jueves, 31 de diciembre de 2009

5 Minutos Más para la Cuenta Atrás


Hoy es 31 y toca, o al menos debería hacer el balance del año. Como dice la canción de Mecano. Este año para mí fue bastante raro. Empecé embarazada. Un embarazo que terminó en una cesárea. Jamás imaginé que yo no iba a dar a luz por parto natural. Eso definitivamente fue lo mejor del año. El nacimiento de Clarissa. Lo peor fueron los puntos de la cesárea. Qué estupidez estoy diciendo. Lo peor fue la muerte de mi Dani. Mi Dani. Cómo te necesito ahorita.

La operación de rodilla de mi mamá. Eso también fue chimbo. Le costó muchísimo. Se deprimió horrores. Es una de esas cosas en las que tratas de ayudar a la gente, pero no sabes cómo y terminas por tener que aceptar que no puedes. La única manera del salir del pozo es como el oso: Mojado.

Este año siento que logré mi resolución del año pasado. Bajar mi obsesión con mi figura. Lo hice porque sabía que la iba a perder. Que después del emabarazo habría un montón de ropa, que si no para siempre al menos por un buen tiempo no podría volver a usar. Todavía no puedo entrar en mis blue jeans de antes. Realmente no quería que esto fuera un punto de honor. No me quería convertir en una de estas mujeres que no tienen ni 3 meses de embarazo y están desesperadas matándose de hambre. Haciendo carreras con las demás parturientas por ver quién perdió la mayor cantidad de peso primero. Me parece que esa nueva tendencia demuestra que el hombre quizás haya desarrollado tecnologías brillantes, pero no ha evolucionado un carajo. Y las mujeres, menos que menos. Tanta cosa productiva en la que se podría pensar, para estar perdiendo el tiempo en esa estupidez.

Y lo digo y suena fácil. Mi relación con el peso ha sido tormentosa desde que tengo 16 años y descubrí que era gorda. Hasta entonces había sido una gorda feliz. Con mis levantes, porque modestia aparte, no me faltó pretendiente. Pero ese interruptor que me convirtió en una idiota que pasó 15 años pensando: la manzana tiene 20 calorías, lejos de volverme más atractiva, me hizo mucho daño. En momentos hasta generó rechazo. Y me llevó en un momento de mi vida a pesar 45 Kg. Un espanto.

Un día. De esos que yo andaba estresada porque pesaba 50.2Kg y me había comido la noche anterior una cena de persona normal y corriente, en vez de matarme de hambre como según mi mente debería. Estaba en una discoteca, este cuento lo he echado estoy segura, y por la puerta entra el chamo que me gustaba. Que me quitaba el sueño. El gevo que yo quería que me parara. Pero que estaba enamorado de otra. Qué se le va a hacer. Yo no conocía a esa otra. Me imaginaba a una de esas mujeres que como dice Carry Bradshaw están en la Tierra para hacernos sentir mal. Y cuando vengo a ver, estaba con ella. La tipa era…a ver cómo lo pongo. No era X. Porque X no era. Pero joder era gordita. Sí. Era una gordita, con el pelo mal batido. Era bonita, pero no era la Chica Polar, modelo de revista, Heidi Klum que me había imaginado.

Me sentí como una idiota. Le comenté a una amiga que tenía al lado. Chama, tanto que uno sufre por un kilito, dos kilitos, tres kilitos. Trota. Levanta pesas. Te tapas con el pareo. No te pones la ropa pegada porque se te sale el rollito y piensas que te van a ver feo y coño. Al final. Eso no es lo que te hace más o menos sexy. Es tu actitud. Lo dijo Fito Paez. Ha estado allí siempre. En nuestras narices. Es vivir la vida. Es como dice mi mamá. No le pares mucho a los kilos, porque el día de mañana, los hombres se aburren de una tipa que se corta toda frente al menú en un restaurante y se van con la gordita que se cae a palos y goza la vida.

Así que el año pasado dije. Hasta los 30 es suficiente. No es que me voy a descuidar y voy a ir por ahí dando lástima. Como dice un gran amigo: hay que evitar dar pena. Uno se cuida. Uno hace ejercicio. Es salud. Pero hay que vivir. Hay que pedir postre. Hay que decir todos los lunes, mañana empiezo dieta. Hay que hacer de vez en cuando eso que uno sabe que no debería. Porque la vida es demasiado corta. Demasiado triste. Demasiado complicada para estar botándola por una chuchería, por un pantalón que ya no sirve. Por querer desfilar en una playa un modelito de traje de baño, para una audiencia que al final, no está viendo. Porque como yo misma comprobé, a nadie le importa. Y los que se fijan en eso, por lo general, lo hacen porque están demasiado vacíos. Entonces, da igual lo que piensen. No están buscando qué bien te ves, sino están hurgando en ti para encontrar un defecto. Y como uno es humano lo harán tarde o temprano. Así que no vale la pena dejar de vivir por otros.

Este año mi resolución no fue nada grande. No cambié el mundo. Pero el mundo cambió para mí. En gran parte gracias a Clarissa. Es primera vez que resuelvo algo y lo recuerdo durante todo el año. Y llego a este diciembre y siento que lo hice. Que soy mejor. Que maduré en ese aspecto. Me siento plena en ese sentido.

Otra cosa buena de este año es el resolverme a escribir la novela. Es encausarme de nuevo con mi vocación en la vida. Con mi pasión. Reconocer que esa es mi razón de ver y decidirme a echarle plomo. Cosa mala es la paranoia que se ha apoderado de mí por vivir en la Ciudad de la Furia. Las ganas a veces de irme. El no saber a dónde. El pasar un año más que no sé si será el último aquí. Uno más de tantos. O qué carrizo. Otra cosa buena de este año tiene nombre y apellido: Roberto Mata. Cómo amo ese taller. Voy para el nivel 3 en enero. Quiero que empiece ya. La fotografía me fascina. Me ayuda mucho a escribir. Lo hace a uno agudizar la mirada. Conectarse con el alma. Conocer gente que está en la misma tónica. Que tiene sensibilidad es lo máximo.

Otro punto a favor es el Club de Lectura. Comenzamos en Junio, vamos para el 8vo encuentro, es decir van 7 libros. Somos un buen grupo. Todo el mundo es intenso. Somos bebedores. Fanáticos. Gritones. Casi todos somos egocéntricos y algunos incomprendidos. Amo mi club porque me hace sentir que no soy un mojoncito que dejó un extraterrestre en su paso por la Tierra. También bueno fue el curso de Literatura Infantil. Me fascinó. Descubrí un género que no había explorado. Sobre todo la literatura juvenil. Quiero escribir para adolescentes. Me hace sentir que sigo siendo uno de ellos.

Este año hice pilates. Este año nadé en el mar. Este año amamanté a un bebé. Este año lloré desconsoladamente. Tuve un pleito con mi mamá. Me partieron el vidrió del carro, pero no había nada que robar adentro. Este año me monté en avión y me puse a llorar por la turbulencia. Este año no me dio gripe. Bueno un pelín nada más, pero yo me considero que pasé invicta. Este año no vomité. ¡JA! Pero si tuve dolor de barriga. Este año no cociné algo rico. Este año no cocí. Este año vi nacer un cachorro. Este año dormí hasta tarde. Este año pasé dos meses durmiendo mal. Este año estuve más de una noche en una clínica. Este año me sacaron sangre. Este año no marché por la barriga. Este año vi películas que cambiaron la vida. Este año leí libros que me entristecieron. Leí otros que me parecieron una mierda. Este año escribí cosas que hicieron sentir que tengo talento. Este año descubrí que amo mi blog más que nunca. Este año hice sentir mal a alguien. Este año pensé en locuras. Este año se me incrustó gente que tengo cerca. Este año gocé por ahí con mis amigas. Este año tuve que decir adiós. Este año perdí a una gran amiga del alma. Este año he aprendido que lo que uno siente tiene que decirlo, porque el tiempo pasa. Pasa de verdad. Este año nadé en piscina. Este año envolví regalos. Este año compré cosas que no debí haber comprado. Este año dejé pasar oportunidades. Este año dije cosas que no he debido haber dicho. Este año me vestí horrible más de una vez. Este año no se fue Chávez. Joder. Este año eché carro y embarqué en varias cosas. Este año volví a usar zapatos chatos. Este año no subí ni una vez al Ávila. Este año no recibí regalo el 24. Este año me dijeron que me van a publicar un cuento. Y con eso cierro. Porque esa es la mejor noticia. Todavía no lo creo.

Por cierto, ¿La década se acaba hoy o el año que viene? Si se acaba hoy hay mucho que planear. Mañana hago mi lista de lo que quiero hacer el año que viene. Pero si tengo que pensar en 10 años eso es otra cosa.

Bueno, por ahora, Happy New Year! Da un poco de tristeza cuando se van los años. Pero lo importante es hacer el balance y poder decir: este año, bueno o malo, viví.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cartas del Pasado

Tengo una caja donde guardo cartas. Yo tenía las cartas de todos mis novios. Y las boté. De idiota las boté, en un arranque de celos de una pareja, y de miedo de una niña idiota. Agarré y las boté y cómo me arrepiento. No viene nada mal revisar el baúl del pasado de vez en cuando. Quizás no se entienda mucho, pero me llamó la atención encontrarlo. Las cosas que decía. Creo que si hay algo que me fascina son las viejas cartas. Me encantaría que algún día mi vida se contara en una novela epistolar. Mis mails son kilométricos. Disfruto enormemente escribiéndolos. De verdad que sí.

