martes, 27 de octubre de 2009

No se baje. No hable. No se meta.


Es de tarde. Quizás sean las 4 por ahí. La cola empieza a dar señales de que pronto va a ser descomunal, pero todavía queda una que otra vía libre. Dos carros casi chocan frente al Club Altamira. Ambos vehículos se paran en seco. En uno está una señora con su hija, ya mayor de edad. En el otro está una mamá con su hija de doce años y dos niños más pequeños que van en el asiento de atrás. Las mujeres gesticulan desde sus carros y como una de ellas tiene los vidrios abajo se escuchan los insultos.

Acto seguido la mujer que está con su hija se baja del carro, se acerca a la ventana del asiento de la niña de doce años, y sin pensarlo hace lo que no se le debería sino a la tumba de un dictador: le escupe. La niña con el escupitajo en el pelo comienza a llorar, a lo que su madre se baja del carro y empieza a intercambiar palabras de furia con la otra mujer. En cuestión de segundos la rabia escala, no hay forma de calmarla y la madre, indignada, empuja con las dos manos a la otra mujer.

Desde el carro la hija ya grande de la "escupidora" está viendo como empujan a su madre y decide bajarse también con ánimos de morder orejas como si fuera Mike Tyson. En ese momento los tres niños se bajan del otro carro y se unen a lo que ya es una golpiza colectiva, en donde quizás la parte más sórdida sea los arañazos, golpes y jalones de pelo que la escupidora lanza contra la niña de doce años, aparentemente escupirle no fue suficiente. No ha llegado la policía y del Club Altamira sale una bandada de niños, amigos de los hermanitos de la escupida, quienes se unen al violento frenesí que se apodera de los que participan en el acto.

Por la calle pasa una muchacha de unos 26 años, quien se queda espantada, al fijarse cómo una mujer de una cierta edad le propina una golpiza a una niña que se nota que no llega a los 15 años, ni siquiera a los 14. Se estaciona. Se baja e intenta separarlas mientras llega la policía. Justo antes de que lleguen los agentes ya el carro de la mujer escupidora tiene un vidrio roto.

Con sangre corriéndole por la cara, la madre de la niña de 12 años explica qué fue lo que paso. La escupidora sigue gritando e insultando, ahora haciendo poses de víctima mientras señala su carro y los vidrios rotos en el suelo. La policía termina por llevarse a las dos mujeres detenidas, no sin antes tomarle la declaración a la muchacha que intentó separar a las mujeres y decirle.

- Amiga, la próxima vez que usted vea algo así, siga derecho en su carro y no se baje. No hable con nadie. No se meta.

A lo que la muchacha contesta:

- ¡Menos mal que usted que es policía me lo dice! Por eso es que estamos así.

Después que pasa toda una tarde declarando como testigo, la llaman al día siguiente y se da cuenta de que alguien se fue a la comisaría, gritó "¡Expecto Patronum!" a lo Harry Potter y ¡Zas! Ahora su declaración deja como víctima a la mujer del escupitajo. A la misma que jaló pelos, araño cachetes y propinó golpes en al cuerpo de una niña.

La moraleja de la historia, no es ni siquiera algo relacionado con valores, con moral. Esas palabras ya quedaron para ponérselas a los perros y a los gatos, quizás para ponérsela a un bar o restorán. Aquí la lección la da el policía. No te metas con nadie. No se te ocurra bajarte del carro. No digas más de lo que tienes que decir.

Un buen día de estos no vamos a tener que quitar la careta, dejarnos de andar en pantalón, camisa o vestido, botar los tacones o el flux a la basura y vestirnos de lo que somos: salvajes. Estas cosas son para que andemos con rayas rojas en los cachetes, un palillo de dientes atravesado en la nariz, un plato de postre en el lóbulo de la oreja y por supuesto un taparrabos. La ropa que utiliza la "gente civilizada" la deberíamos dejar para Halloween y carnaval. La manera como nos estamos comportando en la calle no da para otra cosa.

 

4 comentarios:

Toña dijo...

Clarín, por favor dime que esta historia no es cierta! Ya tengo demasiado para digerir últimamente...

Toto dijo...

Te faltó ponerlas en bikini. Insólito.

Manuela Zárate dijo...

Toña. Sorry. Pero es que ni en los rincones más remotos de la ficción que a la que a diario me entrego se me hubuera ocurrido inventar algo así. Absurdo.
Juan, sí por un momento pensé que si se les ponía barro teníamos un show. Pero es que no califican para eso por la chama de 12 años. Qué verguenza.

Vitus_Brgs dijo...

No me sorprende. En serio. Con nosotros (los humanos) todo puede esperarse -cuando digo todo, es un todo en mayúsculas; así: TODO-. Somos un desastre. Desde hace años digo que deberíamos dejarnos las hipocresías y el falso protocolo y empezar a andar en "taparrabos" y alimentarnos de perros callejeros...