viernes, 23 de octubre de 2009

Adiós Helga


Hoy he tenido que decirle adiós a Helga, mi golden retriever. El que no ha tenido mascotas quizás no entienda lo duro que puede llegar a ser decirle adios a un perro, que a medida que comparte la vida con uno se vuelve mucho más que una mascota. Yo tengo varios perros y la verdad que Helga era particular. Mi mamá decía que era una perra con problemas de autoestima, porque a diferencia de los otros no tenía un amo definido. Ella vivió siempre bajo la sombra de Nala su mamá, y quizás la muerte de esta el año pasado la haya dejado solitaria y sin ganas de seguir, como suele pasar a los humanos que pierden a su ser más querido.

Resultó ser que Nala cuando tenía 2 años parió 12 cachorritos, cosa que para un golden retriever es como decir que tuvo morochos. Eran un montón de perros. Al principio yo me emperré en quedarme con uno, pero mi mamá dijo que no, que con un perro en la casa era suficiente y más de ese tamaño. Al final, después de que vendimos y regalamos casi toda la camada quedaron Helga y Tulia. Tulia se fue a casa de un gran amigo y Helga simplemente se quedó con nosotros.

Helga era el típico golden retriever. Ella se enamoraba de cualquier persona que le hiciera una caricia y jamás, incluso sobre la mesa del veterinario, con sus 12 años de vida a cuestas y su cadera luxada dejó de mover la cola, como diciendo, "nada más verte y tenerte cerca me hace feliz, lo demás no importa." Creo que es por eso que siempre he amado a los perros. La expresión de que son "el mejor amigo del hombre" quizás esté muy trillada, pero tiene una razón de ser. Así debe ser un mejor amigo. Incondicional. Sencillo. Desprendido.

Helga, y junto con ella mis otros perros, son una lección de vida constante, son realmente un manual para ver la vida. Jamás están de mal humor, jamás contestan mal, ni dicen que no si uno les pide algo. Solamente se esconden cuando sienten dolor o tristeza. Son incondicionales, no exigen nada a cambio y lo único que buscan de su amo, o de los humanos que los rodean es algo de compañía y por supuesto, comida. Y lo más importante es que a diferencia de todas las personas que conozco, son incapaces de juzgarte. No importa lo que hagas. No importa el daño, el ridículo, el error, la falta, ellos jamás van a dejar de estar allí para ti, aunque tengan a veces que soportar tu desamor y tu ausencia.

Hace tiempo tuve una discusión con un amigo que decía que los perros no eran capaces de manifestar sentimientos complejos como la rabia, el dolor, la frustración. Que equivocado está. Más de una vez me ha tratado alguno de los muchachos, como les digo a mi manada que a partir de hoy pasa de ser de 4 integrantes a 3, con el látigo de la indiferencia porque me fui un fin de semana. Más de una vez se han vengado sobre la alfombra porque he estado demasiado ocupada para regalarles una caricia. Más de una vez los he visto sentarse a tomar sol a mi lado, con una expresión de felicidad que es idéntica a la que pone uno cuando está en la playa durante unas vacaciones.

Ciertas personas, incluyendo este amigo mío, me culpan o me tildan de cursi porque trato a mis perros casi como si fueran gente. Pero, como dice mi esposo, esos perros son más inteligentes, más fieles y más cariñosos conmigo que muchas personas que conozco. Esos perros son capaces de hacer cosas que ningún ser humano, más allá de mi mamá, está dispuesto a hacer por mí. Entonces ¿Cómo voy a tratarlo de otra forma?

El veterinario dice que no debo sentirme culpable, que esa era la "decisión" que había que tomar. Que de otra forma habría sufrido demasiado y eso tampoco es justo. Que a veces uno quiere aferrarse a los seres queridos, o se abstiene de tomar decisiones para no llevar un peso encima. Me dice que simplemente su tiempo aquí se acabó, que le di una casa, le di comida, le di cariño y que mirándolo de un lado bueno, ella no tendrá que calarse a Chávez 10 años más.

Sí, quizás el doctor tenga razón, pero cómo me va a hacer falta. Decir adiós es algo difícil de enfrentar, y al fin y al cabo hay que poner las cosas en perspectiva, hoy también murió la suegra de mi prima y allí es distinto, es decirle adiós a un ser humano, eso ya son palabras mayores. Pero el detalle está en que es en esos momentos, que las cosas se ven tristes y nos sentimos solos y hace falta alguien que te entienda sin que tengas que explicar, donde entra el consuelo de la lengua húmeda del perro sobre tu mano, de su sólo estar allí echado a tus pies, acompañando. Es ese el comportamiento del verdadero mejor amigo.

Hoy la perra chiquita se metió debajo del sofá y no quería salir. La llamé mil veces. Me asomé con galletas y pedacitos de tocineta y nada. Entendí el mensaje, hay momentos en la vida en los que la única solución es esconderse un rato. Luego salió y se comió sus galletas y se me quedó viendo así como diciendo: La vamos a extrañar. Y más en este país donde los humanos son cada vez más salvajes. Nos hacen falta perros que nos den lecciones de solidaridad, incondicionalidad y respeto.

3 comentarios:

Toto dijo...

Feel your pain! Helga era un bonche porque era la unica cosa viviente en tu casa que no gritaba.

Astrina dijo...

lo siento. La verdad uno se apega tanto a las mascotas, que la gente que nunca ha tenido un animal no es capaz de comprender los sentimientos que desarrollamos para con estos animalitos. Yo tengo un morrocoy hace 19 años y (aunque suene loquisimo) es un animal super malcriado. Y mi perro, tiene 1 mes fuera de mi casa, recuperandose de una cirugía, y todos los dias cuando abro la puerta esperando que salga a recibirme, se me parte apedacitos el corazon, aun sabiendo dónde está y que volverá pronto. No imagino como se sienten en tu casa. Lo lamento.
=)

Manuela Zárate dijo...

Astrina! Gracias por tus palabras. Entiendo perfecto lo de tu Morrocoy. Esos animalitos son lo máximo!!! Y en cuanto a tu perro espero que vuelva pronto y esté allí de nuevo cuando abras la puerta para alegrarte la vida y hacerte compañía. Un abrazo.