sábado, 27 de septiembre de 2008

ODA A LA AEROLINEA


Yo soy de esas personas que cuando se monta a un avión desata todas las conductas psicóticas que puede experimentar un ser humano. Paranoia, cambio de personalidad, insomnio, delirios. Para mí volar en muchos casos es un via-crucis. Ojo, me encanta viajar. A quién no? Pero el vuelo en sí, es para mí un encuentro cercano del tercer tipo. Desde que llego al aeropuerto me confieso el pasajero que vuelve locos a los empleados de las aerolíneas. Empiezo “Está a tiempo el vuelo?” (Porque claro, yo tengo pavor, pero me desespero por montarme chola) “Será que me puede poner un pasillo? Pero no un pasillo muy atrás. Tampoco muy adelante. Será que hay alguno donde no tenga a nadie sentado al lado? Hay buen tiempo? Usted cree que habrá mucha turbulencia?” Claro, me reciben con cara de asco y el 83% de las veces me dicen “No.” “No sé.” “No sabría decirle.” “No sabremos hasta que se cierre el vuelo.”
Claro que no sé si realmente soy yo, o el maltrato que uno recibe como pasajero es algo que casi forma parte de un manual de aeromozas y personal de aviación en tierra. Sin embargo las aerolíneas tienen que comenzar por comprender que los seres como yo, fanáticos del control, se engendran y se “energumenizan” cuando no saben qué está pasando. Uno llega y desde el primer momento el check-in es un tecleo a mil por hora, que deja soqueto a Flash Gordon y donde además no usan palabras normales sino cosas como FESWDXW, que significan:
“El sistema no ha procesado su reservación, por lo que me temo que no puedo chequearlo para el vuelo. Si gusta puede esperar a que terminemos con los demás pasajeros y si queda cupo felizmente podrá embarcar. Si no tendrá que esperar a que haya un cupo disponible los próximos días.”
Además te lo dicen con una sonrisa como de gnomo maldito. Regocijándose en la catástrofe de uno. Ahora, si uno tiene suerte y con el tecleo salvaje logra chequearse viene todo el tema de llegar hasta la dichosa puerta de embarque. Se llenan planillas, se entrega el pasaporte como 5 veces, te miran de arriba abajo y siempre aunque te hicieron desnudarte en los rayos X suena tremendo pito, vienen y te manosean. Ya eso no es culpa de la aerolínea, eso hay que reconocerlo, pero estos personajes tienen la misma disposición de tratarte como si tuvieras sendo prontuario policial.
Ya una vez que llegas a la puerta viene la dulce espera. Uno pasea, escucha los demás vuelos salir, envidiando a los desgraciados que están en la cola de la puerta. Te acercas al counter a preguntar si el vuelo está en hora y el pana que está tecleando como loco quién sabe qué y que en muchos casos es el mismo del ceck-in te pone cara de “qué coño vienes a preguntar??!!!” con una expresión como si estuviera haciéndole inseminación artificial a un de jabalí.
Si estas en Venezuela lo más seguro es que cambien la puerta. Eso es parte de la emoción. No lo anuncian, simplemente alguien logra preguntar algo al personal de la línea y lo sueltan como quien quiere soltar una bomba con cuidado de que no explote.
“La puerta es ahora la 15.”
Claro que la noticia corre como pólvora entre las mujeres, viejos y hombres de negocios que llenan sus crucigramas o persiguen carajitos que gritan entre las filas de sillas. Muy a lo venezolano la gente agarra sus cosas a toda velocidad y empieza una carrera contra algo que uno no sabe qué es, porque en el fondo se sabe que el avión no va a salir inmediatamente y que de cierta forma el cupo de todos está reservado. Pero igual, en un país como este, todo es posible, y las reglas de Kinder al final son las únicas que cuentan en la vida. El que llegue de último pierde. ¿Qué? No se sabe. Simplemente pierde.
Te puede pasar como a mi hermana, que con 5 de mis sobrinos pasó unas seis horas, que para hacerlo todo mejor fueron entre las 10 de la noche y las 4:30 de la mañana, en el aeropuerto de margarita. Por lo menos en ese caso o se apiadaron o se asustaron con el cuasi motín que se armó y dejaron que los pasajeros buscaran paños en sus maletas para construirse camas en el suelo y taparse del mega helado aire acondicionado. Con todo y eso la aerolínea, ni disculpas pidió, más bien les faltó decirles: “agradece que el vuelo no sale a las 8 de la mañana como dijimos hace un rato que iba a ser el caso.”
