lunes, 23 de noviembre de 2009

CERRADO POR LUNES.

¿Hasta cuándo los lunes serán lunes? ¿Qué tiene este día? Lo único bueno es que por alguna extraña razón no hay mucha cola. Bueno, la razón no es muy extraña. ¿A quién le provoca salir un lunes? ¿Quién hace las diligencias un lunes cuando las puede hacer el martes, el miércoles, el jueves, el viernes? Como le digo yo a mi mamá cuando se pone intensa: no hagas hoy lo que puedes dejar para mañana. La vida es una sola, pero los lunes son demasiados. Demasiado sueño. Demasiada hambre. Porque para más colmo todas las dietas. Todas las promesas de dejar de fumar. Todas las promesas de dejar beber. Todo, todo absolutamente todo empieza un lunes. El fin de semana no debería existir, porque uno se malacostumbra. Entonces el lunes está muerto de hambre. Muerto de sueño. Y hasta lo más simple parece una labor titánica. El lunes no puedo pensar en el trabajo. En ideas geniales que me hagan merecedora de reconocimientos nacionales e internacionales. En aquellas palabras que cambiarán el rumbo de la historia. La manera de pensar de la gente. El lunes bañarme y ponerme ropa limpia es una labor titánica. El lunes prender el carro es una tarea casi peligrosa. El lunes la cama está más sabrosa que nunca. El lunes los zapatos molestan. Las medias dan calor. El lunes no tengo esperanzas de que nadie me bese. Nadie quiere seducir un lunes. ¿Quién bebe un lunes? Ni los borrachos. Los lunes no se puede hacer ejercicio porque es pesado. Uno lee y se queda dormido. Uno escucha las noticias y deprimen más que cualquier otro día. La radio está mala. Las canciones lentas aburren. Las movidas no provoca bailarlas. Los lunes no se baila. Los lunes uno está feo porque las peluquerías están cerradas. Los lunes no se puede ir a comer algo porque los restoranes están cerrados. No hay conciertos los lunes. No hay actividades en las plazas. No hay eventos. Los lunes uno debería quedarse en su cama y ponerse en el pecho un cartel que diga: CERRADO.

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