jueves, 2 de julio de 2009

La Voz del Pueblo y la Voz de Dios


Hay dos conceptos que son la clave de las tiranías. Dios y el Pueblo. En base a la religión y a la masa que supuestamente constituye la mayoría de un país se han cometido los peores engaños, atrocidades y despotismos de la historia. En algunos lugares las matanzas son porque tú Dios no es como el mío. Porque mi Dios me pidió que te odie. Porque si tú no crees en el libro que mi Dios dictó a los profetas entonces no cabemos los dos en un mismo país. Yo te condeno porque Dios me está viendo y me está pidiendo que lo haga. En otros lados, el odio surge porque el que está viendo todo, desde una suerte de Parnaso es el Pueblo. El Pueblo me pide que te excluya porque tú tienes una posición económica estable. El Pueblo me pide que te odie por el trabajo que tienes. El Pueblo reclama, tu propiedad y hasta tu sangre porque tenemos dos visiones de política y economía diferentes.
Sin ir lejos, ayer una diputada Hondureña en una entrevista de radio decía que el “Pueblo” de Honduras no reconocía la Corte Suprema, ni la Fiscalía, ni ninguno de los poderes que se atribuye las acciones institucionales que llevaron a la salida militar del presidente. Que eso ellos lo veían venir, porque lo venían denunciando. En eso la periodista pregunta: ¿cuántos diputados denunciaron esto? La diputada no contesta. La periodista insiste en la misma pregunta. A lo que la diputada contesta: Toda la bancada de nuestro partido, porque los partidos de derecha se unieron en contra de nosotros. La periodista sigue insistiendo: Sí, pero ¿Cuántos diputados en total se sumaron a la denuncia? La diputada hace una pausa dubitativa y termina por decir. Bueno, 6.
Así de hipócrita ha sido el montaje de mar y lágrimas que se han derramado por parte de ciertos gobiernos y organizaciones internacionales en cuanto a lo sucedido en Honduras. No se puede negar que fue un golpe. Si a un presidente lo sacan los militares, sea en pijama o en flux de Aramani con sombrero de vaquero de 1500 dólares, es un golpe. Lo absurdo es que quienes lloran ese irrespeto a la democracia, por más justificado que esté, sean precisamente aquellas personas que a diario pisotean, burlan, magullan, insultan e irrespetan los principios básicos de una democracia. Quienes lloran por la paz, quienes abogan por el bienestar de un pueblo, que ni siquiera es el propio, son precisamente quienes atropellan a la gente de su país, día tras día para lograr sus objetivos políticos y personales.
Ahora, uno los ve y se pregunta ¿cómo logran ser tan descarados? En primer lugar, como dice el dicho, por dinero baila el perro. La dignidad tiene un precio. Todos están pendientes de bailar la canción que toque el rico de la partida. En este caso Venezuela. Les da pánico a esos gobiernos quedarse sin la mesada del petróleo venezolano, no porque ello signifique una posible calamidad para su gente, sino porque sería terrible para la estabilidad y las posibilidades a futuro su proyecto político personal. En segundo lugar, y es aquí donde entran los organismos internacionales y las estrellas de Hollywood estilo Sean Penn, lo hacen en nombre del “Pueblo.” Aquí estamos defendiendo al pueblo. El pueblo nos llama. El pueblo nos apoya. El pueblo está oprimido y gritando. El pueblo no merece esto. El pueblo quiere paz. Claro, el pueblo no tiene cara, ni nombre, el pueblo no ha visto el primer centavo de redistribución de riqueza que supuestamente predican los izquierdistas radicales. El pueblo tiene que esperar a que se den las condiciones políticas correctas para ver los beneficios esperados, pero lo hace, y lo manda, porque como Dios, el pueblo es todopoderoso. En nombre del pueblo, incluso aquello que es absurdo desde todo punto de vista toma un carácter totalmente lógico. Tan lógico como que una de las dictaduras más tristes de América, sangrienta, opresiva, desgraciada, como es la cubana sea la que el domingo pasado alzó la voz por “la democracia.”
Por eso jamás he estado de acuerdo con los usos abusivos de Dios y del Pueblo. Recuerdo, que en una entrevista con la iglesia, la entrevistadora buscando generar pánico en mí me dijo: Dios, te está viendo. Me provocó contestarle: ¿Cómo sabes, te acaba de mandar un PIN? Creo que nadie debe manipular esos conceptos. Creo profundamente que deberíamos dudar de cualquier persona que los utilice a mansalva para intentar justificar un argumento. La clave está en que una vez que las cosas ya escapan el plano de lo concreto, se abre demasiado espacio para las mentiras y las manipulaciones. Dios y Pueblo políticos son cosas demasiado personales, y paradójicamente universales para que ningún ser humano se atreva a clamar que tiene la verdad sobre ellas en las manos. Si lo dijo el mismo Jesucristo: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Eso no lo dicen…porque no les conviene.

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