viernes, 27 de febrero de 2009

Paranoid City



No sé qué me pasa desde hace unos días. Desde el 16 de febrero. O a lo mejor fue antes. Son tantas cosas las que uno oye. Pareciera que el mundo se está cayendo a pedazos. A lo mejor siempre fue así y simplemente no nos habíamos dado cuenta. Yo no me había dado cuenta. Dicen que cada vez que comienza un siglo la humanidad presiente el fin del mundo. A lo mejor el mundo nunca se va a acabar. A lo mejor ya se acabó y nosotros no lo sabemos. A lo mejor nosotros no somos el mundo. A lo mejor sólo somos una especie que se rebeló contra la naturaleza, que sabe que nada desaparece, que nada muere, que todo se transforma. Este año comenzó como un año de finales y como un año de comienzos. Pareciera que hay que escoger de qué lado vas a estar. No importa lo que pienses, ni cómo lo pienses. No importa qué teorías, que ideas adoptas como las tuyas propias, ni en qué basas tus creencias, no importa la religión, ni la nacionalidad, ni la carrera que estudiaste ¿estás con los principios o estás con los finales? Nos hemos empeñado en dividir las cosas en bien y mal. Es tan fácil tener a un pepe grillo que te dice, esto sí, aquello no. Pero luego te das cuenta que el camino de la vida no se encuentra entre esas dos orillas. Simplemente va y viene. Tú decides si estás embarcando, si estás con el comienzo, o si prefieres bajarte porque llegó el final.

La oscuridad se está apoderando de esta ciudad. Por más que los días son soleados y brillantes. Por más que levantas la vista y ves el cielo como nunca, tan claro, tan cristalino que duele, te das cuenta al bajar la mirada que aquí hace rato que está oscuro. Aquí se bajaron las cortinas. Se apagó la luz. Hace rato que jugamos al cuarto oscuro. Cada mirada, cada palabra, cada gesto es algo que genera desconfianza. Todos nos están mirando, con las pupilas dilatadas por la oscuridad. Nos miran para ver qué pueden sacar de nosotros. Están en los supermercados, están en los bancos, están en algún lugar oscuro sacando tu celular de algún anuncio de compra-venta, están esperándote para arrancarte ese pedazo de ti que no sabes si algún día vuelve, tu tranquilidad. Ya los sueños no son profundos, se limitan a cerrar los ojos, porque en plena oscuridad no se descansa. En la noche lo que hay es tiniebla. En la noche todo es silencio. Cuando cae el sol la ley es no mirar hacia afuera. No ver qué le sucede al otro, como esa cadena que hablaba de un terremoto apocalíptico, donde se castigaría a los injustos. No se puede ver hacia fuera. No se puede hablar. No se puede gritar. Hay miedo y el miedo es el fin. Hay negación y la negación es el comienzo.

Yo no sé qué pensar del mundo. Mientras el perro corra, mientras me sonría con su mirada. Mientras exista el queso fundido en mis manos por las mañanas. Mientras pueda respirar un aire que me llena cada milímetro de los pulmones, mientras el maíz explote y se convierta en una cotufa que me recuerde que una vez me sentaba en las sillas y los pies no me llegaban al piso. Mientras exista al menos un extraño que me sonría, alguien que no tiene por qué saber quién soy y que recuerde mi nombre. Alguien que me mire a los ojos y me de las gracias. Mientras, estaré aquí. Yo creo que es apenas el comienzo.

1 comentario:

Facility manager dijo...

Asi es Manuela, cada cosa en su lugar. Ya lo decía la Biblia, tiempo de sembrar, tiempo de recoger...
Si la Ciudad de Furia solo ha sembrado tormentas, recogerá tempestades. Pero siempre existen las pequeñas cosas que convierten a los momentos en grandes momentos; los nombras: una sonrisa, una esperanza, un hijo.
Siempre habrá tiempo para el reencuentro
Alberto