lunes, 28 de diciembre de 2009

Trama y Polvorosas


Estos días que estuve en la playa la verdad estuvieron fructíferos. Me encanta escribir frente al mar. Es un cliché. Sí. Lo sé. Pero bueno. No puedo evitarlo. No sé si será la brisa. O lo complicado del mar. Las mareas. Las olas. Los colores. La fauna. La intensidad. Los olores. Cerca del mar los sentidos se agudizan demasiado. Entonces uno imagina y sueña. Yo me entristezco. Me pongo feliz. Añoro. Olvido. Recuerdo. Son demasiadas cosas. Para mí la playa es demasiado fuerte. Realmente lo es. Así que aproveché.
Me di cuenta que escribiendo a lo loco iba a llegar a calles sin salida. Así que me puse a trabajar bien mis personajes. A describirlos, no necesariamente como le llegará a los lectores eventuales. Sino para darles vida en mi cabeza. Crearles un trasfondo. Escuchar su voz. Hacerlos reales. Y después me puse a trabajar en la trama. De qué va la novela. Qué pasa. Del punto A al punto B. No es tan fácil como suena. Pero me fue bien. Ahora me queda seguir afinando esos detalles y lanzarme entonces a describir todo lo que pasa. Es decir, darle un cuerpo a esa columna vertebral.
Así que nos toca Scanonne again. Me estoy cansando. Como que a la manera de Caracas no es la mejor manera. No sé. Si cambio de libro. Cambié. Mi mamá me regalo unos libros de cocina de un chef francés. Los libros están en francés. A ella le parece que sería mucho más divertido usar esos. Yo leí un par de recetas y pensé: yeah right. Empezando porque no entiendo la mitad de las cosas, porque yo hablo francés, sí, pero de ahí a la jerga culinaria de un chef reconocido es mucho trecho. Además, está el tema de los ingredientes. Tendría que empezar por plantar un par de matas en la terraza y criar un poco de animales. Lo veo como difícil. Más que el señor tiene cosas como: proceda a quitarle las espinas al pescado. Me imagino que eso se lo pondría en un papelito al pescadero, porque lo que soy yo.
Pero en fin. Seguimos con el amigo Armando. Miércoles. Acabo de caer en cuenta de algo. Juro que no lo hice al propósito. Me traicionó el subconsciente. El personaje principal se llama Armando. ¿Qué talco Johnson? Bueno. Así son las cosas. Es que Armando es un buen nombre. Le pega a este señor. En fin. Que seguimos con los dos Armandos y el cocinero nos ha pedido que preparemos polvorosas. Perfecto, como no engordé en la playa, no vaya usted a creer, ahora me lanzo unas bolitas de manteca de cerdo para recuperar la figura.
Pero bueno. Al blue jean apretado buena cara.
Ya pondré fotos. Espero que quede un pelín mejor que la torta de plátanos. Ya lo vi todo: Haga bolitas hasta las dos de la mañana, hasta que le sangren las uñas y sienta nauseas y mareos con el olor de la masa.
Foto: Manuela escribiendo estos días.

1 comentario:

Matilde Amorell dijo...

Yo creo que ese libro esta hecho para los profesionales de la cocina. Sobre entiende que sabes muchas cosas que por lo menos yo ignoro... Digamos que Scanone y yo nos estamos conociendo... todavía no sabemos si nos gustamos... Todavia no he decidido si es el correcto para mi... estoy dandole una oportunidad. Sólo he hecho cremas. En la primera (espinacas) casi explota la licuadora y pierdo una mano... por supuesto exagero, pero la tapa salió volando y me queme la mano producto del calor del líquido que le metí. No sabía que debía reposar. SCANONE NO ME LO DIJO!