Esto que copio a continuación es la respuesta a un mail que me mandó un amigo en noviembre del 2005.

...para contestar tu pregunta...treinta dias cambia todo....el mundo, cambia en un segundo.....

Conio entiendo tu arrechera. Y si quieres gritar grita...o mejor escribe.....

Dejame empezar por el final.

Maybe some of us will end up like Icarus. Pero sabes que....worse thatn ending up in a crash is not kwnoing. Its not living.

Yo aveces digo...Dios mio...por que.....que conio pasa. A quien puedo joder. Por que Osama Bin Laden no lo encuetran, a ese hijo de puta. Por que a los terroristas si se les cumplen sus planes, por que? Por que a mi me cuesta tanto todo. Por que si se supone que soy bella, inteleginte, el catch por que no puedo tener una pareja que me lo diga....por que siempre me tocan los inseguros que no hacen sino alimentar mis inseguridades...por que siempre termino sientiemdome que todo es mi culpa?

Pero conio...no hay respuestas....quisiera decierte verga si, de esto valio lo que te paso...pero conio...eso no se si uno mismo se lo responde.

Resulta que ahora yo que he tenidoo mil peos, un matrimonio que no joda, que no puedo contar nada, etc..y what else... tengo an eating disorder....si, tu amiga Manuela tiene issues con la comida, como me gusta decirlo. Aunque no es con la comida, es con ella misma.

I hate myself...y no se por que...si es porque la vida no fue como lo pense o si no he pensado como quiero que sea la vida. No se...lo cierto es que justo cuando esperas que las cosas se arreglen te das cuenta de que eso no sucede.

Como levantarse por la maniana? Te juro a veces me cuesta. Ayer mismo dije...y si lo dejo todo. Me dedico a estar aqui, acostada viendo el techo, la tele, comer frutas nada mas y dormir y adios.

Nada. Es lo que dices tu...es....tu mama, tu papa, tus hermanos, yo....y el mundo por ver. La memoria, estoy de acuerdo a veces deberia ser aniquilada, borrada, pero entonces tampoco recordarias esos afectos.....no te podrias construir en el futuro y llegar a ser quien eres...eso disce Nietzche...llega a ser quien eres....

Asi que bueno.....no tengo respuestas, ni tus mismos dolores, pero si tu misma preguntas y en este momento mucha soledad....aunque falta que me hacia.

El journey en la vida sera por las respuestas?...no lo se? Todavia me estoy haciendo esa pregunta. De que vale todo? Does it matter? Creo que lo que mas duele es que muchos ignoran nuestra tragedia, en este puto mundo donde una tipa con una sonrisa de oreja a oreja te dicen que mas cien mil muertos dejo el tsunami y despues pasa a hablar del ultimo escandalo de Paris Hilton. La gran mayoria de la gente es indolente y uno...uno se muere por dentro...pero como le dije anoche a mi mama...mejor morirse lleno de cicatrices que intacto sin haber vivido...y trust me, con la marca de cigarros que sea, superaras esta mierda.....

Por ahora como dice AA One day at a time.....lo mas importante?....the people who will love you no matter what.....


 

martes, 29 de diciembre de 2009

Adicta al Chocolate


Me acabo de comer como 12 Torontos. Creo que lo puedo decir con propiedad: Soy adicta al chocolate.

Todo empezó en cuando era apenas una niña. En mi casa hacía brownies que mientras estaban en el horno impregnaban todo de un olor dulce, que me llenaba por dentro. Se me abría el apetito. No podía esperar a que salieran. Siempre lloraba para que los sacara, aunque no estuvieran listos. Al menos no según la receta. Entonces quedaban mojaditos por dentro. Parte de la masa aún derretida. Gloriosa. Calientes y todo me los comía. Siempre me amenazaban con que me iba a dar dolor de estómago. Jamás me dio. Mi estómago es de piedra.

A mí me gusta todo lo que sea de chocolate. Hecho en casa. Prefrabricado. Envuelto en papel. Horneado. Helado. Torta. Ponqué. Marquesa. Brownie. Muffin. Galleta. Con chispas de chocolate. Con sirop de chocolate. Con lluvia de chocolate. En tableta. En tamaño industrial. En tamaño mini. Relleno quizás no tanto, pero chocolate sigue siendo chocolate. En bebida caliente. En bebida fría. Merengada. Tody. Swiss Miss. Con Marshmellows. Sin azúcar. Con Splenda. En Fondue sobre unas frutas. En finas láminas. Carré. Trufas. Como amo las trufas. El postre si no es de chocolate es algo dulce pero no es postre.

Yo como chocolate cuando estoy sola. Cuando estoy triste. Cuando me siento flaca, porque me doy permiso. Cuando hago ejercicio porque me lo merezco. Cuando me siento gorda porque qué carajo, la vida es muy corta. Cuando quiero celebrar, porque si uno está feliz tiene que vivir a pleno. Qué mejor forma de hacerlo que con un chocolate. Lo comparto, sobre todo si estoy en un restorán. Lo pichirreo si es difícil de conseguir. Lo regalo porque sé que es algo que nunca falla. Me fascina que me lo traigan de sorpresa porque siento que el que lo hizo, lo hace con cariño. Sabe lo que me gusta.

Los saboreo. Lo muerdo poco a poco. Lo paso por toda la boca. Lo trago con cuidado. O me lo como en cantidad. Uno tras otros. Sin pensar tanto en lo que tengo en la boca, sino en lo que viene después. Me encanta verme al espejo y ver un bigote marrón. Para comer chocolate. Para disfrutar chocolate, hay que tener un niño adentro. El que come chocolate, no tiene prejuicios. No tiene pretensiones. Disfruta la vida. Es un poco más feliz que quien se priva.

En caja. Por kilo. Derretido. Frío de nevera. Congelado en un postre. Hirviendo. Cocinarlo. Comprarlo. Guardarlo como si fuera un vino. Nutella. Pocas cosas superan la Nutella. Helados. Dos bolas de helado marrón. Divino.

Yo sueño con una piscina gigante llena de chocolate. Allí me voy a tirar. Me voy a lanzar. Voy a nadar, y a ser feliz.

Yo amo el chocolate. Y sí. A lo mejor tenga un rollito más por ahí. Un talla más en el pantalón. Algo más rellenita que la de la portada de la revista. Pero cuando uno tiene en la boca un chocolate divino que se funde. Que calma cualquier angustia. Que anima cualquier celebración. Que nos recuerda que este mundo tiene sensaciones que aceleran el alma. Como vale la pena. No lo cambio por una barriga de tabla. Más nunca.

 

lunes, 28 de diciembre de 2009

Trama y Polvorosas


Estos días que estuve en la playa la verdad estuvieron fructíferos. Me encanta escribir frente al mar. Es un cliché. Sí. Lo sé. Pero bueno. No puedo evitarlo. No sé si será la brisa. O lo complicado del mar. Las mareas. Las olas. Los colores. La fauna. La intensidad. Los olores. Cerca del mar los sentidos se agudizan demasiado. Entonces uno imagina y sueña. Yo me entristezco. Me pongo feliz. Añoro. Olvido. Recuerdo. Son demasiadas cosas. Para mí la playa es demasiado fuerte. Realmente lo es. Así que aproveché.
Me di cuenta que escribiendo a lo loco iba a llegar a calles sin salida. Así que me puse a trabajar bien mis personajes. A describirlos, no necesariamente como le llegará a los lectores eventuales. Sino para darles vida en mi cabeza. Crearles un trasfondo. Escuchar su voz. Hacerlos reales. Y después me puse a trabajar en la trama. De qué va la novela. Qué pasa. Del punto A al punto B. No es tan fácil como suena. Pero me fue bien. Ahora me queda seguir afinando esos detalles y lanzarme entonces a describir todo lo que pasa. Es decir, darle un cuerpo a esa columna vertebral.
Así que nos toca Scanonne again. Me estoy cansando. Como que a la manera de Caracas no es la mejor manera. No sé. Si cambio de libro. Cambié. Mi mamá me regalo unos libros de cocina de un chef francés. Los libros están en francés. A ella le parece que sería mucho más divertido usar esos. Yo leí un par de recetas y pensé: yeah right. Empezando porque no entiendo la mitad de las cosas, porque yo hablo francés, sí, pero de ahí a la jerga culinaria de un chef reconocido es mucho trecho. Además, está el tema de los ingredientes. Tendría que empezar por plantar un par de matas en la terraza y criar un poco de animales. Lo veo como difícil. Más que el señor tiene cosas como: proceda a quitarle las espinas al pescado. Me imagino que eso se lo pondría en un papelito al pescadero, porque lo que soy yo.
Pero en fin. Seguimos con el amigo Armando. Miércoles. Acabo de caer en cuenta de algo. Juro que no lo hice al propósito. Me traicionó el subconsciente. El personaje principal se llama Armando. ¿Qué talco Johnson? Bueno. Así son las cosas. Es que Armando es un buen nombre. Le pega a este señor. En fin. Que seguimos con los dos Armandos y el cocinero nos ha pedido que preparemos polvorosas. Perfecto, como no engordé en la playa, no vaya usted a creer, ahora me lanzo unas bolitas de manteca de cerdo para recuperar la figura.
Pero bueno. Al blue jean apretado buena cara.
Ya pondré fotos. Espero que quede un pelín mejor que la torta de plátanos. Ya lo vi todo: Haga bolitas hasta las dos de la mañana, hasta que le sangren las uñas y sienta nauseas y mareos con el olor de la masa.
Foto: Manuela escribiendo estos días.

