viernes, 10 de julio de 2009

Desperdiciar los 18


Yo no creo en la confesión. Soy católica, creo en Dios, en toda la parafernalia, menos en ese pequeño detalle. No sé, a lo mejor me toca tremendo rollo con San Pedro, pero es que no le veo la lógica. Jamás se la vi. No entiendo como otro ser humano de carne y hueso, que comete errores igual que yo tiene potestad para venir a juzgar lo que hice o dejé de hacer. Igual es un trauma, porque llegué a esa conclusión después de que un viejo cura con mal aliento me dijo tres cosas creyendo que con eso me iba a amedrentar. Así que hoy en día me confieso, pero en un lugar mucho más intimidante: frente al espejo.

Sí. Si algún día me vez a lo mejor llames al psiquiátrico sebucán. Hablo sola. Son las conversaciones más importantes. Más duras. Más difíciles que he tenido. Confieso que me cuesta retener lágrimas cuando toco temas álgidos, pero cuando me estoy viendo al espejo es un caudal indetenible. No hay nada como enfrentarse a uno mismo. ¡Cómo cuesta carajo! Porque es mucho más fácil engañarse, creerse su mojón y seguir la vida como si nada. Sólo que yo me di cuenta que así la vida se detenía en un solo lugar y no pasaba nada, y entonces te mueres de la infelicidad y el aburrimiento.

Una de las confesiones más arrechas que me ha tocado hacer es la de reconocer que yo desperdicié mis 18. Sí. ¡Qué cagada! Pero reconocerlo fue lo que me llevó a no querer desperdiciar ni un minuto de los 25 adelante y a evitar por otro lado vivir "pegada en la nota." Hay cosas que simplemente pasaron, que fueron y llega un momento en que uno tiene que aceptar que el pasado no vuelve y no vale la pena echar por la borda el futuro para aferrarse a cosas que ya no pueden ser.

Yo desperdicié mis 18. Quizás por eso me encantan (en el buen sentido de la palabra, no en el de la película Notes on a Scandal) los adolescentes. Por eso siento que hay cosas que me gustaría decirles, por eso siento esa voz dentro que me impulsa a pedirles que no hagan lo mismo. Creo que es tan importante abrazar la vida a edad. Ver lo más posible, absorber energía, plantearse sueños absurdos, dejar a un lado aquellas voces que te dicen que tienes que seguir el patrón de los que jamás entendieron que la vida es maravillosa y que nada es imposible. A los 18 crees que te puedes comer el mundo y creo que la naturaleza es muy sabia, realmente puedes, te lo dice por algo. Pero los hombres son demasiado estúpidos y hacen todo lo posible con convencerte de que no puedes. Una cosa es canalizar la energía de los jóvenes, otra muy distinta apabullarlos, cuartar la libertad de su futuro so pretexto de controlar el libertinaje.

Creo que las próximas generaciones tienen que ser más libres y tener menos prejuicios. Creo que el hombre tiene tareas casi imposibles por delante para lograr hacer que este mundo valga la pena para algo, si no se forman personas que crean en la inclusión, en los ideales, en sueños que se cumplen solamente por la voluntad de una persona, no vamos a tener ningún chance.

Yo a veces me siento perdida. Como si mi vida hubiese tomado un rumbo que a veces no reconozco. Perdida quizás entre tratar de ser demasiado racional y lógica, entre querer cumplir con una responsabilidad que no sé bien con quién y qué momento asumí, pero dejando de cumplir con aquella persona que tiene la obligación de juzgarme, yo misma. Por eso, es tan importante verse al espejo y confesarse. En estos días lo hice y me recordé que hace tiempo tuve que llorar porque desperdicié mis 18, pero ni de vaina voy a desperdiciar mis 30. Sueños, ideales, ganas, y como dice la obra de teatro, que me llamen loca o lo que quieran, pero que cuando yo me vea a mí misma, me pueda reír. Reír sabroso.

1 comentario:

Toto dijo...

Yo no tanto mis 18 pero sí mis 23. Explanation to come.-