viernes, 28 de noviembre de 2008

Run Forest Run


Yo no sé si debería escribir sobre esto, porque es un tanto: “out there.” Pero bueno, el drama del que escribe es que tiene una absurda necesidad de contar lo que le pasa. Además, esta mañana confirmé que este drama no es sólo mío y quiero compartirlo con mis fellow lectoras.
Es que resulta que me he dado cuenta que soy una matrona siciliana, soy una vieja cultivadora de “patatas” de algún pueblo del Mediterráneo. Me mojonié en algún momento de mi vida pensando que era una chama moderna, full siglo XXI, tipo mi sobrinita que le dice al novio cosas como: Pinta un bosque y piérdete, multiplícate por cero. Resulta que esta semana fui a hacer lo más insensato que hacen las mujeres. Es algo que aunque llevo haciéndo durante varios años no logro comprender: depilarme.
Sí, todo el concepto de echarse cera caliente para luego proceder a jalar lo más duro que se pueda, arrancando de esta forma el pelo, que además está cerca de terminaciones nerviosas que producen ardor, dolor, picor entre otros, es la prueba de que seguimos siendo bárbaros. Estoy segura que cuando sucumba nuestra civilización, y los arqueólogos descubran las ruinas de las ciudades occidentales y se encuentren los indicios de este proceso, dirán algo así como: De esta forma se castigaba a aquellas mujeres que violaban las reglas elementales de la sociedad.
Lo cierto es que esta semana la muchacha que me depila se agarró vacaciones. Como no pienso jugar para el Inter de Milán y por ende no tengo razón para parecer uno de sus futbolistas, opté por ir con el reemplazo, su mamá, que además una amiga me había recomendado. La señora empezó a darme todo un sermón de cómo hoy en día, mujeres (y hombres papito, yyyy hombres!!!) se depilan todo. SÍ TODO. Cómo Dios los trajo al mundo. Lo cierto es que hubo una discusión entre ella y yo, hubo cera en lugares donde sólo debe estar la mano de un médico, y yo me sentía como un experimento. Creo que no he sudado tanto en toda mi vida y no se me ocurrió armar un rollo porque la señora todavía tenía la cera en la mano. Lo cierto es que puedo ir a cualquier puti-club y me contratarían porque parezco una más del montón, aunque logré salvar parte de mi vergüenza.
Lo peor de todo es que al salir de la broma y contar mi historia me dicen que hoy en día las chamas de 20 y piquito para abajo no sólo lo hacen, sino que: “ aaayyy desde hace tiempo mija, tu de que época eres!” Eso me lo contó una amiga a quién llamaremos Eva. Eva estaba impresionada igual que yo. Me vengo ahora a acordar de un date que tuve hace años. Fue tan creepy que lo llamamos: El Dentista Higiénico. El Dentista Higiénico me invitó a cenar. Yo me estaba metiendo un pedazo de carne en la boca, después de haberme dicho que, “qué asco tener un perro, es lo más antihigiénico”, cuando soltó:
- Yo me afeito abajo. Completo. Es higiénico.
No se diga más. El concepto de indigestión esa noche dio un vuelco en mi vida. Me pareció información innecesaria, demasiada para el poco tiempo de conocernos y además, pensé, ¿Quién coño hace eso?
¿Pues quién coño hace eso, además de las cabareteras? Como que la respuesta es todos menos yo. Incluidos los ellos.
Yo no sé, la broma no me convence. Mi manera de pensar es: si Dios lo puso ahí fue por algo. Es mejor no alterar a la naturaleza demasiado. Capaz ese es el motivo del calentamiento global.

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