domingo, 31 de mayo de 2009

Baños Públicos = Lo que somos


Últimamente cada vez que entro a un baño público me veo obligada a hacerme la misma pregunta ¿por qué? No sé si será cosas de mujeres o de hombres, pero no importa donde estés, la gran mayoría de los baños públicos son repugnantes. Claro, yo no estoy esperando que el baño público sea un lugar donde te provoque preparar ese Spaghetti alla Puttanesca que siempre estás diciendo que quieres hacer. No. Obviamente es un lugar que va a estar ligado al concepto de lo asqueroso, después de todo, es donde numerosos desconocidos van a depositar sus necesidades, pero los baños públicos en este país son algo del más allá.

No había pensando mucho en esto hasta que recientemente estuve en México y me sentí realmente avergonzada. Hasta en el cuchitril más inmundo entraba al baño y estaba impecable. Había papel. No había sorpresas indeseables en ninguno de los baños, nada de salpicones por todos lados, ni papeles, ni restos de instrumentos de higiene femenina tirados en el piso. Justamente luego de ese viaje, llegando a Maiquetía me vi obligada a usar el baño antes de sacar la maleta y por supuesto, no había papel, el olor te hacía pensar que en algún lado tenía que haber un cadáver de algo en plena putrefacción, no había jabón y mucho menos el lujoso papel para secarse las manos. La papelera por supuesto abarrotada. Eso me hace llegar a la conclusión de que definitivamente el estado de los baños públicos de un país te da una imagen clara de las posibilidades que tiene el mismo de progresar.

Esta conclusión la reafirmé este fin de semana en un club de playa, donde además se supone que va gente de mundo, que ha viajado, que se hace llamar a sí misma educada. El baño de este lugar no es una excepción. Apesta. Está inmundo. Ir es un castigo impuesto por una necesidad. Sin embargo, lo que reforzó mi conclusión de que no tenemos arreglo fue cuando en una de esas entré y el olor me pegó más que de costumbre. No era que alguien estaba sufriendo las consecuencias de algún marisco en malas condiciones, era un niño como de 4 años a quien su cargadora le estaba lavando el fundillo en uno de los lavamanos, todo frente a la mamá que tranquilamente se peinaba la pollina mientras hablaba por celular.

Entiendo que hay emergencias en la vida. Que esas cosas pasan. Pero había una ducha enfrente, que nadie estaba usando, que hubiese sido mucho más cómoda y apropiada para lavar al niño en cuestión, porque todavía si hubiese sido un bebé, pero el pana era un tarajallo. Por supuesto le agradezco a Dios que haya más de un lavamanos en ese baño, porque la imagen del culo metido hasta el fondo debajo del grifo, mezclado con el olor es algo que no me puedo sacar de la cabeza y se me haría imposible meter las manos en el recipiente bajo ningún concepto. La verdad es que el espectáculo me dio mucha rabia, sobre todo por la naturalidad de todo el asunto, la manera tan campante de asumir que somos un asco y qué importa. Yo lavo un culo donde tú te lavas las manos… ¿y qué?

Me hizo entender, que no estamos preparados para ser un país civilizado. No sabemos ni siquiera cuidar un baño. En otras palabras, ni siquiera bajamos la mierda de la poceta, hasta eso esperamos a que venga alguien y lo haga por nosotros, y después andamos soñando con que alguien nos va a sacar la megaplasta de Miraflores.

Hasta que no seamos capaces de ser un poco más cuidadosos en un aspecto tan personal, de cuidar algo que es tan íntimo y tan delicado, mucho menos podemos pedirle a la gente que no tire papeles en la calle, que cuide la infraestructura de la ciudad, del trabajo, de las universidades, etc… Es que no tenemos una cultura civilizada, ni siquiera para ir al baño. Realmente es una vergüenza.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Adivine ¿Quién lo dijo?

"¡Me empujaste! ¡Te vi! ¡Te vi! ¡Te vi con mis propios ojos! ¡Te vi! Me pusiste el cable para que me cayera. Yo te vi. Tres veces me empujaste. ¡Me empujaste tú! ¡Fuiste tú! ¡Fuiste tú porque te vi con mis propios ojos! ¡Yo tengo derechos y tú me empujaste! ¡Me empujaste! ¡Tú! ¡Fuiste tú!"

A. La chilindrina.

B. Una reportera de VTV.

C. Una niñita de segundo grado.

D. Juan Gabriel luego de una caída durante un concierto en el 2005


 



Yo insisto que esto tiene que ser una burla de alguien. Todo esto. Algún día vamos a llegar a tocar fondo y alguien va a salir por televisión diciendo: bienvenido a la cámara indiscreta. Esto no puede ser de la vida real. No puede.

martes, 26 de mayo de 2009

Sabiduría Oriental

Las fuerzas negativas sólo saben destruir. Pero los proecesos son largos y duran lo que duran. No hay atajos. Y las cosas nunca vuelven a ser lo que eran.

domingo, 24 de mayo de 2009

Entre Predicciones y Pajaritos Preñados

Así se pueden definir los últimos diez años de nuestras vidas. Con una bola de cristal en la mano y con una carta al Niño Jesús en la otra. Quizás porque lo que nos toca enfrentar es una realidad para la que nada, ni nadie nos preparó. Después de todo, nacimos y crecimos en una Venezuela con infinitas posibilidades, en un país que se jactaba de ser la democracia más sólida y más antigua de Latinoamérica. Parecía que éramos inmunes a eso del totalitarismo y que las riquezas naturales que teníamos nos servirían para protegernos de cualquier crisis, tanto social, como política y económica.

Poco pensamos en que cuando el dictador hablaba de destruir el modelo de país que seguía Venezuela, lo decía en serio. Desde el primer momento, nos acostumbramos a vivir en una completa negación. Nos acostumbramos a hacer predicciones. "Eso no lo va a poder hacer", un clásico cuando se hablaba de leyes como la resorte, de expropiaciones y trampas electorales, y allí está todo, hecho y hasta oxidado. Nos encantaba repetir la famosa frase "los gringos no lo van a dejar, porque les interesa demasiado su petróleo" y ahí está PDVSA, roja rojita y destruida. Nos tuvimos que dar cuenta que a los gringos, realmente, no les importa. Después empezamos a buscar dentro de nuestras propias filas a los héroes salvadores, "los militares no se van a dejar humillar, son un cuerpo demócrata, se sienten avergonzados de tener un Comandante en Jefe que no merece serlo." Esa no nos hemos cansado de repetirla. Pareció cumplirse por un momento, pero no fue un cuerpo demócrata que se pronunció, sino fueron los últimos hombres de honor que se encontraban en las filas de la institución. Hoy en día, ya ni recordamos sus nombres. Igual seguimos esperando a esos míticos militares, esos esposos, de las amigas, de una prima de una vecina, que según nos cuentan, dicen que en cualquier momento aquí estalla algo que nos llevará diez años atrás en el tiempo y seguiremos adelante como si no hubiera pasado nada.

