domingo, 14 de junio de 2009

Moraleja: Nunca marcar la ropa interior


Todos tenemos nuestra historia de mierda. Es ese episodio espantoso en que por una razón u otra, regresamos a la infancia y nos hicimos encima. O lo que también es terrible estábamos cerca de alguien que se hizo encima. Esa quizás sea una de las cosas más humanas y más humillantes que le puedan pasar a una persona. Es irónico, porque es lo más natural del mundo. Todo el mundo lo hace todos los días y sin eso, simplemente es imposible vivir. Pero, nuestra obsesión con la belleza, con lo bonito, con jamás hablar de cosas que resultan desagradables, hace que esa parte de nosotros la escondamos hasta lo último. Por eso hay quien dice que el secreto de un matrimonio feliz es baños separados. Yo no podría estar más de acuerdo.

Pero aún así a todos nos ha tocado, al menos una vez, enfrentarnos con nuestra humanidad, y pasar la gran pena. Esa pena que te hace decir cosas como "Coño, si un meteorito va a chocar contra la tierra que choque ¡YA!" ¿A quién no le ha pasado el clásico ataque de diarrea en medio de la calle? O peor, en el carro.

Conozco una persona que se hizo en el carro, se tuvo que calar dos horas de cola y la mierda que había bajado por sus pantalones se secó. Cuando llegó a su casa le tocó sacarse la costra con manguera y palita. También está el cuento del que va en la carretera y grita ¡Paraaa! ¡Parraaaaa! ¡Paaaraaaaa! Pero de nada sirve parar, el desastre es igual, tuvo que llegar a su casa a botar medias, interiores y estuvo casi, casi los zapatos. Está el pana que tuvo que lavar los pantalones en un baño público. La gente que entraba al baño y se encontraba a un tipo en camisa, desnudo de la cintura para abajo, lavando un pantalón en un lavamanos no era exactamente tradicional.

Luego está el cuento de un amigo que iba en vuelo Cumaná – Caracas. El avión era pequeño, era más bien una avioneta, sin baño, sin aeromozas. Un hombre empieza a recorrer el pasillo, se va poniendo pálido. No aguanta más, así que decide ir a tocarle la puerta a los pilotos, a ver si pueden hacer algo. No sé si estaría pensando que pueden soltar el mojón en un paracaídas, obviamente no pueden hacer nada. El hombre se hace encima, de pie delante de la puerta de los pilotos, mientras los pasajeros, entre ellos mi amigo, se tapan la cara con periódicos y revistas. Eso es lo que se llama, una cagada de vuelo.

Yo también tengo mi historia. De chiquita me enseñaron a no sentarme en baños públicos. Es más la regla se aplica en cualquier lugar fuera de la casa. Las mujeres simplemente no se sientan. Punto. Así que fiel hasta la muerte, en los aviones, quizás más que en otro lugar, ya que son de los baños más asquerosos que pueden existir, jamás me siento. Por ello una vez, fui al baño y con el cansancio del vuelo se me pasó que la tapa de la poceta estaba abajo. Es decir, el hueco estaba tapado. Menos mal que fue número uno, pero el charco era más grande que el mar que estábamos cruzando. Me han debido bajar del vuelo, pero no se dieron cuenta que fui yo. ¿Cómo me salvé? La persona que entró detrás de mí estaba totalmente ebria. Entró. Se mareo. Vomitó. Y todo el mundo le echó la culpa. Así es la vida.

El último cuento, y quizás uno de los que tienen moraleja es de un amigo que se hizo entrando al baño de visita casa de la novia. Desesperado se quitó el interior y decidió que cualquier cosa era mejor que confesar el infortunado incidente. Así que tomó la ropa interior y la echó en la poceta. Tranquilo salió, se despidió de la novia diciendo que no se sentía bien y se fue para su casa. Resultó ser que por supuesto el wáter se tapó y cuando llamaron al plomero sacaron un interior, que no era que tenía sus iniciales, sino su nombre, segundo nombre y apellido escrito en toda la liga. Como si se llamara Kalvin Klein pues. Moraleja: no marques NUNCA la ropa interior, porque uno no sabe cuando hasta el plomero la puede sacar de un lugar bochornoso, y no siempre estará allí el borracho para salvarte.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajaja, que bueno Manuela. Agrego uno a tu lista que me lo contó un compalero de trabajo. Estaba en un taller esperando por su carro, y le dieron ganas no aguantables de ir al baño. Le pregunta al mecánico y le dicen que están remodelando el baño.

Va hasta allá y ve que está limpiecito con cerámica y todo, se sienta y se resuelve. Resulta que la posceta no tenía agua instalada, peor aún, no estaba pegada al piso con cemento sino solo presentada.

Para colmo, no había papel y me explicó para que sirven las medias.
Saludos,
(Soy facility pero por el tipo de post me dió pena y publico como anónimo)

GBA dijo...

Jajajajaj muy bueno, demasiado gracioso...

Saludos,

Rol dijo...

jajajajajaja excelente de verdad que todos tenemos nuestro cuento

Anónimo dijo...

Chama yo estaba en 1er semestre de la universidad (1997) y tenía que dedicar el día a estudiar para el final de Geometría. Resulta que también tenía que estudiar en pareja todo el día con la chama que me gustaba y andábamos en su carro. Ella quiso hacer un tour de estudio por toda caracas y yo me cagaba desde las 8am. En cada casa que íbamos me daba pena. Nunca estudié y la chama me dejó en mi casa a las 11pm sin yo haber estudiado un coño por las ganas insólitas. Llegué a mi casa y en el ascensor cedí. Me cagué en un ascensor y raspé el examen.

Manuela Zárate dijo...

Demasiado buenas las historias de ambos anónimos...es que es así, a todos nos ha pasado. Es lo más natural. Igual es horrible! Menos mal al menos es algo de lo que después uno no para de reirse. Gracias por compartir sus historias de mierda.