viernes 20 de noviembre de 2009

¿Qué es peor?¿Qué todos te vean o que nadie te compre?


La foto de Carla Bruni desnuda se quedó sin comprador. Me imagino lo que pasaría por mi cabeza si mi foto en pelotas se queda fría en la mesa. (Eso sin pasar por el mojón mental de que alguien va a pagar 9.000 dólares por ver mis petacas). ¿Qué dolería más: el golpe al pudor o el golpe al orgullo?

Eso me recuerda un incidente que aconteció en el año 2004, cuando yo regresaba triunfalmente a Caracas luego de mi divorcio. Por una de esas cosas locas a las que uno se compromete en la vida, llevé a mis sobrinos y algunos de sus amigos a un lugar que ahora no recuerdo bien. El trato era dejarlos en casa de mis papás al finalizar. Tener la parte de atrás de un carro llena de pre-adolescentes es algo que a uno le hace cuestionarse el sentido de la vida. Me imagino que de allí surgieron Freud, Platón y la amargura indescriptible de Schopenhauer, así como el desasosiego de Pessoa. Lo cierto es que voy entrando a una de esas calles con caseta y mi lado hipersocial no puede evitar saludar efusivamente al guardia. Este no deja de mirar unos 20 centímetros más abajo de mis ojos, a lo que yo pienso "¿Qué se creerá este imbécil?" Cuando por fin llego a la casa y estoy abriendo el portón, bajo la mirada y me doy cuenta de por qué el hombre se me quedó viendo. La camisa strapless la tengo por el ombligo. "Las chicas" están al aire.

Por supuesto mi primera reacción fue: HORROR. ¡Me han visto las tetas! Las voces de las monjas del colegio en el que estudié durante mi infancia comenzaron a retumbar por mi cerebro, prometiéndome los terribles castigos de la 5ta paila del infierno. Pero eso duró sólo unos 30 a 45 segundos. Acto seguido me puse a pensar: "No importa. No es nada que el hombre no haya visto antes y si no las ha visto, pues joder, ya era hora de que viera unas tetas." Pero como les dije a mis hermanas cuando les eché el cuento, lo más importante, "todavía son unas lolas bonitas. Porque si estuvieran ya apuntando hacia el polo sur, coño. Ahí sí me hubiera dado pena."

Y así debo confesar que varias veces me he encontrado en situaciones en las que revelo más de mi cuerpo de lo que las convenciones de nuestra sociedad estiman apropiado. Mi ventana da para casa del vecino, el jardinero se monta en el árbol y me ve saliéndome de la ducha. Golpe al pudor sí. Golpe al orgullo, caramba, todavía no. No es que yo sea Carla Bruni (Coño, ojalá fuera una versión al menos), pero el punto es que cuando esas cosas pasan la pena tiene más que ver con la valoración que el otro le da a uno, que con el hecho en sí de haber mostrado algo más de lo debido.

Las mujeres como Carla Bruni, porque están buenas, porque tienen la personalidad, porque son famosas, no se enrollan con que las vean. Ellas se toman la foto y se la venden a alguien, se enorgullecen de cómo se ven y no les importa que un coleccionista alemán las tenga en su poder para lo que quiera. Claro, que yo creo que Carla pensará que el Hans o como se llame el alemán, la usará para guindarla en algún lugar estratégico a fin de jactarse ante los amigos: "miren esa es nada más y nada menos que Carla Bruni" o en el peor de los casos venderla. No creo que le llame mucho la atención la imagen del tipo jartándose unos asquerositos con la foto en frente, o imitando el video tan chimbo donde Enrique Iglesias se masturba viendo una película porno. Al final, es una cosa más que de pudor, de orgullo.

Es como esos videos sexuales que salen de Paris Hilton y Pamela Anderson, y en nuestra versión local, Chiquinquirá Delgado. Debe ser una pena de morirse, pero debe ser peor aún que el video se filtre y nadie lo compre por malo. O que el novio le termine, no por le hecho de que haya cometido una transgresión contra la moral y las buenas costumbres, sino por algo como: "pana tú en la cama ni con el sexólogo de 92.9. Chao." El punto es que no es necesariamente la fama que te crea el hecho de desnudarte, es la clase de fama. Volvemos a lo mismo: Cuál es el golpe más bajo: el del pudor o el del orgullo. Me gustaría saber si a una monja que esté pero bien requeté buena no le gustaría, al menos por unos minutos pasearse por una playa en bikini y que le digan: "mami, tú eres una Oscal Mayer, rica calne de primera calidá." Dicho de sea paso, ¿Ah visto usted a una monja que esté buena? Para qué, si nadie la va a ver. No es pudor, es orgullo.