Precisamente de esas ideas es que nacen los pajaritos preñados. No nos damos cuenta que vivimos autocensurándonos. Que nos hemos condenado a casa por cárcel. Cerramos puertas y ventanas con los materiales más sólidos que podamos encontrar, prefiriendo morir atrapados por las llamas de un incendio, que bajo el tormento del extraño que pueda entrar. Nos hemos resignado a que robos y asesinatos son sucesos que les acontecen "al que se lo buscó," al que osó hablar por teléfono en su carro en plena cola, al que iba con la ventana abierta, al que esperó al amigo mientras bajaba de su apartamento para montarse en el carro, al ostentoso, al sifrino, al rico, o al pobre que lamentablemente vive en un barrio donde la violencia es parte de la vida. Ya no hay víctimas, sino colaboradores del victimario.

Estamos acostumbrados a que expropien empresas, y nos decimos que bueno, que eso le pasa a la gente que está metida en industrias básicas, o que bien hecho que le pasó al que hizo negocios con el gobierno, por maula indecente, ojalá lo dejen en la calle. Nosotros hemos aprendido muy bien a aplicar la ley selectivamente. Si se meten con el periodista, quien lo mandó a ser tan frontal, a no ser un poco más objetivo, a estar acusando todo el día, a no recurrir a instancias del poder público. Si promulgan una ley absurda, como la ley resorte, que no permite que la palabra "cigarro" se diga por la radio, la seguimos, nos callamos, vemos a hacia otro lado y nos contentamos porque "al menos tenemos radio." Si nos invaden un terreno, negociamos y repartimos, que al menos nos dejen algo. Si hay vacas y pollos, que se lleven el pollo y me dejen la vaca, o que se lleven la vaca y me dejen el pollo. Y con pollo o vaca nos sentimos tranquilos, después de todo nos dejaron algo. Hasta permitimos que Venevisión saque del aire las imitaciones de Juan Gabriel y Cheo Feliciano, porque tiene miedo que algún día Conatel se base de eso para cerrar el canal. Eso es curarse en salud, no buscar problemas. Esa es la malicia del pajarito preñado. No vemos que ese es el dictador jugando con el fuego de nuestro miedo, y lo que es peor, quemándonos con él.

Nos estamos arrodillando y no nos damos cuenta. Seguimos pensando que vamos a llegar al final de una calle ciega, que toda esta situación va a llegar a un punto en el que ya simplemente "no van a poder." O que las masas, ya que disfrutan tanto de sus blackberry y de sus zapatos de marca americana hechos en china, van sublevarse cuando sientan que ya no pueden acceder a ese tipo de bienes, a ese tipo de lujos. Hacemos una predicción y confiamos en el pajarito preñado. Lástima que las dictaduras no tienen un lado rosado, ni se acaban con buenos deseos, que no basta con cerrar los ojos y pretender que no están para que no existan. Lamentablemente las dictaduras son como las enfermedades, no perdonan a nadie, y aquí el grueso sigue creyendo que está a salvo porque pactó con el gobierno, porque se dedica a una actividad que pareciera no importarle al sistema chavista, o porque vive callado sin meterse con nadie.

El trabajo que viene es parejo, porque no sólo nos va a tocar lamentar la libertad perdida, sino que el peor día de nuestras vidas será cuando el pajarito preñado, que nos llenó de tantas ilusiones de salvación se nos convierta en un cuervo que nos saque los ojos. Y el que no lo crea, que se vea en la cara de los que ya han perdido todo bajo el yugo de este gobierno.

Chao Celarg. Chao Ateneo. Chao RCTV. Chao Banco de Venezuela. Chao Cantv. Chao Sidor. Chao PDVSA. Chao Electricidad de Caracas. Chao Ávila Mágica. Chao puertos y aeropuertos estatales. Chao Alcaldía Metropolitana. Chao Rosales. Chao Policías de la PM. Chao CADIVI. Chao Toyota. Chao Ford. Chao General Motors. Chao Alcasa. Chao Ferrominera. Chao Tavsa. Chao Petroleras de Maracaibo. Chao Cemex. Chao Holseim. Chao Lafarge. Chao miles de venezolanos que han muerto de forma violenta…Chao….

Chao educación. Chao trabajo. Chao propiedad privada. Chao automercado. Chao Futuro. Hola racionamiento. Hola propiedad social. Hola cola del comunismo. Hola represión. Hola miedo. Hola silencio.

No hace falta la bola de cristal para darse cuenta de que eso viene, tristemente, será como aquel dicho árabe, lloraremos como niños, lo que no supimos defender como hombres.

sábado, 23 de mayo de 2009

Aventuras de Matapasiones


Almorzando un día con un amigo me cuenta, que su última conquista es incapaz de decir, "vamos a hacer el amor" "vamos a echar un polvo" "vamos a X" lo que dice es: "Vamos a la habitación." Conclusión de mi amigo: matapasiones. Es como si en ese momento hubiera puesto de música de fondo el rosario cantado por la Madre Teresa de Calcuta. No sube ni con grúa. ¿Qué les pasa a estas mujeres? Digo yo que la culpa la tienen Grecia Colmenares y Catherine Fullop, haciendo papelones escritos por Delia Fiallo que le dieron a toda una generación un complejo tremendo con el sexo. Llenándolo de un misticismo exagerado, cuando lo más cool es el lado animal. Pero no contenta con eso "matapasiones" va más lejos. Cuando por fin logra llevar a mi "amigo" a la habitación le dice: "¿Te duelen los testículos?" Osea, ni Barbara Streisand en Meet The Fuckers. Mi amigo dice ¿Qué clase de pregunta es esa? Y lo que es peor, es que la pregunta fue acompañada por una especie de tacto casi médico, nada apasionado, como si estuviese midiendo el peso de unas metras gigantes. ¿De dónde salen estas mujeres? hasta Cristina Expósito, de la telenovela Cristal, le hubiera parecido una idiotez preguntarle a Luis Alfredo Ascanio, mi amor ¿te duelen los testículos?

Resultado. Poca pasión y mi amigo sacudiendo las sábanas después que mandó a la pobre a su casa con una excusa nada creíble.