Cuando por fin va a salir el avión, llega el tan ansiado: “FUCK YOU Airlines (se deberían llamar todas así, porque es lo que en el fondo están pensando, en español sería algo así como AEROJODETE) anuncia la salida de su vuelo 356 con destino a la ciudad de Dallas. Señores pasajeros sírvanse abordar por la puerta número 15.” Te lo dicen durísimo, como para que si estás en el baño hagas un desastre y salgas con el papel enredado por la parte de atrás del pantalón, haciendo un completo ridículo. Cuando llegas te encuentras a la sonrisita de gnomo maldito diciendo por un alto parlante:
“En este momento vamos a abordar solamente a pasajeros de clase ejecutiva, clase Premium, miembros de nuestro One World, Trube Blue, Fly Big, Muhkullulu Ash Abi, plantinum, dorado, plata y bronce, ancianos, niños, personas viajando con infantes, personas con dieta especial, discapacitados,” En los países desarrollados se acerca un montón de gente, por lo general uno que otro viejo, los hombres de negocios que son miembros de los benditos clubes de viajero frecuente y un par de panas con bebés, que ya hay uno que con su carita de angelito te ve y piensa “ahora en un rato te voy a vomitar encima y voy a gritar hasta que se te duerman los tímpanos.”
De nuevo en Venezuela se levanta todo el mundo. Todos sentimos que entre en alguna de esa categorías cabemos. Por ejemplo el par de papás con su único hijo que ya tiene barba y mide como 1.80 pero que los papás (unos vivos del coño) dicen: “Es que Ernestico es mi bebé!!!”, unas viejas llenas de botox que ahora sí van a usar la carta de ancianas y el propio maracucho vivo, coleón que va pensando “aquí Rigoberto Molina se mete porque es un niño por deeentro.
Entonces empieza el despelote. Te devuelven, la gente va haciendo un embudo. Tratan de llamar de la fila “25 a la 14”. Siempre hay alguien que insiste en colearse, “aaaaaa, es que yo pensaba que 2B era para el juego de Bingo durante el vuelo, disculpa” y mientras tanto la gente de la aerolínea pone cara de “ojalá ustedes nunca hubieran nacido” mientras dicen a todo gañote “una sola fila por favor.” A mí siempre me devuelven y justo cuando me dicen: “SEÑORA (con énfasis para que me duela que me ven cara de vieja) estamos abordando sólo de la fila 25 a la 14” me hacen salir de la cola y llaman “todas las filas a abordar.” Claro, cuando por fin llego a mi asiento con escoliosis y traumatismos múltiples de tanto cargar parada el maletín de mano, ya no tengo espacio para guardar mis cosas.
Ese tema les encanta a las aeromozas. Te esperan en la entrada del avión. A veces te ayudan a ubicar tu asiento, otras se hacen como que no te ven mientras abren y cierran el montoncito de puertas donde guardan ve tú a saber qué. Y sonríen con sus moños que alguno de estos días harán que les estalle una cornea, sus faldas apretadas, sus tacones que hasta a Carmen Victoria Pérez la dejarían pálida de juanetes, y esa sonrisita de “en lo que pueda te jodo” escondido bajo el “buenos días.”
A mí siempre se me sienta al lado un chavista, un viejo verde o un carajito, si no me toca un asiento vacío, pero compañeros con conversa interesante, normales, tranquilos, no. Esos siempre pasan de largo. Justo cuando voy a hacer mi terapia de relajación viene una aeromoza: “Disculpe señora, me podría mostrar su boarding pass por favor.” Y al lado una vieja loca que tiene cara de que se está montando en un submarino que jura y perjura que tiene tu asiento. Pero ya uno sabe que lo quiere la vejestorio es el pasillo qué tú tienes, y qué te ganaste, porque te lo dieron en el ceck-in después de que te vejaron y te clavaron tu cara de “tú si jodes”. Después de un rato, no le queda otra que irse para su ventana (yo odio la ventana, catapulta mis miedos). Una vez me tocó que la vieja en cuestión SI tenía mi asiento, sólo que la señora iba para algo así como Tulsa, Oklahoma y estaba montada en mi vuelo que iba para Washington D.C.!
El momento de la salida del vuelo siempre pone a las aeromozas de a toque. Mandando a todo el mundo a sentarse. Siempre hay un tipo que se consiguió a un pana que no veía desde hace tiempo y está sentado 10 filas más atrás y no se quiere ir a sentar. Después si estás saliendo de Caracas echan una especie de insecticida, que el capitán dice por el altoparlante que “no es tóxico” y que tienen que echar por regulaciones de “alguien internacional,“ que básicamente es un organismo que no quiere que se peguen nuestros piojos tercermundistas a los catiritos que viven en el mundo desarrollado.