Si yo fuese Carla (Ojalá fuera Carla ¡COÑO!) estaría a la expectativa por la subasta de la dichosa foto. No por pensar en la cantidad de gente que iba a posar sus ojos sobre mi cuerpo al descubierto, o la cantidad de morbosos y de viejas criticonas que se relamería o dirían el típico comentario de: "Muy Carla Bruni pero ¡Qué pantorrillas tan feas!" por no tener otra cosa que decir. Más bien estaría preocupada porque la foto llegara al mismo precio que llegó otra que se vendió por 91.000$. Quizás ya con la venta de esa foto estaría todo ganado. El problema es que ese precio se pagó justo cuando se casó con Sarkozy. Allí se trataba de hacerle pasar pena a la Primera Dama de Francia, no de ver desnuda a Carla Bruni. Son cosas muy distintas. Y allí sí creo que ambos se lo pasaron por el Arco de Triunfo y no les hicieron caso. Bien hecho.

En todo caso ahora está ella solita con el culito al aire, eso sí debe ser difícil. Se debe requerir de una personalidad enorme para no deprimirse. Si hubiese sido mi foto la que se queda fría yo estaría o corriendo a tomarme más, a ver si fue que el ángulo no era el correcto, o directo a comprarme el McCombo del día, con papas extra grandes y un Sunday de chocolate. Porque si después de tanto sacrificio te van a tirar bola negra, ¡No joda! Mejor uno se la goza completa.

Me da cosa con Carla. Su situación no debe ser nada fácil en este momento. Todo el mundo está hablando del tema y lo que hace noticia no es el desnudo, sino la falta de alguien que esté interesado en pagar por él. A pesar de su pinta de anti-parabólica algo le debe doler, alguna amiga o hasta ella misma se estará preguntando: ¿Qué es peor? ¿Qué todos te vean o que nadie te compre? Aunque, qué importa la respuesta, al fin y al cabo la compró Sarkosy. Inteligente. Repapito. Y Presidente de Francia. Eso es hirudoid para cualquier orgullo. Qué hagan con su foto lo que quieran.


 

miércoles 18 de noviembre de 2009

Esto que nos ha caído

No hay vieja en Venezuela que no diga: "yo no sé por qué nos ha caído esto" o "hasta cuándo nos vamos a tener que calar esto que nos ha caído." Lo dicen en peluquerías, en fiestas, a gente que se encuentran por la calle, a sus panas que viven fuera del país, hasta lo mandan por SMS a Aló Ciudadano. Yo quisiera saber qué significa realmente "esto que nos ha caído." Pareciera que ese "esto" tiene algo que ver con una culpa que se le está achacando a otro. Como si echarle la culpa al que ejerce el título de Presidente fuese algo totalmente nuevo. Algo que comenzó en el 98.

Ya saldrá más de uno a decir "Manuela está chavista." Esa es la típica ahora. Pero no. Es todo menos eso. Lo que sucede es que estoy cansada de comportarme como una estúpida. Lo digo porque Einstein decía que la estupidez se define como hacer las cosas una y otra vez de la misma forma, esperando resultados diferentes. Sentarse a decirle a todo el mundo, con cara de lamento, que no sabemos por qué nos ha caído "esto" es el colmo de la estupidez. Así nada va a cambiar, sí es que realmente queremos que cambie algo. A veces pareciera que estamos muy cómodos con las cosas como están, o le buscamos una solución facilista e idiota a los problemas que día a día van consumiendo el país: Si se meten en las casas: ponemos una reja. Si cierran las televisoras de señal abierta: ponemos cable. Si obligan al cable a pasar las cadenas: ponemos películas piratas o Apple TV. Cortoplacismo y facilismo. Pero sentarse a pensar en lo que nos está pasando, por qué sucedió y cómo resolverlo, "qué va." Para eso hay mil excusas: "yo no soy político. Yo no puedo solo. Yo no tengo tiempo."