Yo sé que el sexo es libre. Que no deben haber tabús y a cada quien le funciona lo que le funciona. Pero definitivamente todo, todo en la vida Tiene un límite. Por su bien esperemos que matapasiones lo encuentre pronto, o al menos que alguien la ayude a descubrirlo. Después de todo, como dice mi amigo (yo no la conozco), la chama es burda de pana.

viernes, 22 de mayo de 2009

La Definición de la Estupidez

Según Einstein hacer lo mismo esperando resultados diferentes.
Cierto. Argumento ineluctable.
Sin embargo para mí, la definición de la estupidez, es botar piedras por guevonadas.
Qué manera tan idiota de botar a la basura momentos de vida.

jueves, 21 de mayo de 2009

Cuando pica una mosca


No sé qué mosca me picó hoy. Pero me encuentro en un episodio de gravedad en cuanto al a lectura y la escritura. No puedo dejarla. Estoy obsesivamente amarrada la librería. Sueño con tener una librería. Me quiero perder entre los libros. Para salir de la librería tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano. Tengo que convencerme de que no puedo permanecer allí hasta que cierren. De que no vivo allí. De que no trabajo allí. De que no me puedo comprar más libros, no sólo porque tengo una cola inmensa, más los de trabajo, más los de bebés.

Hoy cuanto entré buscando la novela Gomorra para mi esposo, me puse a hablar con el librero, buscando un libro para un amigo. Al final, lo aparto. Lo pongo en el mostrador y le digo:

- Voy a subir un momento a infantiles y ya vengo. – Estoy grave por los libros infantiles. Es superior a mí. He descubierto un mundo que no me recordaba que existía. Me había olvidado de lo profunda que podía que ser la literatura infantil. Trágica, y hasta cruel. Melancólica.

El librero me dice riendo:

- Recuerda que te puedes quedar hasta las 6:30. A esa hora ya te tienes que ir. – Son las dos de la tarde.

Así será la cantidad de rato que paso cada vez que voy. Horas de horas. Me siento hasta en el piso, porque hay estantes que hay que verlos con lupa. Me tengo que sentar. Además así los veo mejor. El olor a libro es para mí una droga.

Hay momentos en que los necesito todos. Son tantos, que no sé por dónde empezar. Los veo y me pega ese dolor tan sutil, pero tan agudo, de que la vida no me va a alcanzar para leerlos todos. Después recuerdo que algún día quiero tener una librería.

Recuerdo que mi primer trabajo fue precisamente en una librería. No llegué allí porque quise. Llegué allí porque mi mamá me mandó. Me dijo que no iba a pasar todo un verano en la casa viendo el tiempo pasar. Que si a los 12 años no tenía nada más productivo que hacer que ver Alegre Despertar en Venevisión, entonces me tenía que poner a trabajar. El trabajo que me consiguió fue vendiendo libros. Yo no me gané ningún sueldo. O mejor dicho, si me lo gané, pero me lo gasté todo en gomitas y libros. Pronto descubrí que podía ganar más cuando ayudaba a la gente a cargar los libros hasta el carro. Entonces con varios viajes, porque en ese entonces todavía no eran tan caros, compraba más libros y con el vuelto unas gomitas.

En todo caso, lo que me provocó decirle al librero antes de irme fue lo mismo que dijo que Humprey Bogart al final de Casablanca: Louis, I think this is the beginning of a beautiful friendship.

lunes, 18 de mayo de 2009

¿Por qué los hombres? ¿Por qué las mujeres?


Yo digo que cuándo me muera, la primera pregunta que le voy a hacer a Dios es: ¿Por qué coño los hombres son como son? Todo esto viene de la interacción de “por quéses” que hemos tenido últimamente. Cosas como:
- ¿Por qué las mujeres tienen que usar tanto papel toilette cuando van al baño?
- ¿Por qué los hombres no pueden terminar una relación sino hacer cosas malas para que les terminen?
- ¿Por qué si le dices a una mujer te llamo en media hora a los 32 minutos te está llamando arrecha?
- ¿Por qué los hombres tienen que decir te llamo en media hora si saben que media hora no van a llamar?
- ¿Por qué las mujeres ahora les ha dado por pintarse las uñas de todos colores, se ve horrible?
- ¿Por qué ahora a los hombres les ha dado por querer echarse cremas, autobronzeadores y hacerse manicure y pedicure?
- ¿Por qué tardan tanto para arreglarse?
- ¿Por qué no entienden que no es lo mismo cambiar de corbata que tener que cambiar desde la ropa interior hasta los zarcillos, más peinado y maquillaje?
- ¿Por qué las mujeres manejan tan mal?
- ¿Por qué la mayoría todos los anormales que me han chocado (léase ME HAN CHOCADO) han sido hombres?
- ¿Por qué las mujeres se obsesionan con se flacas?
- ¿Por qué los hombres pretenden que uno sea idéntico a una valla retocada con photoshop?
- ¿Por qué las mujeres tienen que hablar diez minutos para hacer un punto?
- ¿Por qué los hombres no pueden ni poner tres oraciones juntas para decirte lo que sienten?
- ¿Por qué las mujeres no entienden que al hombre le cuesta demasiado ser monógamo?
- ¿Por qué coño confiesan los cachos o se los llevan para lugares donde 100% seguro hay alguien cercano que va a ir con el chisme?
- ¿Por qué las mujeres se sienten discriminadas y forman grupos como Asociación de Mujeres Abogados?
- ¿Por qué los hombres tienen que hacer un chiste ridículo cada vez que están en un ambiente laboral con una mujer?
- ¿Por qué las mujeres no entienden que a veces uno necesita echar vaina con los panas sin ellas?
- ¿Por qué los hombres no entienden que las hormonas existen y son bien jodidas de controlar?
- ¿Por qué las mujeres se tienen que pintorretear la cara así sea para ir a la panadería?
- ¿Por qué los hombres tienen que tirarse peos y eructos a cada rato?
- ¿Por qué no pueden ver un espejo sin peinarse?
- ¿Por qué se tienen que rascar las bolas?
- ¿Por qué siempre se tienen que quejar de que la pareja no las ayuda?
- ¿Por qué coño piensan que las palabras esposa y novia son sinónimo de asistente personal?
- ¿Por qué siempre las mujeres tienen que llegar 10 minutos tarde?
- ¿Por qué les cuesta esperar 10 piches minutos para que una esté arreglada?
- ¿Por qué la fijación de los hombres con la mamá?
- ¿Por qué el complejo de Electra tan arrecho?
- Porque todos los hombres son la misma mierda… ¡menos mi papá!

domingo, 17 de mayo de 2009

Simplemente NO me gusta


Hay ciertas cosas que a uno simplemente no le gustan. ¿Por qué? ¿Desde cuándo? ¿Por qué me puede alterar algo que en el fondo no es que sea el punto cardinal de mi vida? Realmente no tengo esa respuesta, sólo sé que hay cosas que me alteran. Me pueden hasta echar a perder el día. El momento. La hora. El viaje. La conversación. La parrilla. La merienda. En fin, cosas que te las nombran y como dicen los maracuchos, se te sale el apellido. Cosas como…

- Las Novelas de Dan Brown. Chévere. Te las lees en un día. El tipo sabe escribir suspenso. Me alteran. El lenguaje no es bonito. La interpretación de las obras de arte es francamente irresponsable.

- Las películas de las novelas de Dan Brown. Vi el código Da Vinci. Aún si el libro hubiese tenido el mínimo respeto por la obra de Leonardo, y no fuese una burla hacia aquellas personas que trabajan el mundo de la historia del arte y una tomadura de pelo para las que no conocen la obra, porque les hace sentir que "aprendieron algo", nada más el peinado y la cara de idiota de Tom Hanks es como para vomitar las cotufas. Ni hablar de cómo se arrodilla en la pirámide invertida del Louvre. Preferiría ir a ver una versión de Robocop empatándose con Kandy Kandy.

- Las tipas que salen en los videos de ejercicio, que no sudan, que se están riendo como el tiempo. Creepy además.

- Los libros de García Márquez. Sí. No le quito su mérito. Bla, bla, bla… Mi desdén hacia él viene por su autobiografía. Me pareció la cosa más hipócrita del mundo. La persona que llora porque dice que le asquea la violencia, pero después come helado de coco con Fidel Castro, que fusila gente sólo porque no ve el mundo como él. ¿Entonces?

- Lo que hicieron son la serie Ugly Betty. Betty la fea es quizás una de las novelas mejor creadas de la historia de la televisión. En todo sentido. Yo sinceramente, y no me da pena reconocerlo, juraba que iba a ir a Bogotá, me iba a encontrar con Armando Mendoza, en Ecomoda y además me quería empatar con él, porque es la clase de tipo que no sirve para nada que una le encanta. Y llega Salma Hayek y destruye la historia de Fernando Gaitán, sólo para salir con un vestido ajustado mostrando las tetas en cuatro capítulos. Cabe decir que América Ferrera es una buena Betty, pero el papel de Vanessa Williams es como para comprar Prozac, machucarlo e inyectárselo.

- Las mujeres que son bonitas y se comportan como brutas. El cuento de la Miss Panamá que dijo lo de Confucio. Por favor. Para eso se hubiera quitado la camisa y ya, si lo que quería era llamar la atención. La culpable de eso es Jessica Simpson, que hizo de la idiotez un trade mark, cosa que nadie se lo cree porque en el fondo es más pilas que la rayovac.

- La gente que te habla en mitad de una charla.

- Cuando alguien tranca a otros carros y se baja a hacer su vaina en la panadería. Qué te cuesta esperar a que alguien salga. Por qué tenemos que ser tan de monto.

- Ver papeles tirados en la calle. En la playa ni se diga.

- Las viejas que se instalan…y lo peor es que voy a ser una algún día.

- La gente que le suena el celular en medio de una charla, del cine, del teatro, aún cuando mandan a apagarlo. Pana, el mundo puede girar sin ti un par de horas y si te crees tanto que lo dudas, ponlo en vibrador.

- La gente que le teme a los carbohidratos, por la dieta de un carajo obsesivo que además se murió obeso. De cajón que si eliminas todo un grupo de alimentos, que además están en casi todas las cosas que uno come, reduciéndote la vida a carne y vegetales vas a adelgazar.

- Las viejas que se la pasan metidas en la peluquería. Que le dan de propina a las tipas casi el doble del sueldo, de forma que cuando tú llegas y esperas leyendo revistas de mierda 45 minutos para que te hagan las manos, se te colean. Además hablan de política como si fuesen Andres Oppenheimer, pero después les dices que escriban una carta apoyando una posición y te dicen que no porque están full de cosas, cumpleños, piñatas y tés.

- Las colas para pagar. Lo que sea. Encima que te quitan la plata tienes que esperar parado con el mierdero encima.

- Los bancos. Detesto los bancos. Me enerva. No sé que es. Me alborotan el hippie que llevo dentro. No sé si será la frialdad. Si me tratan bien siento que son hipócritas, si me tratan mal (la mayoría de las veces) me da rabia.

- No poder dormir. Cuando me desvelo y doy vueltas (todas mis noches hoy en día) me da rabia. Me molesta. Y peor si hace calor.

- Caerme y que alguien venga ayudarme. Si no hay sangre o huesos fuera de lugar, me puedo parar sola.

- El puto Messenger del BlackBerry todo el puto día. Qué obsesión Dios mío. Sigo sin poder responder por qué realmente amamos el BlackBerry.

- Ciertos reality shows que lo que hacen es resaltar la estupidez de la sociedad occidental. Creemos que somos mucho más civilizados que el otro lado del mundo, pero nada está más lejos de la verdad. Nada más ver que si un boxeador encerrado en la casa del Gran Hermano, llorando, que si porque una modelo lo vio en la poceta, para darte cuenta que este mundo está bien jodido.

