sábado, 4 de abril de 2009

Lo Inocuo de las Palabras


Ayer cuando intentaba escribir algo sobre la aberrante culminación al juicio de Lázaro, Forero, Vivas y los otros 8 policías, lo único que podía pensar era en lo inocuo de las palabras. De un tiempo para acá nos hemos armado de ellas para todo. Cada vez que sucede algo en el país, lo único que hacemos es hablar o leer. Si uno toca el tema de "hacer algo" entonces la gente te responde que eso le toca a los políticos (aunque 30 segundos antes te habían dicho que los odian y que ninguno sirve para nada), o que para que se pueda "hacer algo" tiene que surgir un "líder" que nadie sabe quién es, ni de dónde puede surgir, ni si quiera qué cualidades debería tener (salvo ser capaz de ganarle a Chávez) o que, y esta es mi favorita, "yo no me voy a ir a matar en una avenida porque yo tengo hijos y no estoy dispuesto a dejarme matar en el calle como un perro por un piche partido que ni siquiera me gusta, porque además aquí nunca pasa nada."

Lo cierto es que siempre estamos llenos de excusas para cualquier cosa. A veces hasta para emitir una opinión. Creemos que somos libres todavía y que no vivimos en dictadura sino que vamos hacia ella, sólo por el hecho de que si estamos en un lugar de confianza, con gente de confianza, nos sentimos a nuestras anchas para expresar lo que pensamos. ¿Qué pasará el día que Lina Ron se meta en Facebook? Me puedo imaginar el pleito virtual, los insultos en los muros, los grupos de "saquen a Lina Ron de Facebook," pero también puedo ver las posibles represalias en carne y hueso. Y ¿entonces qué? ¿Nos callaremos porque no vamos a dejar que una persona que no es que sea militante de un partido, sino que sufre de una enfermedad mental nos venga a maltratar? Quizás ese día declararemos que la dictadura se ha instaurado.

Cada vez nos quedan menos espacios, o al menos eso es lo que nos hacen sentir. El juego de este gobierno es precisamente hacer que sus enemigos se sientan impotentes, que crean que lo único que pueden hacer es prestarse a su juego, ya sea violentamente o en silencio, o apagar las luces, cerrar la puerta y marcharse a otro lado. Lo triste es que eso no en el fondo no tiene por qué ser así. Ciertamente como movimiento político, si es que se le puede llamar así, la oposición está totalmente disgregada. Y cómo no va a estarlo, si la única idea, la única ideología que la mueve es el NO Chávez. De resto, no sabemos ni qué tipo de país queremos. Sin embargo, hay ciertos ideales, que si buscamos dentro de nosotros y dejamos de utilizar la abyecta conducta de los demás como excusa para no luchar por nuestros principios, los encontraremos y llegaremos a esos espacios de lucha, que no implican ni postrarse ante un político en el que no creemos, ni el extremismo de lanzarse a la calle a arriesgar la vida, que es precisamente lo que nos impulsa a luchar.

Un perfecto ejemplo es que lo que está sucediendo con muchos escritores, por primera vez, como señala El Universal en su sección de arte y entretenimiento, están retirando sus obras y manifestando su deseo de no querer participar en el premio de novela Rómulo Gallegos. Por supuesto que las autoridades del premio adoptan una actitud de estilo "peor para ellos," sin embargo, todos sabemos que si no hay quién se ría, no hay payaso. Esto es un ejemplo de la manera como debemos comenzar a luchar. ¿Cuántos escritores no soñarían con ganarse el Rómulo Gallegos? No sólo el honor que conlleva, sino además el chequecito que acompaña al premio y la publicidad para la obra del autor. Es el sueño de todo el que alguna vez en la vida se plantea plasmar en una novela aquello que le dicta su voz interior, esta servidora incluida. No participar, privarse de eso y decirlo abiertamente es una forma contundente de disentir, de luchar. Eso es lo que se llama "hacer algo."

Una de las cosas que más me entristeció del veredicto de ayer fue el pensar que hoy amanecería como si nada. Como si aquí no se hubiera atropellado la justicia, como si aquí el poder judicial realmente fuese un poder autónomo, como si la condena fuese algo que vimos en una serie de Warner Channel, como si decir "es que no hay nada que yo pueda hacer para cambiarlo" fuese suficiente. Pues yo, me siento aliviada al ver que poco a poco algunos venezolanos comienzan a decir, yo sí puedo hacer algo, yo sí puedo alzar la voz.

Si pensamos que con marchas y con banderas nos vamos a enfrentar a la dictadura de un caudillo y vamos a ganar, estamos equivocados. Pero si pensamos que eso significa que tenemos las manos atadas, también estamos equivocados. Y lo que es más, si pensamos que aquí no ha pasado nada y no va a pasar nada, estamos cometiendo el peor error de juicio y sentido común de nuestra vida, y lo vamos a pagar muy caro. Sentir autocompasión y renegar porque en Venezuela estamos pagando justos por pecadores, es la receta del fracaso, es precisamente lo que el caudillo juega a que creamos. Lo primero que secuestra, antes que tus bienes, antes que tu integridad física, es tu sentido de poder hacer aquello que te dicten tu conciencia y tus principios. Él ya tiene ganada la partida porque nos tiene ganada nuestra voluntad.

Yo he descubierto aquello que puedo hacer. Espero que poco a poco mis compatriotas empiecen a descubrir lo mismo. Efectivamente, ¿puedo ir con mis propias manos a liberar a los condenados del día de ayer? No. ¿Puedo destituir a la jueza? No. ¿Logro algo insultándola en la intimidad de mi hogar? No. Pero si puedo buscar un espacio para luchar. Eso no significa que no tendré que hacer alguno que otro sacrificio, pero será mínimo en comparación a perderlo todo. Mi primera meta, tratar de ayudar a que salgamos de esta apatía y este marasmo. Es un deber que tenemos frente a esas 9 personas condenadas injustamente. Aunque no queramos aceptarlo en nuestras manos está. Las palabras sin propósito ciertamente son inocuas. La voz que alzas porque quieres defender un ideal, es el arma más contundente.

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