Las vejaciones siguen. Te traen la comida y es o pollo a la chancleta, pescado a la diarrea o pasta a la trágatela rápido para que no sientas. El postre siempre es algo que parece lo que le sale al carro cuando tiene un bote de aceite y ahora la nueva moda es cobrar por las bebidas alcohólicas, que es lo último en “tortura al pasajero.” Lo único que a uno le puede hacer pasar el mal rato, el horror de la turbulencia, el ruido, la incomodidad, es una leve prendidita que te ayude a dormir como si fueras una cochinilla o una especie de morrocoy, acurrucado en tu propia concha y claro.
En pleno vuelo la turbulencia. Ese es el peor de mis males. Allí me sale de todo. Nadie te dice nada. Yo veo por las ventanas a ver si descifro algo. Si es realmente lo que me imagino. Uno lo único que escucha es el timbrecito y el mismo cantadito:
“Señores pasajeros estamos atravesando una zona de turbulencia. Les rogamos regresar a sus asientos y permanecer con el cinturón de seguridad abrochado hasta que el capitán quite la señal.”
Hay gente que ni se entera. Siguen durmiendo, soñando con quién sabe qué o viendo sus películas o leyendo sus libros, como si no fuera con ellos. Me provoca despertarlos y que me acompañen y que se estresen conmigo.
Ya cuando uno llega sigue toda una prosopopeya de cosas. Si uno va para el exterior entonces el tema de la inmigración. En Estados Unidos es como si uno estuviera tratando de salir de un campamento de concentración. Siempre te preguntan algo que uno está nervioso y va a decir lo que no es. Si te toca un latino seguro vas para el cuartico. El cuartico donde le quitan los pasaportes a la gente y te miran como si tuvieras dediles de marihuana en la barriga. Ni se te ocurra extralimitarte con caraotas antes de volar a los United y ahora me han contando que las aeromozas pillan quién no se come la comida o quién está nervioso durante el vuelo y van y lo zapean. Algo más que agradecer a nuestros voladores amigos.
Después el eterno esperar de la maleta que uno escucha que la tira como si fuera una terapia de pégale como si fuera tu ex esposa. Si te llega buenísimo. Eres libre. Ahora, si no llega, ahí sí se monta el Chavo del 8. El bagagge claim siempre te pone cara de“ A quién se le ocurre chequear la maleta?” Te preguntan cómo es, pero yo siempre he querido preguntar: quién va a ir por ahí buscando: una maleta negra con una cintica roja, con una etiqueta que dice Wilson, y diez cosas más que tienen el 99.9% de las demás maletas. El código de barra que tiene el ticket no sirve para nada y es por eso que probablemente una jauría de perros en Bolivia termine usando tus cosas.
En fin. La pregunta sigue en pie ¿Por qué? ¿Es una cuestión de competencia? ¿Es poder? ¿Será que son seres humanos que saben que estás desesperado por irte del aeropuerto y se aprovechan? En todo caso, el día que me quiera vengar del mundo voy a meter mi curriculum en Aerojódete.

2 comentarios:

Facility manager dijo...

Impecable, Manuela. No se de donde sacas tantas imágenes y metáforas. (Inseminación artificial a un jabalí, jejejeje)
Que bueno. Ojalá tuviera una revista para publicar tus escritos,
Salutti,
Alberto
PD (a lo mejor la saco. la revista)

Anónimo dijo...

Just build this forum via google. Ready to fasten you. I came here to learn your language . thanks all.