martes, 8 de diciembre de 2009

¿Será que somos felices y no lo sabemos?



 

La semana pasada estuve en el club de lectura (sí, hace ya más de seis meses le eché plomo y es una nota) y me puse a hablar con un nuevo miembro. Es el tío de uno de los que comenzó con nosotros, y es uno de esos señores que cuando uno conoce uno siente que está hablando con alguien así como el mago Merlín. Como le dije después al chamo, quedé enamorada del tío. Si uno pudiera escoger a sus tíos, sin ofender a los que ya tengo, yo haría una fuerte puja por escoger a este. De más está decir que le andan buscando novia y señoras que estén por la edad, pónganse las pilas porque es un partidazo.

Estábamos hablando de un libro de Ray Bradbury que se llama Crónicas Marcianas. En parte, una de las cosas que uno logra ver con el libro es que el ser humano lo que toca, lo destruye. El tío de repente nos comienza a hablar de cómo para él las cosas no son tan turbias como nosotros las pintamos. Porque después de todo Bradbury escribió ese libro en el año 50 o antes, y en ese momento vaticinaba un control sobre el intelecto y sobre el pensamiento (estilo Orwell) que al final no se cumplió. Al final el mundo es mucho más abierto y más tolerante de lo que jamás se imaginaron quienes tenían una veintena de años en plena Guerra Fría, Bradbury incluido.

Pero el tío, el tío Armando, lo ve todo con otros ojos. El dijo abiertamente que cuando él era joven la gente se casaba para tirar. Literalmente. Los vírgenes, cosa que yo pensaba que realmente no existían, se casaban para salir de aquel clavo que les habían metido en el cerebro las sociedades puritanas. Era una sociedad en la que realmente la gente no sabía qué iba a ser del mundo. Había una guerra atómica en puertas. En fin. Hoy en día, somos más libres. Hoy en día las mujeres llaman a los hombres. Les mandan flores. Hoy en día vives con el tipo antes de casarte. Hoy en día si el tipo pretende que te quedes en la casa lavando pañales llenos de buche, cuando llegue en la noche tiene sus maletas en la puerta de la casa. Hoy todo se divide. Hoy el gay no tiene por qué estar encerrado en el closet.

Sí. Vivimos en la era de series como The L Word. Ross se casó con una lesbiana y se lleva tan bien con ella, que la llevó al altar cuando esta se casó con la mujer que desbarató su matrimonio. El papá de Chandler es un travesti interpretado por Kathleen Turner, quien tuvo cero rollo en disfrazarse de hombre, disfrazado de mujer. Este es el mundo en que quien está harto de un noviecito le manda un SMS diciendo: "pinta un bosque y piérdete" y se ahorra todo aquello de no eres tú soy yo. Es el mundo en que no hace falta contratar un detective para averiguar si el marido tiene un cacho, porque seguramente en Facebook podrá encontrar algo que lo delate.

Este es el mundo en que si uno se siente solo nada más con abrirse una cuenta de Twitter de algún lado sacará un amigo. Así sea un chino con un nombre como Tin Ton Ta, que tampoco tiene a nadie y que busca desesperadamente el contacto humano. Este es el mundo en que probar la marihuana no significa que uno es drogadicto y dañado. Es el mundo en que la gente está dejando de fumar porque la presión sobre el cáncer aumenta. Es un mundo en que hay antibióticos y estaciones espaciales, y a todos los deportistas de la ATP le hacen la prueba anti esteroides. Vivimos en una sociedad, a nivel macro al menos, en que uno entra a una librería y en la sección historia encuentra libros sobre marxismo y capitalismo. Es más, hasta los puede comprar los dos a la vez. Es un mundo en el que uno puede mandar un SMS a un programa de televisión diciendo: Chávez es un cerdo. Y va a salir publicado.
Es un mundo en el que uno no necesariamente se tiene por qué calar el acoso sexual del jefe, y si a uno por ser mujer lo dejan fuera de una reunión, tiene cómo para un rollo. Es un mundo en el que los padres tienen descanso post-parto para estar con sus hijos y apoyar a sus esposas durante ese momento. Es el mundo en que la violencia familiar no es nada más física, sino verbal. En el que si tienes un psiquiatra no significa que estás loca. En que si tu pareja tiene un problema puedes ir a terapia y aquello es de lo más normal. Quizás lo que te la salve. En que si te montan cachos y te humillan, estás en tu derecho de buscarte a alguien que sí te valore. Es el mundo en el que puedes usar el nombre y apellido que te dieron tus papás durante toda tu vida, sin pegarte al de un marido o tener que decir, soy fulanda DE tal, como si te hubieran comprado.

En fin, hay millones de cosas que son positivas sobre la sociedad en la que estamos metidos. Las redes sociales, la internet, los blackberrys. Quizás una de las cosas que todavía parece que no cambia es que para montarse en un avión hay que pagar una pequeña fortuna, esperar horas y sigue habiendo turbulencia en los vuelos. Pero entonces ¿Por qué uno a veces es tan negativo? Uno es capaz de agarrar todas las cosas que acabo de nombrar y darles la vuelta. Pensar en que todavía no hay cura para el cáncer y que al menos en Venezuela pronto los únicos libros que encontraremos en las librerías serán biografía de la familia Chávez. Uno a veces siente que el mundo desde el 11 de septiembre se volvió más paranoico, más desconfiado. Que antes todo era mejor, porque al tirar no se pensaba en el SIDA y al comer nadie andaba con el rollo de "mezclar carbohidratos con proteína es lo pero del mundo"

Claro, que para nosotros, el vivir en Venezuela en estos tiempos más bien aterra. Cada día nos sentimos más presos. Más vigilados. Ya no es sólo por el gobierno que intenta adueñarse de todos aquellos espacios que puedan servir de germinador para amenazas al control que ejercen sobre el país, sino que además está el crimen, que según me dijo un amigo ayer, cada vez es más organizado.

Yo confieso que tiendo a pensar así. Que son muchos más los días en los que dudo, que los días en los que me levanto por la mañana y pienso como Bob Marley "Everything 's gonna be alright." Últimamente está de moda todo lo que tiene que ver con los años 80. Y he pensando escribir sobre eso. Sobre esa obsesión que hay de traer de regreso desde las hombreras hasta los cintillos fosforescentes. Uno ve carteles en la autopista que hablan de conciertos de Guillermo Dávila, Karina, hasta Colina está de regreso, y series como 90210 y Melorose Place y todo aquello de esos años entre el 86 y 94 más o menos, en que ahora decimos a todo gañote: "Éremos felices y no lo sabíamos."

Pero, ¿realmente lo éramos? Ya no recuerdo qué añorábamos en ese entonces. ¿Sería algún pasado no muy remoto? O en los 80 soñaba uno con que llegara el año 2000, y viendo hacia adelante pensábamos saber que en el futuro seguro seríamos felices. Ese futuro que imaginábamos con carros voladores y autopistas espaciales, como si fuéramos Michael J. Fox en Back to the Future.

No sé. A veces pienso. ¿Será que somos felices y no lo sabemos? Y si lo somos, ¿Qué estamos esperando para disfrutarlo?

No hay comentarios: