lunes, 28 de septiembre de 2009

Desde la oscuridad


Julio Rivas me provoca un cúmulo de sentimientos. Es un nudo importante. Sobre todo estos días que he estado con la toalla por el piso, tirada porque no le veo salida al país y me mata la impotencia de pensar en lo que hemos podido ser. Este país ha podido ser el paraíso. Con todo lo que este muchacho ha hecho. Con la valentía con que ha enfrentado el ensañamiento con que se lanzaron en su contra me siento un poco más pequeña. Nos hace falta esa dosis de idealismo, de no detenerse ante nada, de darse cuenta que en la vida hay que arriesgarse para conseguir aquello que realmente vale la pena. Eso sólo lo entienden los jóvenes y los viejos. Los que están en la mitad como yo empezamos a sentir miedo de arriesgarnos y creo que es por ello que no se ha hecho nada contundente ante la situación que vivimos.
La actuación de Julio hoy me deja sin palabras. Salir de la cárcel directo a una huelga de hambre es algo que no muchas personas hubiesen hecho. Más duele ver la entrega de este muchacho cuando los líderes de los partidos se la pasan peleando por candidaturas y por quien va a agarrar el micrófono en una rueda de prensa de organismos que han tenido diferentes nombres como mesa de unidad, coordinadora democrática y pare usted de contar pero que al final son lo mismo y buscan lo mismo. Ojalá todos aprendamos de Julio Rivas.
Yo siempre he pensado que la mayoría de los venezolanos quiere realmente vivir en un país libre. Siempre he creído que el venezolano no es una persona violenta y no alguien que sea capaz de desear el daño del prójimo con tanta fuerza que sea capaz de sacrificar el propio bienestar con tal de lograrlo. Yo jamás he pensado que este país sea uno de esos donde el odio sea más fuerte que todo. Si nosotros tenemos algo que nos une es la buena vibra. Este siempre había sido un país donde si se te espichaba un caucho alguien se paraba y te ayudaba a cambiarlo y te hacía pasar el mal rato con un chiste, para que vieras la situación desde el humor y no desde el desespero.
Yo necesito de gente como Julio Rivas porque sinceramente estoy perdiendo las esperanzas. Ya he comenzado a sentir que el país que amo, el país que quiero, simplemente no existe. A veces me despierto por la noche y no sé realmente dónde estoy, mucho menos a dónde voy. Me cuesta mucho imaginarme dónde voy a estar en varios años. No sé si aquí o lejos. No sé a qué habré tenido que acostumbrarme, si a un país lejano donde ni siquiera se habla español, si a una ley absurda más o si por fin estaremos viendo esa puerta hacia el futuro de paz y democracia que todos soñamos. Yo me he querido aferrar a mis pensamientos, a mi noción de lo que Venezuela ha significado para mí desde pequeña, pero últimamente lo veo difícil. Empiezo a sentir que no hay salida, que el túnel está demasiado oscuro y no sé si vale la pena seguir caminando en busca de la luz que debe haber al final. En eso, viene Julio Rivas y con sus palabras y con sus actos, estimula a los estudiantes y enciende una antorcha.
¡Grande Julio! ¡Grande!

3 comentarios:

IERL dijo...

Clarita ánimo. Ese país, el de Julio Rivas, existe, solo tienes que asomarte a verlo.

No nos quedemos en el momento de horror que vivimos, yen la impotencia, en nuestro país diariamente sale la gente a trabajar y a luchar, hay creaciones de todo tipo, y hay deseos de seguir adelante. Este horror pasará, mas temprano que tarde.

Un Beso y Un abrazo, y no dejes que decaiga el ánimo, que no es a ultranza, es basado en la realidad.

IERL

Manuela Zárate dijo...

Gracias friend! Se me salieron las lágrimas cuando leí tu comentario.

Anónimo dijo...

no te aflijas,julio es la esperanza,pronto sacara su calendario 2010,con las fotos "trucadas" que el colgo en internet.lideres como este son los buenos...