sábado, 9 de mayo de 2009

Comida: jamás lo digas delante de una mujer


E

Tocar el tema de la comida con una mujer (peor si hay más de una) se ha vuelto así como hablar de la Franja Gaza con un judío o un palestino. Sabes cómo empieza la discusión, pero sólo Dios sabe cómo va a terminar. En estos días estábamos con Charles y el pobre hombre hizo un pequeño comentario sobre los hábitos alimenticios de alguien que conocemos todas en la oficina. Craso, craso error. Además dijo algo así como "ahora entiendo por qué es gordita, se comió delante de mí un pedazo de torta…" no pudo terminar la frase. Las cuaimas brincaron, todas a la vez, como si estuvieran hablando de ellas mismas. Como si fuese un ataque personal.

"¿Te parece que ella está gorda?" "¿Acaso es tú problema lo que ella coma o deje de comer?" "A ustedes los hombres les parece que uno tiene kilos de más si no ven huesos protuberantes" "Déjame decirte que a algunos hombres les gustan las mujeres con curvas." "Pero tú te has visto en un espejo, tú crees que te van a llamar para que hagas de Brad Pitt el día filmen la biografía del tipo." Todo dicho en el tono defensivo, chillón, lo único que hacía falta era el cacareo de varias gallinas. Pobre Charles, su comentario en realidad, fue inocente.

Yo por supuesto salté junto con todo el mundo. Me sentí ofendida. Reconozco que me da rabia cuando hombre hace comentarios sobre lo que las mujeres comen. Y si a mi pareja se le ocurre mirar mi plato, así sea por error, me inflo como un pez sapo y empiezo a lanzar dardos venenosos. Si me llega a decir algo, como se le ocurrió en alguna ocasión, el pleito es peor que si lo hubiera cachado piropeando a una promotora. Es que, que insinúen que eres gorda o que mucho arroz no te conviente, es peor que unos cachos. Es la ofensa más grave.

Los Kilos, kilitos, se han vuelto el drama de todas las mujeres. Aunque algunas sepan llevarlos bien, aunque algunas incluso se vean mucho mejor con una cara más rellenita y unas caderas portentosas, hoy en día, nos han convencido que no importa lo que midas, de 50Kg para arriba hay sobrepeso. Si pesas más, cualquier cosa que te digan, así sea tú médico diciéndote que esos 55Kg son tu peso ideal para vivir hasta los 90, es como un premio de consolación, como el ramo de flores y la coronita casi invisible de la 4ta finalista. Mejor, que ni te lo den, mejor que digan que a los 50 te raspas, pero como un palillo de dientes.

La locura ha llegado a tanto, que hoy en día, embarazada, veo que la gente, lo primero que mide es el tamaño de mi barriga. Ya casi ni siquiera es ¿cómo te sientes? ¿cómo te preparas? en la última semana, nadie me ha preguntado si ya tengo el cuarto de la bebé listo. Es más bien, qué chiquita o qué grande estás. No parece que estuvieras embarazada o algunas frases así como "no le pares, disfruta que ya después te quitas los kilos de encima." Cuando lo que en realidad quieren decir es "mija, si sigues así en el baby shower habrá que regalarte la colección primavera verano de Soledad Bravo." Deja de un lado que vas a ser madre, aquí el tema principal es cuánta masa corporal tienes y cómo harás para caber de nuevo en la ropa de antes, en el menor tiempo posible. Como si fuera una carrera.

¿Qué nos han hecho a las mujeres y a la comida? ¿En qué hemos dejado que conviertan nuestros cuerpos? En unas especies de banderas, pero ¿de qué? ¿Acaso realmente las mujeres flacas son superiores? ¿Por qué el hecho de que le digas a alguien que pesas menos es como si le mentaras la madre? La chama se pone a la defensiva y dice algo como: es que yo soy mucho más alta, es que mis huesos son más pesados. Puede ser que sea verdad, pero qué carrizo importa. ¿En qué hemos convertido el peso?

Yo fui gordita toda mi vida, hasta que por los comentarios de los demás un día me vi en el espejo y me horroricé. De allí en adelante mi vida, no ha vuelto jamás a ser igual. Hasta ayer. Porque después de lo que pasó con Charles me quedé pensando que nadie me puede hacer sentir nada, y menos aún sobre mi cuerpo. Mi cuerpo lo llevo puesto YO, y YO y solamente YO decido como me luce. Lo que digan los demás, como dice la canción de Mecano, está de más.

Con tantas cosas que nos suceden. Con tanto que hay que hacer en esta vida, tanto que aprender, que mejorar, que explorar, la cantidad de tiempo y energía que uno pierde en "me como un toronto, mejor no me lo como" sencillamente no vale la pena. Lo peor de todo, es que mientras más dieta haces, más te amargas. Más te presionas. Más presa estás, y muchas veces, más comes, o no comes nada. Sea lo que sea, te haces daño.

No estoy abogando por los extremos. Ciertamente hay un componente de salud, y llega un punto donde la estética sí hay que tomarla en cuenta. Pero todo en su justa medida. Después de todo, el día que nos toque decir "adiós mundo cruel" lo único que vamos a pensar de ese toronto es…me lo hubiera comido. Y en cuanto a la figura, realmente vale la pena respetar al cuerpo tal cual es. Aceptar que lo perfecto no existe, sino en un programa que se llama Photoshop, y que efectivamente, como dicen, es enemigo de lo bueno. Aceptar las curvas es divino. Sentirte bella, te hace verte bella, peses 55 o 105Kg, si pesas 49Kg de tortura dietética, mal vas a poder proyectar satisfacción y belleza.

En fin, yo sólo espero llegar a un punto en que las mujeres podamos hablar de comida y no querer gritar "paren el mundo que me quiero bajar."

 

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