viernes, 15 de mayo de 2009

Pantaletas de los Días de la Semana


Yo no sé si todavía existen. Pero, cuando estaba chama habían unas pantaletas que sacaba Bloomingdale´s (de allí habrá salido que ciertas personas les digan: las blumas, cosa que le para los pelos a todo sifrino caraqueño) que tenían los días de la semana. Estaban escritos en colores y yo las amaba, con pasión. Hoy en día ya no existen (al menos no que yo las haya visto, la verdad que ahora que lo pienso seguro están por ahí) pero, así tengan marcados los días de la semana o no, cada día tiene su ropa interior. No literalmente claro, aunque hay quien tiene su ropa interior que si para tales días u ocasiones, pero eso es harina de otro costal. El punto es cada día tiene su pantaleta Bloomingdale´s.
Los lunes son la mierda, el fastidio, el café tiene que ser triple porque es una desgracia levantarte. Entre que te lavas los dientes y piensas qué ponerte deseas volver al colegio y que sea pleno Agosto para tener mes y medio de vacaciones por delante, o aunque estés en clases, la potestad para simplemente no ir a clases o decirle a tu mamá que te sientes mal, pegar la frente debajo de la lámpara, fingir un vómito como sea. Los lunes las mañanas duran el doble que los demás días. ¿Cómo sucede? No se sabe, pero es así. Los lunes siempre se te olvida algo que el viernes dijiste, “lo hago el lunes a primera hora”, y mentas madre, “coño, lo hubiera hecho el viernes”, el día se pone más pesado y como es lunes te sientes culpable si te provoca tomar alcohol. Además los lunes siempre empiezas una dieta o dejas de fumar, o empiezas la resolución de ser ordenado. Es un amargue, casi da rabia el tener que renunciar a los defectos y malos hábitos. Reconocer que eres humano.
Los martes ya la cosa va por mejor camino. Estás resignado a que faltan cuatro días de trabajo para volver a ser libre. Te levantas con un pelo menos de flojera, con algo más de ánimo. Por lo general los martes es menos grave trabajar hasta tarde, vas organizando el resto de la semana. Los martes te sientes orgulloso porque llevas dos días de dieta, de haber dejado el tabaco porque esa mierda mata, coño, huele mal y pone uñas y dientes amarillos. El martes eres sano, hasta sientes el pantalón un pelo más flojo, que te cabe más aire en los pulmones y puedes hacer cualquier cosa que te propongas. El martes sales con tus amigos, comes ligero, te tomas algo, es menos grave no ver a la pareja ese día. No es que te estás yendo de rumba un viernes, simplemente estás dándote un pelín de relax después de un día cargado. Los martes también son el típico día para esa actividad extra. La clase de yoga, el taller de literatura o de fotografía. Todavía te queda el hábito de que “después del colegio” hay que hacer una actividad. En este caso, pues después del trabajo.
Los miércoles te levantas y se te olvidó el cumpleaños de alguien que te dijo mil veces que fueras esa noche para su casa, al día siguiente tienes una reunión importante, y no has terminado de prepararla. Siempre el miércoles pasa algo inesperado. Llegas a la oficina y la mitad de tu departamento no está. Uno se torció un pie, otro llamó que tiene mononucleosis o peor un vómito, todo el tiempo alguien vomita, y para terminar hay una geva que está de permiso porque dio a luz y se reincorpora en un mes más, y dejó aquello vuelto un peo en medio de su rollo hormonal. Tú te lo tienes que calar. El miércoles el cliente, el jefe te llama y quiere lo que estaba adentro afuera y lo que estaba afuera adentro, lo que no le gustaba ahora le gusta y lo que antes te había dicho que eras una animal por haber sugerido ahora es la idea que te va a asegurar una carrera brillante. El miércoles tu mamá te para un peo por algo, y si tienes hermanos desatas con alguno el mismo peo que te tiene hablando bajito en la oficina con otro hermano o un primo, a quien le dices que más nunca te calas esa vaina. Perdiste medio día en esa guevonada. El miércoles estás pilas de que el majarete que te gusta aparezca y la concentración se te va, y si tienes pareja te llama para decirte que se quiere ir a la playa y qué organices todo. Tu más o menos tranquilo, todavía es miércoles y el fin de semana esta leeeejooosss.
Jueves. Es viernes chiquito. Desde temprano, peor que un viernes estás pensando en cuál va a ser el plan del día. Tienes un montón de trabajo y sale un compromiso ladilla el fin de semana. Matrimonio, primera comunión, bautizo, algo de eso pavoso, no tienes ropa y peor no has comprado el regalo. Ahora sí es verdad. De la reunión urgente salieron más cosas que hacer, trabajo acumulado y tienes las uñas como el hombre lobo, no tuviste tiempo de hacer ejercicio, se te pegaron las sábanas 10 minutos más de lo debido y parece que te hubieras levantado a las 11. No aguantas por mangiarte un toronto que el gevo de al lado te pasea por delante, te arrepientes de la dieta. Te preguntas por qué coño la sociedad impone unos cánones absurdos. Te preocupas porque el gobierno está aplicando medidas que van a llevar al país al precipicio y tú te estás matando en esa oficina en vez de estar buscando qué requisitos pide Australia para los inmigrantes. Deberías irte pal coño ya como todos tus amigos que están felices de la vida en el exterior, donde la vida es más sabrosa. El gevo no apareció para el date, lo único que te puede salvar es un discotecazo con tus amigas, pero si eres mujer no te has depilado y por los vientos que soplan no te va a dar tiempo, fuck las peluquerías y las amas de casa porque mientras se hacen las uñas toman café y hacen que una vaina que se puede hacer en 40 minutos dure 1 hora y 15. Nada, será afeitarte y pagarás las consecuencias. La pareja, sigue con el tiki tiki de la playa y amargado por el bautizo del hijo de tu amiga al que hay que ir, o el matrimonio del primo que hay que ir y no hay de otra, y dale y dale con que nunca vamos a la playa aunque todavía tienes la espalda como dice hombres G, “como el culo de un mandril” de la vez pasada. Por fin llega la noche y tú, te mereces tu alcohol, tu trago, no joda. Y te lo tomas. No. Te lo zampas. Y fumas, porque la vida es una sola, y el nivel de estress lo amerita. Fuck la dieta, fuck la sociedad internacional de amigos el pulmón, ese no es peo tuyo y las fotos de las cajas de cigarro son un simple llamado a la rebeldía.
Viernes. Mierda por fiiiiinnn. Pero cuidado con los viernes. Hay viernes en que todo es lento. Hay viernes en que te puedes pasar horas en Facebook, porque ya es viernes y lo que no se haga hoy pues quedará pal lunes y que lloren los que tengan que llorar, pero en El Valle. Hay viernes en que nada es tu peo. Pero hay viernes peligrosos. Días de pago, la cola es infernal. El banco parece la cola del purgatorio, todo el mundo está amargado porque se quiere ir, el perro del vecino se mete en tu casa. Se coge a tu perra. Tú lo botas. Se vuelve a meter. Te pones los tacones que te dijeron que no te pusieras. Casi te caes. Charles pisa mierda de perro ayudándote a agarrar al “violador canino” pega un grito de arrechera. Se limpia el zapato y entra a la oficina. Pisa una cucaracha y sale todo un líquido verdoso que llena todo de mierda una vez más. Viernes en que se paga por adelantado el fin de semana.
No hay una sola pantaleta para el viernes. Pero si hubiera que hacerla, no debería decir sólo viernes, si no, el viernes no es día para rumbear, es día para inyectarse algo, para tomarse un somnífero, para ver Sex and the City. O mejor, el viernes, debería tener cinturón de castidad porque no quedan fuerzas ni para hacer el amor. Además si te destruyes jodes todo el fin de semana. Apagar la luz de la oficina un viernes es sentir que estás naciendo de nuevo o que te están liberando de la cárcel.
Sábado y domingo. Anestesia general. Televisón. Drogas. Alcohol. Todo se vale, porque el lunes, ya viene, con su mierda, otra vez.

