sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Será que lo hago?


Manuela en un curso de pastas. No fue la mejor alumna. ¡Pero se graduó!

Ayer pasé todo el día sintiéndome mal. En la noche decidimos ir al cine. A uno se le olvida el poder que tiene el cine de hacerlo a uno sentirse mejor. Fuimos a ver la película de Julie and Julia. La verdad es que es una película bastante light. Mi esposo pasó el camino de regreso a la casa diciendo que no era gran cosa, que la Julie no había hecho nada del otro mundo. Y quizás tenga razón. Es más la tiene. La mujer hizo quinientas y pico recetas en un año. No es que curó las enfermedades que azotan a Sudán. Pero, como el dije ayer, para mí el secreto del a película es que lo más profundo está en lo más simple.
Una mujer que está un poco perdida en su vida. Que no le gusta su trabajo. Que no se siente contenta con el lugar donde vive. Que quiere ser algo en la vida, pero no sabe bien cómo llegar a serlo. Termina por embarcarse en un proyecto cuyo único objetivo es disfrutar, aprender algo y olvidarse de todo. ¡Qué envidia! En realidad me emocioné porque me sentí identificada con la mujer. Yo ando igual, como alma en pena por el mundo, con una meta en la cabeza y sin una mínima idea de cómo llegar allí. A veces no sé dónde vivo. Ni por qué. Y lo que más me acerca a la muchacha es que jamás termino las cosas que empiezo. Tengo una especie de ADD de proyectos y actividades. Me gusta probar un poco de todo. Como los cocineros. Realmente una de las pocas cosas que he empezado y que he hecho con constancia y dedicación es este blog.
Ayer pasé todo el día con ganas de llorar. Pensando que de verdad hay poco sentido en esta vida. Que todo es negativo. Que realmente como dice la canción de Matchbox 20, todo está llegando a su fin. En un momento dado abro mi página y veo de que dos personas han comentado sobre mi estado anímico (más los otros amigos de Twitter) y las cosas poco a poco comienzan a mejorar. Me he dado cuenta que este blog. Que ustedes, con los que hablo, con los que visitan este espacio en silencio, con los que lo leen por Facebook, son parte de mi vida. Una parte que tienen un valor mucho mayor del que yo podía imaginar. Ahora entiendo por qué la emoción de compartir mi vida con Ayúdame Freud. Porque las ansias de Manuela Zárate de escribir cada vez que puede. De ir por la vida viendo, escuchando y pensando: esto lo tengo que contar en el blog.
Así que al igual que Julie creo que para recuperar mi ánimo necesito un proyecto. He pensado que algo interesante sería hacer lo mismo que ella hizo, pero con las recetas de Armando Scanone. La diferencia entre Julie y yo es que ella antes del reto cocinaba rico. Yo tuve una época que le daba a la cocina, pero cuando me divorcié dejé esa parte en las cajas que contienen mi pasado. De una forma u otra relacioné la cocina con un estado de vida que me llevó a una depresión muy grande. Me convertí, por algún mecanismo de defensa, en una persona que no sabe freír ni un huevo. Es más no puedo ni hacer café. Hace poco vino un señor a arreglar una cuestión de la electricidad. Le ofrecí un café. Cuando se lo serví me dijo: Disculpe. No se vaya a ofender, pero… ¡Este café está horrible! Por supuesto le dije que no se lo tenía que tomar. Y para más humillación mi mamá sale y le dice “yo no entiendo como alguien, puede no saber hacer café. Es TAN fácil.”
En todo caso. Anoche soñé que estaba haciendo las tortas de Scanone. Que el pato que la tipa hace en la película estaba en el libro rojo de A la Manera de Caracas, y que mi mamá me decía: “¡hazlo! ¡hazlo!” No sé. Me da miedo empezar esto y no terminarlo. Además a diferencia de esta mujer yo tengo una hija que no camina, y me la paso pegada a los libros cada vez que puedo. Tengo una cola como de 15 libros, Mann, Faulkner, Balzac, Bolaños. No me gustaría decirles, los cambié por Scanone. Pero me hace falta un proyecto. No. No me falta. Me urge. Necesito encontrarme. Y por lo mismo de la hija no puedo andar ni viajando, ni inventando demasiado. Y como es Caracas tiene que ser algo que pueda hacer en mi casa. Porque pensé anoche en hacer algo afuera en la calle tomando fotos, pero no quiero que lo primero que les cuente sea: hoy me asaltaron y a punta de pistola me quitaron la cámara.
No sé. No sé. Me gustaría hacerlo pero con un twist. Pero no sé cuál. Tengo a mi esposo pensando. Aunque no sé qué tanto. El dice que no termino nada. Que eso no es tan difícil. Que hay que pensar en un reto.
¿Será que lo hago?
Pd.: La actuación de Meryl Streep como Julia Child, no tiene paragón. Si tengo otra hija capaz le pongo Meryl. Le van a pegar en el colegio.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Where is the love?

Ayer me provocó escribirle a un amigo: estoy depre. De un depre. Yo no sé por qué, pero no soy de esas personas que se une a las depresiones colectivas. Salvo por las del 11 de abril y el referéndum, etc… En realidad mis tristezas son más individuales, vienen del fondo del alma y siempre tienen algo que ver con cables sueltos en la maraña emocional de mi mente. Pero esta vez es distinto y por primera vez me siento extraña, porque la causa de mi tristeza tiene que ver con cosas que no vienen de adentro sino de afuera, con cosas que no puedo controlar, pero tan poco son eventos fortuitos ni de causa mayor y tampoco es algo en específico como que perdió el No y una ilusión que se desvaneció ante nuestros ojos.

Ahora es algo generalizado, difícil de ubicar, y que genera unas sensaciones que no sé bien cómo describir. Vivir aquí se ha vuelto tan difícil, peligroso, angustiante: agotador. Constantemente hay que estarse enfrentando a los lados más oscuros del ser humano. El mismo estado de suciedad del país y sus carreteras, resulta como una especie de ilustración de lo que está pasando en las mentes y las almas de los venezonalos. De repente estamos rodeados de basura y en vez de recogerla nos entregamos a la suciedad.

La agresividad es algo que no está carcomiendo a todos, por dentro y por fuera. Nos está tragando la ciudad de la furia. La gente te tira el carro y te dice de puta para abajo porque el semáforo cambió y no pasaron antes que tú. Nadie te da paso, ni que tengas una barriga de 9 meses. Al contrario, te ven como "yo llegué primero, te aguantas." Entras en un ascensor y nadie dice "buenos días", ni "permiso" para salir. Te empujan. Como si empujarte fuera una meta alcanzada ese día. Cada vez menos nos vemos a los ojos. Si puedes insultar a alguien, por lo que sea, por algo que se parezca a un leve agravio, lo haces. No ayudas a nadie y mucho menos utilizando tu nombre, por rabia, por resentimiento, pensando "que se lo pida a Chávez" "¿no querían a Chávez?" y sobre todo por temor. Al final, por puros sentimientos negativos y oscuros. El más peligrosos siendo el miedo.

Hay gente que se empeña en culpar a los chavistas de todo lo que nos está pasando. Pero yo creo que eso ya hace tiempo que pasó. Todos nos hemos entregado al juego de ser una Venezuela en la que no importa nada. Ni la vida. Ni el futuro. Ni lo que una vez soñamos cuando éramos pequeños. No hay ni un solo campo de la vida social que no esté dañado por la corrupción. No son nada más los organismos públicos, los testaferros, los empresarios chimbos los que se llenan de dinero mal habido. Sino que ahora en empresas serias botan a altos ejecutivos (las trasnacionales sobre todo) y al día siguiente este ex alto ejecutivo lo nombran presidente de la cámara nacional de la industria donde estaba antes. Es como un reconocimiento por lo bien que robó. Los demás bobos, quieren ser como él. En vez de repudiarlo, de sancionarlo social y profesionalmente, lo premian.

Aquí no hay fiscal que multe, sino fiscal que acepta chanchullo. Siempre digo en burla que dentro de poco en las universidades no se estudiará más derecho o ingeniería, cálculo o filosofía, sino que tendremos Chanchullo I y II, Introducción al Delito de Peculado, Teorías de la Estafa, Análisis de la Corrupción. Era tragicómico. Ya no lo es. Ese es el país que tenemos y como leía ayer de la pluma de un articulista de El Universal, eso es lo que hemos construido en el país. Esa falta de valores. Ese culto al dinero fácil. Esa incapacidad para valorar la honestidad y la integridad de las personas. Esos principios se pierden para siempre y es casi imposible recuperarlos.

De eso se habla cuando se dice que estamos destruyendo al país. Porque al fin y al cabo, los daños que le han hecho al sistema hidroeléctrico, a las siderúrgicas, a Venalum, hasta la misma PDVSA, eso se recupera. Tomará tiempo y dinero, pero se recupera. Pero los principios que se pierden son como la flecha tirada, eso no regresa. Es como la virginidad, no es que puedes pararte en el espejo un día y decir: caramba, como que a partir de hoy decido que nunca hice el amor.

