sábado, 27 de junio de 2009

Come Flor hace Ensalada


Creo que sufro de una enfermedad grave. Es algo así como adicción al tercermundismo. Sí lo confieso. Sufro de ello. No estoy hecha para el primer mundo. Claro, no creo que aguante tampoco el comunismo de mierda que nos están tratando de imponer. Pero Chávez a un lado yo amo mi país. No logro entenderlo. No tiene lógica. Pero me encanta. Es posible que sea una mierda. Es posible que quienes vivan afuera tengan, desde el punto de vista racional, toda la razón. Aquí no se puede caminar. Aquí todo el mundo te quiere joder. Aquí los choros. Aquí los policías. Aquí todo es una mierda. Sí. Pero es MI mierda y a mí me encanta.

Siempre nos hemos caracterizado por ser gente peculiar, que detrás de un sentido del humor picaresco y alegre, siempre tiene un comentario negativo para su país. No nos concentramos en lo bueno y quizás es precisamente por eso que nos lo dejamos arrebatar o que nos dejamos llevar por la idea de que la vida lejos de aquí es mejor, más feliz. Yo todavía veo cosas buenas en Venezuela. Es más buenísimas, aunque esas no hagan que las malas dejen de existir, sin embargo estoy convencida que otros países no tienen tampoco la llave de la felicidad.

Yo adoro el Avila. Adoro el clima de Caracas. Me parece que es el cielo más bello del planeta, es más azul que ningún otro y cuando sale el sol, colorea la montaña de una forma que Cabré intentó pintar, pero que en el fondo es indescriptible. Me fascina como puedes agarrar una carretera y comprarte una panelita de San Joaquín. Me encanta que aquí haces una cola para comprar algo y te puedes instalar con la persona que tienes atrás, como si fuera un amigo de toda la vida. Me gusta ir a la panadería y ver que el portugués abrió como siempre a las 5 am y aunque son las 8 todavía salen cachitos calientes.

Me gusta que los heladeros son constantes y si me provoca un bati-bati puedo contar con el viejito que se para siempre en la misma esquina. Me gusta que aquí está la gente con la crecí. Mis amigas que estuvieron cuando lloré la primera vez que me dejaron en el colegio, las que me vieron perder la cabeza por el looser que fue el primer tipo del que me enamoré, las que estuvieron cuando me casé la primera y cuando me casé la segunda y que estarán ahora cuando nazca mi chama. Me gusta como queda el guiso con ají dulce. Me puedo comer tres tremendos platos de pabellón.

Yo me tripeo poder decir tripeo, y pana, geva, chamo, burda, pinta un bosque y piérdete. No es bonito, pero es parte de mi cultura. Me encanta que aquí hasta en las fiestas de los chamitos de 10 años ponen reguetton y las niñitas bailan que aquello pone rojo a cualquiera. Sí, me da pánico porque algún día mi hija lo hará, es más espero que lo haga. Espero poder tener el chance de explicarle. A pesar de la mierda que ha caído sobre este país, yo me siento orgullosa de ser Venezolana, creo que tengo una responsabilidad y más aún porque uno ve gente como Dudamel y se da cuenta que sí se puede.

Me siento orgullosa cuando veo que Yo-Yo Ma, un tipo que toda la comunidad musical admira, viene para este país y dice que está impresionado con el talento de los venezolanos. Aún con todo nuestro mar de tercermundismo somos capaces de cosas increíbles. Sí, después vas a comprar las entradas para ver al tipo y es un desastre, pero eso no significa que no haya algo mejor dentro de nosotros. Lo que pasa es que tenemos que creerlo, exigirlo y lucharlo.

De verdad estoy hasta el tuétano de que la gente se imagine que los venezolanos son una gente que sólo sirve para perseguir chivos con un palo. Yo he visto gente humilde que es capaz de cosas increíbles y que además tiene muchas ganas de superarse. Entonces, nuestro problema, no es que no seamos capaces o que no tengamos la habilidad, sino que no lo creemos, porque es más fácil ser un mediocre y decir que algo no se puede hacer, que arremangarse la camisa y hacer el esfuerzo.

El petróleo lastimeramente nos enseñó a vivir bajo el mecanismo de la gratificación instantánea. Todo se nos dio como si fuese un capítulo de Mi Bella Genio. Ahora nos toca aprender que las cosas hay que lucharlas, la vida es así. Pero tenemos que empezar por lo bueno. Y basta ya de decir que somos una mierda. Yo estoy feliz comiéndome mi arepa, mi cachapa, a mi me gusta el asquerosito de la esquina con salsa de tomate de tomate de dudosa procedencia y me encanta un tostón de buhonero. Crecí con eso, es más, crecí viendo la Orquidea en Sábado Sensacional y aunque es una porquería para la mente, es parte de mi cultura y no lo niego. A lo mejor es un tributo a la estupidez humana, pero Friends, por más que también me encante y más cómico que sea, tampoco es que es un tratado de física cuántica.

Hay que empezar por reconocer lo que tenemos y valorarlo para estar dispuestos a luchar por ello. Y sí, a lo mejor estoy tan perdida en ideales que no veo la realidad. Pero como dijo Einstein si una idea no es absurda al principio, entonces no vale la pena. Soy una comeflor, pero me sabe a tres pepinos. Y con mis pepinos y mis flores me voy a hacer tremenda ensalada.

5 comentarios:

Facility manager dijo...

Creo que has escrito un texto digno de guardar. En tiempos difílices, es bueno que nos recuerden lo que somos y porque hay que quedarse acá. porque pasaron diez años, y en el fondo guardamos la alegría que nos caracteriza.

Yo también amo a mi país. Yo también me quedo, porque debemos transferir los valores de convivencia que nos han caracterizado
Alberto

Toto dijo...

opino lo mismo que FM.
hay cosas que son de guardar, esta es una de ellas.

Astrina dijo...

Excelente post...

Manuela Zárate dijo...

Gracias por sus comentarios. No sé, es que esta semana se me colmó la paciencia.
Creo que nos llegó la hora y nos lo dicen desde Irán, desde Argentina y desde Honduras.
Nadie lo va a hacer por nosotros y coño, cómo vale la pena.

GBA dijo...

Realmente muy buen post, concuerdo con todos, !Digno de guardar¡

Me atrapaste con "...Aquí todo es una mierda. Sí. Pero es MI mierda y a mí me encanta..."

Cuando terminé de leer, la "mierda" dejó de ser mierda...

Saludos,