Claro que algunas personas buscan medios para "hacer algo." Pero eso no pasa de ahí. Algo se convierte en mandar un mensajito a Aló Ciudadano o darle duro a la sobremesa con los amigos, quejándose de la porquería en la que vivimos. De las calles sucias. Los ministerios corruptos. Las calles peligrosas. Las cosas caras. Pero en ningún momento calibrando de verdad, como hemos llegado a sumirnos en esa suciedad y mucho menos qué podemos hacer, cada uno, para solucionarlo.

Definitivamente "esto" que nos ha caído es mucho más que Chávez. Que un gobierno corrupto, ineficaz, demagogo y despótico. Que una tendencia ideológica que se apodera de nuestros espacios de pensamiento. Que un creciente deterioro de las condiciones económicas y sociales del país. Lo que estamos viviendo lo hemos cultivado nosotros. Nuestro comportamiento como país. No nos han embrujado, ni echado maldiciones. Puede ser que Caldera tenga parte de culpa. Claro que los Adecos tuvieron que ver con el deterioro del país. Pero alguien dejó que hicieran lo que hicieron y ese "alguien" se parece mucho a nosotros.

Yo invito a que todos hagamos una revisión de nuestro lenguaje cotidiano. ¿Cuántas veces al día decimos sapos y culebras de la ciudad? Mencionamos la porquería que es todo, la cola, la basura, la agresividad de la gente. Seguramente mucho más de un par de veces, al día. Pero ¿Qué hacemos acto seguido? Nos metemos por el hombrillo o nos atravesamos en una intersección bloqueando el tráfico, tiramos un papel por la ventana y le gritamos el ¡coño de tu madre! al primero que nos asoma la punta del carro. ¿Cuántas veces a la semana nos quejamos del gobierno? Meta una moneda en un potecito cada vez que lo haga, empiece hoy y termine el martes que viene. Le sale por lo bajito, una entrada al cine. Decimos que estos son unos ineptos, de una incapacidad increíble, que están destruyendo todo (un clásico), que es una tristeza y que ¡pobre país! Y ¿Qué hacemos luego? Nos piden participar en el concejo comunal de nuestra zona y decimos "no pana, qué ladilla." Convocan a una marcha y decimos "ya yo marché." Nos piden ayudar en las elecciones, así sea llevando comida a los centros de votación, y decimos que nos da miedo o que no creemos en los partidos. Con esas excusas nos sentimos tranquilos, o al menos lo suficiente para vernos al espejo.

Yo creo que estamos todos, por decirlo coloquialmente, meando fuera del perol. Estamos como esas mujeres que les pega el marido. Le echan la culpa al tipo que es un machista, desgraciado, degenerado que odia a las mujeres y que se la pasa ebrio y no sabe lo que hace. Y no se dan cuenta que el rollo no es sólo el tipo, ellas tienen parte de la responsabilidad, porque se lo calan. Yo me pregunto cuándo será que me voy a encontrar una vieja que diga: ¿qué es "esto" hemos hecho con nuestro país? O vamos a ponernos las pilas para salir de "esto." Porque en algo hay que estar claros, de "esto" no vamos a salir, ni nos van a salvar, ni nos van a sacar. El que esté pensando en eso, siga creyendo. Como decía el hermano Cocó: la Fe mueve montañas, pero hay que pagá. "Esto" es una situación que corregimos nosotros y más nadie. Siendo mejores ciudadanos, comprometiéndonos con el país y cambiando como queremos o pretendemos que el país cambie. Y algo más, hay que dejar de echarse la culpa unos a otros, sobre todo la oposición, después de todo, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra y no vale andar con peñones en el bolsillo.

lunes 16 de noviembre de 2009

¡No Dejes Solo a Chandler!


Nunca me imaginé que iba a decir la frase: ¡No dejes solo a Chandler! Los creadores del show harían su agosto aquí en mi casa. Todo empezó el jueves pasado. Catalina estuvo como de costumbre metiéndose debajo de los sofás en donde yo me siento, sólo que a diferencia de otros días, estaba un poco más agitada que de costumbre. Cabe destacar que esa mañana había ido al veterinario quien nos dijo que le faltaban por lo menos 10 días más. Así que no nos enrollamos, ni nos metimos en google a buscar "parto de perro."

Ya para las 7 de la noche la perra estaba dando señales de que iba a parir. El veterinario me tenía en una de que un parto de perro no es una emergencia, y justo al terminar la frase "no hay que entrar en pánico porque ella sabe lo que hace." Me dice, "ah, pero veo aquí que la perra tiene un solo cachorro." Yo le digo, eso es correcto. "Ah, pero eso no son buenas noticias."