jueves, 14 de mayo de 2009

Mother to Be


A mí todo lo que me pasa es bizarro. Ahora a mi mamá le dio porque quiere casar a Catalina. Ahorita. Lo que quiere decir que el perro y yo estaríamos pariendo al mismo tiempo. Eso va a ser divertido. Cuidar tres cachorros y una bebé humana. Todo empezó porque hay un fox terrier que se mete en el jardín de mi casa y está ansioso por cerrar el negocio con Catalina. Catalina que no es ninguna blanca paloma, ya ha tenido lo suyo con Astro a pesar de que Astroe simbólico, le para el culo y lo espera y juega con él. No se da cuenta los adefesios de cachorros que van a salir entre ella que de por sí no es lo que digamos pedigree y el bicho blanco ese. Mi mamá lo quiere matar, dice que no vamos a hallar que hacer con esos engendros, que nadie los va a querer…

Así que aparentemente Catalina, al igual que todo el ejército de mujeres solteras que rondan la ciudad, está en busca de alguien con quien formar una familia.

Ayyy Catalina. Lo que te espera. Porque al principio todos te dicen que bajan la tapa de la poceta y les parece grotesco tirarse un peo delante de una dama. Finiquitas el asunto y entras a la dimensión desconocida. Todos, Cata, todos son iguales…aunque hay que reconocer que los hay unos mejores que otros.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Bloqueo


Tengo que escribir sobre dos personas que a través del chat quedan en conocerse. A pesar de la experiencia que tengo en messenger (no concibo el mundo sin messenger, mi matrimonio se lo debo a messenger, nos ha debido casar el fucking muñequito azul), no se me ocurre nada. Lo único que me viene a la mente es, dos personas que se ven en un café. How boring is that?

Ah, es que el detalles es que es un cuento para niños. Entos las historia de amor está vetada, además de trillada.
Lo que me provoca escribir al día de hoy no es un cuento. Es una frase:
"Los niños no deberían chatear" Punto final.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!! Dónde están las ideas cuándo más las necesitas????????

martes, 12 de mayo de 2009

Día Triste para las Artes


Murió Antonio Vega. Las drogas. La soledad. El cáncer.
Ha habido pocos, realmente pocos como él.
Una de mis frases favoritas sobre el amor es de su canción A Trabajos Forzados.

"No concibe mi alma mayor pena,
que libertad sin beso que la trabe"

Hasta pronto Antonio y gracias.

lunes, 11 de mayo de 2009

La Enormidad de la Pequeñez

"Él estaba viendo la enormidad de la pequeñez del enemigo que estaba destruyendo el mundo. El sintió como si, luego de una travesía de años a lo largo de un paisaje de devastación, viendo las ruinas de las grandes fábricas, los restos de los motores más poderosos, los cuerpos de hombres invencibles, se hubiese topado con el expoliador, esperando encontrar un gigante- y encontró una rata deseosa de correr a esconderse al primer sonido de las pisadas de un ser humano. Si esto es lo que nos ha vencido, pensó, la culpa es nuestra."

Ayn Rand. La Rebelión del Atlas.

sábado, 9 de mayo de 2009

Comida: jamás lo digas delante de una mujer


E

Tocar el tema de la comida con una mujer (peor si hay más de una) se ha vuelto así como hablar de la Franja Gaza con un judío o un palestino. Sabes cómo empieza la discusión, pero sólo Dios sabe cómo va a terminar. En estos días estábamos con Charles y el pobre hombre hizo un pequeño comentario sobre los hábitos alimenticios de alguien que conocemos todas en la oficina. Craso, craso error. Además dijo algo así como "ahora entiendo por qué es gordita, se comió delante de mí un pedazo de torta…" no pudo terminar la frase. Las cuaimas brincaron, todas a la vez, como si estuvieran hablando de ellas mismas. Como si fuese un ataque personal.

"¿Te parece que ella está gorda?" "¿Acaso es tú problema lo que ella coma o deje de comer?" "A ustedes los hombres les parece que uno tiene kilos de más si no ven huesos protuberantes" "Déjame decirte que a algunos hombres les gustan las mujeres con curvas." "Pero tú te has visto en un espejo, tú crees que te van a llamar para que hagas de Brad Pitt el día filmen la biografía del tipo." Todo dicho en el tono defensivo, chillón, lo único que hacía falta era el cacareo de varias gallinas. Pobre Charles, su comentario en realidad, fue inocente.

Yo por supuesto salté junto con todo el mundo. Me sentí ofendida. Reconozco que me da rabia cuando hombre hace comentarios sobre lo que las mujeres comen. Y si a mi pareja se le ocurre mirar mi plato, así sea por error, me inflo como un pez sapo y empiezo a lanzar dardos venenosos. Si me llega a decir algo, como se le ocurrió en alguna ocasión, el pleito es peor que si lo hubiera cachado piropeando a una promotora. Es que, que insinúen que eres gorda o que mucho arroz no te conviente, es peor que unos cachos. Es la ofensa más grave.

Los Kilos, kilitos, se han vuelto el drama de todas las mujeres. Aunque algunas sepan llevarlos bien, aunque algunas incluso se vean mucho mejor con una cara más rellenita y unas caderas portentosas, hoy en día, nos han convencido que no importa lo que midas, de 50Kg para arriba hay sobrepeso. Si pesas más, cualquier cosa que te digan, así sea tú médico diciéndote que esos 55Kg son tu peso ideal para vivir hasta los 90, es como un premio de consolación, como el ramo de flores y la coronita casi invisible de la 4ta finalista. Mejor, que ni te lo den, mejor que digan que a los 50 te raspas, pero como un palillo de dientes.

La locura ha llegado a tanto, que hoy en día, embarazada, veo que la gente, lo primero que mide es el tamaño de mi barriga. Ya casi ni siquiera es ¿cómo te sientes? ¿cómo te preparas? en la última semana, nadie me ha preguntado si ya tengo el cuarto de la bebé listo. Es más bien, qué chiquita o qué grande estás. No parece que estuvieras embarazada o algunas frases así como "no le pares, disfruta que ya después te quitas los kilos de encima." Cuando lo que en realidad quieren decir es "mija, si sigues así en el baby shower habrá que regalarte la colección primavera verano de Soledad Bravo." Deja de un lado que vas a ser madre, aquí el tema principal es cuánta masa corporal tienes y cómo harás para caber de nuevo en la ropa de antes, en el menor tiempo posible. Como si fuera una carrera.