Yo cada vez me siento más ajena. Más lejana. Más temerosa. Me da miedo salir a la calle, literalmente. Todo el mundo está tratando de ver cómo te puede fregar. El que va a en un carro echándote ojo a ver si te tranca para secuestrarte. El motorizado que quiere pillar si tienes un Blackberry. El que te pasa la tarjeta para ver si te la clona. El carnicero a ver si te vende una carne que está pasada y te la pasa por buena. Y si nunca fuimos una gente reclamona que exigiera sus derechos, ahora menos, porque cualquier loco te saca una pistola y te pega un tiro. Y la realidad del caso es que si te matan: no importa. Si acaso la historia de cómo sucedió irá a parar a una nota de un periodista de sucesos. Más nada. Tus familiares quizás ni pongan la denuncia. ¿Para qué?

Y si como dice Fito Paez, "si de nada sirve vivir, buscas algo por qué morir." Eso eran los principios. Pero ¿ya para qué? Si eso tampoco nadie lo valora. Al contrario. Ahora el honesto es un pobre pendejo. Yo trato de buscar en el fondo de mí, dónde está la exageración. El pesimismo exagerado. Pero lo triste de todo esto es que la realidad es negra y al final de cada reflexión me toca aceptar que no hay exageración.

A mi mente sólo viene esa canción de Blackeyed Peas: Where is the Love? Cuando preguntan: Dónde está el amor? Dónde está la verdad? Qué pasó con el valor de la humanidad? Qué paso con la equidad? Qué pasó con la igualdad? Y ellos mismos se responden: no lo sé.

Yo. Tampoco. O sí. Sí sé. Pero creo que no tengo fuerzas para aceptarlo.

martes, 24 de noviembre de 2009

Google Wave: ¿Qué irá a ser de la humanidad?


Como han cambiado las cosas de aquí allá. La vida era tan simple cuando el email consumía todo el tiempo libre. Ahora lo que te llega al Inbox no tiene la menor importancia. Es más. Es hasta aburrido. Son cosas de trabajo o cadenas que te dicen que el desodorante que usas te va a matar, la carne que te estás comiendo dejó huérfano a unos pobres terneritos, o el mundo se va a acabar en dos meses…a menos que le mandes el correo a toda tu lista, que no tiene la culpa que conozcas gente ociosa que se cree todo lo que le llega por mail.

Ya no hace falta que tus parientes que viven lejos te manden un mail echándote sus cuentos. Si quieres saber de la vida de alguien. Te enteras por Facebook. Sobre todo si es una de esas personas que se la pasa cambiando el status:

Kiko: tengo Full ganas de hacer pipí.

Kiko: estoy caminando hacia el baño.

Kiko: me estoy bajando los pantalones.

Kiko: tendré que hacer pipí sentado para poder cambiar el status del Facebook mientras meo.

Kiko: estoy empezando a mear.

Kiko: Pana. Esto no para. Me siento como un caballo de carreras.

Kiko: ¿SI paro me dará una infección del tracto urinario?

Kiko: No hay agua. No me puedo lavar las manos.

Entonces. No sólo Kiko nos cuenta un montón de cosas que no hace falta que sepamos, quitándonos nuestro valioso tiempo, sino que otra cuerda de ociosos, le responden.

A Chuli le gusta que Kiko se esté bajando los pantalones.

Rodolfo Olarte comenta: Chamo, si haces mucho pipí sentado te conviertes en una geva, jajajajajajajajajaja.

Y nunca falta el político:

Inés Bettancourt comenta: Claro, es que tienen este país destruido. ¿Hasta cuándo vamos a tener que aguantar esto?

Literalmente, si Kiko era tu amigo del colegio y tenías 15 años sin saber de la vida del pobre diablo, en menos de 10 minutos te metes en Facebook y puedes ver toda la historia del carajo. Su mail. Dónde vive. A qué universidad fue. Quién es su novia. Pronto habrá una aplicación que se llame: personas con las que has tirado, donde taggearan a las pobres pendejas que se acostaron con Kiko. Verás que es parte del network de la empresa para la que trabaja ahora. Podrás navegar por los álbumes de fotos que tienen las últimas tres navidades, así te enteraste que por fin fue a Paris, que esquió en Bariloche y que fue a Saint Martin con una gordita que debe ser una ex y con el hermanito que resultó que al crecer se puso buenote. Y ya para terminar ves en el muro que Kiko tiene ganas de hacer pipí y es tan adicto al Facebook que mea sentado. La imagen de tu panita del colegio con aparatos y tal, ahora es la de un tipo que abraza a un pescado gigante (su foto de perfil, osea, el quiere que todo el mundo sepa que pesca) y que mea sentado.

Eso es Facebook. Y mientras tanto han pasado unos 40 minutos que deberías haber invertido en un informe que tu jefe te está pidiendo para mañana a primera hora. Chévere pues.

Pero eso no es todo, ahora hay Twitter. Ahí si no hay tiempo que perder, porque todos tus panas del Facebook se metieron en twitter y te están siguiendo. Además sigues a El Universal, a Nelson Bocaranda y a la Cruz Roja Internacional, y si vas a comer porque eres un ser humano inferior que se alimenta lejos de la computadora, cuando regresas tienes 400 twitts nuevos. Así que el hecho de que a las 2 de la tarde te enteres de que a las 10 de la mañana se murió Michael Jackson, te convierte en un desinformado, que no está a tono con los sucesos noticiosos mundiales. Eres un retrógrado. No estás en nada.

Si no comentas en #FUERAAhjmadinejad eres un chavista de mierda. Y más vale que comentes algo inteligente, porque ya salió un perol que cuenta tu popularidad en Twitter y nadie quiere ser el que habla solo. Así que más te vale ponerte a darle a esa pensadora. Mientras tanto suena el Blackberry, que en caso de que se te haya olvidado también sirve como celular. El Messenger del aparato no para de sonar con tu hermana preguntándote que si puedes ayudar a tu sobrinita a hacer la tarea. Tu esposo te pregunta que si el Listerine que pusiste en la lista de la farmacia es azul o morado y en eso te llega un SMS (porque para eso también sirve el Blackberry) que habla del USO DE SU TARJETA en Valencia y usted tiene como 2 años que ni llega hasta Tazón. Se la han clonado. Una de las pocas cosas que todavía hay que ir a hacer en persona. Porque eso les encanta, verle a uno la cara de sufrimiento y después decir: tiene que venir con una carta.

Te vas a ir al banco, pero alguien te comenta el último video que está causando furor en You Tube. Te tienes que meter a verlo. Y ya no sólo es verlo y reírte, jaja, qué cómino. No. Tienes que meterne en Twitter rápido y comentarlo. Decir algo inteligente y rápidamente meterte en Facebook para montarlo en tu muro y taggear a todos tus amigos. Muchos de ellos harán comentarios y tienes que estar pendiente para responderles. Cosas inteligentes también, porque las pendejadas que dices las ve todo el mundo.

No se te puede olvidar revisar el Newsfeed de Facebook, hay que comentarles las cosas a los demás amigos. Es la etiqueta del Facebook. Es lo justo. Tus amigos comentan tus cosas. Tú tienes que comentar las de tus amigos. Ya te vas a salir cuando alguien comenta que Adam Lambert sacó un disco. Tienes que bajarlo. Ya no sirven ninguna de las 565433453 canciones que tienes en el IPOD. Tienes que escuchar esa. Te acuerdas que en la compu de la casa dejaste bajando Grace Anatomy. Coño, hay que correr para verla a tiempo y ser de los primeros en comentar en Facebook y en Twitter lo que está pasando. Ya son casi las 5 y te va a agarrar una cola bestial. Una vez bajada la canción, te estás poniendo nervioso porque vas a apagar la compu y quieres ver quién te va a comentar la última guevonada que pusiste en tu status de ambas aplicaciones, cuando te recuerdas de que el Blackberry sirve para ver ambas, desde el carro. Así que te vas tranquilo.

En el carro casi te estampas contra un motorizado y pisas a una vieja, más adelante te llevas un cono por delante por andar viendo el apartico. Llegas a tu casa. Milagrosamente. No has terminado el informe que tenías para mañana. No has hecho ninguna de las llamadas que tenías que hacer, incluida la de tu abuelito que cumple años. No te escapaste para buscar la tintorería, y prometiste hacer dieta por lo que tenías que ir, así fuera a Farmatodo, a comprar un yogurt. Está jodido.

Prendes la compu. Vas a hacer el informe. Pero nada más pa ver, te metes en Facebook. El Facebook dice que tres personas más, con las que no hablas desde hace 5 años están de cumple. Hay que felicitar. Además alguien te mando un ramo de flores. Y tienes 5 invitaciones a eventos que revisar. Uno nunca sabe qué rumba se está perdiendo. Y te taggearon en tres fotos, en una de las cuales tienes un tropezón de parrilla en un diente. Tienes que hacer damage control. Coño lo vas a decir en Twitter. Tus amigos de Twitter tienen que enterarse de ese papelón. Está demasiado bueno. Chequeas el mail por si acaso y contestas un par de correos.

