viernes, 15 de mayo de 2009

Pantaletas de los Días de la Semana


Yo no sé si todavía existen. Pero, cuando estaba chama habían unas pantaletas que sacaba Bloomingdale´s (de allí habrá salido que ciertas personas les digan: las blumas, cosa que le para los pelos a todo sifrino caraqueño) que tenían los días de la semana. Estaban escritos en colores y yo las amaba, con pasión. Hoy en día ya no existen (al menos no que yo las haya visto, la verdad que ahora que lo pienso seguro están por ahí) pero, así tengan marcados los días de la semana o no, cada día tiene su ropa interior. No literalmente claro, aunque hay quien tiene su ropa interior que si para tales días u ocasiones, pero eso es harina de otro costal. El punto es cada día tiene su pantaleta Bloomingdale´s.
Los lunes son la mierda, el fastidio, el café tiene que ser triple porque es una desgracia levantarte. Entre que te lavas los dientes y piensas qué ponerte deseas volver al colegio y que sea pleno Agosto para tener mes y medio de vacaciones por delante, o aunque estés en clases, la potestad para simplemente no ir a clases o decirle a tu mamá que te sientes mal, pegar la frente debajo de la lámpara, fingir un vómito como sea. Los lunes las mañanas duran el doble que los demás días. ¿Cómo sucede? No se sabe, pero es así. Los lunes siempre se te olvida algo que el viernes dijiste, “lo hago el lunes a primera hora”, y mentas madre, “coño, lo hubiera hecho el viernes”, el día se pone más pesado y como es lunes te sientes culpable si te provoca tomar alcohol. Además los lunes siempre empiezas una dieta o dejas de fumar, o empiezas la resolución de ser ordenado. Es un amargue, casi da rabia el tener que renunciar a los defectos y malos hábitos. Reconocer que eres humano.
Los martes ya la cosa va por mejor camino. Estás resignado a que faltan cuatro días de trabajo para volver a ser libre. Te levantas con un pelo menos de flojera, con algo más de ánimo. Por lo general los martes es menos grave trabajar hasta tarde, vas organizando el resto de la semana. Los martes te sientes orgulloso porque llevas dos días de dieta, de haber dejado el tabaco porque esa mierda mata, coño, huele mal y pone uñas y dientes amarillos. El martes eres sano, hasta sientes el pantalón un pelo más flojo, que te cabe más aire en los pulmones y puedes hacer cualquier cosa que te propongas. El martes sales con tus amigos, comes ligero, te tomas algo, es menos grave no ver a la pareja ese día. No es que te estás yendo de rumba un viernes, simplemente estás dándote un pelín de relax después de un día cargado. Los martes también son el típico día para esa actividad extra. La clase de yoga, el taller de literatura o de fotografía. Todavía te queda el hábito de que “después del colegio” hay que hacer una actividad. En este caso, pues después del trabajo.
Los miércoles te levantas y se te olvidó el cumpleaños de alguien que te dijo mil veces que fueras esa noche para su casa, al día siguiente tienes una reunión importante, y no has terminado de prepararla. Siempre el miércoles pasa algo inesperado. Llegas a la oficina y la mitad de tu departamento no está. Uno se torció un pie, otro llamó que tiene mononucleosis o peor un vómito, todo el tiempo alguien vomita, y para terminar hay una geva que está de permiso porque dio a luz y se reincorpora en un mes más, y dejó aquello vuelto un peo en medio de su rollo hormonal. Tú te lo tienes que calar. El miércoles el cliente, el jefe te llama y quiere lo que estaba adentro afuera y lo que estaba afuera adentro, lo que no le gustaba ahora le gusta y lo que antes te había dicho que eras una animal por haber sugerido ahora es la idea que te va a asegurar una carrera brillante. El miércoles tu mamá te para un peo por algo, y si tienes hermanos desatas con alguno el mismo peo que te tiene hablando bajito en la oficina con otro hermano o un primo, a quien le dices que más nunca te calas esa vaina. Perdiste medio día en esa guevonada. El miércoles estás pilas de que el majarete que te gusta aparezca y la concentración se te va, y si tienes pareja te llama para decirte que se quiere ir a la playa y qué organices todo. Tu más o menos tranquilo, todavía es miércoles y el fin de semana esta leeeejooosss.