Una Próxima Vez


Viernes 25 de diciembre. Nos levantamos temprano. Yo trabajé en mi novela. Abrimos dos regalitos que le pusimos a Clarissa. Nada de Niño Jesús exagerado. Yo me quedé como el interior de Superman, es decir, que en el arbolito habían para mí naranjas chinas. Pero bueno, fue un buen año, no me puedo quejar. Estábamos en Osma, a eso de 40 minutos de Caruao, donde uno de mis amigos del alma tiene una casa. Nos invitó a pasar el día y total que agarramos y montamos en nuestra camioneta prestada lo que parecía la última gira de U2. Sillas. Coche. Un pato inflable que nunca usamos. Paños. Muda de ropa.

Arrancamos y como se ha vuelto tradición en nuestros viajes por la costa, pusimos Mecano. Yo amo a Mecano. Me pongo a cantar y me siento que si me lo piden Nacho y José María, yo fácil puedo suplantar a Ana Torroja. Íbamos viendo la costa. Como diría Jorge mi amigo fotógrafo: es maravishoso (él es argentino). Apenas bajamos la curva de Caruao vimos su carro y ubicamos la casa.

He intentado varias veces describirla y de verdad que no puedo. O no le hago justicia. O siento que a lo mejor la imaginación me hace trampa. Pero esa casa es uno de esos lugares que cuando uno entra en ellos, oprimen el corazón. Tienen ángel. A uno le entran ganas de quedarse. De vivir allí. Es una sensación de seguridad. Esa es la palabra.

No sé si es porque se abren unas puertas que dan directamente hacia el mar. Allí, como en un deck hay un árbol que lo cubre todo de sombra. Es un árbol que arropa a todo el que está en esa terraza. Mi amigo puso una mesa, donde yo amaría estar sentada escribiendo alguna novela o cuento. No sé si sería de gran calidad, pero me lo gozaría como pocas cosas. Además guindó unos chinchorros, de los cuales mi hija de cuatro meses y medio no se quería bajar. Era tanta la emoción de la casa, que durante los dos días que pasamos allí, no quiso hacer siesta. Era como si estuviese diciendo, yo me visto, porque yo sí voy. Dormir, dormiré más tarde, pero yo esto me lo gozo. No cambio por nada esta vista. Esta casa, frente al mar. Digna hija mía.

La playa que está frente a esta casa es una de esas playas de arena suave que te acaricia los pies. No había llovido, así que el mar estaba azul. El cielo despejado. El sol intenso, pero clemente. Igual que yo. Apenas llegué me quité los zapatos y comencé a caminar por la playa. Veía las aves lanzándose en picada a pescar cerca de la orilla. Así como debería lanzarse uno cuando ve algo que quiere. Así como me he lanzado yo. Tantas veces, que tarde o temprano, igual que ellas, moriré ciega. Los ojos dañados de tanto golpe. A lo lejos se escuchaba una salsa contagiosa. De esa que te hace saber que estás en Venezuela. Por si acaso se te olvida en algún momento. Sin importar la hora. Aquí la vida se goza. Cada minuto. No hay horario.

Y veía hacia todos lados y veía troncos. Y piedras en los extremos. Y un río que trata de desembocar al mar. Y olas rompiendo. Y la vecina tomando sol en el muro de su casa. Y me provocó enormemente ser ella. Aunque yo no tomaría sol. Yo me echaría a leer mis libros. Y después me sentaría a escribirlos. Y caminando y mojándome los pies en el mar, conociendo esa playa pensaba: aquí podría estar sola. Acompañada. Aquí podría quedarme. Este es uno de esos lugares a los que llegas. Y llegaste. No necesitas más nada.

Pero después vino lo mejor. La gente del pueblo. La señora Josefa que tiene un pequeño restorán. De esos que no tienen pretensiones sino buena comida. Y cerveza. Caminamos por el pueblo y la gente saludaba a mi amigo. Así como sólo se saluda en los pueblos. Con el cariño de la familia. Hasta el perro que tomaba sol sobre la acera, un poodle que generalmente son ariscos y mañosos. Este no. Este vive en Caruao. Es feliz. A rabiar. Se dejaba acariciar. Es el tipo de lugar donde sientes que cabes. Seas quien seas. Y mi amigo me presentaba a la gente, como se debería presentar uno. Por su nombre de pila. Punto. Sin apellidos. Sin generaciones. Ni padres. Ni madres. Ni hermanos. Ni tíos. Nada de tú eres hijo de. O fuiste esposa de. Eres simplemente Manuela.

Mi amigo me presentó a tres o cuatro personas con las que pude compartir y un rato. El electricista que ahora olvidé su nombre. Pero que nos dijo que trabaja en Caracas y que "Si te soy sincero. A Caracas sólo voy por necesidad. Esa ciudad. Esa ciudad está loca." Yo le dije "Claro amigo. Si por algo la llamamos, la Ciudad de la Furia." Otro personaje, un chamo de unos 12 años. Juan David. Un alma vieja. Unos ojos que dicen mucho más que tanta gente que uno conoce. Que a los 50 no lleva nada de vida. No tiene acumulado nada en el alma.

Juan David me cautivó porque es la mezcla entre el angelito y el diablillo travieso. Pero travieso de verdad. Entre las locuras que nos contó está la de ir a la "playa desnuda." Una playa nudista que aparentemente hay cerca de Caruao. Entonces le pregunté que si su mamá le daba permiso, a lo que me contestó: "Yo hago lo que me da mi gana." Me quedé pensando que uno debería contestar eso mucho más a menudo. Claro que el chamo se me quedó viendo y después se dio cuenta que si su mamá lo oye decir eso probablemente lo castigue. Así que después me confesó: "le pido permiso, y ella, casi siempre me deja." Ama las computadoras, dice que aunque no lee muy bien las maneja mejor que nadie y que su sueño es ser: pelotero. Su jugador favorito: El Kid Rodriguez. Tal cual. Yo lo veo y le digo, chamo tú puedes ser cualquier cosa que tú quieras. Y si él se lo llega a creer sin duda lo será.

Conocimos a Quintín. Uno de esos tipos de los que a juro te tienes que hacer amigo. Maneja una lancha. Trabaja en construcción. Pero sobre todo es filósofo de la vida. Según él, las parejas ahora no duran nada, porque las mujeres, ya no somos recatadas. Estamos demasiado liberadas. Y sí. Puede ser. Ya no aguantamos tanto. Ahora damos como siempre, pero exigimos como nunca. Nos llevó a pescar en su lancha. Cosa que fue toda una experiencia, entre otras cosas por a mi amigo se le clavó un anzuelo en el pie. El pobre. Aguantó como super rudo. Si se me hubiese clavado a mí hubiese pegado gritos como la llorona de la carretera vieja de la Guaira. Qué Impotencia cuando pasan esas cosas. Pequeñas, pero igual. Cómo joden. Pero la mejor frase de Quintín, mientras nos daba consejos de pesca fue: "Eres un choro de los pescaos."

Antes del incidente del anzuelo, paramos la lancha y nos tiramos al mar. Allí, en la mitad de la nada. Cerca de la costa, pero a la vez lejos. Y por un momento puedo jurar que el mar era mío. Claro que clásico Manuela después no me podía montar en la lancha y los hombres me tuvieron que subir. Pero nada. Damisela desmayada sólo por 5 segundos.

El último personaje del que voy a hablar es Hernán. El vecino de mi amigo. Ese que ya veo que se va a convertir en su padre putativo. Nervioso cuando supo que a mi amigo se le había clavado el anzuelo, lo fue a buscar al dispensario. Como no lo encontró, se puso a limpiarle la arena a la terraza. Totalmente paternal. Diciendo que cuando lo viera le iba a echar broma. "Lo voy a joder. Ya tú vas a ver. Le voy a decir ¿Tú no y que eres Ya Custó ?" (Jacques Cousteau pero pronunciado por él es comiquísimo). Pero yo leo ojos. Y en ese señor estaba preocupado. Quería verlo bien. Y se lo dije a mi amigo. Un hermoso ser. Que iba a enseñar a cazar guamo, pero no se pudo porque la cucarachitas de arena ese día, simplemente no tenían ganas de comerse la carnada.

Lo que sí nos comimos fue la Picúa que pescó mi amigo. Yo juraba que era un pescado duro y resulta que no. Resulta que era un pescado divino. Preparado a la parrilla con ají dulce y ajo, fue el mejor pescado que me he comido en mi vida. Y aunque yo tiendo a la exageración prometo que en este caso estoy haciendo una excepción. Divino. Pero rico. Rico de verdad. A mi amigo la picúa le habrá clavado el anzuelo, pero después se la comió. Y bien comida.

