domingo, 25 de enero de 2009

El tiempo que se ríe de mí


Mi tema esta semana es el tiempo. Para las personas atoradas, desesperadas, desorganizadas e impacientes como yo el tiempo es un tema peligroso. Sobre todo porque hay preguntas que sólo tienen respuesta en el tiempo. No se puede googlear, no se pueden investigar o deducir, sólo se puede esperar a que ese conjunto de segundos, minutos, horas, días y semanas maneje su encanto y nos de la posibilidad de saber.

A veces pienso que el tiempo es una gran broma que nos juegan desde algún lugar cósmico. Es increíble como una hora puede ser interminable, agotadora y mucho más lenta que una semana. Hay veces que te volteas y te preguntas a dónde se han ido ese par de años que estaban llenos de una cantidad de cosas que no se pudieron cumplir, que se suponía que iban a hacer de ti una persona que ahora se ha ido por otro camino. Son años que volaron, que prácticamente no fueron, pero revisas tus cosas y allí estás, en medio de fotos, de papeles, de cartas, de recuerdos de amigos y de familiares, te ves en el espejo y ves en tu cara las líneas de un camino que evidentemente has recorrido, pero que no sabes cómo.

Es extraño. La vida es lo más precioso que tenemos, es lo único que tenemos, y a veces nos morimos porque pedazos de ella pasen violentamente ante nuestros ojos, bajo nuestra piel. Son pocos los momentos en los que quisiéramos que todo se detuviera y entonces eternizar aquel lugar donde el alma se sentía cálida, segura. En paz. Nos hablamos constantemente del destino para el cual hemos nacido, pero muchas veces por no decir que casi siempre, olvidamos que para llegar a un destino hay que hacer un viaje. Sin el viaje es imposible llegar a ningún lado. Puedes tener el destino muy claro, puedes desearlo con todas tus fuerzas, pero si te niegas a viajar, incluso si no disfrutas el camino, si no te detienes a ver cómo es, sus partes empinadas y rocosas, las bajadas llenas de brisa fresca, las tormentas, las amenazas, los momentos para descansar viendo un paisaje colmado de belleza, no llegas al final del camino. Quién no se fija por donde va, se pierde.

Así que he decidido que eso es lo que voy a hacer. Ahora seré yo quien se burla del tiempo, porque se podrá tomar todo lo que quiera. Podrá decidir ser benevolente conmigo y dejarme verle volar o querrá mejor entretenerse a mi costa y hacer que le pida permiso a cada día para que termine, querrá que me siente durante la noche a ver las horas pasar, pero cada uno de esos minutos lo voy a disfrutar, lo voy a utilizar para ser quién soy, para ser mejor y para detenerme a oler las flores que hay en el camino o para ver la lluvia que cae durante la tormenta, después de todo, yo sé que detrás de las nubes está el sol.

Recuerdo ahora las palabras de una amiga hace ya varios años: Por más largo que sea el túnel. Más intensa es la luz al final. Y sólo los cobardes, mueren ciegos.

2 comentarios:

Vigi dijo...

otra consecuencia de estos tiempos modernos, yo bote mi reloj en un brote de ira, no me he vuelto a comprar otro

Manuela Zárate dijo...

Es lo mejor que puedes hacer!!! No hay nada peor que ver constantemente el reloj. Nunca se mueve a la velocidad que debería.