martes, 17 de junio de 2008

Marelbis. 19 Segundos para siempre.


Imposible. Esa parece se la palabra favorita de mucha gente. Eso no se puede. Eso es muy dificil. Lo veo grave. No creo. No lo ubico. Eso no se va a poder. No. No sé, no creo que sea viable.
Típica respuesta de cuando uno tiene un proyecto, una idea, un sueño o un enorme obstáculo al que sobreponerse. Vivimos en la era del miedo al fracaso. Es como si no tuviéramos chance para equivocarnos porque va a salir el mundo entero a burlarse, a señalarte, como cuando el personaje de Hawthorne tuvo que usar la letra escarlata.
Pensando en esas trancas que pone la gente, me levanté esta mañana y pensé en Marelbis. Marelbis es una chica que conocí hace mucho tiempo en una unidad de pediátrica de quemaduras en Estados Unidos. Ella llegó allá casi muerta luego de un terrible accidente. Yendo para el colegio el chofer del autobus paró repentinamente porque el motor se había prendido en llamas. Los niños salieron por la puerta de emergencia y dieron la vuelta al autobus acercándose a la parte delantera para ver las llamas. El chofer, aterrado, tenía un bidón de gasolina a su lado y sin darse cuenta que los niños estaban bajo su ventan vació el vidón violentamente empapándolos con el líquido inflamable. 10 niños sufrieron quemaduras graves. Uno a uno fueron muriendo en un hospital de Maracaibo y Marelbis que era la última sobreviviente recibió la ayuda de una diputada que la mando a Galveston, Texas donde está la mejor unidad infantil del mundo para ese tipo de lesiones.
Cuando Marelbis llegó en aeroambulancia directo a terpapia intensiva los médicos le dijeron a su hermana que no tenía chance. Que no iba a sobrevivir. Qué tenía demasiadas quemaduras. Que su cuerpo no iba a resistir las operaciones. Que no iba a poder luchar contras las infecciones. En fin. Dalis, la hermana de Marelbis, les contestó a su vez que no estaba de acuerdo. Que la operaran, que la curaran porque sí se podía salvar.
Y así Marelbis resistió a las operaciones. Peleó contras las infecciones y llegó el momento de todo lo demás. Los médicos le dijeron que Marelbis, no iba a volver a hablar. Dalis dijo que no, que sí iba a hablar y Marelbis un buen día, recuperó algo de voz y volvió a hablar. Qué no iba a poder comer por si sola. Dalis le diseñó una cuchara especial y Marelbis empezó a comer por sí sola. Ya por último, los médicos maravillados pero preocupados, le dijeron a Dalis que algo que sí era imposible era que Marelbis volviera a caminar. Su cuerpo estaba muy quemado, sus huesos y músculos débiles. Después de mucho más de 20 operaciones, con la nariz reconstruida, con párpados nuevos y con unos brazitos débiles pero determinados, ya el tema de las piernas era demasiado que pedir y llegaba un punto en que los médicos le pedían a Dalis ser realista.
Sin embargo, Dalis, no se dió por vencida. En el hospital había un gimnasio para rehabilitación de pacientes. Con todas las cosas que puede tener un gimnasio normal, pelotas, máquinas, pesas y algo que saltó a mi vista ese día, una caminadora.
Llegué a visitar a Marelbis y Dalis me pidió que la acompañara al gimnasio. Marelbis agotada no quería ir y estaba un poco llorosa, pero su hermana le pidió (en Guayú así que no entendí nada, de modo que supongo que fue así) que fuera. Llegamos y un puertoriqueño adorable nos estaba esperando para la sesión de Marelbis.
La paró en la caminadora, ella agarrada a unas barandas como si estuviera al borde de un precipicio. Sus piernitas finitas, como unos lápices cubiertos de una piel muy marcada por las cicatrices del fuego temblaban. El puertoriqueño empezó a decir: "Sí se puede. Sí se puede. Sí se puede." y pronto lo empezamos a decir a coro las otras tres personas que estaban allí...sí se puede. sí se puede. sí se puede.
El fisiatra prendió la maquina. Muy suavecito. Marelbis caminó 19 segundos. Fue como ver un milagro. Nadie lloró. Lloramos todos después, porque en el momento la adrelina de ver algo que los médicos, las teorías, las probabilidades, la experiencia, la sabiduría, la inteligencia, la razón y la sensatez habían declarado imposible nos hizo sentir cerca de Dios.
Marelbis, nos demostró que cuando queremos somos invensibles, que Kull está dentro de nosotros, que nuestro mundo lo podemos conquistar digan lo que digan. Yo lo aprendí en 19 segundos.

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