viernes, 21 de noviembre de 2008

¿Van a contar tu voto?

¿Cómo saber si realmente van a contar nuestro voto el 23N? ¿Será que realmente las actas imprimen lo que uno selecciona en la máquina? ¿Se harán las auditorías? ¿Será que realmente alguien estilo Súmate, Los Partidos, la OEA o los Observadores Electorales hacen algo para que nuestro voto sea tomando en cuenta? ¿Será que hay un Plan B?
Si alguien me diera 10 bolos (de los viejos) para el cochinito, por cada persona que me llama durante un proceso electoral a pedirme las respuestas a estas preguntas (y otras como las impelabes: “¿Qué sabes? ¿Cómo vamos?”) estaría ahorita tomando una piña colada en el Caribe con Paris Hilton esperando a Tom Cruise, Katie y Suri para ir de shopping.
Somos expertos para hacernos preguntas. Además para formular complicadas respuestas, que al final no responden un carrizo. Es decir, hablamos mucho, pensamos demasiado y terminamos por no decir nada y por hacer todavía menos. Siempre hay “alguien” que está haciendo “algo”. Se llama oposición, se llama partido, se llama candidato, se llama miembro de mesa, se llama operador de la máquina y finalmente cuando todo sale mal pues son ellos, rojos rojitos, y una lista de apelativos que no tengo que recodarle a nadie.
Lo cierto es que en estas elecciones yo me harté de jugar banca y de quedarme en mi casa llamando, propagando rumores absurdos, porque a uno lo llaman a decirle desde que los gringos se están bajando de un portaviones en La Güaira, hasta que las máquinas de votación tienen un polvito encima de los candidatos de oposición que si te cae en los ojos te quedas ciego.
Si usáramos esa misma creatividad y energía para participar un poquito, no digo que tendríamos de presidente a Obama, pero si habrían algunas marcadas diferencias en nuestra realidad. Al menos les pondríamos el juego más difícil a los enemigos de la transparencia. Lo que sucede es que el proceso de votación es tan complicado y los ciudadanos somos tan apáticos que no hay que hacerle mucho vudú electrónico a las máquinas, simplemente hay que exagerar el protocolo de votación un poco a fin de que por el camino queden cabos sueltos y ya. Total, el resultado final no tiene dolientes.
¿Es que acaso alguno de nosotros se ha molestado, realmente molestado, por verificar que su voto del 2D 2007 haya contado? Tres gatos. Hay millones de cabos sueltos y el resultado nos lo tragamos, por primera vez nos gustó, pero igual nos lo tragamos. Como nos hubiéramos tragado algo distinto de no ser por una mano negra militar que nadie entiende bien.
La verdadera pregunta es ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo vamos a culpar a los demás de lo que no hacemos nosotros? Excusas hay millones. No tengo tiempo. Tengo full trabajo. No veo nunca a mi familia. Me cansé de marchar. No creo que la oposición. No creo en los partidos. Yo soy apolítico. Soy fotosensible y no puedo hacer largas colas al sol. Tengo una vomitona. Estoy en estado. Tengo casi 90 años. Ese día tengo que hacerle el almuerzo a toda mi familia. No hay liderazgo. Olvídate nos van a dar una felpa. En mi centro no se fuma. Me rasparon burda en el colegio y la idea de un salón de clase me enferma. En ese colegio vota mi ex. En mi centro nunca hay máquina. Odio las computadoras. Eso no va a contar, el gobierno hace lo que le da la gana. Epidemia de dengue, en mi centro hay full mosquitos. Tengo pasajes para irme a Margarita. Tengo un congreso de Idiotas Anónimos que no puedo faltar. Soy un borracho y la ley seca me deprime. No me gustan los bululús. Casi nadie vota y la apatía me pone triste. Me hace mal el clima. Es noviembre y baja el Capín Melao del Avila, me da alergia. Mi candidato no tiene chane. Mi candidato está sobrado. Yo no me inscribí a tiempo en el registro. Al menos esas son las que yo me he inventado.
Esta vez me dije a mí misma NO. Se acabó. Y si no voy a hacer nada pues me levanto el lunes y para adelante como el elefante, pero sin andar hablando pestes de los demás, sin reclamar que otros no hicieron lo que es mi responsabilidad. ¿Qué yo no estoy en un partido? ¿Qué yo no trabajo para un organismo, político, público o independiente vinculado con las elecciones? Sí. Pero el día en que alguien me dio una cédula, con un número y una estampa que leía VENEZOLANO, eso bastó para que lo que pase en este país se convirtiera en mi responsabilidad. Mi problema. Mi problemón, que ni Irene Saez, ni Primero Justicia, ni Juan Bimba, ni Mandrake van a resolver por mí, mucho menos que si un grupo de gringos o misionarios Holandeses.
Hay gente que piensa, que si a Venezuela se la lleva una hecatombe agarrarán sus maletas y cambiarán sus cédulas por un Social Security Number o por un D.N.I. Pero no es así de fácil. Uno no pierde la memoria, a menos que se dé un golpe bien duro en la cabeza y aún así duele mucho y quedan cicatrices.
Así que la respuesta a todas las preguntas mencionadas al principio son: No sé, y la única forma de saber es ir yo misma y verlo con mis propios ojos. No dejar que otro lo haga por mí. No me tiene que dar permiso un partido, ni una organización, ni el presidente, ni los círculos bolivarianos. Al demonio con todos ellos, si no quieren contar mi voto, no importa, lo contaré yo.
(Normativa Art. 45-46.51.59)
“La etapa del proceso comicial que se denomina escrutinio es un acto público que se realiza una vez cerrado el proceso de votación. Consiste en la contabilización (electrónica o manual de acuerdo a cada caso en particular) de todos los votos que hayan obtenido los diferentes candidatos o hubiesen resultado nulos…” El acto de escrutinio es público, no habiendo otra restricción para presenciarlo que las derivadas de la capacidad física del local donde se realiza el acto. Los observadores deben mantener dos metros de distancia de la mesa electoral.

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