lunes, 19 de octubre de 2009

Información, Información, Información


En estos dos meses que tengo de mamá me doy cuenta de que el tema fundamental, al menos para esta generación es: la información. Hay una especie de inundación de estudios, hechos, análisis, teorías y pare usted de contar sobre todos y cada uno de los aspectos que tienen que ver con los bebés, los niños, su salud, la crianza. No puede ni comprarle un monito al chamo sin que aparezca la contra que te dice que el tipo de tela de la que está hecha el mono lo hace propenso a las alergias, porque el año pasado científicos de MIT descubrieron que el algodón tiene un componente que es dañino y así media hora de paja.

Nuestra generación creció en un mundo donde ni siquiera se sospechaba del asbesto, se fumaba durante el embarazo y la sacarina era buena. Ciertamente que la información tiene sus beneficios y el mundo no está tan bien como para que podamos afirmar que las cosas antes se hacían de la mejor manera, pero sí creo que hemos llegado al otro extremo. Cada uno de los aspectos de la maternidad y de la paternidad está sobre estudiado. Esto hace que a menudo uno como padre tenga un millón de dudas que a veces hasta terminan en la paranoia. No sólo eso, sino que cuando por fin tomas tu decisión sobre lo que quieres hacer con tu chamo, viene alguien, casi siempre un familiar y te dice que leyó en algún lugar que lo que estás haciendo no es lo que debes hacer.

Tal es el tema, por ejemplo, de "malcriar" a los niños. Si lo cargas. Te dicen que se malcría. Si le das mucho pecho. Se malcría, no va a querer el tetero. Si lo haces dormir de día. Se malcría no va a querer dormir de noche. Si no lo dejas dormir de día. Se malcría, no va a crecer. Si le cantas. Se malcría. Cuando no estés para cantarle, entonces va a pegar gritos. Y así sucesivamente con todo. Ni hablar del tema del pecho y la alimentación. Hay libros que te hacen sentir como la peor de las madres si no le das pecho a tu hijo. Si no te salió leche por X razón, anda y lánzate al Guaire, abre el gas en la cocina y adiós mundo cruel porque no sirves para nada. Hay otros libros que te hacen sentir como una especie de oprimida, que perteneces a una casta inferior de matronas del siglo pasado porque no le das complemento de tetero a tu hijo, eres una especie de desperate housewife, sin ambición, sin sueños, no mereces llamarte ser humano porque te ves a ti misma como la vaca lechera que sólo está para dar de mamar.

Otra parte que desespera es el de la famosa estimulación. Hay que estimular al niño para todo. Para que hablé más rápido. Para que gatee más rápido. Para que se acostumbre a escuchar otros idiomas y los aprenda a hablar. Para que se vuelva un taco en música. Para que desarrolle aptitud para la matemática. Para que desarrolle gusto por la literatura. Para que se le forme el paladar perfecto y llegue a ser tremendo chef. Para que no sea tímido y le de por ser actor. Para que crezca y sea alto. Para que camine rápido. Entonces alguien viene y te dice, que no. Que no lo estimules porque cuando camine se acabó tu tranquilidad. Ahora resulta que uno de los días más importantes en la vida de una persona, el día del primer paso, es algo que quieres evitar a toda costa. Como si uno realmente pudiera manipular la vida de esa forma, porque una cosa es una ayuda y otra muy diferente es manipular las cosas hsata el punto de generar presión.

No digo que como padres no tengamos una responsabilidad importante en la vida de nuestros hijos y su desarrollo. Sin embargo en medio de tanta presión se pierde lo esencial que es es parte bella de ser padres, de ver a los niños crecer y convertirse en lo que nacieron para ser. Ciertamente lo que hacemos y dejamos de hacer influye en las personas en las que se convertirán. Pero todo tiene un límite y no se puede vivir en esa especie de frenesí de datos que lo que generan es confusión. No existen bebés perfectos, porque son seres humanos y los seres humanos no son perfectos. No hay que sentirse mal porque los niños lloran, porque eso es lo que hacen los niños, lloran. Hasta que poco a poco van a acostumbrándose al mundo exterior y van a aprendiendo quienes son.

Todo el mundo me pregunta sobre el peso de la niña, sobre las horas que duerme, todo el mundo me comenta sobre mi peso, qué tan rápido voy a estar como antes, si la chama ya hace esto o aquello, cuánto y qué come, pero nadie me pregunta cuantos besos le doy al día, si le hablo, si le canto, si la abrazo lo suficiente, si le digo que la quiero. Si su papá le cambia un pañal le quieren ir a hacer una parrilla de celebración, cuando es algo que debería ser lo más natural del mundo, a él mucho menos le preguntan cuanto a amor le da a su chama al día. Realmente creo que como sociedad no hemos aprendido nada, porque es definitivamente este aspecto el que hace la diferencia. Cuanto le demuestras a tu chamo que lo quieres, cuan seguro está de tu incondicionalidad, de que podrá contar contigo siempre para todo, porque independientemente de la persona que llegue a ser tú lo vas a amar como el primer día o incluso más. Eso es lo que hace la diferencia y sobre eso no hay casi información o nadie la lee.

Al final todo el mundo sigue discutiendo sobre cuál es el bebé más gordo, todo para el día de mañana decirte mala madre porque tu hijo es obeso. No es un ninguna sorpresa que en este mundo de contradicciones estemos tan jodidos y seamos tan inseguros.

1 comentario:

FRAGANCIAMANIAS dijo...

oye primera vez que leo tu blog y que interesante lo que escribes, sobre todo este articulo de la crianza de los bebes, hablas exactamente de lo que me sucede a diario con mi hijo de 8 meses ya, de verdad que tienes toda la razon se ha perdido esa esencia de dar amor y cariño a los hijos, con eso tambien les brindas seguridad y abrigo, a veces me abstengo de cargarlo un buen rato y darle besos porque la gente me critica de que lo voy a malcriar, pero ya no le paro y me lo como a besos y abrazos, total los hijos son para quererlos, si puedes escribir mas de estos casos seria buenisimo. sigo leyendo tus articulos exitos!!