jueves, 4 de junio de 2009

La Lección del Violín y la Batuta


La Orquesta Sinfónica de la Juventud Simón Bolívar es algo que cuesta enormemente describir. La seriedad, la pasión que derrochan los jóvenes en cada nota, es algo que desborda todos los sentidos, que trasciende cualquier cosa que uno pueda haber visto jamás sobre un teatro. Si además se le añade la dirección de Gustavo Dudamel, quien se entrega por completo, no a la dirección de la orquesta, porque pareciera que para él eso es simplemente un detalle, sino más bien a cada uno de los elementos de ese lenguaje universal que es la música, la experiencia se completa.

Como si eso no fuera suficiente, durante dos noches Caracas tuvo el honor de escuchar, junto a la Orquesta y a Dudamel, las interpretaciones de dos conciertos para violín del maestro Itzhak Pearlman. Si bien, la entrega de Pearlman y la fusión con su instrumento son totales, impresiona más aún comprobar su espíritu de lucha frente a una difícil condición física, la cual queda a un lado una vez que sus manos desnudan el alma del violín.

Más aún, frente a lo que Venezuela está viviendo, el hecho de sentarse y ver que algo tan maravilloso puede suceder frente a nuestros propios ojos, en uno de nuestros escenarios, con gente que ha nacido, se ha criado y ha creído en este país, emociona más allá de las palabras. Por eso mi admiración infinita hacia Gustavo Dudamel y sobre todo hacia José Antonio Abreu. Son hombres que transmiten un mensaje de pasión, de entrega, de lucha, de convencimiento total de que cualquier cosa, por más difícil que parezca, es posible.

La lección de estos hombres de la música, incluido Pearlman, es que cada obstáculo tiene una forma de ser salvado. No significa que la solución va a venir rápido, mucho menos implica que se puede alcanzar sin sacrificio, pero sí se puede. Durante esas dos noches, de las puertas del teatro hacia adentro, no hubo banderas políticas, ni posiciones y eso es una batalla ganada a la intolerancia. Hay quien dice que las Orquestas son Chavistas, que el Sistema Juvenil comulga con los principios de esta supuesta revolución que ya todos sabemos que es un régimen que propaga odio e injusticia, y que promueve antes que nada la intolerancia. Yo creo que al contrario. Noches como la del martes, como la de ayer, me han convencido, que este Sistema de Orquestas, que el trabajo de Abreu, de Dudamel, la presencia inspiradora de Pearlman en nuestro país nos deben dejar claro, que nuestro el futuro está en no dejarnos convencer por un hombre cobarde y lleno de odio que detestarnos y agredirnos unos a otros es la solución a nuestros problemas.

En esas dos noches hubo de todo en ese teatro. Chavistas, no chavistas, viejos, niños, empresarios, empleados, judíos, cristianos, cada uno con su forma de vivir, de pensar, de ver la vida, pero con algo en común, la música. Esa es la lección que nos dan el violín y la batuta. La democracia tiene que ser como la música, sublime, amplia, apasionada, entregada, pero sobre todo, tolerante y libre. Si comprendemos esto, le ganamos la batalla a los cobardes que sumidos en la violencia y el odio, caerán sordos.

3 comentarios:

Rol dijo...

Manu excelente, que bueno que pudiste dsifrutarlo, admiro a Dudamel. pero difiero de tì en cuanto a la grandeza, dedicaciòn y pasiòn por el trabajo de Jose Antonio Abreu. pero lo conversaremos en otro momento preferiblemente no por aqui.
un beso

Rol dijo...

Eso si tienes Razón tenemos que encontrar esas cosas que nos llevan a tener las cosas en comùn para ser la Venezeula que queremos.
y la mùsica es un buen camino.

Manuela Zárate dijo...

Gracias Rol! Tenemos que armar esa tertulia pronto.