuencias de un país en quiebra. La pelea del siglo es porque las próximas generaciones entiendan los que es el honor. La pelea del siglo es un por un cambio en la mentalidad que espera que todo lo resuelva un caudillo, por lograr que entendamos que no va venir un héroe a salvarnos, ni líder político, ni potencia extranjera, que el cambio viene de cada uno de nosotros y empieza por nuestra actitud. La pelea del siglo es volver a tener paz en todos los sentidos, desde cuando caminas por la calle, hasta cuando piensas en sacarte un pasaporte, en comprar un kilo de café, en una emergencia médica. La pelea del siglo aún está comenzando. La pelea del siglo es nuestro país, es nuestra vida, nuestro futuro y nuestra razón de ser. La pela del siglo empieza dentro de cada uno de nosotros, dónde quiera que estemos, sin importar las fronteras y los espacios. La pelea del siglo es en y por Venezuela.