viernes, 24 de abril de 2009

Síndrome del Hombre del Siglo XIX


Esta semana ha estado tan complicada que me he sentado a escribir varias veces, sobre varias cosas y nada ha salido. O han salido tantas cosas sobre temas disparatados, algunos complicados, otros triviales, hasta el punto que he decidido que es mejor no decir nada y simplemente no postear.

Estoy en pleno estado de confusión. Me siento como el hombre de finales de siglo XIX, cuando frente a la revolución industrial la sociedad no sabía cómo manejar y procesar los cambios. Ahora vivimos como 5 revoluciones a la vez, la revolución del conocimiento, de la información, de la especialización, del dinero, de la ecología. Ahora hay que ser tantas cosas y ninguna a la vez, que uno no sabe cuál es el camino a seguir.

Desde hace ya mucho tiempo, cuando estuve casada y mi vida era el limpiar diario de pocetas y elaboración de cenas saludables, es decir, era ama de casa, me di cuenta que el papel de la mujer en esta sociedad es todo menos liberado. Si eres alguien que se dedica a su familia, si te declaras de profesión: del hogar, entonces la sociedad te considera una floja sin ambiciones profesionales, ni personales, eres el paria de tu marido, no produces nada, salvo quizás chismes. Incluso hay quien dice que precisamente por eso, tarde o temprano te van a dejar. Si eres una súper ejecutiva, entonces te abandonarán, pero porque no te ocupas lo suficiente de tu casa. No tienes instinto maternal. No tienes sentimientos. Te falta algo de femineidad que viene de las entrañas, el querer ser la garante, el corazón del hogar.

Lo mismo sucede hoy en día con los hombres. Hay cada vez más presión para que se queden en la casa, para que se involucren. Ya no vale ser el tipo de papá que es incapaz de limpiar pupú, de sacarle los gases al chamo, de calarse horas enteras de una misma película de Disney. Ya no es que tú cambias los bombillos y arreglas la puerta del estacionamiento y yo lavo los platos. Ahora todo tiene que ser dividido. Pero no termina allí, ahora la vida es mucho más cara.
Ya nadie juega con perinolas ni trompos, ahora el chamo a los 9 años quiere un Blackberry. Ahora la esposa no es que anda con las tetas por el ombligo, como si fuera una matrona Siciliana. No. Ahora, después del último hijo hace falta una parada por la clínica para ponerse un implante de senos y posiblemente de glúteos. El hombre tiene también que trabajar, que producir.

Todos nos queremos ver como la portada de la revista que está el supermercado. Puede ser que los lentes de sol de la modelo hayan costado 5 mil dólares. Los tuyos costarán 200. Pero no importa, se verán iguales. Puede ser que hayas dejado de ahorrar esa suma para algo que más adelante hubiera valido la pena, como la inicial de un carro o una casa, como parte del pago del colegio de tu hijo. Pero no importa. La vida ahora es así. Es como esa canción de Queen. I want it all, and I want it know.

Cuando miras tu carrera, quizás te preguntas más de una vez, qué eres y realmente no tengas una respuesta. Ahora todo el mundo es especialista, experto. Estoy segura que si vemos en el fondo, debajo de ese especialista no habrá nada mucho más especial que algún otro colega. Pero el mundo está empezando a creer en eso. Curriculums frabricados, adornados, que nos hagan sentir que estamos frente a profesionales que saben de lo que están hablando, así no tengan ni idea de lo que están diciendo. Por eso ocurrió el caso Madoff, por eso la crisis, por eso tantos CEOs que han hecho desastres con el dinero de sus accionistas, porque para todos es más fácil creer que saben, aun cuando tarde o temprano terminen por demostrarnos lo contrario.

Yo no entiendo mucho este mundo. No entiendo mi lugar. Sé a dónde tengo que ir. Sé a dónde quiero ir. Pero creo que son tantas cosas, que no sé cómo plantearme el cómo llegar hasta allá. Y lo que es más, me da miedo. Me da miedo que la frivolidad me trague, me angustia no poder llegar, escoger un camino que sólo tenga como punto de llegada un precipicio. Me da miedo, que a lo mejor, no tengo las piernas tan fuertes para recorrerlo como quiero creer que las tengo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

paseandome por la red.. buscando informacion sobre freud.. mira que me encontre.. como el titulo de una cancion de Ricardo Arjona.. solo escribi en mi computadora.. ayudame freud... y heme aqui.. fascinada leyendote...
me gustaria... tener contacto contigo mi correo es azaynnie@hotmail.com

gracias