lunes, 2 de marzo de 2009

Siempre habrá tiempo para el reencuentro


Esa frase no es mía. Es de Facility Manager, y la hizo justamente en un comentario sobre el post anterior. Hoy esa frase es para mí mucho más de lo que él mismo puede imaginar. Hoy no he podido parar de pensar en Daniela. Daniela es una amiga. Primero que nada hay que aclarar que las mujeres tenemos distintos tipos de amigas. Están las amigas que hicimos de chiquitas, las que nos vieron con dos colitas llorar por una muñeca que por cosas de la vida perdió la cabeza, esas son las que luego nos vieron llorar por un hombre que entró a una discoteca del brazo de otra e ignoró completamente nuestra existencia. Están las amigas que hicimos en el camino de la adolescencia, esas que conocimos en algún lugar azaroso y que descubrimos que teníamos muchísimo en común. Es la típica amiga con la que manejaste por primera vez o que le contaste que de toda la vida estabas enamorada de un cantante patético y de un tipo que en esa época tenía 22 años y que ahora cuando lo vez te ríes, porque está gordo y calvo y dices “mierda, en qué coño estaba pensando.” Luego vienen las amigas de la universidad, aunque no olvidas a tus amigas de la infancia y de la pubertad, las amigas de la universidad son otra cosa, son las amigas de la independencia, con las que te fuiste uniendo porque tenías una manera similar de estudiar, porque el sólo hecho de una persona nueva en tu vida te hacía sentir que abrías las alas y dejabas atrás ese nido en el que habías vivido hasta ahora. Las amigas de la universidad son aquellas con las que comenzaste realmente a ver un futuro, a pensar en cosas serias como el trabajo, hasta el matrimonio, pero también son aquellas con las que fumaste, tomaste, te fuiste de viaje y con ellas compartiste la amistad con los hombres, porque en el grupo de la universidad siempre había hombres, que no por nada, pero terminaban siendo como amigas también, aunque tu novio se pusiera celoso. Después vienen las amigas que son pareja de los amigos de tu pareja. Al principio, cuando eras la “novia nueva” y no conocías a nadie, esperabas una especie de aprobación que además no entendías por qué te tenías que ganar, pero la esperabas. Después se convierten en tus aliadas, con las que te quejas de las cosas que ellos “hacen”, lo mucho que repiten los mismos chistes y con la que vives esa parte de ti que es pareja, esposa, mamá. Muchas veces estas amigas llegan a ser tan unidas contigo como las que hiciste tu solita por el camino de la vida. Hay amigas que haces por el trabajo. Cuando ya eres adulto, cuando a lo mejor ya estás casada, por casarte, con hijos o soltera y simplemente sobreviviendo al fastidio que impone la sociedad en las mujeres solteras después de cierta edad. Son las amigas con que compartes presiones, el fastidio que te da tu jefe, los almuerzos burlándote de no sé quién en una reunión, las rabias porque algo salió mal y no era tu culpa o porque hay alguien en la oficina que te hace la vida imposible. Con ellas te echas palos. Como no te conocen de siempre a veces te dan consejos que te hacen descubrir cosas que ni tú misma te imaginabas.
Daniela es una de mis amigas. Es una de esas amigas que hice digamos que por los amigos de una pareja, pero a la vez por la vida en sí. Ni me acuerdo cómo nos hicimos amigas. De un momento a otro simplemente éramos amigas. Dani es el último tipo de amiga, es una de esas amigas que con las que el término simplemente no es suficiente. No abarca. No explica. No se puede decir hermana, porque las hermanas son otra cosa. Ese tipo de amigas es aquel en donde hay de todos los grupos anteriores, son las amigas que te salvan y que tú salvas. Son tus ángeles. Son a quienes llamas llorando cuando hay algo que no le puedes contar a nadie. Cuando tienes algo por dentro que te desborda, porque la vida es difícil, porque te presenta cosas que son más grandes que tú y que tienen un peso que simplemente no puedes llevar sola. Por más familia que tengas, por más cariño que te den tus padres y por más que cuentes con el apoyo de tu pareja, hay cosas que solamente las puedes hablar con una amiga. Con este tipo de amiga. Es el tipo de amiga, que como dijo una vez Carrie Bradshaw en Sex and the City va a estar allí para ti, “no matter what.” No importa lo que hagas. No importa nada.