Fue un día tranquilo. Manejas todas tus aplicaciones. Las tienes todas bajo control. Ahora sí estás fino cuando te llega al gmail una invitación para Googlewave y no tienes ni puta idea qué es eso.

Ahora es Google Wave. No sabes bien de qué va. Imaginas que es para hacerle la contra parte a Twitter, que le hizo la contraparte a Facebook, que le hizo la contraparte al Messenger de MSN, que le hizo la contraparte al Messenger de Yahoo. Todos a su vez le hacen la contraparte al Messenger del Blackberry y al IChat que no sabes quién lo usa porque usas PC y la verdad esa broma nunca te gustó. Claro, que todo lo empezó el Instant Messaging de AOL, del que ya nadie se acuerda y menos por estos lares porque aquí no hay AOL. Ya nadie recuerda a Meg Ryan y a Tom Hanks chateando por allí, como si la vida de verdad fuese tan bella. Como si tú te pusieras en eso no te iba a salir un calvo, gordo, grasiento que le faltan dos dientes y se saca los mocos.

Justo entonces te recuerdas, que otra maravilla es el blog. Tienes que leer los blogs de tus amigos. Comentar sus artículos. Coño. Todo antes de que empiece Grace Anatomy y de que pase mucho tiempo sin Twittear.

Es agotador. Sólo queda una opción. Escribir sobre esto en tu blog. El título del post:

¿Qué irá a ser de la humanidad?

lunes, 23 de noviembre de 2009

CERRADO POR LUNES.

¿Hasta cuándo los lunes serán lunes? ¿Qué tiene este día? Lo único bueno es que por alguna extraña razón no hay mucha cola. Bueno, la razón no es muy extraña. ¿A quién le provoca salir un lunes? ¿Quién hace las diligencias un lunes cuando las puede hacer el martes, el miércoles, el jueves, el viernes? Como le digo yo a mi mamá cuando se pone intensa: no hagas hoy lo que puedes dejar para mañana. La vida es una sola, pero los lunes son demasiados. Demasiado sueño. Demasiada hambre. Porque para más colmo todas las dietas. Todas las promesas de dejar de fumar. Todas las promesas de dejar beber. Todo, todo absolutamente todo empieza un lunes. El fin de semana no debería existir, porque uno se malacostumbra. Entonces el lunes está muerto de hambre. Muerto de sueño. Y hasta lo más simple parece una labor titánica. El lunes no puedo pensar en el trabajo. En ideas geniales que me hagan merecedora de reconocimientos nacionales e internacionales. En aquellas palabras que cambiarán el rumbo de la historia. La manera de pensar de la gente. El lunes bañarme y ponerme ropa limpia es una labor titánica. El lunes prender el carro es una tarea casi peligrosa. El lunes la cama está más sabrosa que nunca. El lunes los zapatos molestan. Las medias dan calor. El lunes no tengo esperanzas de que nadie me bese. Nadie quiere seducir un lunes. ¿Quién bebe un lunes? Ni los borrachos. Los lunes no se puede hacer ejercicio porque es pesado. Uno lee y se queda dormido. Uno escucha las noticias y deprimen más que cualquier otro día. La radio está mala. Las canciones lentas aburren. Las movidas no provoca bailarlas. Los lunes no se baila. Los lunes uno está feo porque las peluquerías están cerradas. Los lunes no se puede ir a comer algo porque los restoranes están cerrados. No hay conciertos los lunes. No hay actividades en las plazas. No hay eventos. Los lunes uno debería quedarse en su cama y ponerse en el pecho un cartel que diga: CERRADO.

viernes, 20 de noviembre de 2009

¿Qué es peor?¿Qué todos te vean o que nadie te compre?


La foto de Carla Bruni desnuda se quedó sin comprador. Me imagino lo que pasaría por mi cabeza si mi foto en pelotas se queda fría en la mesa. (Eso sin pasar por el mojón mental de que alguien va a pagar 9.000 dólares por ver mis petacas). ¿Qué dolería más: el golpe al pudor o el golpe al orgullo?

Eso me recuerda un incidente que aconteció en el año 2004, cuando yo regresaba triunfalmente a Caracas luego de mi divorcio. Por una de esas cosas locas a las que uno se compromete en la vida, llevé a mis sobrinos y algunos de sus amigos a un lugar que ahora no recuerdo bien. El trato era dejarlos en casa de mis papás al finalizar. Tener la parte de atrás de un carro llena de pre-adolescentes es algo que a uno le hace cuestionarse el sentido de la vida. Me imagino que de allí surgieron Freud, Platón y la amargura indescriptible de Schopenhauer, así como el desasosiego de Pessoa. Lo cierto es que voy entrando a una de esas calles con caseta y mi lado hipersocial no puede evitar saludar efusivamente al guardia. Este no deja de mirar unos 20 centímetros más abajo de mis ojos, a lo que yo pienso "¿Qué se creerá este imbécil?" Cuando por fin llego a la casa y estoy abriendo el portón, bajo la mirada y me doy cuenta de por qué el hombre se me quedó viendo. La camisa strapless la tengo por el ombligo. "Las chicas" están al aire.

Por supuesto mi primera reacción fue: HORROR. ¡Me han visto las tetas! Las voces de las monjas del colegio en el que estudié durante mi infancia comenzaron a retumbar por mi cerebro, prometiéndome los terribles castigos de la 5ta paila del infierno. Pero eso duró sólo unos 30 a 45 segundos. Acto seguido me puse a pensar: "No importa. No es nada que el hombre no haya visto antes y si no las ha visto, pues joder, ya era hora de que viera unas tetas." Pero como les dije a mis hermanas cuando les eché el cuento, lo más importante, "todavía son unas lolas bonitas. Porque si estuvieran ya apuntando hacia el polo sur, coño. Ahí sí me hubiera dado pena."

Y así debo confesar que varias veces me he encontrado en situaciones en las que revelo más de mi cuerpo de lo que las convenciones de nuestra sociedad estiman apropiado. Mi ventana da para casa del vecino, el jardinero se monta en el árbol y me ve saliéndome de la ducha. Golpe al pudor sí. Golpe al orgullo, caramba, todavía no. No es que yo sea Carla Bruni (Coño, ojalá fuera una versión al menos), pero el punto es que cuando esas cosas pasan la pena tiene más que ver con la valoración que el otro le da a uno, que con el hecho en sí de haber mostrado algo más de lo debido.

Las mujeres como Carla Bruni, porque están buenas, porque tienen la personalidad, porque son famosas, no se enrollan con que las vean. Ellas se toman la foto y se la venden a alguien, se enorgullecen de cómo se ven y no les importa que un coleccionista alemán las tenga en su poder para lo que quiera. Claro, que yo creo que Carla pensará que el Hans o como se llame el alemán, la usará para guindarla en algún lugar estratégico a fin de jactarse ante los amigos: "miren esa es nada más y nada menos que Carla Bruni" o en el peor de los casos venderla. No creo que le llame mucho la atención la imagen del tipo jartándose unos asquerositos con la foto en frente, o imitando el video tan chimbo donde Enrique Iglesias se masturba viendo una película porno. Al final, es una cosa más que de pudor, de orgullo.

Es como esos videos sexuales que salen de Paris Hilton y Pamela Anderson, y en nuestra versión local, Chiquinquirá Delgado. Debe ser una pena de morirse, pero debe ser peor aún que el video se filtre y nadie lo compre por malo. O que el novio le termine, no por le hecho de que haya cometido una transgresión contra la moral y las buenas costumbres, sino por algo como: "pana tú en la cama ni con el sexólogo de 92.9. Chao." El punto es que no es necesariamente la fama que te crea el hecho de desnudarte, es la clase de fama. Volvemos a lo mismo: Cuál es el golpe más bajo: el del pudor o el del orgullo. Me gustaría saber si a una monja que esté pero bien requeté buena no le gustaría, al menos por unos minutos pasearse por una playa en bikini y que le digan: "mami, tú eres una Oscal Mayer, rica calne de primera calidá." Dicho de sea paso, ¿Ah visto usted a una monja que esté buena? Para qué, si nadie la va a ver. No es pudor, es orgullo.

Si yo fuese Carla (Ojalá fuera Carla ¡COÑO!) estaría a la expectativa por la subasta de la dichosa foto. No por pensar en la cantidad de gente que iba a posar sus ojos sobre mi cuerpo al descubierto, o la cantidad de morbosos y de viejas criticonas que se relamería o dirían el típico comentario de: "Muy Carla Bruni pero ¡Qué pantorrillas tan feas!" por no tener otra cosa que decir. Más bien estaría preocupada porque la foto llegara al mismo precio que llegó otra que se vendió por 91.000$. Quizás ya con la venta de esa foto estaría todo ganado. El problema es que ese precio se pagó justo cuando se casó con Sarkozy. Allí se trataba de hacerle pasar pena a la Primera Dama de Francia, no de ver desnuda a Carla Bruni. Son cosas muy distintas. Y allí sí creo que ambos se lo pasaron por el Arco de Triunfo y no les hicieron caso. Bien hecho.