¡El coño de tu madre! ¿Es o no una emergencia?

Acto seguido me lanza todo lo que posiblemente puede salir mal. Podría requerir una cesárea de emergencia, se puede ahogar el cachorro, se puede lesionar la perra, se puede desmayar, se puede atracar el cachorro y lesionarse, puede ser que nazca y haya que revivirlo, puede ser que la perra sufra tanto que muera, puede ser que la perra no pueda tener más cachorros. Pero, "no hace falta que lo traiga todavía, si usted ve que en la madrugada le está costando parir me avisa."

Osea- le contesto - Que el plan es salir para allá a las 3 de la mañana con perro, perrito y peo. Quién le dio esa idea, ¿El chavo del 8? ¿Quiere que yo le diga todo lo que puede salir mal a esa hora?

Total que le digo, amigo si esta perra no ha parido en un par de horas, yo la llevo para allá y usted verá que hace con su muchacho.

No habían pasado ni veinte minutos cuando ya teníamos entre nosotros a una ratica, que parecía negra, y que Catalina no paraba de lamer. De verdad la tipa se portó como una madraza. Parecía la más dura del Discovery Channel. Cortó cordón umbilical, se comió la placenta (sí, asco, pero es así), y lo limpió. El pana respiró rapidito, no lloró nada y ya en un par de horas estábamos las dos amamantando nuestras crías. No dejo de pensar que es el colmo del dicho de todos los perros se parecen a su dueño. Un poco extraño. Típico de las cosas que pasan en esta casa.

Por supuesto mi mamá pasó por el discurso de: No se encariñen con ese animal. No se va a quedar aquí. Qué el vecino vea que hace con su bastardo. Pero diez minutos más tarde estaba devorándose los sesos en busca de un nombre. Después de pasar por Ivan, Donatello, Gerardo, Raskolnikov, Hans Castrop, Voldemort y Pedro había quedado en un Donatello.

Pero sucede que mi papá y mi mamá están en una de Friends. A pesar de que mi papá tiene casi 80 años y dice que no pueden existir en la vida real unos tipos tan idiotas, no hay mediodía en que no se faje a ver sus dos capítulos de Friends con mi mamá. Fue una negociación que hicimos para no tener que almorzar viendo Noticias Globovisión, cosa que hace que se te suba la comida y te den unas ganas arrechas de vomitar. Comer con Chávez es como acompañar la comida con una gotica de ácido de batería. Lo cómico de ellos es que se la pasan preguntando: ¿Esa es la lesbiana? ¿Cuál es Ross? Pero ¿Por qué Ross se casó con una lesbiana? Y ¿Ross era el novio de Rachel? Yo me la paso explicando y volviendo a explicar.

Lo cierto es que el otro día salió Kathleen Turner como el papá de Chandler y ambos se quedaron mudos: !¿Ese es el papá de Chandler?! Sí. Ese es el papá de Chandler. El pobre. Me vino a la mente: el perro se tiene que llamar Chandler. No hay mejor nombre para el tipo que nació de un coño de madre que se cogió a la vecina porque sí. No tiene ningún interés en ella. Se mete a la casa y busca hacer pipí en el mueble más pispireto de mi mamá. Es blanquito con una campanita que le guinda del collar. No cabe duda, si fuese hombre, fuese travesti. Ese tipo es, con todas las de la ley, el papá de Chandler.

A todas estas tal cual como el personaje, las cosas para el cachorro están difíciles en este mundo cruel. Mi mamá sigue diciendo que el perro aquí no se va a quedar. Que en lo que empiece a ver la mierda de perro regada por la casa se larga. El tipo no es negrito como su mamá, es más bien marrón cloaca con una corbata blanca por el pecho, una patica blanca y un punto blanco en el hocico. El pobre. Además Catalina se ha aburrido de la maternidad. Cero maternal, igual que la mamá de Chandler. Me la encuentro al lado mío durante el día, así como diciendo: Ya yo hice mi parte. El colmo de la depresión post-parto.

Así que nos pasamos el día pasando por delante de su camita y viendo solo al cachorrito. Que desde ya se ve que será uno de esos perros cariñosos, inseguros y tranquilos. Tal cual como Chandler. Se queda dormidito y no se trata de salir de la zona que tiene asignada. Y mientras tanto se oyen los gritos por la casa ¡Catalina! ¡No dejes solo a Chandler!


