domingo, 29 de marzo de 2009

Auf Wiedersehen


Las rupturas son quizás una de las cosas más difíciles por las que pasa el ser humano. Al menos en el plano personal. No es fácil decir adiós. Siempre me llamado la atención aquello de romper "amigablemente." ¿Existe realmente aquello de romper sin resentimiento? No creo que sea imposible ser amigo de tu ex pareja, pero en el momento de la ruptura. Siempre hay una razón. Algo que genera un sentimiento negativo que lleva a una de las partes a decir, se acabó. Insisto, decir adiós no es fácil.

Pero ¿qué pasa cuando el adiós no se da entre parejas sino entre amigos? Esos adioses paulatinos, distanciamientos silenciosos donde hay que ir dejando que el tiempo diga lo que tiene que decir. Que ya no hay intereses comunes. Que se dijeron cosas que a lo mejor no había que decir. Que llegó gente a la vida de uno que cambió la visión que teníamos. Esos adioses son extraños, sobre todo cuando está de lado del que se sienta a escuchar el silencio. Hablo de ese amigo que se va. Ese amigo que ya no llama. Ese amigo que dejamos de ver, que ya no contesta nuestros correos, que casi pasara a ser parte de la masa de gente que uno no conoce. Es extraño. No se dijo nada. No hubo explicación. Simplemente un día las cosas cambiaron.

Es curioso, porque en estos días me encuentro de ambos lados. Por un lado he decidido romper una amistad. Lo reconozco. Hay veces que simplemente uno tiene que decir hasta aquí me trajo el río. Es raro. Porque obviamente no habido una conversación. No es que nos vamos a sentar y nos vamos a decir lo que ha estado fallando. Eso lo haces si quieres salvar la amistad, y aún así, si las cosas ya están tan mal entre dos amigos esas conversaciones por lo general no llevan a nada. Entonces es extraño. Porque escuchas ciertas frases de boca de una persona y te das cuenta que no hay vuelta atrás. Que lo que te unió a ella simplemente ya no existe y decides que es mejor terminar esa relación. Pero no tienes, ni puedes, ni debes, decir nada. Quizás esa persona esté pensando lo mismo. Quizás no y no importa. El hecho es que tú estás diciendo adiós.

En estos días también veo que han roto una amistad conmigo. Hay un silencio prolongado. Una ausencia casi ofensiva. Un desdén inmerecido, casi una ofensa. No tiene sentido dar más excusas. Game Over. Lo qué me lleva a pensar. ¿Qué habré hecho? No desde un punto de vista de víctima. Pero creo que siempre que termina una relación uno tiene que hacerse esa pregunta. ¿Cambié? ¿Cambió la otra persona? ¿Fue algo que dije? ¿Fue algo que hice? ¿Fue el camino que escogí?

Es que cuando lazos tan importantes como la amistad se rompen, inevitablemente queda un vacío. Uno distinto al que queda cuando es una pareja quien se aparta de nuestro camino. Un amigo es como un pedazo de la vida. Un trozo de algo y alguien que éramos y a lo mejor que creíamos ser. Y como no te dan explicaciones entonces no puedes entender qué fue lo que pasó. Si te equivocaste no puedes reparar el error. Si el otro está en el error no puedes expresarlo.

Claro que con las amistades que terminan hay algo que sí no pasa con las parejas. Es que son como el hijo pródigo. El día que vuelven es como si no hubiera pasado ni un solo día.

A la amistad que rompo: Lo siento friend, pero hasta aquí. Al menos por ahora, nos trajo el río. Y temo que no tengo otro remedio que decirte que en este caso no soy yo, eres tú. Cambiaste y no te has dado cuenta. Y te has vuelto alguien que simplemente no quiero tener en mi vida como antes.

A la amistad que se fue: A veces creo que sé que pasó. Otras no tengo la menor idea. Creo que en este caso, soy yo, porque las personas con quienes estás ahora son de todo, menos yo. Creo que me conoces lo suficiente para saber que yo a estas alturas de mi vida no cambio por nadie. De todas maneras te digo, que como dice la canción de Sade: "When you are low. I'll be there by your side baby."


 

    

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