En todo caso ahora está ella solita con el culito al aire, eso sí debe ser difícil. Se debe requerir de una personalidad enorme para no deprimirse. Si hubiese sido mi foto la que se queda fría yo estaría o corriendo a tomarme más, a ver si fue que el ángulo no era el correcto, o directo a comprarme el McCombo del día, con papas extra grandes y un Sunday de chocolate. Porque si después de tanto sacrificio te van a tirar bola negra, ¡No joda! Mejor uno se la goza completa.

Me da cosa con Carla. Su situación no debe ser nada fácil en este momento. Todo el mundo está hablando del tema y lo que hace noticia no es el desnudo, sino la falta de alguien que esté interesado en pagar por él. A pesar de su pinta de anti-parabólica algo le debe doler, alguna amiga o hasta ella misma se estará preguntando: ¿Qué es peor? ¿Qué todos te vean o que nadie te compre? Aunque, qué importa la respuesta, al fin y al cabo la compró Sarkosy. Inteligente. Repapito. Y Presidente de Francia. Eso es hirudoid para cualquier orgullo. Qué hagan con su foto lo que quieran.


 

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Esto que nos ha caído

No hay vieja en Venezuela que no diga: "yo no sé por qué nos ha caído esto" o "hasta cuándo nos vamos a tener que calar esto que nos ha caído." Lo dicen en peluquerías, en fiestas, a gente que se encuentran por la calle, a sus panas que viven fuera del país, hasta lo mandan por SMS a Aló Ciudadano. Yo quisiera saber qué significa realmente "esto que nos ha caído." Pareciera que ese "esto" tiene algo que ver con una culpa que se le está achacando a otro. Como si echarle la culpa al que ejerce el título de Presidente fuese algo totalmente nuevo. Algo que comenzó en el 98.

Ya saldrá más de uno a decir "Manuela está chavista." Esa es la típica ahora. Pero no. Es todo menos eso. Lo que sucede es que estoy cansada de comportarme como una estúpida. Lo digo porque Einstein decía que la estupidez se define como hacer las cosas una y otra vez de la misma forma, esperando resultados diferentes. Sentarse a decirle a todo el mundo, con cara de lamento, que no sabemos por qué nos ha caído "esto" es el colmo de la estupidez. Así nada va a cambiar, sí es que realmente queremos que cambie algo. A veces pareciera que estamos muy cómodos con las cosas como están, o le buscamos una solución facilista e idiota a los problemas que día a día van consumiendo el país: Si se meten en las casas: ponemos una reja. Si cierran las televisoras de señal abierta: ponemos cable. Si obligan al cable a pasar las cadenas: ponemos películas piratas o Apple TV. Cortoplacismo y facilismo. Pero sentarse a pensar en lo que nos está pasando, por qué sucedió y cómo resolverlo, "qué va." Para eso hay mil excusas: "yo no soy político. Yo no puedo solo. Yo no tengo tiempo."

Claro que algunas personas buscan medios para "hacer algo." Pero eso no pasa de ahí. Algo se convierte en mandar un mensajito a Aló Ciudadano o darle duro a la sobremesa con los amigos, quejándose de la porquería en la que vivimos. De las calles sucias. Los ministerios corruptos. Las calles peligrosas. Las cosas caras. Pero en ningún momento calibrando de verdad, como hemos llegado a sumirnos en esa suciedad y mucho menos qué podemos hacer, cada uno, para solucionarlo.

Definitivamente "esto" que nos ha caído es mucho más que Chávez. Que un gobierno corrupto, ineficaz, demagogo y despótico. Que una tendencia ideológica que se apodera de nuestros espacios de pensamiento. Que un creciente deterioro de las condiciones económicas y sociales del país. Lo que estamos viviendo lo hemos cultivado nosotros. Nuestro comportamiento como país. No nos han embrujado, ni echado maldiciones. Puede ser que Caldera tenga parte de culpa. Claro que los Adecos tuvieron que ver con el deterioro del país. Pero alguien dejó que hicieran lo que hicieron y ese "alguien" se parece mucho a nosotros.

Yo invito a que todos hagamos una revisión de nuestro lenguaje cotidiano. ¿Cuántas veces al día decimos sapos y culebras de la ciudad? Mencionamos la porquería que es todo, la cola, la basura, la agresividad de la gente. Seguramente mucho más de un par de veces, al día. Pero ¿Qué hacemos acto seguido? Nos metemos por el hombrillo o nos atravesamos en una intersección bloqueando el tráfico, tiramos un papel por la ventana y le gritamos el ¡coño de tu madre! al primero que nos asoma la punta del carro. ¿Cuántas veces a la semana nos quejamos del gobierno? Meta una moneda en un potecito cada vez que lo haga, empiece hoy y termine el martes que viene. Le sale por lo bajito, una entrada al cine. Decimos que estos son unos ineptos, de una incapacidad increíble, que están destruyendo todo (un clásico), que es una tristeza y que ¡pobre país! Y ¿Qué hacemos luego? Nos piden participar en el concejo comunal de nuestra zona y decimos "no pana, qué ladilla." Convocan a una marcha y decimos "ya yo marché." Nos piden ayudar en las elecciones, así sea llevando comida a los centros de votación, y decimos que nos da miedo o que no creemos en los partidos. Con esas excusas nos sentimos tranquilos, o al menos lo suficiente para vernos al espejo.

Yo creo que estamos todos, por decirlo coloquialmente, meando fuera del perol. Estamos como esas mujeres que les pega el marido. Le echan la culpa al tipo que es un machista, desgraciado, degenerado que odia a las mujeres y que se la pasa ebrio y no sabe lo que hace. Y no se dan cuenta que el rollo no es sólo el tipo, ellas tienen parte de la responsabilidad, porque se lo calan. Yo me pregunto cuándo será que me voy a encontrar una vieja que diga: ¿qué es "esto" hemos hecho con nuestro país? O vamos a ponernos las pilas para salir de "esto." Porque en algo hay que estar claros, de "esto" no vamos a salir, ni nos van a salvar, ni nos van a sacar. El que esté pensando en eso, siga creyendo. Como decía el hermano Cocó: la Fe mueve montañas, pero hay que pagá. "Esto" es una situación que corregimos nosotros y más nadie. Siendo mejores ciudadanos, comprometiéndonos con el país y cambiando como queremos o pretendemos que el país cambie. Y algo más, hay que dejar de echarse la culpa unos a otros, sobre todo la oposición, después de todo, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra y no vale andar con peñones en el bolsillo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

¡No Dejes Solo a Chandler!


Nunca me imaginé que iba a decir la frase: ¡No dejes solo a Chandler! Los creadores del show harían su agosto aquí en mi casa. Todo empezó el jueves pasado. Catalina estuvo como de costumbre metiéndose debajo de los sofás en donde yo me siento, sólo que a diferencia de otros días, estaba un poco más agitada que de costumbre. Cabe destacar que esa mañana había ido al veterinario quien nos dijo que le faltaban por lo menos 10 días más. Así que no nos enrollamos, ni nos metimos en google a buscar "parto de perro."

Ya para las 7 de la noche la perra estaba dando señales de que iba a parir. El veterinario me tenía en una de que un parto de perro no es una emergencia, y justo al terminar la frase "no hay que entrar en pánico porque ella sabe lo que hace." Me dice, "ah, pero veo aquí que la perra tiene un solo cachorro." Yo le digo, eso es correcto. "Ah, pero eso no son buenas noticias."

¡El coño de tu madre! ¿Es o no una emergencia?

Acto seguido me lanza todo lo que posiblemente puede salir mal. Podría requerir una cesárea de emergencia, se puede ahogar el cachorro, se puede lesionar la perra, se puede desmayar, se puede atracar el cachorro y lesionarse, puede ser que nazca y haya que revivirlo, puede ser que la perra sufra tanto que muera, puede ser que la perra no pueda tener más cachorros. Pero, "no hace falta que lo traiga todavía, si usted ve que en la madrugada le está costando parir me avisa."

Osea- le contesto - Que el plan es salir para allá a las 3 de la mañana con perro, perrito y peo. Quién le dio esa idea, ¿El chavo del 8? ¿Quiere que yo le diga todo lo que puede salir mal a esa hora?

Total que le digo, amigo si esta perra no ha parido en un par de horas, yo la llevo para allá y usted verá que hace con su muchacho.

No habían pasado ni veinte minutos cuando ya teníamos entre nosotros a una ratica, que parecía negra, y que Catalina no paraba de lamer. De verdad la tipa se portó como una madraza. Parecía la más dura del Discovery Channel. Cortó cordón umbilical, se comió la placenta (sí, asco, pero es así), y lo limpió. El pana respiró rapidito, no lloró nada y ya en un par de horas estábamos las dos amamantando nuestras crías. No dejo de pensar que es el colmo del dicho de todos los perros se parecen a su dueño. Un poco extraño. Típico de las cosas que pasan en esta casa.

Por supuesto mi mamá pasó por el discurso de: No se encariñen con ese animal. No se va a quedar aquí. Qué el vecino vea que hace con su bastardo. Pero diez minutos más tarde estaba devorándose los sesos en busca de un nombre. Después de pasar por Ivan, Donatello, Gerardo, Raskolnikov, Hans Castrop, Voldemort y Pedro había quedado en un Donatello.