¿Qué nos han hecho a las mujeres y a la comida? ¿En qué hemos dejado que conviertan nuestros cuerpos? En unas especies de banderas, pero ¿de qué? ¿Acaso realmente las mujeres flacas son superiores? ¿Por qué el hecho de que le digas a alguien que pesas menos es como si le mentaras la madre? La chama se pone a la defensiva y dice algo como: es que yo soy mucho más alta, es que mis huesos son más pesados. Puede ser que sea verdad, pero qué carrizo importa. ¿En qué hemos convertido el peso?

Yo fui gordita toda mi vida, hasta que por los comentarios de los demás un día me vi en el espejo y me horroricé. De allí en adelante mi vida, no ha vuelto jamás a ser igual. Hasta ayer. Porque después de lo que pasó con Charles me quedé pensando que nadie me puede hacer sentir nada, y menos aún sobre mi cuerpo. Mi cuerpo lo llevo puesto YO, y YO y solamente YO decido como me luce. Lo que digan los demás, como dice la canción de Mecano, está de más.

Con tantas cosas que nos suceden. Con tanto que hay que hacer en esta vida, tanto que aprender, que mejorar, que explorar, la cantidad de tiempo y energía que uno pierde en "me como un toronto, mejor no me lo como" sencillamente no vale la pena. Lo peor de todo, es que mientras más dieta haces, más te amargas. Más te presionas. Más presa estás, y muchas veces, más comes, o no comes nada. Sea lo que sea, te haces daño.

No estoy abogando por los extremos. Ciertamente hay un componente de salud, y llega un punto donde la estética sí hay que tomarla en cuenta. Pero todo en su justa medida. Después de todo, el día que nos toque decir "adiós mundo cruel" lo único que vamos a pensar de ese toronto es…me lo hubiera comido. Y en cuanto a la figura, realmente vale la pena respetar al cuerpo tal cual es. Aceptar que lo perfecto no existe, sino en un programa que se llama Photoshop, y que efectivamente, como dicen, es enemigo de lo bueno. Aceptar las curvas es divino. Sentirte bella, te hace verte bella, peses 55 o 105Kg, si pesas 49Kg de tortura dietética, mal vas a poder proyectar satisfacción y belleza.

En fin, yo sólo espero llegar a un punto en que las mujeres podamos hablar de comida y no querer gritar "paren el mundo que me quiero bajar."

 

jueves, 7 de mayo de 2009

Tercer Mundo


No es normal. Sea lo que sea que normal significa, la ciudad de la furia no es normal. Hoy llegué a la conclusión, muy lógica, que si un muerto puede votar, un no nacido puede tener un pasaporte. Que sea legal o no legal. Debido o indebido. Deja uno ya si moral o amoral. Ese no es el punto. Se puede, tiene sentido la conclusión y con eso basta.
Así es la ciudad de la furia. Se hace lo que se puede. Lo demás, son solo sugerencias, como la luz roja del semáforo. Como el rallado de la calle. Como el canon del alquiler. Como la multa. Como la norma de no hablar por teléfono cuando uno va manejando. Como el hombrillo. Como la cola. Cualquier cola, la del banco, la del supermercado, la del cine. Hasta la papelera es una sugerencia.
Lo que hacemos al final es lo que podemos. Lo que queremos. Lo que nos suena lógico. Lo que nos lleva del punto A al punto B.
Ahora entiendo qué es el tercermundismo.
En el primer mundo se debe.
En el segundo mundo (lo que llamo vías reales de desarrollo) se quiere.
En el tercer mundo se puede.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Contador de Malas Decisiones


Cuando uno nace deberían darle una especie de kit, con cosas básicas. Yo incluiría un "Contador de malas decisiones." Lo bueno es que el contador, simplemente te dice el número, no tiene más información. No te recuerda eso que nunca debiste decir, esa borrachera que jamás debiste agarrar, ese SÍ que tuvo que haber sido un NO rotundo y ese NO que te hizo perder aquello que ahora lloras como si fueras un niño.

Pienso en el contador porque para Manuela la Novela Mexicana está a punto de ponerse buena. Estamos en ese capítulo en que La Chole trata de aconsejar a la protagonista diciéndole: "mija, ya deje las cosas de ese tamaño. Siga su vida, no haga enfadar al patrón." Mientras que su mejor amiga, que seguro tiene un nombre como Amaranta, le dice "debes vengarte de ese desgraciado, debe pagar hasta la última de tus lágrimas."

Sí, el diálogo es cursi hasta el dolor. Debería estar prohibido agrupar esas palabras. Pero la realidad es que más o menos eso es lo que me sucede. Parte de mí y algunos de mis amigos me dicen, deja que el agua corra. Olvida. Cosa que me extraña, si claro que he olvidado. Si yo jamás pienso en eso. Si esa pelea para mí no es la línea esencial de la trama. Es más, ya a estas alturas me atrevería a decir que es hasta "comic relief."

Pero otra parte de mí, el diablillo, el rincón de las pasiones fuertes, el fuego de Manuela, y los amigos feministas y justicieros dicen: quema. Reclama aquello que te pertenece: La Verdad. Un poco arrogante quizás, decir que lo que me pertenece es la verdad. Pero tal y como yo lo viví, lo es. Entonces, ¿Por qué me voy a dejar arrebatar algo que es mío?

Me he pasado la vida evadiendo conflictos. Aunque no parezca. A veces me siento como un disco rayado de Dr. Phil. Vomitando Oprah cada vez que hay rollo. Uno traga, y traga, y traga, y traga. Y qué pasa con todo eso. ¿Cómo se digiere? Cuando olvidas, ¿Realmente digieres o simplemente haces la parodia de que no ha pasado nada?

No sé qué hacer. Siento que tengo una decisión entre manos. Una de esas que me van a tener en un par de años viéndome al espejo, hablando sola, como siempre, y como siempre, reclamando. Aunque quizás la respuesta está en que, esta parte del conflicto no la busqué. Esta parte me buscó. Es más, me sigue buscando. Me acosa. Me persigue. Me despierta. Me atormenta. Me pregunta cosas que no quiero responder y a la vez me invita a un silencio que ya no quiero guardar.

Mi mamá siempre dice que escuche la voz del corazón. Pero por algún motivo, está taciturno estos días. Pensativo. Abstraído. Es peligroso. Estará sacando sus propias conclusiones. El corazón de Manuela nunca ha sido muy claro, ni acertado. Mi decisión por ahora es seguir su impulso. Pero no sé si eso sea lo más sabio. No sé por qué me veo tentada a escuchar al culpable de la alta cifra de mi contador.