 

jueves 12 de noviembre de 2009

Alta Peluquería


No se conoce mujer venezolana que no vaya para la peluquería. Dicen que es el mejor negocio para poner en este país. No hay centro comercial, no hay cuadra, que no tenga por lo menos tres peluquerías. En realidad cada una trata de diferenciarse de la otra, pero no lo logran. Todas las peluquerías son exactamente iguales. Nada más entrar en una y un olor extraño, mezcla entre acetona, pelo quemado y cera caliente pega un golpe que nubla todos los sentidos. La belleza se verá muy bonita, pero huele mal. El ruido es igualmente enervante en todas. Los secadores hacen como extrañas criaturas, como moscas furiosas que empujan el aire caliente con sus motores para alizar las chichas de las mujeres desesperadas.

Todas las peluquerías tienen sus viejas asiduas, sus damas de confianza. Esas que no pelan, mínimo una vez por semana, para irse a meter durante más de una hora en el establecimiento y hacerse los tratamientos básicos manos, pies, lavado y secado. Aquellos que una no mujer no puede dejar de hacerse, porque corre el riesgo de que la vean como una andrajosa. Los pelos tienen que estar siempre como lamidos de vaca, como si fuese hija de una pareja de chinos que la dieron en adopción. Uno ve entonces a peluqueros y peluqueras jalando esos pelos con los cepillos redondos, que parecen unas mini aplanadoras, y las cabezas deslizándose hacia atrás sobre sus cuello, a punto de dislocarse en cualquier momento.

Luego están esos días en que se hacen tratamientos especiales: El lavado especial con la crema de mango, jojoba, aguacate o hasta una espeluznante que es de placenta de ovejo. Están las largas sesiones de mechas y tintes, que se utilizan para tapar canas o para acercar a las pelo marrón al mundo de las catiras. Esta última es una operación tortuosa y delicada, uno ve a la "paciente" (porque no hay otra forma de llamarla), vestida con una bata quirúrgica negra, para que el tinte no le manche la ropa, mientras el peluquero en cuestión va eligiendo los pelos a ser pintados uno por uno. Jalándolos implacablemente, mientras aquella mujer trata con todas sus fuerzas de esconder sus espontáneos gestos de dolor. Hay otra operación de estas que es un con una capucha. Esa ya sí parece algún tipo de tortura utilizada por la Inquisición Española durante el siglo XV para obligar a los herejes a confesar sus fechorías.

Estas viejas que van comúnmente a la peluquería uno las identifica por la manera como la saludan y le ofrecen un café en un vasito de plástico diminuto, al que se le echa sólo splenda y que ella menea a 8mil vuelticas por segundo. Le pueden decir Sra. Fulana o incluso llamarla por su sobrenombre. Le preguntan de su vida, de su esposo o su novio, de sus hijos, de la mucha de servicio que la tiene harta y que está a punto de botar, del mecánico que la quiere joder cobrándole por un radiador lo que cuesta un chasis nuevo. Esta mujer lo divulga todo a la mujer que le arregla los pelos, o al hombre, porque cada peluquería tiene como mínimo un hombre. Que siempre es el que peina mejor, porque los mejores peluqueros son hombres, y no porque sean gay o nada tan cliché y pequeñoburgués como eso, sino porque como me dijo una vez un amigo "los hombres peinan y cortan mejor porque las mujeres son demasiado envidiosas."

Lo cierto es que esta vieja ha contado en su peluquería hasta el desagradable remedio casero que utilizó para curar su infección vaginal. Una vez que se le han agotado los temas sobre sí misma, pasa a leer una revista hola y descuartiza a la nobleza europea como si ella tuviese más porte, más dinero y más títulos nobiliarios. Uno escucha cosas como: esa duquesa de Alba si es fea, esa princesa de Orange es una argentina regordeta y sin gracia, y esa Letizia (porque a la princesa de Asturias no la llaman princesa, porque es plebeya) no me termina de convencer, está demasiado flaca. Pero la Hola también se acaba, y es entonces cuando comienza el cotilleo de verdad, los chismes sobre el prójimo, las otras viejas que las rodean, que a lo mejor van a esa misma peluquería, sólo que en días diferentes.