Pero sucede que mi papá y mi mamá están en una de Friends. A pesar de que mi papá tiene casi 80 años y dice que no pueden existir en la vida real unos tipos tan idiotas, no hay mediodía en que no se faje a ver sus dos capítulos de Friends con mi mamá. Fue una negociación que hicimos para no tener que almorzar viendo Noticias Globovisión, cosa que hace que se te suba la comida y te den unas ganas arrechas de vomitar. Comer con Chávez es como acompañar la comida con una gotica de ácido de batería. Lo cómico de ellos es que se la pasan preguntando: ¿Esa es la lesbiana? ¿Cuál es Ross? Pero ¿Por qué Ross se casó con una lesbiana? Y ¿Ross era el novio de Rachel? Yo me la paso explicando y volviendo a explicar.

Lo cierto es que el otro día salió Kathleen Turner como el papá de Chandler y ambos se quedaron mudos: !¿Ese es el papá de Chandler?! Sí. Ese es el papá de Chandler. El pobre. Me vino a la mente: el perro se tiene que llamar Chandler. No hay mejor nombre para el tipo que nació de un coño de madre que se cogió a la vecina porque sí. No tiene ningún interés en ella. Se mete a la casa y busca hacer pipí en el mueble más pispireto de mi mamá. Es blanquito con una campanita que le guinda del collar. No cabe duda, si fuese hombre, fuese travesti. Ese tipo es, con todas las de la ley, el papá de Chandler.

A todas estas tal cual como el personaje, las cosas para el cachorro están difíciles en este mundo cruel. Mi mamá sigue diciendo que el perro aquí no se va a quedar. Que en lo que empiece a ver la mierda de perro regada por la casa se larga. El tipo no es negrito como su mamá, es más bien marrón cloaca con una corbata blanca por el pecho, una patica blanca y un punto blanco en el hocico. El pobre. Además Catalina se ha aburrido de la maternidad. Cero maternal, igual que la mamá de Chandler. Me la encuentro al lado mío durante el día, así como diciendo: Ya yo hice mi parte. El colmo de la depresión post-parto.

Así que nos pasamos el día pasando por delante de su camita y viendo solo al cachorrito. Que desde ya se ve que será uno de esos perros cariñosos, inseguros y tranquilos. Tal cual como Chandler. Se queda dormidito y no se trata de salir de la zona que tiene asignada. Y mientras tanto se oyen los gritos por la casa ¡Catalina! ¡No dejes solo a Chandler!


 

jueves, 12 de noviembre de 2009

Alta Peluquería


No se conoce mujer venezolana que no vaya para la peluquería. Dicen que es el mejor negocio para poner en este país. No hay centro comercial, no hay cuadra, que no tenga por lo menos tres peluquerías. En realidad cada una trata de diferenciarse de la otra, pero no lo logran. Todas las peluquerías son exactamente iguales. Nada más entrar en una y un olor extraño, mezcla entre acetona, pelo quemado y cera caliente pega un golpe que nubla todos los sentidos. La belleza se verá muy bonita, pero huele mal. El ruido es igualmente enervante en todas. Los secadores hacen como extrañas criaturas, como moscas furiosas que empujan el aire caliente con sus motores para alizar las chichas de las mujeres desesperadas.

Todas las peluquerías tienen sus viejas asiduas, sus damas de confianza. Esas que no pelan, mínimo una vez por semana, para irse a meter durante más de una hora en el establecimiento y hacerse los tratamientos básicos manos, pies, lavado y secado. Aquellos que una no mujer no puede dejar de hacerse, porque corre el riesgo de que la vean como una andrajosa. Los pelos tienen que estar siempre como lamidos de vaca, como si fuese hija de una pareja de chinos que la dieron en adopción. Uno ve entonces a peluqueros y peluqueras jalando esos pelos con los cepillos redondos, que parecen unas mini aplanadoras, y las cabezas deslizándose hacia atrás sobre sus cuello, a punto de dislocarse en cualquier momento.

Luego están esos días en que se hacen tratamientos especiales: El lavado especial con la crema de mango, jojoba, aguacate o hasta una espeluznante que es de placenta de ovejo. Están las largas sesiones de mechas y tintes, que se utilizan para tapar canas o para acercar a las pelo marrón al mundo de las catiras. Esta última es una operación tortuosa y delicada, uno ve a la "paciente" (porque no hay otra forma de llamarla), vestida con una bata quirúrgica negra, para que el tinte no le manche la ropa, mientras el peluquero en cuestión va eligiendo los pelos a ser pintados uno por uno. Jalándolos implacablemente, mientras aquella mujer trata con todas sus fuerzas de esconder sus espontáneos gestos de dolor. Hay otra operación de estas que es un con una capucha. Esa ya sí parece algún tipo de tortura utilizada por la Inquisición Española durante el siglo XV para obligar a los herejes a confesar sus fechorías.

Estas viejas que van comúnmente a la peluquería uno las identifica por la manera como la saludan y le ofrecen un café en un vasito de plástico diminuto, al que se le echa sólo splenda y que ella menea a 8mil vuelticas por segundo. Le pueden decir Sra. Fulana o incluso llamarla por su sobrenombre. Le preguntan de su vida, de su esposo o su novio, de sus hijos, de la mucha de servicio que la tiene harta y que está a punto de botar, del mecánico que la quiere joder cobrándole por un radiador lo que cuesta un chasis nuevo. Esta mujer lo divulga todo a la mujer que le arregla los pelos, o al hombre, porque cada peluquería tiene como mínimo un hombre. Que siempre es el que peina mejor, porque los mejores peluqueros son hombres, y no porque sean gay o nada tan cliché y pequeñoburgués como eso, sino porque como me dijo una vez un amigo "los hombres peinan y cortan mejor porque las mujeres son demasiado envidiosas."

Lo cierto es que esta vieja ha contado en su peluquería hasta el desagradable remedio casero que utilizó para curar su infección vaginal. Una vez que se le han agotado los temas sobre sí misma, pasa a leer una revista hola y descuartiza a la nobleza europea como si ella tuviese más porte, más dinero y más títulos nobiliarios. Uno escucha cosas como: esa duquesa de Alba si es fea, esa princesa de Orange es una argentina regordeta y sin gracia, y esa Letizia (porque a la princesa de Asturias no la llaman princesa, porque es plebeya) no me termina de convencer, está demasiado flaca. Pero la Hola también se acaba, y es entonces cuando comienza el cotilleo de verdad, los chismes sobre el prójimo, las otras viejas que las rodean, que a lo mejor van a esa misma peluquería, sólo que en días diferentes.

Aquí la vieja destruye, arregla, perdona y juzga los actos de todo el que puede. Quien se vio mal y quién peor, quién estaba medianamente bien en cual fiesta, pero nunca a la misma altura de ella: la dueña de la pura y total verdad. Además salen a relucir divorcios, matrimonios, cachos, pleitos, problemas de bebida, de drogas, muertes, nacimientos, bautismos, operaciones estéticas y cualquier clase de error que haya podido cometer alguno de sus conocidos. Desde el que escupió un chicle en la mitad de la Cota Mil, hasta el que el que molió a palos a su esposa y lo sacó del apartamento la policía de Chacao. Todo. Todo se comenta en una peluquería. Así que no te equivoques, porque alguien con las punticas de los dedos metidas sobre una poncherita y un paño a manera de turbante en la cabeza te a va sacar tu metida de pata, le va a meter picante y se lo va a comentar a un salón lleno de viejas.

Después está uno. Uno que no es asiduo a ningún Salón de Belleza o Alta Peluquería. Jamás entendí porque se llaman Alta Peluquería, ni qué ni quién es lo que define ese grado. Hasta el Salón de Belleza de una calle olvidada del Centro de Caracas tiene el rango de Alta Peluquería. En todo caso, a uno lo dejan esperando una hora para atenderlo y justo cuando va a pasar le quitan el puesto para dejar pasar a una vieja de esas. Esa fue la última vez que pisé una. Y salí de allí diciendo que jamás iba a volver. Claro, que el pelo me está creciendo y tengo que tomar medidas en el asunto y por qué no, me quiero hacer las mechas. Y eso que yo detesto fuertemente las peluquerías, y juzgo duramente a las viejas que se la pasan viéndose las uñas y peor, que me las ven a mí, como si no tenerlas perfectas me descalificara como personas. Igual quiero ir. Será que el menjurge de pintura de uñas y laca se vuelve adictivo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Día Largo. Largo. Largo.

Hay días que me recuerdo del personaje del Hijo de la Novia, que después de que tiene un infarto le dice la novia: Sabés, tengo un sueño. Ella le pregunta cuál y él responde: Irme a la mierda.