Quizás lo que más amé de esta experiencia es que me sentí en la Venezuela que amo. En este lugar, a pesar de algún vestigio de color rojo. De la presencia de un cubano. De las lanchas de PDVAL. No hay Chávez. No hay oposición. No hay country club. No hay líneas divisorias entre unos y otros. No se buscan razones para mantener la distancia. Sino al contrario. Sobran las excusas para sentarse con cualquiera en una mesa y tomarse una cerveza fría. Estamos en Caruao.

Durante los dos días que estuve allí fue como si el tiempo se hubiese detenido. Hice dos llamadas. A mi primo. Y a un amigo que tenía mucho tiempo sin ver. El resto del mundo se quedó en otro planeta. No existió. Y si existía yo no me acordaba.

Jules Renard dice "El paraíso no está en la tierra. Pero hay fragmentos. En la tierra hay un paraíso roto."Siempre que uno encuentro fragmentos de paraíso, debe tomarlo con calma. No agotarlo. Dejar siempre algo para la próxima vez. Después de todo el paraíso es para la eternidad. Caruao es un fragmento de mi paraíso y yo allá dejé muchas cosas para más de una próxima vez.

En la foto: Juan David.

domingo, 27 de diciembre de 2009

VOLVER


Casi me ahogo. Me picaron unos bichos que me dejaron unas ronchas del tamaño de una lata de torontos. Me dio tremendo dolor de cabeza. Me vino la regla por primera vez en un año. Se me cayó el traje de baño tres veces. Dos veces la parte de arriba. Una vez la parte de abajo. Tuve que aceptar que todavía tengo y probablemente siempre tendré celulitis. Tengo unos rollos que no tenía antes. Discutí con mi esposo por guevonadas. Me acosté temprano. Me levanté temprano. Tuve que dormir con una almohada que parecía un saco de cementos. Tuve una pesadilla que tenía que ver con un incendio. Me quedé mirando como una idiota cómo a mi pana del alma se le clavaba un anzuelo en el pie. Me quedé con las ganas de tomar cerveza. Tuve que dormir con mucho frio y con una pijama poco abrigada. Se me enredó el pelo y ahora parece lo que quizás en algún momento fue una escoba. Tomé unas fotos que quedaron espantosas. Me di cuenta que el lente que me compré a mí misma como regalo de navidad es una mierda. Todo el mundo recibió regalo de navidad menos yo.

Pero igual. Qué sabrosas. Qué increíbles. Qué inigualables y sublimes son las playas venezolanas. Yo nado en este mar y entiendo por qué nací aquí. Entiendo que no me quiero ir. Entiendo por qué tenemos que luchar. Entiendo que como dicen por ahí: Este país es tan arrecho, tan arrecho, que de no ser por la mierda que nos gobierna, dominaríamos el mundo.

Pasé 10 días inigualables. La pasé tan bien, que regreso con una sensación de tristeza.

Lo bueno es que el mar está tan cerca, que afortunadamente haremos algo con lo que ya soñamos: VOLVER.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Al Finalizar el Tono


Qué ladilla cuando uno llama a una persona y ni siquiera te cae de una la contestadora. Si algún día veo a la tipa que hace la voz de “Al finalizar el tono su llamada será atendida por el buzón de mensajes.” Y con esa voz que uno sabe que está acompañada de una sonrisa idiota, que lo menos que refleja es alegría, sino una especie de gozo asqueroso. Como diciendo “Eso que tú quieres. Hablar con este gevo…no se va a podel.”
En fin. Mi deseo no es arremeter contra las operadoras telefónicas. Sino decirles que por unos días voy a estar fuera del área de cobertura. Este Grinch is going to the beach. Ya estamos por el clásico de mi esposo: no puedo creer que llevemos todas esas cosas. ¿Cuánto tiempo crees que nos vamos? ¿Por qué no podemos ir como Ramón? Ramón con tres niños llevaba la mitad de lo que llevamos nosotros. Estoy seguro. Yo me acuerdo.
Sí. Yo también me acuerdo. Ramón estaba igual o peor, porque su rolitranco e’ camioneta es burda de más grande que la que tuvimos que pedir prestada. Además ir con dos niños es lo mismo a ir con uno. Es la misma cantidad de mierda. En fin. Yo sólo quiero que sea Enero. Santa por favor, hazme esa segunda. Váyalo pana.
Estoy molida. Pero bueno. No estoy agarrando vacaciones. Al contrario, estaré trabajando frente al mar en el proyecto. Que me tiene cabezona, pero emocionada. Le di otro giro y de paso me metí en un taller que creo que me va a ayudar mucho. Veremos que tal le sienta el mar a esas primeras páginas de una novela que todavía está sin nombre.
¡Hasta dentro de 10 días amigos!
Y sí lo voy a hacer. Aunque diga sapos y culebras sobre diciembre.
FELIZ NAVIDAD A TODA LA BLOGOSFERA.
A ustedes que me leen les dedico una canción: All I Want For Christmas is you. Les dejo el link para que la disfruten:
http://www.youtube.com/watch?v=zvJvKyKBh-Q&feature=related

¿Cómo se pide el empate?

Pedir el empate. Suena tan común. Tan corriente. Pero, lo que ese término implica es algo que abarca la vida entera. Anoche cenando con mis sobrinitos mi esposo les pregunta:

-¿Cómo se pide el empate?

Éramos 4. De entrada los hombres dijeron a coro que ellos no dicen:

- ¿Te quieres empatar conmigo? O ¿Quieres ser mi novia? Lo clásico.

Según mi esposo no se pide. Se va dando. Según uno de mis sobrinos uno dice "me gustaría que fuésemos algo más. ¿Qué te parece?" A lo que yo dije ¡Coño de la madre! Porque ese "algo más" es el típico término masculino que corresponde al lo que se denomina: LABIA. Claro, porque al decir algo más, si a la semana se fastidia de la chama, le puede decir: yo nunca te dije que éramos novios. Algo más puede ser físico. Emocional. Amoroso. Tibio. Puede ser cualquier cosa. Pero mi sobrino me dice: tía, no es tan así. Porque como tú dices con lo de beso. Uno simplemente, sabe. Yo dije que uno se da un beso y cuando se lo da uno sabe, si va pal baile o no. Y eso también es verdad. Uno sabe. Sólo que a veces, tanto el que quiere creer que lo quieren, como el que quiere pensar que la otra persona no se están enganchando, se hace el que no sabe. En cuanto a mi otro sobrino, no contestó. Por Twitter me acaban de decir: Tiras y ya. Si no te largas antes del desayuno estás empatado. Entonces como que mi cuestión del beso era más bien mojigata. Tonta. Pre-escolar casi.

Yo recuerdo que cuando tenía como 12 años me pidieron el empate dos veces. No me recuerdo qué fue lo que me dijeron. Pero, como dijimos anoche, yo sabía. Yo sabía que había algo más. Yo sabía que el pobre niño tenía un enganche. Y yo sabía que no me gustaba. Igual, así como los hombres son guavinosos, las mujeres somos crueles y yo dije: lo voy a pensar. Y no pensé nada. Y al día siguiente dije que sí. Y a penas las palabras salieron de mi boca me arrepentí. Porque no le estaba diciendo que sí al chamo, estaba diciendo sí quiero tener un novio. Así que me escondí en las faldas de mi mamá, porque a los 12 todavía se puede. Y en amabas oportunidades, después de esconderme y decir en mi casa varias veces: si llama fulano digan que no estoy. Tuve que enfrentar mi error y decir: No quiero seguir empatada contigo.

Lo cierto es que para pedirlo hace falta una estrategia, pero para deshacerlo no hacen falta muchas palabras. Eso sí lo aprendemos de una. Y no lo olvidamos nunca. Igual que nunca olvidamos el dolor que causamos. Y el que sentimos.

Como nos cuesta a las personas admitir cuando nos gusta alguien. Es quizás el momento más vulnerable del ser humano. Hay un miedo terrible a desnudar el alma. A confesar que ese deseo máximo que llevamos dentro es estar cerca de alguien. Ese alguien que completa todo. Que tiene el poder de hacer que un día, una noche, un fin de semana, un año entero sean lo mejor que hemos vivido, o la tristeza más grande que hemos experimentado. Creo que no hay miedo más fuerte que el miedo al rechazo. Y es que sí. Lo dice alguien que lo ha vivido, porque para qué voy a mentir, el rechazo duele. Pero también duele rechazar. Y lo que más duele, el no haber tomado la oportunidad, el no haber dicho a tiempo, de frente y sin miedo: ¿sabes qué? Yo quiero estar contigo. Lo que pasa es que nos enseñan que el orgullo hay que mantenerlo. Aunque al final, como dice mi hermana, con un orgullo herido, ni ganas, ni pierdes nada. En cambio con las oportunidades que dejas pasar, sí pierdes. Pierdes todo. Y como dice la canción de Juanes, lamentablemente nunca vuelve.

Todos los rollos que uno tiene en la vida tienen algo que ver con un empate, un majarete, una esposa, una ex, un ex malpegado, un pobre diablo que nunca te olvidó, un bellito que nunca te paró, un fisiquista que te dijo: tú deberías ir más seguido al gimnasio, un papi que te abrió la puerta del carro para que te bajaras y no te quiso dar un beso, un novio que nunca te perdonó una mentira, una duda que nunca te sacaste de encima, unas palabras que dolieron, una mirada que no te devolvieron, una llamada que nunca llegó, un mail que se te devolvió, una comprobación de que te borraron del Messenger, un SMS de una sola palabra incoherente, una voz parca y monótona, un beso frio, una mano que se escurre entre tus dedos evitando el contacto, el sonido de un carro que arranca y no volverá a estar frente a tu casa.

