miércoles, 11 de febrero de 2009

La Llama de Eluana


Eluana se llamaba la mujer que pasó casi 17 años en coma en un pueblo de Italia. Luego de todo este tiempo su padre logró que desconectaran las máquinas que la estaban alimentando y en tres días murió. El suceso ha despertado una polémica sin precedentes en Italia, donde por un lado estaba el padre de Eluana, luchando por lo que era un deseo de la joven, los partidos conservadores que hicieron hasta lo imposible por detenerlo y la iglesia, que también ha hecho duros señalamientos contra quienes actuaron en la “muerte” de Eluana.
En este tipo de temas hay opiniones para todos. La conciencia de cada quien es un universo demasiado grande como para pensar que algún día se unificarán las ideas y todos pensaremos igual o pasarán cosas como esta sin que se desate un huracán de controversia. Lo que sucede también es que al ser humano le encanta juzgar. No hay mejor deporte que el chisme. No hay nada como los problemas de otras personas para hacernos sentir superiores. Lo cierto es que uno puede tener ideas sobre estos temas, pero uno no puede decir qué haría hasta no verse involucrado en algo igual.
A mi modo de ver Eluana descansó. De una forma u otra. Siento que es muy difícil decir si ella era feliz o no, si desde su estado coma deseaba seguir viviendo. Es algo que sencillamente no sabemos. La única forma que tenemos para expresar lo que sentimos es a través de nuestros sentidos y cuando estos fallan no podemos hacerlo. Punto. Puede ser que uno tenga la intuición, o la sensación de que las personas que están en ese estado nos escuchan, pero es sólo eso. Yo trabajé durante mucho tiempo en como voluntario en el hospital de cáncer MD Anderson de Houston, Texas. Mi trabajo incluía visitar pacientes de la Unidad de Cuidados Intensivos, muchos de los cuales estaban en coma. Ciertamente yo sentía que de alguna forma me escuchaban, a pesar de su silencio, de sus ojos cerrados, de su aparente sueño o estado de ausencia yo les hablaba y les acariciaba las manos, igual que a mis otros pacientes. Siempre tuve la sensación de que me escuchaban, pero realmente a ciencia cierta no lo sé. Ahora, algo sí creo desde el fondo de mi corazón, vivir así, irónicamente, debe ser agotador. Cansado. Imposiblemente difícil.
Más duro aún debe ser ver a un ser querido atravesar algo como eso. Debe ser un infierno. Mi experiencia en MD Anderson también me enseñó que las enfermedades muchas veces son más duras en los familiares del paciente que en el propio enfermo. La impotencia. Hasta la culpa. Hasta sensación de me cambiaría contigo en este instante. De verdad el papá de Eluana creo que es una gran víctima y más aún porque además de la pérdida de su hija, de lo que sufrió durante tantos años al verla tumbada esperando un milagro tienen que vivir con el juicio de los demás y a lo mejor con su propia conciencia.
Es que la conciencia es algo peligroso. Creo que la conciencia ciertamente es aquello que nos mantiene entre el bien y el mal. Sin embargo, por tranquilizar la conciencia muchas veces podemos hacer cosas que más que representar al lado del bien nos llevan hacia el más profundo egoísmo. Muchas de esas personas que juzgan de asesinato lo que sucedió realmente no se preguntan por la calidad de vida de Eluana, simplemente juzgan el hecho como algo aislado. Es que es mejor dejar a una persona viva, como sea a como de lugar que arriesgarse a molestar la conciencia. Es lo mejor, así el día de mañana no habrá que preguntarse si se hizo bien o se hizo mal. Es mejor que un ser humano sufra vivo a que una conciencia sufra por ayudarle a morir.
Creo que gran parte de esta polémica tiene que ver con el miedo a la muerte. La muerte es parte de la vida, pero nos hemos acostumbrado a vivir en mundos tan perfectos, tan organizados, donde todo es posible, donde no hay nada inalcanzable, que entonces aquello que es oscuro y que no tiene respuesta no espanta. Aquello que escapa de nuestro control es algo que no podemos manejar. Quizás habrá que preguntarse si la fe no debería alcanzar realmente a la muerte y pensar que del otro lado hay una luz, a veces es mejor arriesgarse a alcanzar esa luz que vivir eternamente en una oscuridad que de igual forma acabará algún día en muerte.
Creo que las conciencias más claras, más tranquilas, son aquellas que no tienen miedo a aceptar que como dice la canción de Fito Paez “tendré que hacer el bien y hacer el daño.”
Eluana, donde quiera que estés descansa en paz y que tu papá en esta tierra pueda pronto hacer lo mismo.

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