Eso me provoca hoy. Agarrar mis corotos y largarme a un lugar donde nadie me joda. Sí. Ya sé, a uno le hacen falta los amigos, la familia, blablablá. Pero hoy. Hoy en concreto sería feliz en la mierda. En un lugar donde no haya nadie que me ladille, ni me que me joda, ni que me agarre mis cosas, ni que me invada mi espacio, ni que me hable, ni me que pregunte. Pero sobre todo, sobre todas las cosas, que no me ande pidiendo vainas como si yo no tuviera más nada que hacer en la vida sino responder a esas peticiones.

Un lugar donde no haya cola. Donde pueda ir a tomar un café sin que me estén hablando pendejadas. Sin que me reclamen. Coño, un solo día sin reclamos por favor. Esa es la maravilla de los extraños. Por eso me encantaba viajar sola a lugares como Buenos Aires. Me sentaba en mi café y aunque ciertamente algunas veces me entró un vértigo de sólo pensar que no había escuchado mi propia voz en todo el día porque no tenía con quien hablar: jajaa, nadie me estaba reclamando vainas.

Hoy estoy harta. Harta de todo. Estoy harta de que la vida de los demás tenga un impacto en como distribuyo y empleo mi tiempo, mis horas de trabajo, mi inspiración. Estoy harta de ser la guevona que siempre sede para que los demás no se arrechen. Me gustaría tirar las cosas en el piso y patalear y pegar gritos como si tuviera 5 años. No me importa que la gente me mire feo. Hoy me provoca salirme con la mía y que me dejen en paz. Estoy harta de los compromisos. De las obligaciones. Me gustaría estar en una casa frente a la playa con una cerveza sin tener que andar viendo el reloj. Me gustaría tener en esa playa un chinchorro y que después del almuerzo pase un heladero cerca.

Me gustaría tener algún lugar donde depositar la arrechera. Me encantaría hacer como Michael Douglas en día de furia. Agarrar un bate y no joda. Darle coñazos a todo. Total aquí en esta mierda ya no hay propiedad privada, entonces qué coño importa. Estoy harta de ser el sofá de todo el mundo. ¿Habrá alguien por ahí que no me vea como sofá? ¿Cómo lámpara? Mi hija y más nadie.

Hoy me provoca ponerme un cartel guindado al cuello que diga: Se agradece SI LE GRITO ES SU CULPA. NO QUIERO QUE ME HABLEN.

Me gustaría ser Paulo Coelho para no tener tanta arrechera y andar hablando paja de autoayuda, sonríe que la matica salió de la gramita y el sol le dijo hola al pajarito y verás que mañan vendrá otro pajuito y se cagará en tu culito. No joda, es inevitable, termino siempre en el mismo lugar. O podría ser un budista. O Teresa de Calculta o una tipa de esas. Bueno, la verdad que mejor no, porque pensándolo bien eso debe ser una vida muy linda, pero muy ladilla y yo me aburro muy fácil.

Hoy lo que quiero es agarrar a mi carajita y mandar a todo el mundo para el mismísimo carajo. Y solo son las 9:59 am. No joda. Este día va a ser largo. Largo. Largo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Smarter than a 5th Grader


Me acaba de entrar este mail:
Ya que por culpa tuya, regañaron hoy a AE, quedas encomendada de la siguiente tarea:

Estudiar con AE ese Jueves después de su clase y mientras dura la clase de M, lo siguiente:

1. Realizaremos el Quiz nº 6 y se evaluarán los siguientes temas:

Lengua: Diptongo y hiato

Matemática: Elementos de la Sustracción

Sociales: Servicios públicos y privados.

Ciencias: La alimentación

Gracias, y si no puedes y la raspan y se acompleja y es una fracasada en la vida por este quiz, arrastraras esta culpa toda tu vida.

Besos,

Coño, No fue por culpa mía que la regañaron. Bueno sí. Un pelo. Me siento culpable. Soy una mierda. La sonsaqué para que se portara mal y quince minutos más tarde la mamá le paraba un peo por el teléfono y la niña lloraba. Soy una mierda. Pero soy divertida. Gozan conmigo. Nadie enseña tantas groserías como yo. Pero nada, Como diría mi profesor de Historia Americana: I am in deep doo doo.
Es que primaria es peludo hermano:

Lengua: Diptongo e Hiato tienen algo que ver con las vocales. Pero de pana no me acuerdo. Yo leo full. Sí sorry, no quiero sonar presumida. Pero no me pongo y que ¡mira! ¡Allí Sábato puso un hiato! O ¿Por qué Cortázar no habrá utilizado más diptongos? Francamente no me acuerdo cuál es cuál. Me sale mi cancioncita de “ahí viene la Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, con las patas bien abiertas….”

Matemática: Ahí sí que la carajita está jodida. Yo no sé calcular ni un vuelto. Yo estoy vuelta un culo con el Bolívar Fuerte. El poco de ceros para acá y para allá. Mil ahora es uno y cien mil ahora es 100. 125 ahora es 1,2500043243242. Restar es la cuarta paila del infierno y dividir es la quinta. Yo cuando resto digo, este le presta a este y…..taaataaaaaannnn. ¿Cómo es que se comprobaba la resta? La metes en la calculadora del Blackberry y listo.

Sociales: Eso es fácil. Público es todo porque el gobierno está expropiando todo o implementa políticas que hacen que las empresas quiebren. Privado no es nada porque te metes en Facebook y algún imbécil pone en tu muro la dirección de tu casa, tu teléfono, la clave de tarjeta de débito y el color de tus pantaletas. La próxima herramienta de Facebook va a ser un lector de lo que piensas, ya ni eso lo tendrás para ti solo.

Ciencias: La alimentación. Yo fui obesa hasta los 17 años y tengo la anorexia controlada por el momento, porque el amor de madre es más fuerte que una de mis obsesiones. Eeee…no sé ni cómo abordar este tema. Había una píramide, creo. Pero la mitad de las vainas de la pirámide no se consiguen en el mercado. Francamente no sé qué hacer. Le hablaré de barritas Nature Valley y un clásico: Ovomaltina, parce vitamina pero tiene golocina…no la vaina es al revés: parece golocina, pero tiene vitamina.

Verga qué peo. Google, Wiki, como diría Karina: Sálvame.

Antes de Acostarme

Mi esposo me dice:

- Pana, tú le tiras al loco.

Yo me quedo pensando. "Coño menos mal." Es que como dice Ernesto Sabato en su novela Sobre Héroes y Tumbas: están los que sufren por el resto. "Y el resto son nada más que hinchapelotas, hijos de puta o cretinos, ¿sabés?"

Yo creo que los que sufren por el resto son los locos. Espero realmente calificar. Qué horrible despertarse un día, comprobar que uno es del resto y tener que pensar: ¿Cuál de los otros tres seré?

lunes, 9 de noviembre de 2009

Si te llega el INBOX es verdad


El otro día me sorprendo escuchando a mi mamá decir algo como: "Sabes que el desodorante tapa los poros y da cáncer de mama." Me quedo pensando, que aparentemente sí, que no hacía mucho tiempo lo había leído en algún lugar o había visto algo sobre ello en el Discovery Channel. Luego me viene a la mente como un tren bala: Una cadena. Esa broma yo la leí en una cadena. Le comento a mi mamá, quien me dice que efectivamente le acaba de llegar esa info. Se la mandó su amiga Marisol, quien de paso le mandó la historia del viejo que se tira al piso y finge un infarto para robarte a punta de cuchillo, le mandó además la historia del recipiente con agua que explota cuando lo sacas del microondas y de paso le mandó la última profecía que nadie conoce de la Virgen de Fátima, que dice que el mundo se va a acabar dentro de dos semanas.

Recuerdo entonces que hace varios meses cuando el accidente de Air France, encontré a mi mamá espantada delante de la pantalla de la compu. "Qué horror…qué horror…" No paraba de repetir esas dos palabras y cuando le pregunté que estaba viendo, me pidió que no me acercara porque "embarazada no deberías ver estas cosas porque te alteran." Por supuesto eso despertó mi curiosidad y me acerqué a ver. Estaba viendo una famosa cadena que circuló donde habían fotos del primer capítulo de la serie Lost, que tenían como sujeto un avión partido por la mitad con gente volando hacia afuera. Yo le digo: "Mamá. Ve bien la foto. Piensa bien ¿Tú crees que esto puede ser verdad?" Ella contesta que no sabe, que se lo mandó una amiga que no tiene por qué estar mandando cosas que no son verdad. Acto seguido me puse a buscarle info en google para demostrarle que esa foto difícilmente era de un avión de verdad, mucho menos de un avión que cayó al mar y del que no se habían recuperado en ese momento ni las alas, ni la cola, muchos menos una tarjeta de memoria de una cámara que milagrosamente cayó en un lugar seguro.

Es que el poder de las cadenas es sorprendente. Mi mamá puede que tenga cerca de 70 años, pero es moderna, lee, viaja, está lejos de estar haciendo guantes de cocina de punto de cruz y no usa una peluca que si te fijas bien no es blanca sino morada, más bien tiene unas mechas catironas todas coquetas. Y aún así, siendo psicóloga y fanática número uno de Friends, ella toma las cadenas como si salieran de una comisión creada entre el Pentágono, Harvard, Oxford, un centro de investigación Suizo y otro Japonés. Las cadenas que le mandan sus amigas son verdades. Punto.