Al final, el amor, como la vida misma es un juego. Yo siempre me imagino que somos como las piezas de un gran juego de mesa, que tienen seres superiores, entre los que está Dios, que se burlan y hacen de nosotros lo que quieren. Y en este juego, el que gana, es el que entiende, precisamente, que al ser un juego, nada es tan serio como pensamos.

Después de un rato mi otro sobrino, que no había dicho nada, dice:

"Chamo, qué tal mi amigo de primaria, que estaba empatado con una chama. No fue un día al colegio. Y se la quitaron."

Ejemplo perfecto de lo complicado que es el amor. Porque aunque cómo pedir el empate es crucial. Aunque lo tengas planeado y sepas perfecto qué vas a decir y cómo lo vas a hacer. Después viene otra pregunta igual de importante y decisiva: ¿Cuándo?

NOTA: Yo me sigo preguntando: ¿Cómo se pide?

jueves, 17 de diciembre de 2009

Kafka y los días clásicos de diciembre


Hoy es uno de esos días clásicos de diciembre. No. No estoy hablando del friito que por fin está haciendo en las mañanas, que lo hace a uno sacar la cabeza por la ventana del carro como si fuese un perro ovejero. Exponiendo, dicho sea de paso, las pertenencias materiales y la vida. Ni tampoco lo digo por ese maravilloso cielo azul que es único de la Ciudad de la Furia. Tan parecido a nosotros, que nos hace pensar al levantar la mirada, que de puro azul, no estamos viendo el cielo, sino el mar. Hoy ha pasado de todo.

Todo empezó esta mañana. Se me terminó de romper el cosito de la alarma del carro. Está ahora separado de la llave. Cada uno por su lado. Y por más papel peguita (como dice mi mamá) que le pegue, nunca volverán a estar juntos. Así que algún día se perderá y me quedaré varada en un lugar patético como el Tolón y mi esposo tendrá que ir a buscarme arrecho, y cuando llegue, nos daremos cuenta de que el bichito de la alarma de las llaves de repuesto no sirve. Y yo no hice nada. Y me va a decir y lo peor es que sé que lo sabías porque lo escribiste en el blog.

Decidí que me iba a hacer unas mechas. Tengo tiempo pensándolo. Me lancé hoy. (Por cierto, no sé qué me hice porque salí de la peluquería a las 12 y nadie me ha dicho nada. Ni verga, pareces un Leopardo, como pasó la última vez.) Justo antes de salir me llaman de casa de mi hermana, que se fue de viaje. El gato está malísimo. El pobre Merlín. Merlín tiene leucemia y más bien ha durado demasiado. Pero ya. Ahora sí. Tenía dos días escondido, salió anoche, en las últimas. ¿Qué hacemos? ¿Lo llevamos al veterinario y que nos clave la dormida? ¿Esperamos a que se muera? ¿Qué le digo a mi sobrinito que adora a su gato? Empiezo a llamar a mi hermana. La cuenta del celular le va a salir en 5 millones por el peo del gato. Al final, decidimos llevar el gato al veterinario. Voy a salir para allá. El gato se murió. Ahora, ¿Qué hacemos con el gato muerto? ¿Lo enterramos en el jardín? ¿Dejamos que se lo lleve el aseo? Nadie sabe.

Me voy a la peluquería, mientras mi hermana decide qué hacer. Al llegar veo que es como si todo el guevón que no se ha ido de vacaciones decidió irse para esa cuadra. No había puesto ni trancando los carros que se paran enfrente de la peluquería. Debe ser porque cerca hay un banco y todos los pobres infelices estaban yendo a sacar las utilidades para comprar porquerías para los amigos secretos. Tuve que estacionarme como a tres cuadras y bajarme del carro todo el tiempo diciendo: San Bernardo Patrón, que no me joda un ladrón.

Llego a la peluquería. Estaba atestada. El ya te atiendo que me dijeron por teléfono quería decir: en vez de a las 10 te atiendo a las 11. Me siento a esperar. Me llama mi esposo. La esposa de su papá tiene culebrilla. Llamo a mi hermana. Es como llamar al 0800-PANICO. Empieza con, eso se pega. Eso es horrible. Eeessooo pueeedeee deeejarrr secuelas. Ni Marina Baura se tira un parlamento tan dramático. El novio de mi otra hermana que es médico escribe por mensajito: altamente contagioso. Listo pues. Encontramos al mono del ébola perdido por Caracas. Llamo al pediatra. Dice, no es contagioso. Pero, mejor evitar contacto. Después empieza a llamar todo el mundo que la cura para la culebrilla es buscar un brujo y darse unos ramazos. Después me llama mi mamá y me dice, que cuál es el tercer mundismo. Que le arrecha el pánico. Que a mi abuela le dio y vivió 20 años más. Que la culebrilla se le quitó, y lo que pasa es que desespera porque tarda en curarse.

Mientras todas esas conversas por teléfono, me levanté de la silla donde estaba sentada para alejarme de los secadores y escuchar mejor. Acto seguido una vieja abusadora, no una vieja, corrijo, porque una vieja lo hubiese entendido yo. Una tipa se sienta en mi silla. Y cuando regreso mira para el techo como si yo fuera idiota. No digo nada. Es diciembre. No voy a estar peleando con una maleducada que se roba la silla de otra persona, cuando además había una vacía al lado, como si estuviéramos en kínder. Pero me hubiera encantado estar en kínder para jalarle los pelos y morderle un brazo, así llamaran a mi mamá. No joda.

En eso la tipa se para y le van a lavar el pelo y entra a la peluquería una vieja, vieja de verdad. La tipa entra y alguien dice ¿Qué le pasó? Y la señora contesta: Ay mija, me caí. No le veo nada raro y empiezo a leer mi libro. Al rato la vieja regresa con el pelo mojado, y la sientan en la silla que estaba al lado mío para secarle el pelo. Volteo para sonreír y saludar, aunque no la conozca, porque además es de esas viejas que dicen todo lo que piensan: "ay esta silla aquí es donde me tengo se sentar, verdad. Sí ya me voy a sentar, ay es que todavía estoy adolorida de la caída. Será que busco una revista. No mejor no, porque si me pongo a mirar para abajo me voy a marear." Yo iba a sonreír pensado: Ok. A callar. Cuando volteo veo que la vieja tiene un hueco en el pelo como de 4 dedos, justo en la parte de atrás del coco, y como seis puntos, así negros amarrados, con sangre y manchas amarillas de algo que después dijo que era Povidine. Casi. Casi. Me voy de culo y eso que estaba sentada. De verdad, sentí como si por un momento el piso se estuviera bajando como a tres mil por hora. Mal. Mal.

La vieja empieza no me seques los puntos. Cuidado con los puntos. No me puedes echar aire en los puntos. Todo el mundo me dijo que estaba loca de venirme a secar el pelo. Que si no me podía esperar 7 días a lavarme el pelo. Están locos si piensan que yo aguanto 7 días con un pegoste en el pelo. Yo pienso esto es el colmo del dicho, Primero Muerta que Sencilla. La mujer estaba histérica con lo de los puntos. Le decía a la peluquera. Estas muy cerca de los puntos. No me los toques. Cuidado, siento que me estás tocando cerca de los puntos. Después la pobre dice: Bueno, no estoy tan mal como Benito. Benito se cayó de la cama y se fracturó toda la cara. Lo tienen que operar. Yo me caí porque se me enredaron los pies. Él se cayó de la cama. ¿Con qué se habrá enredado? Pienso coño, qué mierda. Para allá vamos todos.

Terminan mis mechas. Me siento contenta. No parezco la mascota del mundial, con la cresta verde. Corro al carro viendo para todos lados pensando que me veo como Jack Bauer, cuando en realidad en la calle deben pensar que ando buscando a alguien que venda droga. Casi me caigo. Dos veces. Mi hermana me escribe, el gato que se lo lleve el aseo. En eso me llama mi mamá: tu papá no sabe manejar silla de ruedas. Me suelta en las bajadas y yo no tengo fuerza para frenar. Atropellé a un transeúnte. Era una modelo, pero no le pasó nada. Y se muere de la risa. Están locos. Como que la culebrilla sí deja secuelas.

En eso llega a una amiga y me dice: Vendo anillo de compromiso. Yo creo que le saco 1200 fácil. Veo que anuncian la ley popular de no sé qué coño. Medio la leo, ni se entiende. Estoy harta de estos peos. Cuando haya una protesta me avisan. Pero ahorita no me amargo más. Voy a comprar café descafeinado. No consigo. Me arrecho dejo el carrito como con tres o cuatro cosas y me voy del súper. Seguro pensaron otra cleptómana que se robó algo así como una lata de berberechos. Voy a comprar un regalo de navidad que me falta. Me compro un escapulario porque me merezco un regalito no joda. No me quieren conformar el cheque, pero al tipa de la tienda me dice. No le pares. Cualquier cosa te llamo. Mi mamá me escribe que si se murió la mamá de un amigo. Me asusto. Averiguo. La regaño. Por qué las viejas andan regando algo que nada qué ver. Al rato me dicen que era la abuela de mi amigo la que murió.

