miércoles, 24 de junio de 2009

El Limbo del Día Feriado


No sé qué me pasa que no me provoca hacer nada. Me provoca hacer un poquito de todo. Pero no me provoca realmente hacer nada. Me aburre la televisión. No tengo ganas de leer, es raro, pero no tengo ganas. Tengo un libro esperando y siento que tengo que hacerlo esperar. No me puedo concentrar para escribir lo que tengo que escribir. Hoy parece domingo, pero ayer no fue sábado y mañana es jueves. Entonces, no me provoca hacer nada. Me da miedo salir. Me da fastidio el miedo. Quiero tomar fotos, pero no quiero enfrentarme al miedo de salir. Me cuesta mucho dormir. Sólo puedo hacerlo por tandas. Tengo otras cosas que hacer. Sé que las tengo que hacer. Tengo que ordenar el closet. Desde hacer años sé que tengo cosas que debería regalar y no las he regalado. Pero no quiero hacerlo. Parece domingo pero es miércoles. Podría pasear al perro. Pero no quiero hacerlo. Podría caminar pero tendría que prender las luces del jardín y no quiero hacerlo. Caminar por la calle está descartado de día y de noche más aún.
Estos días son una pérdida. Me da remordimiento porque el tiempo es valioso. No debería perderse así. Lo sé. Pero no puedo evitarlo. No sé qué hacer conmigo hoy. Siento que soy todo menos yo. Siento que las horas no pasan. Son las ocho de la noche y quiero que sean las doce. Es como si fuera una madrugada larga. Demasiado larga. No tengo hambre. Me comería algo, pero no tengo hambre. Entonces comer es una decisión mental. No fisiológica. Estoy segura que si como me voy a sentir mal después. Detesto ese sentimiento. Me voy a sentir peor de lo que me siento ahora.
Odio estos días. Odio estos días a esta ahora. Pasas tanto tiempo esperando a que llegue el famoso feriado, que después cuando llegas no sabes qué hacer con él. Es la metáfora pura de la vida del ser humano. Anhelar y querer las cosas para después engavetarlas y no tomarlas en cuenta una vez que llegan. Me niego a ser esa persona que quiere siempre lo que tiene el vecino. Pero a la vez en días como hoy, siento que afuera de mi ventana está pasando algo de lo que yo no soy parte. No puedo ser parte. No porque físicamente no pueda. Simplemente no puedo. Tengo responsabilidades. Pero no sé de dónde salieron. No sé quién me dice que no. Hay cosas que he hecho que me dijeron que no podía hacer y después si pude.
No quiero saber qué va a pasar en el futuro. Sólo quiero saber que en el futuro todo va a estar bien. A veces me da más miedo pensar en los países desarrollados. En el primer mundo también pasas cosas. En días como hoy me da rabia la estupidez de la gente. Hoy alguien dijo que la gripe porcina es un virus de laboratorio. Me pareció tonto. Pero hoy también me siento tonta. No me siento cómo para juzgar. A veces no sé si he hecho lo que he debido con mi vida. No es tan normal. No es como la de los demás. No tengo un trabajo con un carnet con mi nombre. Tampoco soy ama de casa. No me gusta cocinar. Mentira, sólo me gusta cocinar lo que invento o lo que realmente me provoca. No sé limpiar. Realmente no sé. Cuando algo se bota yo riego el líquido y agrando la mancha. Mi mamá dice que soy desordenada. Que no sé ordenar. Yo le he dicho que sí. Que se acuerde de la casa que tuve que fue ordenada. Ella me dijo que jamás me vio tan infeliz. El orden no es para mí. Decidido. Estoy más tranquila así.
Me gustaría ir a McDonalds, pero esa hamburguesa a esta hora me va a caer como un plomo. Seguro no voy a comer nada. Ya llegarán las 10. Ya llegarán. Inevitablemente agarraré un libro. Empezaré a leer y me quedaré dormida. Mañana.
Mañana me arrepentiré de no haber aprovechado el tiempo que tuve hoy para hacer lo que tenía que hacer. Me diré a mi misma que no tenía ganas. No parecerá suficiente. Ya vendrá otro día feriado. Otro domingo que no es domingo. Lo estaré esperando con desespero.

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