Claro que mi mamá dentro de todo es light. Ella te manda la cadena y te pregunta si la leíste. Si le dices que no, ella te advierte, "es importantísimo que la leas, imagínate que han descubierto que el chocolate tiene un componente que deteriora la vista y que no sabes el pobre niño que tiene una enfermedad rarísima y horrible, si mandas esa cadena Microsoft va a donar un centavo por cada email que pongas, no seas mala, ayúdalo." Pero no pasa de allí. Hay gente que si no le contestas la cadena, que si no le respondes diciendo: "Oye qué triste lo de las ballenas que están matando en esa isla de Noruega. Son unos desgraciados, esa gente debería ir presa." O "Qué interesante no sabía que el Splenda podía causar, ceguera, parálisis cerebral, malformaciones congénitas, vejez prematura, arrugas, gordura, diarrea, pérdida de la audición, infertilidad, enfermedades cardíacas, fallas hepáticas, enfermedad renal, infecciones de la uretra, urticaria, alergias, insomnio, paranoia, esquizofrenia y dolor de cabeza." Entonces se ofenden, se arrechan y la próxima vez que te ven te dicen "dime si no vas a leer mis correos porque si no, te borro de mi lista." Encima de que tienes toda esa información absurda que abarrota el correo, sales regañado.

Con el tema político la cuestión de los mails y las cadenas es insólita. En dos segundos uno en su casa solito le puede destruir la vida a cualquiera. Hace ya varios años tenía amenazado a un amigo mío que si me fastidiaba, iba a escribir un mail diciéndole a todo el mundo que él no había firmado contra Chávez. El tipo temblaba "no pana, no vayas a hacer eso. En serio. Mira que la gente se lo cree." Eso salió de una cadena que circuló donde se decía que un viejo súper conocido, no había firmado. Aquello creó un furor, la gente lo comentaba en todos lados como si fuera el fin del mundo y como si la info la hubieran sacado de ese comité del Pentágono, Havard, etc… "oye, sabes que fulano de tal no firmó. Qué riñones vale. Por eso estamos como estamos." Lo mismo sucede con "¿sabes que el dueño de la ferretería El Alicate es chavista? No compres más ahí." Ese comentario todavía se oye de panaderías, mercados, abastos, peluquerías, restoranes, etc. En realidad el que riega el comentario apenas sabe el apellido del dueño del negocio, ha comprado allí un par de veces, y si tuviera que describir al personaje no tiene ni para decir de qué color tiene el pelo, pero repite que es Chavista como si hubiera visto una foto de Chávez con el tipo, abrazados comiendo dulce de lechosa.

Definitivamente el mail tiene un poder que no tiene ni la prensa, ni la tele, ni lo que uno ve con sus propios ojos. Pareciera que cuándo nos ponen una cadena enfrente perdiéramos toda la capacidad de análisis y crítica. En la puerta de mi casa hay un salmo con un lacito morado. Lo pusimos allí porque mi mamá leyó en una cadena que hay que ponerlo para que no nos lleve el chanfle cuando llegue el fin del mundo. Yo apoyé la moción porque de que vuelan, vuelan. Pero en realidad uno se queda pensando que hoy en día no importa lo que hayas aprendido en el colegio, lo que diga Wikipedia, o ningún experto. Si te llega al Inbox es verdad.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Fiebre de Millennium


Estos libros son como una especie de Tsunami que va creciendo y se va levantando hasta que poco a poco la ola le cae a uno encima y ya no hay nada más que hacer. Estás ahogado. Estás completamente sumergido y lo único que puedes hacer es nadar entre las páginas para llegar al final y volver a respirar.
Mientras escribo sólo puedo pensar que pierdo preciosos minutos que puedo estar dedicando a enterarme qué pasa al final del libro 2, a ver cómo Larsson articula el desenlace de una historia protagonizada por una heroína que no puede ser mejor. Lisbeth Salander es todo aquello que yo quiero ser. Es una especie de Super Girl pero sin la ridícula faldita azul, ni las horrendas botas rojas. Es una especie de vampiresa sin colmillos. Es Hulk sin ponerse verde. Es Rambo sin la sobredosis de esteroides. Es Terminator sin el acento insoportable de Arnold Schwarzenegger. Lucha por la moral sin el velo de monja de María Von Trapp. Y lo mejor de todo, disfruta del sexo sin ser la puta de alguna historia de V.C. Andrews. Yo he leído buenos personajes, pero como este muy pocos. Salander se venga como nadie.
Mikael Blomkvist, su aliado, me lo imagino físicamente exacto a Steig Larsson. Es inteligente y a la vez ingenuo. Es un genio y a veces un pobre idiota. Es de esos tipos que están tan comprometidos con la moral, con el bien, es uno “de los buenos.” Blomkvist apela a todo lo bueno que uno tiene dentro como ser humano. Es de los que se horrorizan ante las catástrofes, de los que se asquean ante el crimen. Es magistral porque es como si le quitaras a Batman el carro y el porqueriero que carga en el cinturón y aún así el tipo no deja de ser un héroe. Es un hombre que consigue lo que busca, algo que en esta era de gratificación instantánea hemos olvidado cómo hacer.
Esta trilogía son las novelas de caballería del siglo XXI. Intrigas. Sangre. Muerte. Tristeza. Historias ocultas bajo el velo de los estereotipos. Todo narrado magistralmente. No es una prosa poética. No tomaré frases de este libro para anotarlas en mi cuaderno. No me despierta una nostalgia. No da en el nervio de viejas tristezas. No me abre una herida. Pero Larsson no me deja dormir, no me deja despertar sin estar abrazada a esta historia. A veces parece todo tan inverosímil y a la vez es tan real. No dejo de pensar en lo realmente lamentable que resulta que Larsson haya muerto dejando sólo estas 3 obras. Me hubiese gustado leer lo que tenía pensado para después.

Crisis de Mal de Montano

Los libros para mí son como una droga. Ya lo he dicho antes que cuando entro en alguna librería grande, cuando pienso en la cola de libros que tengo al frente me entra una tristeza enorme. Me pesa terriblemente en alma pensar que no me alcanzará la vida para leerlo todo. Claro que hay libros de libros. Están los que hacen que uno recuerde. Esos son los libros que palabra por palabra nos llevan a ese pasado remoto que a veces está dormido. Luego están aquellos que despiertan los sentidos, a través de la narración uno vuela y se transporta. Casi se puede palpar lo que está describiendo el autor. Es como si el alma se saliera del cuerpo. Hay otros que hacen que uno se identifique, que uno vive como si fuera el protagonista, el héroe. Hay libros a los que hay que darle unas 50 o 100 páginas. Hay otros que cerrar de golpe porque no nos dejan nada. Hay libros que causan heridas. Hay libros que son necesarios, como dijo Cervantes, si mal no recuerdo. Hay libros que nos defienden. Libros que nos acusan. Libros que no nos dejan dormir, que nos mantienen despiertos, en vilo durante la noche, que despiertan los monstruos que están escondidos debajo de la cama, que llaman a los fantasmas y las criaturas ocultas de la noche. Hay libros que hay que oler. Hay historias que no se pueden entender si la palma de la mano no rosa la página. Hay libros que hay que rayar, pluma en mano, marcando cada frase magistral para que no se olvide. Hay libros que pegan. Hay libros que son una búsqueda, un laberinto, donde uno se pierde y no se encuentra jamás. Hay libros que no se consiguen, que es un reto tener entre las manos. Hay libros que nos cambian la vida. Hay libros que obsesionan. Hay frases que persiguen, que no nos dejan en paz.

No sé porque estoy diciendo todo esto. Hoy está peor que nunca el Mal de Montano.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

¿Catalina se casó?


Esta es la propia historia que uno escucha en una peluquería de boca de una vieja con los pelos aplastados con papel aluminio, y la cabeza metida bajo un secador: Una chama que queda embarazada fuera del matrimonio. "Pero, ¿Y el hijo es del novio?" Le preguntaría otra vieja que se está haciendo las manos. "No. Miamor." Contestaría la vieja. "El hijo es del amante." La dueña de la peluquería diría asombrada " ¡No me diga que el amante es el vecino aquel que el papá botó de la casa varias veces!" "Pueess el miiissmoooo mijita. Ese fue el que preñó a la perra. ¿Qué tal?"

Los protagonistas de la historia son nada más y nada menos que Catalina y Manchitas. Una Schanuzer miniatura y un Jack Rusell Terrier. Resulta que Manchitas o el coño e madre, como le decimos en mi casa, lleva ya varios meses metiéndose para la casa. El tipo se metía y hacía pipí en los muebles de la terraza y ponía cara de terror cuando uno le hablaba. Confieso que al principio me pareció cómico y traté de darle comida. El muy patán jamás me la aceptó, creo que desde ya se olía que nuestras relaciones iban a ser del todo menos amigables.