Aquí la vieja destruye, arregla, perdona y juzga los actos de todo el que puede. Quien se vio mal y quién peor, quién estaba medianamente bien en cual fiesta, pero nunca a la misma altura de ella: la dueña de la pura y total verdad. Además salen a relucir divorcios, matrimonios, cachos, pleitos, problemas de bebida, de drogas, muertes, nacimientos, bautismos, operaciones estéticas y cualquier clase de error que haya podido cometer alguno de sus conocidos. Desde el que escupió un chicle en la mitad de la Cota Mil, hasta el que el que molió a palos a su esposa y lo sacó del apartamento la policía de Chacao. Todo. Todo se comenta en una peluquería. Así que no te equivoques, porque alguien con las punticas de los dedos metidas sobre una poncherita y un paño a manera de turbante en la cabeza te a va sacar tu metida de pata, le va a meter picante y se lo va a comentar a un salón lleno de viejas.

Después está uno. Uno que no es asiduo a ningún Salón de Belleza o Alta Peluquería. Jamás entendí porque se llaman Alta Peluquería, ni qué ni quién es lo que define ese grado. Hasta el Salón de Belleza de una calle olvidada del Centro de Caracas tiene el rango de Alta Peluquería. En todo caso, a uno lo dejan esperando una hora para atenderlo y justo cuando va a pasar le quitan el puesto para dejar pasar a una vieja de esas. Esa fue la última vez que pisé una. Y salí de allí diciendo que jamás iba a volver. Claro, que el pelo me está creciendo y tengo que tomar medidas en el asunto y por qué no, me quiero hacer las mechas. Y eso que yo detesto fuertemente las peluquerías, y juzgo duramente a las viejas que se la pasan viéndose las uñas y peor, que me las ven a mí, como si no tenerlas perfectas me descalificara como personas. Igual quiero ir. Será que el menjurge de pintura de uñas y laca se vuelve adictivo.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Día Largo. Largo. Largo.

Hay días que me recuerdo del personaje del Hijo de la Novia, que después de que tiene un infarto le dice la novia: Sabés, tengo un sueño. Ella le pregunta cuál y él responde: Irme a la mierda.

Eso me provoca hoy. Agarrar mis corotos y largarme a un lugar donde nadie me joda. Sí. Ya sé, a uno le hacen falta los amigos, la familia, blablablá. Pero hoy. Hoy en concreto sería feliz en la mierda. En un lugar donde no haya nadie que me ladille, ni me que me joda, ni que me agarre mis cosas, ni que me invada mi espacio, ni que me hable, ni me que pregunte. Pero sobre todo, sobre todas las cosas, que no me ande pidiendo vainas como si yo no tuviera más nada que hacer en la vida sino responder a esas peticiones.

Un lugar donde no haya cola. Donde pueda ir a tomar un café sin que me estén hablando pendejadas. Sin que me reclamen. Coño, un solo día sin reclamos por favor. Esa es la maravilla de los extraños. Por eso me encantaba viajar sola a lugares como Buenos Aires. Me sentaba en mi café y aunque ciertamente algunas veces me entró un vértigo de sólo pensar que no había escuchado mi propia voz en todo el día porque no tenía con quien hablar: jajaa, nadie me estaba reclamando vainas.

Hoy estoy harta. Harta de todo. Estoy harta de que la vida de los demás tenga un impacto en como distribuyo y empleo mi tiempo, mis horas de trabajo, mi inspiración. Estoy harta de ser la guevona que siempre sede para que los demás no se arrechen. Me gustaría tirar las cosas en el piso y patalear y pegar gritos como si tuviera 5 años. No me importa que la gente me mire feo. Hoy me provoca salirme con la mía y que me dejen en paz. Estoy harta de los compromisos. De las obligaciones. Me gustaría estar en una casa frente a la playa con una cerveza sin tener que andar viendo el reloj. Me gustaría tener en esa playa un chinchorro y que después del almuerzo pase un heladero cerca.

Me gustaría tener algún lugar donde depositar la arrechera. Me encantaría hacer como Michael Douglas en día de furia. Agarrar un bate y no joda. Darle coñazos a todo. Total aquí en esta mierda ya no hay propiedad privada, entonces qué coño importa. Estoy harta de ser el sofá de todo el mundo. ¿Habrá alguien por ahí que no me vea como sofá? ¿Cómo lámpara? Mi hija y más nadie.

Hoy me provoca ponerme un cartel guindado al cuello que diga: Se agradece SI LE GRITO ES SU CULPA. NO QUIERO QUE ME HABLEN.

