sábado, 12 de julio de 2008

Odio el Reguetton


Estás en el medio de un matrimonio. Una convesación con tres, quizás hasta cinco personas. Todo el mundo con su whisky con agua o su copita de champaña, los hombres con su flux, las mujeres con sus vestidos muy a la moda caraqueña (es decir, el mismo patrón pero en colores y estampados diferentes, si las prendas de animales están de moda seguramente la dama tendrá unos sapos en las orejas y una culebra en el dedo). Si tocan una canción de rock de los 80 todo el mundo mueve el pie y siempre por alguna razón u otra sale el tema del reguetton. Como fichas de dominó van cayendo las frases "Yo ODIO el reguetton", "sí yo también", "sí yo también".
Anoche JHF esposo de mi mejor amiga y gran amigo, con su elocuencia dice algo distinto y por primera vez admite lo que muy pocas personas son capaces de reconocer. "Yo considero que el reguetton es contaminación ambiental. Pero, tengo que reconocer que lo tengo en mi Ipod."
Apuesto que el 100% de los que dijeron que odian el reguetton no sólo lo tienen en el Ipod, sino que además lo escuchan, lo bailan encerrados en el baño en ropa interior, jurando que son como aquella propaganda de Regional donde el gordo baila con la tipa más buena del bar como si no hubiera un mañana.
Es que el Reguetton es como una especie de placer pecaminoso. Un género de música que nos une con lo más primitivo que tenemos, con cierta clase de cosas que la mayoría considera chabacanas y ordinarias, pero que al final del día forman parte de quienes somos, de nuestra cultura y que quizás por eso, inconcientemente nos vemos atraidos hacia al ritmo.
Yo tengo que confesar que sí me gusta el reguetton. Me parece divertido para bailar porque te permite hacerlo desde de una manera casi penosa y recatada, hasta el desate de esos que hace a los estirados pensar y comentar "qué papelón está haciendo esa niña." Es libertad pura en la pista de baile. No hace falta que nadie te invite a bailar, no hace falta ni siquiera que se te peguen si tú no quieres, no hacen falta la técnica y coordinación que hay que tener para bailar salsa o merengue. Aunque por otro lado también sea cierto que como dice Juan el reguetton es "una excusa para recostarle el tostón a las niñas (en las fiestas de 15 años por Dios)," pero al final del día la realidad es que depende de ambos dos si se dejan o no.
Las letras que todo el mundo critica, que van desde "quiero una chica real", pasando por "pero ella me levantó", "yo soy perro 24, 7", hasta "haremos sexo con ropa" y "mételo papi", son en todo caso divertidas. Algunas definitivamente no para poner en una fiesta familiar, pero de nuevo, dejan poco a la imaginación y dan rienda suelta a ese ser primitivo y desenfrenado que todos llevamos dentro y que muchas veces escucharlo nos ayuda a ser más creativos, y por qué no, más humanos.
En el fondo eso fue lo que me aclaró la confesión de JH. No dudo que, por lo menos en su caso estoy segura, para él sea contaminación ambiental, así como para muchos el heavy metal da dolor de cabeza y para otros Chayane y Ricardo Montaner deberían estar en Alcatras, pero lo cierto es que el reguetton de una forma u otra se mete en tu Ipod, en tu fiesta, en tu rumba y la gran mayoría de las personas, con su empeño en negar que lo escuchan, que lo bailan, más bien se reprimen más y pierden parte de su autenticidad. Por cosas como esa es que cada vez más siento que el mundo se está conviertiendo en una especie de kennel gigante de copy cats.

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