domingo, 20 de septiembre de 2009

Es más tarde de lo que pensamos

¿Cuándo dejamos de ser jóvenes? Vivimos en una era en la que todo el mundo se repite que los 40 son los nuevos 30, en que mujeres de más de 50 años tienen hijos de su propio vientre, en que una mujer de 60 tiene un novio que bien pudiera ser su nieto. Parece que a cualquier edad uno se puede verse al espejo y decir: a esta edad tengo toda la vida. Parece que la juventud es eterna. Yo tengo 30 años y siento que tengo 10 menos. En gran parte siento que un mañana me traerá mis oportunidades, ese tiempo para aprender a ser la persona que siempre he querido ser. Pero ¿cuándo es ese mañana? ¿En qué momento es decimos que dejamos la vida pasar?

No sé cuándo dejamos de ser jóvenes. Quizás sea cuando hablas con alguien que parece un poco menor y le hablas de Mazinger Z y te responde ¿Qué carrizo es Mazinger Z? O no entiende el chiste de que el tipo más feo de la oficina se parezca al monstruo de Los Goonies. A lo mejor dejamos de ser jóvenes cuando no podemos tomarnos unos tragos e ir a trabajar la mañana siguiente, o cuando tenemos que tomarnos una aspirina después de hacer ejercicio. Yo antes pensaba que mi primer dolor de espalda marcaría el fin de mi juventud, pero ese momento llegó y pasó y yo me sigo sintiendo joven. Sigo sintiendo que tengo tiempo para perder, cuando la realidad es que no hay. No hay tiempo que perder.

Yo siempre vi a mis papás como unos viejos. Sobre todo durante a la adolescencia. Pensaba que cuando fuera como ellos yo también sería una vieja. Ahora que soy mamá no me siento más vieja. Simplemente creo que soy una persona joven que le gusta tomarse una copa de vino en un lugar donde la música esté a un volumen que permita una conversación. Siento que soy una persona joven que le cae pesado McDonalds y prefiere leer un domingo entero a ir al cine a ver una película que no deja nada.

Me aterra pensar que esa sensación de juventud viene del hecho que debería estar a mitad de camino y todavía estoy dando los primeros pasos. Hay tantas cosas que quiero hacer. Hay tantas cosas que no dicho. Hay tanto que quiero aprender. No sé qué estoy esperando. Quizás en números yo no sea tan vieja, lo que pasa es que este año se han ido personas que conozco que en toda objetividad tenían "la vida por delante," pensé que muchos otros se irían antes y al final no fue así. Entonces me doy cuenta que como me dijo hoy un amigo: es más tarde de lo que pensamos.

Es hora de poner manos a la obra. Es mejor no dejar pasar más tiempo. No es por la estúpida frase de que el mañana es hoy, sino porque la vida de verdad pasa y pasa en cualquier momento y mientras estás allí negando la realidad de que el tiempo es contado no te das cuenta de que es más tarde de lo que piensas y ya eso es demasiado tarde.

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