Jueves. Es viernes chiquito. Desde temprano, peor que un viernes estás pensando en cuál va a ser el plan del día. Tienes un montón de trabajo y sale un compromiso ladilla el fin de semana. Matrimonio, primera comunión, bautizo, algo de eso pavoso, no tienes ropa y peor no has comprado el regalo. Ahora sí es verdad. De la reunión urgente salieron más cosas que hacer, trabajo acumulado y tienes las uñas como el hombre lobo, no tuviste tiempo de hacer ejercicio, se te pegaron las sábanas 10 minutos más de lo debido y parece que te hubieras levantado a las 11. No aguantas por mangiarte un toronto que el gevo de al lado te pasea por delante, te arrepientes de la dieta. Te preguntas por qué coño la sociedad impone unos cánones absurdos. Te preocupas porque el gobierno está aplicando medidas que van a llevar al país al precipicio y tú te estás matando en esa oficina en vez de estar buscando qué requisitos pide Australia para los inmigrantes. Deberías irte pal coño ya como todos tus amigos que están felices de la vida en el exterior, donde la vida es más sabrosa. El gevo no apareció para el date, lo único que te puede salvar es un discotecazo con tus amigas, pero si eres mujer no te has depilado y por los vientos que soplan no te va a dar tiempo, fuck las peluquerías y las amas de casa porque mientras se hacen las uñas toman café y hacen que una vaina que se puede hacer en 40 minutos dure 1 hora y 15. Nada, será afeitarte y pagarás las consecuencias. La pareja, sigue con el tiki tiki de la playa y amargado por el bautizo del hijo de tu amiga al que hay que ir, o el matrimonio del primo que hay que ir y no hay de otra, y dale y dale con que nunca vamos a la playa aunque todavía tienes la espalda como dice hombres G, “como el culo de un mandril” de la vez pasada. Por fin llega la noche y tú, te mereces tu alcohol, tu trago, no joda. Y te lo tomas. No. Te lo zampas. Y fumas, porque la vida es una sola, y el nivel de estress lo amerita. Fuck la dieta, fuck la sociedad internacional de amigos el pulmón, ese no es peo tuyo y las fotos de las cajas de cigarro son un simple llamado a la rebeldía.
Viernes. Mierda por fiiiiinnn. Pero cuidado con los viernes. Hay viernes en que todo es lento. Hay viernes en que te puedes pasar horas en Facebook, porque ya es viernes y lo que no se haga hoy pues quedará pal lunes y que lloren los que tengan que llorar, pero en El Valle. Hay viernes en que nada es tu peo. Pero hay viernes peligrosos. Días de pago, la cola es infernal. El banco parece la cola del purgatorio, todo el mundo está amargado porque se quiere ir, el perro del vecino se mete en tu casa. Se coge a tu perra. Tú lo botas. Se vuelve a meter. Te pones los tacones que te dijeron que no te pusieras. Casi te caes. Charles pisa mierda de perro ayudándote a agarrar al “violador canino” pega un grito de arrechera. Se limpia el zapato y entra a la oficina. Pisa una cucaracha y sale todo un líquido verdoso que llena todo de mierda una vez más. Viernes en que se paga por adelantado el fin de semana.
No hay una sola pantaleta para el viernes. Pero si hubiera que hacerla, no debería decir sólo viernes, si no, el viernes no es día para rumbear, es día para inyectarse algo, para tomarse un somnífero, para ver Sex and the City. O mejor, el viernes, debería tener cinturón de castidad porque no quedan fuerzas ni para hacer el amor. Además si te destruyes jodes todo el fin de semana. Apagar la luz de la oficina un viernes es sentir que estás naciendo de nuevo o que te están liberando de la cárcel.
Sábado y domingo. Anestesia general. Televisón. Drogas. Alcohol. Todo se vale, porque el lunes, ya viene, con su mierda, otra vez.

1 comentario:

Toto dijo...

exito la similitud con las pantaletas!