Entrego los regalos de navidad. Me dio por ser hoy Santa Claus. Fuck esperar hasta el 24. Me siento rara. Mi esposo me dice: yo no te tengo nada. Qué quieres. No sé. Me parece chimbo decir qué quiero. Me gustan las sorpresas, así cuando lo abras sean las gaitas de Joselo. Pero es una sorpresa. Al final le digo. Unos pececitos. No sé por qué. Yo detesto las peceras. Él lo sabe. Al rato me dice. ¿De mar o de comer? Si me trae una pecera, ya no se las puedo dar al gato. Y mis sobrinos ya crecieron y ya no van a meter las manos y a sacar los peces y tirarlos por la poceta o por la grama.

Invito a mis sobrinos a comer sushi. Les tengo que decir que el gato se murió. Como el gato se murió iremos a comer pescado. Comida de gato. Como yo pedí pececitos, y de comer es una opción, iremos a comer pescado. Me llega un mail que puedo participar en una cuestión de cuentos en Chile. Si me llegasen a escoger publico un cuento. No tengo el cuento. El que hace 24 horas me parecía genial ahora me parece una plasta. Me pica un mosquito en el cachete. Mi sobrino me dice que el chamo que lo iba a traer echó carro, literalmente le digo: dile que te tiene que traer porque tú tía es una amargada y si no llamo a su papá. El chamo me escribe: a las 8 llego. No le he dicho a mi esposo que vamos a comer sushi, seguro va a decir que no. Pero ya prometí, además el gato se murió. Hay que hacer algo. Tengo que llamar a mi amigo a darle el pésame por lo de la abuela. Terminar de envolver regalos para dárselos a la familia de mi esposo, con todo el culillo por la culebrilla.

Diciembre es un mes escrito por Kafka. Hoy es un día clásico de diciembre.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Torta de Plátanos


Anoche me lancé. En medio de un ataque atroz de flojera, a hacer la Torta de Plátanos. Tengo que empezar por decir que una cosa son las recetas de Julia Child, y su “beuf bourgignon,” y otra cosa muy distinta es la Torta de Plátanos de Armando Scanonne. No joda. Primero, como verán abajo, la receta es un grasero que lo deja a uno mínimo con una arteria principal tapada nada más un mordisco. Adiós trajebaño estas navidades, mi culo se ensanchó por lo menos dos centímetros a cada lado. Después, encontré fácilmente todo menos el papelón. Esta ciudad es insólita. Uno va a un automercado y consigue unas aceitunas importadas con relleno de balleno del Mar de Norte, que cuestan 450 mil bolos la latica de 12. Pero, no consigue una simple y criolla panela de papelón. Así que tuve que esperar a que mi esposo me la trajera del super debajo de su oficina. Por supuesto tuvo que hacer una cola como de hora y media, porque en la cola de 5 artículos o menos se mete gente que piensa que artículo se refiere a “carrito lleno de cosas.”
Total, que agarro, leo mi receta y me dispongo a empezar. Lo primero que dice la receta es: ponga en una olla a calentar el papelón (cortado en trocitos), los clavos de especia, y el agua. A buena hora me dices que el papelón va cortado en trocitos. Yo tengo en una bolsa una panela de papelón que ni un caballo de esos percherones que arrastran carretas es capaz de romper. Así que me toca ponerme a darle con un cuchillo como si fuese la protagonista de Halloween 27. Hasta que llega Espe, que tiene toda la vida en mi casa y me dice: “Ay no mija. Así no se pica el papelón.” Medio me enseñó, pero pasé horas. Primera conclusión: soy mujer debilucha que no puede con panela de papelón. Segunda conclusión: me provocó enormemente un vaso de papelón con limón.
Una vez resuelto el tema del papelón, pongo todo en la olla y lo pongo a fuego fuerte como dice la receta. Cero rollo. Pan comido. Pasamos al tema de pelar y picar los plátanos en tajadas. Menos mal que los plátanos maduros son fáciles de pelar. Yo los pelé como un cambur. Pero algo me dice que la gente “que cocina” no pela así los plátanos. Me sentí como una idiota. Sigo leyendo la receta, a ver si dice algo sobre la picada de los plátanos, los cuales ya sabía que después tenía que freír uno a uno en tajadas, cuando veo que dice: alrededor de 45 a 50 tajadas. Pienso: ¡El coño de tu madre! Osea, que hay freir, dos minutos por cada lado, 50 tajadas. Ni que fuéramos a montar un puesto de pabellón afuera del estadio. De verdad estuve a punto de tirar los plátanos al piso y dejar que se los comiera el perro. Pero no. Los piqué en diagonal, jamás pensé en la ciencia de cortar plátanos en tajadas, pero sí, tiene su cosita. Las primeras me salieron sumamente amorfas.
Una vez cortados fui a por el aceite. Cabe destacar que en este momento había que precalentar el horno, cosa que por supuesto, no hice. No leí bien, me salté eso, estaba tan estresada con el rollo de las 50 tajadas, pensando que a las 3 de la mañana todavía estaría ahí a medio freír de plátanos. Había que revisar el melado de papelón que se dejaba 10 minutos, tampoco lo hice. No sé cuántos minutos llevaba. Pero al ratico cuando me percaté de la olla, no estaba listo. Me hubiera gustado decirle a Scanonne, 10 minutos será en cocina industrial mi pana.
Así que me pongo frente a mi cocina y me dispongo a darle, cuando Espe me dice: “aaayyy, y tú vas a freír todo ese poco de plátanos para ponerlos en esa torta. ¡Qué grasero! ¡Qué horror!” Efectivamente no lo había pensado. Espe que es la cocinera más arrecha que existe en este hemisferio, me explica que el plátano maduro absorbe grasa como uno no tiene idea. Que cómo me voy a comer eso si estoy amamantando, qué horror. Que los hubiera horneado, pero ya es muy tarde, porque están pelados los plátanos. Que si no, los fría un pelo en mantequilla y no en aceite, y no uno por uno, sino todos juntos. Así que, le hago caso.
Pongo todos los plátanos en un sartén y lo primero que veo es: puré de plátano. Pienso “la he cagao.” Pero no se cagó. La gente que tiene experiencia, tiene experiencia por algo. Se frieron bastante bien. No es que hayan quedado light pero quedaron bastante bien. Mientras, el melado estaba listo, o al menos parecía estar listo. Así que me dispongo a meterlos en el pirex, que primero hay que enmantequillar. La verdad es que olor de ese melao era una cosa del más allá. Un olor de esos que parece que uno estuviera masticando unas flores, que da una sensación de bienestar, como de acercarse a las nubes. Se me fue abriendo el apetito, a toda velocidad. Pongo la capita de tajadas, después le pongo encima queso blanco duro rallado, que estaba divino, saladito, y su capita de melado.
Cuando voy por la segunda capa veo que cae de la olla del melado un animal extraño. Empiezo a gritar, como una loca, “¡una mosca en el melado! ¡Una mosca en el melado! Se jodió. Se jodió toda la torta de plátanos.” A lo que me regañan por escandalosa y alarmista, ya que aparentemente en el papelón hay abejas y no moscas. Es totalmente normal. Así que llego a la conclusión tres: creo que quiero repensar lo del papelón con limón. Y además soy la propia Miss Aragua, solo que un poco más bajita y un poco más gorda.
Cuando estoy terminando ya la última capa, me dice “y lo vas a hacer con o sin huevo.” Yo digo “¿Huevo? ¿Qué huevo? ¡Coño los huevos! Sí. Sí. Con huevo. Con huevo.” Se me había olvidado que había que batir unos huevos y echárselos por encima. Qué piña china Dios. Así que a buscar el par de huevos, que además había que ponerles agua y dos cucharadas del famoso melado. Total, que hago mi mezcla, se la echo encima. Se ve bastante raro y poco apetitoso con el poco de huevo batido. Y me dispongo a meterlo al horno, cuando me di cuenta de que no lo había precalentado, pero que no cunda el pánico. Se mete igual, no ha pasado nada.
Había que esperar 40 minutos. A los 50 grito “¡Mierda, la torta de plátano!” Salgo corriendo. Quedó bien tostada, pero no se quemó. Yo quedé inmunda. Agotada. Y eso que esta receta es fácil. Que tal que me hubiera tocado hallacas. Definitivamente me va a costar recuperar el gusto y la dote por la cocina. ¿Será que hay habilidades que cuando uno deja de usar se pierden para siempre? No sé. Eso está por verse. Ahora, menos mal que no hice el reto del libro completo, porque estaría ahorita camino al sanatorio del seguro social en Sebucán.
En cuanto al sabor de la torta: Nada mal, esa mezcla entre lo dulcito del plátano, con el toque saladito del queso, y el puntico melcochoso del melado. Nada mal. Nada mal.
En ese momento Espe me dice: pero no le pusiste todo el melado. La miro de reojo. Lo ligué con agua, le eché limón.
Conclusión cuatro: el papelón con limón es como la Ciudad de la Furia. Con bichos raros y todo da como cosa, pero vale la pena, ¡Qué bueno es!