Me gustaría ser Paulo Coelho para no tener tanta arrechera y andar hablando paja de autoayuda, sonríe que la matica salió de la gramita y el sol le dijo hola al pajarito y verás que mañan vendrá otro pajuito y se cagará en tu culito. No joda, es inevitable, termino siempre en el mismo lugar. O podría ser un budista. O Teresa de Calculta o una tipa de esas. Bueno, la verdad que mejor no, porque pensándolo bien eso debe ser una vida muy linda, pero muy ladilla y yo me aburro muy fácil.

Hoy lo que quiero es agarrar a mi carajita y mandar a todo el mundo para el mismísimo carajo. Y solo son las 9:59 am. No joda. Este día va a ser largo. Largo. Largo.

martes 10 de noviembre de 2009

Smarter than a 5th Grader


Me acaba de entrar este mail:
Ya que por culpa tuya, regañaron hoy a AE, quedas encomendada de la siguiente tarea:

Estudiar con AE ese Jueves después de su clase y mientras dura la clase de M, lo siguiente:

1. Realizaremos el Quiz nº 6 y se evaluarán los siguientes temas:

Lengua: Diptongo y hiato

Matemática: Elementos de la Sustracción

Sociales: Servicios públicos y privados.

Ciencias: La alimentación

Gracias, y si no puedes y la raspan y se acompleja y es una fracasada en la vida por este quiz, arrastraras esta culpa toda tu vida.

Besos,

Coño, No fue por culpa mía que la regañaron. Bueno sí. Un pelo. Me siento culpable. Soy una mierda. La sonsaqué para que se portara mal y quince minutos más tarde la mamá le paraba un peo por el teléfono y la niña lloraba. Soy una mierda. Pero soy divertida. Gozan conmigo. Nadie enseña tantas groserías como yo. Pero nada, Como diría mi profesor de Historia Americana: I am in deep doo doo.
Es que primaria es peludo hermano:

Lengua: Diptongo e Hiato tienen algo que ver con las vocales. Pero de pana no me acuerdo. Yo leo full. Sí sorry, no quiero sonar presumida. Pero no me pongo y que ¡mira! ¡Allí Sábato puso un hiato! O ¿Por qué Cortázar no habrá utilizado más diptongos? Francamente no me acuerdo cuál es cuál. Me sale mi cancioncita de “ahí viene la Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, con las patas bien abiertas….”

Matemática: Ahí sí que la carajita está jodida. Yo no sé calcular ni un vuelto. Yo estoy vuelta un culo con el Bolívar Fuerte. El poco de ceros para acá y para allá. Mil ahora es uno y cien mil ahora es 100. 125 ahora es 1,2500043243242. Restar es la cuarta paila del infierno y dividir es la quinta. Yo cuando resto digo, este le presta a este y…..taaataaaaaannnn. ¿Cómo es que se comprobaba la resta? La metes en la calculadora del Blackberry y listo.

Sociales: Eso es fácil. Público es todo porque el gobierno está expropiando todo o implementa políticas que hacen que las empresas quiebren. Privado no es nada porque te metes en Facebook y algún imbécil pone en tu muro la dirección de tu casa, tu teléfono, la clave de tarjeta de débito y el color de tus pantaletas. La próxima herramienta de Facebook va a ser un lector de lo que piensas, ya ni eso lo tendrás para ti solo.

Ciencias: La alimentación. Yo fui obesa hasta los 17 años y tengo la anorexia controlada por el momento, porque el amor de madre es más fuerte que una de mis obsesiones. Eeee…no sé ni cómo abordar este tema. Había una píramide, creo. Pero la mitad de las vainas de la pirámide no se consiguen en el mercado. Francamente no sé qué hacer. Le hablaré de barritas Nature Valley y un clásico: Ovomaltina, parce vitamina pero tiene golocina…no la vaina es al revés: parece golocina, pero tiene vitamina.

Verga qué peo. Google, Wiki, como diría Karina: Sálvame.

Antes de Acostarme

Mi esposo me dice:

- Pana, tú le tiras al loco.

Yo me quedo pensando. "Coño menos mal." Es que como dice Ernesto Sabato en su novela Sobre Héroes y Tumbas: están los que sufren por el resto. "Y el resto son nada más que hinchapelotas, hijos de puta o cretinos, ¿sabés?"

Yo creo que los que sufren por el resto son los locos. Espero realmente calificar. Qué horrible despertarse un día, comprobar que uno es del resto y tener que pensar: ¿Cuál de los otros tres seré?