Quisiera que me lloviera raciocinio. Orden. Sensatez. Quisiera hacer una lista de pros y de contras y tomar una decisión casi ejecutiva. Una que siga un plan de acción. Una con un objetivo claro, definido. Pero a quién engaño. El día que la razón me domine, habré dejado de ser yo.

 

lunes, 4 de mayo de 2009

Cualidades de la Bomba Lacrimógena


Tengo con toda justicia y seriedad que darle el crédito a Charles por esta óptica sobre las cualidades del instrumento dispersor de de manifestaciones por excelencia.

El venezolano es el rey de la "mente positiva." Aquí toda noticia nefata es recibida con una coletilla estilo, no hay mal que por bien no venga, no hay mal que dure mil años, si no hay café comeremos té, si no se consigue papel toilette entonces… ya, lo dejamos hasta allí. Lo cierto es que a todo le encontramos el lado bueno, será por eso que tenemos esta gripe porcina crónica que no nos quitamos de encima y estamos tan inmunes que hasta el H1N1 cuando le dieron la opción de venir a Venezuela, dijo, no gracias, venimos del puerco, no vamos a volver a él.

Estoy segura, que después de la marcha del viernes 1 de mayo pasado, tanto el gobierno, que tiene como objetivo principal desestimar todos las quejas, gruñidos y alaridos de la oposición, como los propios opositores, vamos a empezar a verle lo bueno a las bombas lacrimógenas. ¡Qué importa si tragamos gas! No hay que ser alarmistas. No hay que caer en la trampa de Martha Colomina y volverse un nube negra. Pongamos el canal 8, que el terremoto jamás pasó, no volverá a pasar en mil años (palabras textuales del ministro de ciencia y tecnología) y las bombas lacrimógenas son todo, menos un ataque al pueblo.

He aquí sus cualidades.

1. Ayuda a prevenir la conjuntivitis mediante una limpieza profunda de los lacrimales.

2. Mata al H1N1, razón por la cual Venezuela se ha visto libre de la pandemia que azota a medio mundo.

3. Nos hace correr, cosa que según la Asociación Norkoreana de Aardiología contribuye con la media hora de ejercicio diario que deberíamos hacer todos los días.

4. Su olor peculiar tiene los beneficios de las mejores aromaterapias.

5. Contribuye al brillo del pelo y la lozanía de la piel. Previene las arrugas.

6. Quita las manchas de la ropa (ya sabe, si el niño se manchó comiéndose un pastelado, póngale la franela sucia y lléveselo a la marcha, como dice la propaganda "piensa en la bomba y olvídate de las manchas".

7. Es sano llorar en de vez en cuando, ya que mantiene el equilibrio emocional, ayuda a liberar stress acumulado por el trabajo y demás presiones. Un buen llanto de vez en cuando es clave para una mente sana según el Colegió de Pisquiatras de Irán.

8. Los componentes químicos ayudan la regeneración de los cartílagos.

9. Mediante el uso de las bombas se estimula la acción neurológica de los marchistas ya que se les obliga a realizar varias tareas simultáneamente. Lo que se conoce como "multitasking."

10. Según investigadores de la Universidad de Trípoli las bombas ayudan la actividad pulmonar y el tono de las cuerdas vocales, todo esto se sabe gracias a los estudios realizados en ratas. Aunque varias murieron, unas cuentas mostraron este tipo de mejorías.

Así que ya saben. A marchar. Y a celebrar cada bomba. Cada inhalación de gas lacrimógeno es un aire de mejor vida.

domingo, 3 de mayo de 2009

Domingo sin calle

La ciudad de la furia no está hecha para los domingos lluviosos. Como hoy. Domingos en que llueve temprano y luego, golpe de 5 la calle sigue mojada, y la humedad, y los restos de las nubes y la timidez del sol que trata de hacerse paso hasta que no le quede más remedio que caer, le dan a todo un aire más melancólico que de costumbre. En la ciudad de la furia, no sirve, no funciona. Hace falta una acera. Una cantidad de edificios altos, con vitrinas llenas de cosas raras, con personajes estrafalarios a quienes mirar. Hace falta la posibilidad de abrir la puerta de la casa como si fuera la puerta del mundo y simplemente perderse entre pasos, asfalto y calles inusualmente silenciosas. Aquí no se puede hacer eso. Caminar es deporte de alto riesgo. Entonces, no queda otro remedio que encerrarse detrás de las cortinas de una ventana que tampoco tiene el privilegio de poderse abrir. Queda encerrarse con toda la melancolía y el desespero de no saber qué hacer un domingo por la tarde.

Este encierro me lleva a pensar que realmente gran parte del problema de todos hoy en día es que vivimos fuera de proporción. No sé si será el avance de la tecnología o si es que la forma de comunicarnos se ha vuelto tan inmediata que no ha hecho perder la perspectiva, pero lo cierto es que hoy en día nada tiene su justo puesto. Todo se quiere para ya. Desde una página de internet que no le damos el tiempo para que abra, hasta ese aumento de sueldo que estamos esperando desde el día que nos dicen que un trabajo es nuestro. No aguantamos a que las cosas maduren. No apreciamos lo que tenemos, estamos todo el tiempo fijándonos en qué es lo que nos merecemos tener que otro tiene y que nosotros no tenemos.

Si tenemos un apartamento, queremos una casa. Si vivimos en un edificio, que en algún momento fue el de nuestros sueños, entonces nos sentimos desgraciados porque no podemos tener esa casa tan grande y con su propio jardín. Y así, nada tiene justa proporción, se desprecia lo bueno por el simplemente porque no es perfecto. En los momentos de soltería, se añora tener una pareja, pero después se llora la libertad perdida. Como no si no existiera la compañía en medio de la independencia sentimental, como si vivir en pareja fuese una atadura que pesa, que duele.

Creo que la falta de proporción con que vemos cada cosa de la vida, como sociedad en general, tiene que ver con esa inmediatez con que esperamos las cosas. Se ha perdido el disfrute del trabajo, de irse labrando día a día el futuro, las metas, de levantarte y decir "me gusta haber escogido este camino, me gusta lo que hago." Es como si a cada instante tuviéramos que compararnos con el que le va mejor, con el que tiene más, con el que nos hace creer que es mucho más feliz, sea lo que sea que eso significa.

Qué falta me hace una calle. Una calle por donde caminar. Por donde dejar rodar todo esto. Sería mucho más fácil enfrentar así un domingo solitario y un poco triste.