viernes, 27 de noviembre de 2009

Where is the love?

Ayer me provocó escribirle a un amigo: estoy depre. De un depre. Yo no sé por qué, pero no soy de esas personas que se une a las depresiones colectivas. Salvo por las del 11 de abril y el referéndum, etc… En realidad mis tristezas son más individuales, vienen del fondo del alma y siempre tienen algo que ver con cables sueltos en la maraña emocional de mi mente. Pero esta vez es distinto y por primera vez me siento extraña, porque la causa de mi tristeza tiene que ver con cosas que no vienen de adentro sino de afuera, con cosas que no puedo controlar, pero tan poco son eventos fortuitos ni de causa mayor y tampoco es algo en específico como que perdió el No y una ilusión que se desvaneció ante nuestros ojos.

Ahora es algo generalizado, difícil de ubicar, y que genera unas sensaciones que no sé bien cómo describir. Vivir aquí se ha vuelto tan difícil, peligroso, angustiante: agotador. Constantemente hay que estarse enfrentando a los lados más oscuros del ser humano. El mismo estado de suciedad del país y sus carreteras, resulta como una especie de ilustración de lo que está pasando en las mentes y las almas de los venezonalos. De repente estamos rodeados de basura y en vez de recogerla nos entregamos a la suciedad.

La agresividad es algo que no está carcomiendo a todos, por dentro y por fuera. Nos está tragando la ciudad de la furia. La gente te tira el carro y te dice de puta para abajo porque el semáforo cambió y no pasaron antes que tú. Nadie te da paso, ni que tengas una barriga de 9 meses. Al contrario, te ven como "yo llegué primero, te aguantas." Entras en un ascensor y nadie dice "buenos días", ni "permiso" para salir. Te empujan. Como si empujarte fuera una meta alcanzada ese día. Cada vez menos nos vemos a los ojos. Si puedes insultar a alguien, por lo que sea, por algo que se parezca a un leve agravio, lo haces. No ayudas a nadie y mucho menos utilizando tu nombre, por rabia, por resentimiento, pensando "que se lo pida a Chávez" "¿no querían a Chávez?" y sobre todo por temor. Al final, por puros sentimientos negativos y oscuros. El más peligrosos siendo el miedo.

Hay gente que se empeña en culpar a los chavistas de todo lo que nos está pasando. Pero yo creo que eso ya hace tiempo que pasó. Todos nos hemos entregado al juego de ser una Venezuela en la que no importa nada. Ni la vida. Ni el futuro. Ni lo que una vez soñamos cuando éramos pequeños. No hay ni un solo campo de la vida social que no esté dañado por la corrupción. No son nada más los organismos públicos, los testaferros, los empresarios chimbos los que se llenan de dinero mal habido. Sino que ahora en empresas serias botan a altos ejecutivos (las trasnacionales sobre todo) y al día siguiente este ex alto ejecutivo lo nombran presidente de la cámara nacional de la industria donde estaba antes. Es como un reconocimiento por lo bien que robó. Los demás bobos, quieren ser como él. En vez de repudiarlo, de sancionarlo social y profesionalmente, lo premian.

Aquí no hay fiscal que multe, sino fiscal que acepta chanchullo. Siempre digo en burla que dentro de poco en las universidades no se estudiará más derecho o ingeniería, cálculo o filosofía, sino que tendremos Chanchullo I y II, Introducción al Delito de Peculado, Teorías de la Estafa, Análisis de la Corrupción. Era tragicómico. Ya no lo es. Ese es el país que tenemos y como leía ayer de la pluma de un articulista de El Universal, eso es lo que hemos construido en el país. Esa falta de valores. Ese culto al dinero fácil. Esa incapacidad para valorar la honestidad y la integridad de las personas. Esos principios se pierden para siempre y es casi imposible recuperarlos.

De eso se habla cuando se dice que estamos destruyendo al país. Porque al fin y al cabo, los daños que le han hecho al sistema hidroeléctrico, a las siderúrgicas, a Venalum, hasta la misma PDVSA, eso se recupera. Tomará tiempo y dinero, pero se recupera. Pero los principios que se pierden son como la flecha tirada, eso no regresa. Es como la virginidad, no es que puedes pararte en el espejo un día y decir: caramba, como que a partir de hoy decido que nunca hice el amor.

Yo cada vez me siento más ajena. Más lejana. Más temerosa. Me da miedo salir a la calle, literalmente. Todo el mundo está tratando de ver cómo te puede fregar. El que va a en un carro echándote ojo a ver si te tranca para secuestrarte. El motorizado que quiere pillar si tienes un Blackberry. El que te pasa la tarjeta para ver si te la clona. El carnicero a ver si te vende una carne que está pasada y te la pasa por buena. Y si nunca fuimos una gente reclamona que exigiera sus derechos, ahora menos, porque cualquier loco te saca una pistola y te pega un tiro. Y la realidad del caso es que si te matan: no importa. Si acaso la historia de cómo sucedió irá a parar a una nota de un periodista de sucesos. Más nada. Tus familiares quizás ni pongan la denuncia. ¿Para qué?

Y si como dice Fito Paez, "si de nada sirve vivir, buscas algo por qué morir." Eso eran los principios. Pero ¿ya para qué? Si eso tampoco nadie lo valora. Al contrario. Ahora el honesto es un pobre pendejo. Yo trato de buscar en el fondo de mí, dónde está la exageración. El pesimismo exagerado. Pero lo triste de todo esto es que la realidad es negra y al final de cada reflexión me toca aceptar que no hay exageración.

A mi mente sólo viene esa canción de Blackeyed Peas: Where is the Love? Cuando preguntan: Dónde está el amor? Dónde está la verdad? Qué pasó con el valor de la humanidad? Qué paso con la equidad? Qué pasó con la igualdad? Y ellos mismos se responden: no lo sé.

Yo. Tampoco. O sí. Sí sé. Pero creo que no tengo fuerzas para aceptarlo.

3 comentarios:

Iralyn Valera dijo...

Hace mucho que sentí depre. Hace mucho que me declaré enferma de ello. Siempre creía en el cambio, pero cuando regresaba todas las noches a casa, tristemente sabía que eso, por ahora, estaba muy lejos. La culpa no es de él, no es de los cuarenta años, es de nosotros que parecemos estar acostumbrándonos a "complacer" cualquier fechoria.

Astrina dijo...

esa es nuestra realidad, aunque duela aceptarlo. Yo sigo optimista hasta que pueda, buenos dias, pro favor y gracias, permiso y hasta luego, porque es lo que me enseñaron, pero debo admitir q me sorprendo cuando me responden. =S que chimbo q te sientas asi (sobre todo por tener una hija a quien presentarle este pais) pero todos hemos estado en ese lugar. El cambio está en nuestras manos.
Saludos =)

Circulo de Lectura dijo...

Gracias chicuelas! Prometo que mañana, o si no pasado, me levantaré y volveré a tener los ánimos de siempre.