Hace ya varios meses Catalina estaba en celo y la montó ante los ojos como platos de mi sobrinita que gritaba "¡Algo le pasa a los perros! ¡Están pegados! ¡Van a matar a Catalina!" Mi mamá salió gritando que ella no se iba a quedar con el adefesio que resultaría producto de esa unión, y que si la perra quedaba preñada la botaba a la calle. Fuimos al veterinario y como perra del siglo XXI, liberada y muy práctica, Catalina se tomó su morning after pill, no sin antes ser advertida por el veterinario de que si seguía teniendo relaciones sexuales sin protección no le podría suministrar más remedio anti embarazo no deseado. Cada vez que el coño e madre se metía a la casa salíamos a perseguirlo como si fuese Iris Varela.

Acto seguido Cata decidió volver con Astro, el cacri castrado que es más o menos dos perros y medio más grande que ella. De blanco chiquito pasó a negro grandote y se veían contentos. Realmente tenían una relación como pocas parejas humanas, totalmente lujuria y excelente comunicación. Se iban al fondo del jardín todo el santo día y cuando regresaban Catalina estaba lamida de pies a cabeza por Astro, comían juntos, se echaban juntos y por supuesto las camas estaban una al lado de la otra.

Pero Astro se debe haber descuidado en una de esas. Debe haber ido al baño o quizás fue cuando su papá decidió llevarlo al parque de perros dejando a Catalina en la casa. El coño e madre se metió y ahora resulta ser que Catalina está preñada. Ya fue al veterinario, quien nos dijo que con 45 días lo único que se puede hacer es ir a Don Perro y comprar una cadena, una correa, una camita, comida de cachorro e ir pensando en los nombres.

Para colmo de males resulta ser que si viene un solo perro, como muestra el eco que está en la foto, el parto es complicado, de modo que si en 10 días el eco no demuestra que el parto es por lo menos de dos cachorros hay que hacerle cesárea a la niña. Habrase visto, cesárea en un perro, que seguramente me va a salir más cara que la que me hicieron hace tres meses cuando nació mi bebé.

Es que los partos de los perros son más complicados que los de los seres humanos. Al cachorro hay que esperarlo, romper la bolsa en la que viene, cortarle el cordón umbilical y darle la placenta a la perra para que se la coma. El cachorro no puede agarrar frio, incluso un piso de baldosa lo puede matar, tiene que estar por lo menos 24 horas encima de una fomentera. Hay que ponérselo a la mamá para que lo limpie y lo estimule a hacer pipí. Hay que estar pendiente que coma cada 3 horas. Es decir, ya que mi hija estaba durmiendo toda la noche y por fin podía pasar más de 4 horas seguidas con los ojos pegados, tengo ahora que pararme para ver que el cachorro coma y haga pipí.

A todas estas no he hablado con la familia del coño e madre. En casa de Manchitas nadie asume ser su dueño. Una señora dice que el perro es de su cuñado. El cuñado dice que él se lo regaló a los hijitos de la hermana. Los niños de 7 y 9 años dicen que el perro es de su tío, y el tío que es el cuñado, dice que él le dijo al otro hermano que se encargara. Así que el perro es de todos y no es de nadie y mientras tanto la pobre Catalina engorda y se jarta toda la comida que uno deja desatendida por dos segundos.

Helga murió hace un mes. Así que unos se van y otros vienen, la vida sigue y por ende ya nadie habla de salir del perrito, que bien será un Jack Rusell con barba o un Schnauzer miniatura con patas largas. Así que por los vientos que soplan nos vamos a quedar con nuestros Schnausell. A todas estas Astro, como novio abnegado, no se da por enterado y cuando vea que el niño nace blanco dirá, "Cata, mejoraste la raza" porque así de noble es él.

En cuanto a mi sobrinita, apenas le dijimos que venía otro miembro de la familia en camino pregunto: "¿Cata se casó?" Nadie respondió. En el fondo no queríamos decirle la verdad: En pleno siglo XXI hija, si te preñan lo último que haces es casarte, y menos con un coño e madre.

PD: El babyshower tiene que ser ya, la cesárea o el parto es en menos de 15 días.

lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Tendré suerte?


Hace un par de meses me dio por participar en un concurso de esos de envíe la palabra "USOpen" al 35355 y participará por un hermoso raquetero, unas pelotas y muchos premios más. En mi casa todo el mundo me cayó encima: "¡Qué bruta eres!" "¡Esas vainas no se las gana nadie!" Hasta me sacaron una matriz que supuestamente tiene la compañía que hace el concurso que hacía matemáticamente imposible que yo me pudiera ganar mi raquetero. Pero yo estoy segura de que en algún lugar de Latinoamérica hay gente que se llevó su raquetero, sus pelotas y otros premios más. Hay gente que nace con suerte. Esa gente que uno ve en canales como Sony que se gana los concursos para ir a Buenos Aires al concierto de no sé quién, con todos los gastos pagos y pases backstage. Uno ve sus nombres en alguna propaganda e incluso a veces pasan un micro de la gente contando cómo le fue. Esos son además los típicos que se ganan todo.

Recuerdo las piñatas cuando estaba chiquita y siempre había una rifa de algo. Tenías que decir un número, un animal, un color, y la que dirigía la rifa tenía entre sus manos un paquete envuelto en papel de regalo para entregar al ganador. Uno no tenía ni idea qué había allí adentro. Podría ser una plasta de perro metida dentro de una cajita de acetato, pero no importaba, el todo del asunto era el de tener la suerte de dar con la palabra acertada y GANAR. Yo jamás me gané esas rifas. Siempre fui de las me quedaba mirando pensativa la estúpida niña de dos colitas que abría el paquete con esa cara de cochina satisfacción que ponen los niños cuando se salen con la suya. Me preguntaba por qué coño yo tendría que haber dicho morado cuando la respuesta correcta, amarillo, la tenía al alcance de mis manos.

Claro que si de sacarse la ruleta se trata en el colegio me las sacaba todas. Era como si ese animalito que controla la suerte esperara a que yo no hiciera la tarea para que la maestra entrara al salón, dejara sus cosas sobre el escritorio, nos obligara a saludarla un lunes por la mañana como si tuviésemos ganas de hacer otra cosa que no fuese dormir y acto seguido sacar una lista para decir a todo gañote: "¡Manuela Zárate!" y yo tener que ponerme de pie, ver hacia la ventana para luego decir en voz baja: "No me dio tiempo de leerme el capítulo profe." Acto seguido, iban notas a la casa, diciendo que yo tenía que hacer las tareas, esforzarme más, etc. Mi mamá entonces me castigaba y así.

Hay gente que no le pasa eso. Hay gente que se gana todo. No pueden tener un ticket en la mano porque los llaman. Son los estúpidos esos que en las rifas navideñas se ganan un pasaje para Paris. Esta gente está tan mal acostumbrada que si se sacan un pasaje para Margarita entonces se quejan: "¡No joda vale! Yo me quería sacar el de Paris." ¡Qué bolas! Y uno al lado pensando, "yo me conformaba con el cooler chimbo hecho en china que tiene la gorda de la otra mesa." Esa es la gente que se lo saca todo. La gente que pasan para primera en los aviones, por qué sí. La gente que pasa la tarjeta y el consumo le sale gratis. La gente que se está comiendo un tipo le paga la cuenta. La gente que como el ex esposo de mi hermana llena un papelito de una rifa y le dice a la promotora: "pana, deja la caja de vino aquí porque yo me la voy a ganar. No hagas la rifa, porque yo me voy a ganar esa vaina." Efectivamente, un par de horas más tarde, el hombre se monta en su carro con su caja a cuestas.

Por otro lado hay gente que nunca se ha ganado nada. Tengo un amigo que es así y que me contó que como a los 15 años de dio cuenta de que en todas las fiestas su papá le hacía una rifa especial. "Digan un número del 1 al 10". El chamo decía 11 y el papá: "¡Hijo! ¡Ganaste!" y le daba el premio. Todo para que no sintiera desde chamo que estaba predispuesto a no ganarse nada en la vida por medio del azar. Al final terminó siendo un tremendo médico, pero hasta el sol de hoy cuando lo llaman por teléfono y le dicen "Buenas tardes, lo estamos llamando para informarle que usted se ha ganado un espectacular resort en el Caribe." Él corta en seco al operador y le dice: "Mira pana, yo jamás me he ganado nada en la vida, así que ¡Vete a la mierda con tu resort! Que tú lo que me vas es a vender una vaina."

Yo en el fondo no me puedo considerar una persona sin suerte. Una vez viajando me pasaron para primera sin razón. Una vez en una rifa me gané un CD Player (tenía como 13 años y eso fue lo mejor que me había pasado en los últimos 5 años) y una vez no hace mucho me gané una fonduesera en una fiesta de navidad. Algo de suerte tengo. Pero no me gané mi raquetero y desde hace tiempo tengo ganas de ganarme algo. ¿Cuál será el secreto de la gente que se gana todo? ¿Será que de verdad es una estrella que uno tiene y sobre la cual no hay ningún tipo de control? O por el contrario ¿Será verdad aquello de que uno llama a la suerte, de que si uno está pensando que no va a ganar no gana? No sé, por lo pronto te puedes ganar una IMAC a punta de Cocosetes, como que le voy a dar un giro a la merienda a ver qué pasa.