viernes, 5 de septiembre de 2008

Punta del Sol

Esta mañana me tocó pararme aquí porque me quedé sin leche para el cereal. Amo esta panadería. Tengo que decirlo. No hay nada como un croissant, un cachito, un marrón claro grande en un vaso que te quemas los dedos. Fuck Starbucks, this is ten times better. Es parte del truco que te traten mal y que tengas que ponerle cara de culo a una vieja de esas que se acerca al mostrador hecha la bolsa, y grita:
- Un cachito de jamón y un café- Como si no hubiera más nadie, y no se estuviera dando cuenta de que se está coleando. Siempre hay alguien que pide un cuartico de jugo y dos panas con una conversación súper privada pero de la que todos nos enteramos y donde uno cuenta todo y el otro escucha:
- No vale, mira, yo le dije a él, que eso no puede seguir así, porque no es correcto que ella salga con esas faltas de respeto. Qué es eso? Si ese señor puede ser su hijo y además es su jefe.
-Claro- Dice el pana.
- No y además, esas vainas de las mujeres tarde o temprano salen a la luz, lo de que tenía otro eso se sabía, si la habíamos visto todos...mira, tienes azuquitar ahí mi amor? que este café esta amaaRRRgo...en que andaba, ah si, entonces la chama ahora saly que no, que eso se acabó, ¡Mentiirra¡Pura labia...

Mientras uno pendiende de la tablita donde te anotan el precio. El olorsito a pan recién hecho da demasiada hambre. El colómetro para pagar, el absurdo del monedero que ahora tenemos que cargar y que es algo así como que mientras más chiquita la moneda más vale y todos los precios redondeados hasta más no poder. Yo agarro mi bolsa y cual borraco con su botella me lo como en el carro y hago un desastre de migas, y el desastre de migas es parte de la experiencia. Lo mejor es tratar de mojar un pedacito de croissant en el café mientras voy por la autopista.
Adoro esa panadería. Adoro los cachitos. No hay mejor desayuno.

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