martes, 20 de enero de 2009

No eres Tina Turner


Una de las mujeres que más admiro es Tina Turner. No sólo porque me encantan varias de sus canciones y por la energía que transmite, sino porque hace años vi la película que protagonizó Angela Basset que cuenta la historia de cómo Tina Turner llegó a ser quien es. Resulta ser que Tina (y es el por qué la admiro tanto) logró superar un matrimonio con un esposo abusivo, violento y obsesivo que estuvo a muy poco de matarla a golpes. Una historia que a lo mejor no todo el mundo sabe pero que tantas mujeres podemos afirmar conocer de cerca. El punto es que Tina logró dejar atrás a Ike Turner, su primer esposo y además compañero de trabajo. Ike and Tina tenían considerable fama a nivel nacional, y creo que internacional como un duo tan conocido como lo pueden haber sido Sony and Cher. Cuando Tina decide separarse se presenta un problema, el apellido de soltera de Tina era Bullock (de hecho nació Annie Mae Bullock) el apellido Turner pertenecía a su esposo, el cual pretendía que al divorciarse la cantante no lo utilizara más, después de todo, si lo estaba dejando que dejara su apellido también.

Lo cierto es que Tina comenzó una batalla legal, durante la cual demostró que el apellido Turner tenía un valor comercial que ella había ayudado a forjar y que por lo tanto era tan de ella como de él. Al final el juez falló en su favor y es por eso que hoy en día seguimos conociendo a la cantante como Tina Turner. Ike, cayó en el olvido y murió hace un tiempo.

El punto es que cuando nos casamos muchas mujeres decidimos dejar nuestros nombres de lado. Quizás haya razones muy válidas, como que por ejemplo se escucha mejor con nuestro nombre, es conocido y por lo tanto representa una ventaja social y hasta laboral y otras quizás un tanto más tradicionales como, que identifican a la mujer con su esposo, indican que forman una familia, la familia tal, y que simplemente es una costumbre de la sociedad.

Lo cierto es que hasta que yo misma no renuncié a mi apellido y me tocó rescatarlo de nuevo, no me pregunté ¿Qué pasa con esa persona que fui toda la vida? ¿Qué pasa con ese nombre y ese apellido que me identifican con quién soy, de dónde vengo, con esa persona que estuvo allí desde kínder hasta la universidad, nombre y apellido identificando que esa en el fondo era yo? De repente un día firmas un papel y dices, ah sí un momento, de ahora en adelante no soy más yo. Hasta que un buen día te das cuenta que sin querer te vas anulando.

Uno mismo no reconoce a las amigas que dejaron de ser Fulana Menganita y ahora son Fulana Perecenjita. Es como, bueno y ¿Esa quién es? En pleno siglo XXI, simplemente un día porque te casaste te cambió hasta el nombre. No estoy de acuerdo y me parece alarmante que mujeres de nuestra edad estén en ese plan. Hasta el mismo ponerse Fulana De Tal, como si uno fuera de alguien, como si ya no te perteneciera tu apellido de soltera, pero tampoco el de casada, eres DE eso, más nada. Lo detesto. Amo mi nombre, no me lo cambio por nada del mundo y si pongo una plasta en la vida, o si llego lejos, si vivo, si muero, si lo que sea, quiero seguir siendo quien fui el día que nací, no quiero olvidarme de donde de vengo, porque después de todo, bastante se me han dado en mi casa para yo venir y borrarlo de un plumazo.

Cuando yo me cambié el apellido en aquel entonces una amiga mía quiso hacer lo mismo. Ella era española y fuimos a la embajada para ella cambiar su nombre en los papeles de ese país. A lo que la secretaria de la embajada le dijo:

- No, no, no. Aquí no hacemos eso, eh. El apellido el de papá y mamá que ese no te lo quita nadie.

Y no se lo cambió. Sabia decisión, porque si un día te quitas tu apellido y te pones otro, el día menos pensado te das la vuelta y te lo quitan. Y lamentablemente no eres Tina Turner.

1 comentario:

Toto dijo...

Tu siempre seras Manolita Zarate (aun cuando te conozco seguramente cantas in the shower como Tina Turner).