Yo con Daniela lo viví. Cuando la conocí yo era lo que he denominado un brócoli. Estaba en plena etapa vegetal. Realmente ni siquiera entiendo cómo alguien como Dani se pudo hacer amiga de alguien como yo en ese momento. Es quizás la intuición que ella tiene, porque es una de esas personas que ve más allá de sus narices, que más que ver las cosas, las huele. Entre las dos comenzamos a hablar de tantas cosas, hicimos los proyectos más locos del mundo, hasta íbamos a hacer una marca de bisutería. Nos íbamos a hacer famosas, a comernos el mundo. A pesar de que yo era un vegetal ella veía en mí enorme potencial y lo que es más, lo quería desarrollarlo conmigo. Cocinamos. Chismeamos hasta más no poder. Tomamos café interminablemente, vino, juegos de mesa, planes para el futuro. Cuando mi vida se vino al foso. En momentos en que lo que me despertaba por la mañana era taquicardia, en que sentía que no tenía salida, Dani fue gran parte de lo que me hizo renacer. Dani fue esa persona a la que le conté todo, antes de poder contárselo a nadie.
Lo más irónico de las cosas es que la otra parte de mi vida que me ayudó a abrir los ojos fue mi trabajo en el M.D.Anderson Cancer Center y ahora Dani está luchando contra esa enfermedad. Una lucha que ha sido como pocas. Como la dan las buenas, como ella me enseñó que se tiene que luchar en esta vida, como ella siempre fue, una total convencida de que uno puede lograr lo imposible. Creo que eso fue lo que nos unió desde el principio, esa convicción.
Dani es una de esas personas que marcan a los demás. Una locomotora. Como dice su hermana, lo mejor que podemos hacer ahora es rezar. Hay un grupo que reza por ella todos los días a las 3 de la tarde. Dani, a pesar de que está mal, sigue siendo Dani, y su comentario, el cual le cuesta horrores hacer debido a lo avanzado del cáncer es: qué suerte tengo. Eso es lo que se llama Fe. Eso es lo que me hace pensar que la frase de facility es perfecta, es que la maravilla de las a las amigas es que no importa cuánto tiempo haya pasado, no importa quién eres o en qué te convertiste, si hiciste daño, hiciste el bien, si malgastaste el tiempo, si te equivocaste, siempre habrá tiempo para el reencuentro. Aquí, allá, dónde sea que nos lleve la vida, en este mundo de agridulce o en un mundo de luz, siempre, siempre habrá tiempo para el reencuentro.

4 comentarios:

Facility manager dijo...

Hola amiga:
Que sentido e intenso lo que escribes. Espero que la Fé haga el milagro.
Gracias por hacer referencia a mis palabras. Resulta que en días pasados, asaltaron a un tutoreado y perdió la vida. Estaba por graduarse en ingeniería civil.En la tarde, luego de llorar intensamente, le escribí una carta que decía mas o menos así:
"Amigo, no te dejaron construir grandes obras acá. Ya las estarás haciendo en el cielo. Algún día las veré.."
Siempre habrá tiempo...

Toto dijo...

Here's hoping Manolita. Mucho rezo y mucha fe que en mi casa somos prueba vivientes que miracles do happen.

p.s. Amiga usted claramente no sabe nada de espaciados? Leerla a Usted no es nada placentero porque todos los parrafos están unidos, sin justificar. You are an editorial mess! (Edit html: le das a un espacio en cada parrafo).

Manuela Zárate dijo...

Wow Alberto, que duro. Y que increíble tus palabras. Yo creo que nada en esta vida sucede por casualidad.

Manuela Zárate dijo...

Juan José: No me fastidies. Jajajaja. Pero igual tomaré tu consejo, para eso son los editore...qué te puedo decir, qué haría yo sin ti.