Abajo las fotos. Suficiente cocina. Regreso a escribir. ¡Gracias a Dios!








Ya que no se consiguen carros. Ni modo. En la Ciudad de la Furia todo se vale.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Que siga jugando golf


¿Cómo se sentirá ser Tiger Woods? No. No me refiero ahorita. Ahorita debe ser como la mierda. Aunque digan que hay niños en Africa que están peor, que hay gente que vive tragedias reales, todo eso lo entiendo, pero Tiger Woods ahorita se debe sentir como la mierda. Yo hablo de antes. En realidad, no soy fanática del golf. Así que no sé nada de la biografía del hombre. Sólo sé que es un tipo que tiene un talento extraordinario, que ha roto yo no sé cuántos records de campeonatos por todo el mundo, y como todo deportista famoso se mete una bola de billete y tiene una esposa que es una de esas mujeres que como dice Carry Bradshaw en Sex and the City "están ahí, sólo para hacernos sentir mal."

Yo me imagino que Tiger debe ser una de esas personas que arrastra las bolas de tanto que le jalan. Deben llegar las pobres 10 minutos después que él. Las mujeres se le tirarán encima. Me lo imagino yendo al baño en un restorán y una tipa entre pidiéndole que le firme las tetas. Me imagino que la maestra no se atreve a regañarle al hijo. Me imagino que si el tipo hace una reservación para ir a cenar jamás le dicen que no hay puesto, o lo sientan al lado de la puerta de la cocina. Seguro si el tipo quiere ir a un museo lo cierran. Si va a un concierto de Madona la mujer pide que por favor pase al camerino a saludarla y seguramente también le pide que le firme las tetas.

Estoy segura que Tiger Woods tiene una de esas casas tipo Epcot Center. Le provocó una piscina, se la hizo. Le provocó un cine, se lo hizo. Debe tener sauna. Cuartos para invitados que jamás va a invitar. Un golfito para practicar con su chamos. Un golfote para practicar con el entrenador. Seguramente no regaña a la esposa si la tipa revienta la tarjeta de crédito. Quizás lo único que esté en su contra es que como todo ser humano tiene que hacer dieta, y quién quita. A lo mejor alguna vez en medio de una partida de dieciocho hoyos le dio diarrea y se las vio negras tratando de llegar al baño. A lo mejor ni siquiera llegó y todavía el caddie se burla en su cara.

Lo cierto es que Tiger seguramente es una de estas personas que tienen tanto, tanto, que hace como los perros que se tratan de morder la cola. Da vueltas sobre su propio eje sin saber para dónde ir. Estilo Michael Jordan cuando intentó jugar baseball. Tiene todo, o casi todo, le falta la ambición, el reto, esa ansiedad de tener una meta, pero no una meta cualquiera, sino esa meta que tenía de chamo de ser un jugador de golf como jamás hubo uno. Una meta que es la razón de vivir. Como en teoría tenemos todos. Los normales. Que soñamos con cosas, así nos atrevamos a lanzarnos a por ellas o no.

Tiger en medio de su confusión le dio por irse por las putas y las amantes. Como le ha pasado a gente estilo Hugh Grant y Bill Clinton. Una cosa que en el fondo, puede que sea mal vista, pero es humana y nada tiene que ver con su talento como deportista. Yo sinceramente dudo que vaya a haber más hombres infieles en el mundo, porque irse siguiendo el ejemplo de Tiger Woods. Creo que más grave es Maradona que cayó en las drogas. O los jugadores de baseball que se inyectan esteroides. O los que no hacen caso omiso de las reglas del Fair Play y patean y hacen zancadillas y dan empujones en los partidos que juegan. Es un equipo de Francia que acepta un pase al mundial en base a un partido que sabe que no ganó honestamente. Esos sí son malos ejemplos. Lo que un deportista haga o deje de hacer en su relación marital, difícilmente cambiará al mundo.

Sinceramente creo que hay mucha hipocresía, mucha envidia, mucha doble moral. Como dice el dicho, cuando apuntas un dedo a los demás, estás apuntando tres a ti mismo. Me pregunto cuántas de las personas que acusan a Tiger se comportan como parejas intachables en sus relaciones. En fin. Creo que mi esposo tiene razón cuando dice. "Total, le dio por irse de putas. Qué siga jugando golf."

jueves, 10 de diciembre de 2009

Punto de Vista…erróneo y Torta de Plátanos



La novela va avanzando. La idea ya la cuadré. Lo consulté con mi esposo y me dijo "está cool. Está muy cool" Creo que eso es una buena señal. Ya me lancé a escribir. Me sentí como Forrest Gump cuando se lanzó a correr. A ver dónde vamos a parar. Lo único que voy a adelantar es que son dos voces. A medida que las fui creando me empezó a preocupar el hecho de si las estaba diferenciando bien o no. Es decir si las voces estaban bien plasmadas. Si el lector sentirá que tiene el punto de vista de dos personas distintas. ¿Qué me doy cuenta? Que estoy escribiendo en tercera persona y no en primera. Y con tercera persona no funciona. Así que me toca cambiar el punto de vista. Es decir tengo que empezar de cero. Pero no importa, eso no quiere decir que lo que ya llevaba escribo no sirve, simplemente tengo que darle la vuelta. Mejor ahora que a mitad de camino. Igual es un logro, porque me estoy involucrando con la historia. Estoy contenta. De verdad que estoy contenta.

Así que he decidió que entre viernes y sábado voy a hacer mi primera receta. Abrí el Scanonne y me salió la página que tiene Torta de Plátanos. Eso es lo que voy a hacer. Me siento bien porque me gusta full la torta de plátanos. De hecho yo he llegado a pensar que uno no debería hacer una comida sin plátano. Realmente muero por un tostón y mi esposo me enseño a comer algo que estoy segura me quita años de vida cuando me lo como. Es un plato full de tostones, lleno de queso y salsa rosada y picante, y me imagino que toda la mierda que encuentran en la cocina que ya no hayan qué hacer con ella. Así que mañana estaremos degustando la tortica. Veremos que tal. Lo otro bueno es que no hacen falta demasiados ingredientes, así que no debería tener problema consiguiendo las cosas.

Ya contaré como fue en esta aventura culinaria. Seguiremos informando.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Culebra Pitón vs Gemelos Fantásticos


Este asunto es tragicómico. En realidad es más trágico que cómico. El otro día escucho en la radio que en uno de estos programas donde entrevistan a todo tipo de gente, anuncia como invitado a un "experto en seguridad." Lo primero que me viene a la mente es, que a menos que sea Batman o Superman, yo dudo que este "experto" pueda decirnos algo nuevo, o algo que sirva. Perdí el nombre del señor por andar imaginándome a un tipo con mayitas azul marino, guantes, capa y antifaz llegando a los estudios de Unión Radio para contarle a Carla Angola, o a la locutora en cuestión, su visión sobre el estado de la inseguridad en el país.

Lo cierto es que el supuesto experto empieza a hablar, y yo lo único que puedo pensar es que si esas son las conclusiones a las que llegan los expertos, con razón estamos tan jodidos, porque eso lo deduce cualquiera nada más con leer la primera plana de algún periódico. El hombre decía cosas como "todos los fines de semana asesinan a decenas de personas." Lo sabemos. "La gente no pone la denuncia porque tiene miedo." También. Lo sabemos. "Las cifras extraoficiales arrojan más muertes que las cifras oficiales." Aja. Sí. Daaaa. ¿En qué país vives? "Que ahora con el mes de diciembre la inseguridad tiende a ponerse peor, sobre todo alrededor de las quincenas." Ok, ahora somos nuevos en esta vaina, eso es más viejo que la Cruz del Ávila. Total que siguió diciendo esas cosas que ya sabemos, que el robo de vehículos ha aumentado un ochocientos mil por ciento. Que se registran decenas de secuetros express a diario. La que juran que nadie sabe, que las policías están infiltradas por los malandros. O sea amigo, hay un dicho "de la policía líbrame Dios que del choro me libro yo." Y de repente el hombre decide que cual Martin Luther King, él va a mandarle un mensaje a la población:

- Yo le quiero decir a todos los que me están escuchando. Que cuiden la vida al salir a la calle.

Sonido de grillitos. La entrevistadora se quedó así como esperando esa voz que decía "Y con ustedes…Rooocíiioooo Duuurcall" Pero hizo la pregunta que me imagino nos hacíamos todos los radioescuchas en ese momento:

- Y dígame Dr. Chimbín. ¿Cómo se puede hacer para cuidar la vida? ¿Qué pasos deben tomar los ciudadanos cuando salen a la calle? Porque, como están las cosas uno diría que ya lo que queda es encomendarse a la virgen.

A lo que el hombre, me imagino se dio cuenta de que acababa de decir una barbaridad y después de una breve pausa y un titubeo, dijo:

- Sí. Claro. Eeee. Sí es eso. Encomendarse a la Virgen y a los Santos y a Dios, realmente es lo único que podemos hacer para cuidarnos del hampa. Y bueno estar pendiente en la calle, no distraerse.

Ok. A eso hemos llegado. Al punto en que lo "expertos en seguridad" lo único que pueden recomendarle a uno es que ande con la cartera llena de estampitas. Que le pongamos al carro una calcomanía de "Virgencita Plis Cuídame." Que nos guindemos un rosario al estilo de pucas al cuello y unos brazaletes tipo Dalai Lama en los brazos. Yo sentía que antes de finalizar la entrevista el hombre iba a salir con que:

- Bueno. Usted se puede comprar un anillo bien grandote. No tiene que ser de verdad, puede ser de piñata, pero que tenga una especie de piedra de color. Y se lo da a su acompañante, porque uno nunca debe salir solo. Entonces, si usted ve que lo van a atracar, juntan los anillos y gritan bien duro: "Poderes de los Gemelos Fantásticos: ¡ACTIVENSEEEE!" Previamente escogen quien se convierte en animal y quien se convierte en objeto de hielo. Eso sí, no se vaya a convertir en osito cariñoso o pequeño pony, escoja algo como tigre o león, y el perol del hielo, que sirva también, no se ponga a inventar que sin con lacito de pelo de hielo, o corazón helado. Escoja algo que asuste.

Realmente es preocupante. Ya la gente no haya qué hacer. Yo he pensando que lo mejor es irse por los métodos menos ortodoxos. Fuera alarma, fuera tranca palanca, nada de vidrios ahumados, ni gas mostaza, me quedo con las estampitas, pero además, estoy pensando que ya que hemos llegado a esto, me voy a guindar una culebra en el cuello. Sí. Me voy a buscar una pitón bien grande, le voy a poner de nombre Úrsula y ladrón que se acerque, ladrón que lo muerden bien duro. Mínimo, si no les da miedo, pensarán "nooo vaaale, esa geva lo que está es loca." Además, yo agarré una hace tiempo y me la puse en el cuello, y no me pareció tan babosa. Eso sí, si la tipa apretaba me iba a dejar lista para una sopa de fideítos. Creo que es hasta ahora es la mejor opción, porque lo de los gemelos fantásticos, lo veo como difícil. Si alguien tiene otra idea. Bienvenida.

martes, 8 de diciembre de 2009

¿Será que somos felices y no lo sabemos?



 

La semana pasada estuve en el club de lectura (sí, hace ya más de seis meses le eché plomo y es una nota) y me puse a hablar con un nuevo miembro. Es el tío de uno de los que comenzó con nosotros, y es uno de esos señores que cuando uno conoce uno siente que está hablando con alguien así como el mago Merlín. Como le dije después al chamo, quedé enamorada del tío. Si uno pudiera escoger a sus tíos, sin ofender a los que ya tengo, yo haría una fuerte puja por escoger a este. De más está decir que le andan buscando novia y señoras que estén por la edad, pónganse las pilas porque es un partidazo.

Estábamos hablando de un libro de Ray Bradbury que se llama Crónicas Marcianas. En parte, una de las cosas que uno logra ver con el libro es que el ser humano lo que toca, lo destruye. El tío de repente nos comienza a hablar de cómo para él las cosas no son tan turbias como nosotros las pintamos. Porque después de todo Bradbury escribió ese libro en el año 50 o antes, y en ese momento vaticinaba un control sobre el intelecto y sobre el pensamiento (estilo Orwell) que al final no se cumplió. Al final el mundo es mucho más abierto y más tolerante de lo que jamás se imaginaron quienes tenían una veintena de años en plena Guerra Fría, Bradbury incluido.

Pero el tío, el tío Armando, lo ve todo con otros ojos. El dijo abiertamente que cuando él era joven la gente se casaba para tirar. Literalmente. Los vírgenes, cosa que yo pensaba que realmente no existían, se casaban para salir de aquel clavo que les habían metido en el cerebro las sociedades puritanas. Era una sociedad en la que realmente la gente no sabía qué iba a ser del mundo. Había una guerra atómica en puertas. En fin. Hoy en día, somos más libres. Hoy en día las mujeres llaman a los hombres. Les mandan flores. Hoy en día vives con el tipo antes de casarte. Hoy en día si el tipo pretende que te quedes en la casa lavando pañales llenos de buche, cuando llegue en la noche tiene sus maletas en la puerta de la casa. Hoy todo se divide. Hoy el gay no tiene por qué estar encerrado en el closet.

Sí. Vivimos en la era de series como The L Word. Ross se casó con una lesbiana y se lleva tan bien con ella, que la llevó al altar cuando esta se casó con la mujer que desbarató su matrimonio. El papá de Chandler es un travesti interpretado por Kathleen Turner, quien tuvo cero rollo en disfrazarse de hombre, disfrazado de mujer. Este es el mundo en que quien está harto de un noviecito le manda un SMS diciendo: "pinta un bosque y piérdete" y se ahorra todo aquello de no eres tú soy yo. Es el mundo en que no hace falta contratar un detective para averiguar si el marido tiene un cacho, porque seguramente en Facebook podrá encontrar algo que lo delate.

Este es el mundo en que si uno se siente solo nada más con abrirse una cuenta de Twitter de algún lado sacará un amigo. Así sea un chino con un nombre como Tin Ton Ta, que tampoco tiene a nadie y que busca desesperadamente el contacto humano. Este es el mundo en que probar la marihuana no significa que uno es drogadicto y dañado. Es el mundo en que la gente está dejando de fumar porque la presión sobre el cáncer aumenta. Es un mundo en que hay antibióticos y estaciones espaciales, y a todos los deportistas de la ATP le hacen la prueba anti esteroides. Vivimos en una sociedad, a nivel macro al menos, en que uno entra a una librería y en la sección historia encuentra libros sobre marxismo y capitalismo. Es más, hasta los puede comprar los dos a la vez. Es un mundo en el que uno puede mandar un SMS a un programa de televisión diciendo: Chávez es un cerdo. Y va a salir publicado.
Es un mundo en el que uno no necesariamente se tiene por qué calar el acoso sexual del jefe, y si a uno por ser mujer lo dejan fuera de una reunión, tiene cómo para un rollo. Es un mundo en el que los padres tienen descanso post-parto para estar con sus hijos y apoyar a sus esposas durante ese momento. Es el mundo en que la violencia familiar no es nada más física, sino verbal. En el que si tienes un psiquiatra no significa que estás loca. En que si tu pareja tiene un problema puedes ir a terapia y aquello es de lo más normal. Quizás lo que te la salve. En que si te montan cachos y te humillan, estás en tu derecho de buscarte a alguien que sí te valore. Es el mundo en el que puedes usar el nombre y apellido que te dieron tus papás durante toda tu vida, sin pegarte al de un marido o tener que decir, soy fulanda DE tal, como si te hubieran comprado.

En fin, hay millones de cosas que son positivas sobre la sociedad en la que estamos metidos. Las redes sociales, la internet, los blackberrys. Quizás una de las cosas que todavía parece que no cambia es que para montarse en un avión hay que pagar una pequeña fortuna, esperar horas y sigue habiendo turbulencia en los vuelos. Pero entonces ¿Por qué uno a veces es tan negativo? Uno es capaz de agarrar todas las cosas que acabo de nombrar y darles la vuelta. Pensar en que todavía no hay cura para el cáncer y que al menos en Venezuela pronto los únicos libros que encontraremos en las librerías serán biografía de la familia Chávez. Uno a veces siente que el mundo desde el 11 de septiembre se volvió más paranoico, más desconfiado. Que antes todo era mejor, porque al tirar no se pensaba en el SIDA y al comer nadie andaba con el rollo de "mezclar carbohidratos con proteína es lo pero del mundo"

Claro, que para nosotros, el vivir en Venezuela en estos tiempos más bien aterra. Cada día nos sentimos más presos. Más vigilados. Ya no es sólo por el gobierno que intenta adueñarse de todos aquellos espacios que puedan servir de germinador para amenazas al control que ejercen sobre el país, sino que además está el crimen, que según me dijo un amigo ayer, cada vez es más organizado.

Yo confieso que tiendo a pensar así. Que son muchos más los días en los que dudo, que los días en los que me levanto por la mañana y pienso como Bob Marley "Everything 's gonna be alright." Últimamente está de moda todo lo que tiene que ver con los años 80. Y he pensando escribir sobre eso. Sobre esa obsesión que hay de traer de regreso desde las hombreras hasta los cintillos fosforescentes. Uno ve carteles en la autopista que hablan de conciertos de Guillermo Dávila, Karina, hasta Colina está de regreso, y series como 90210 y Melorose Place y todo aquello de esos años entre el 86 y 94 más o menos, en que ahora decimos a todo gañote: "Éremos felices y no lo sabíamos."

Pero, ¿realmente lo éramos? Ya no recuerdo qué añorábamos en ese entonces. ¿Sería algún pasado no muy remoto? O en los 80 soñaba uno con que llegara el año 2000, y viendo hacia adelante pensábamos saber que en el futuro seguro seríamos felices. Ese futuro que imaginábamos con carros voladores y autopistas espaciales, como si fuéramos Michael J. Fox en Back to the Future.

No sé. A veces pienso. ¿Será que somos felices y no lo sabemos? Y si lo somos, ¿Qué estamos esperando para disfrutarlo?

domingo, 6 de diciembre de 2009

Conversación extraña con mamá

Hay conversaciones que uno nunca debería tener con su mamá. Como esta:

Mi mamá: Me prestas tu collar rojo.

MZ: Sí. Agárralo.

Me le quedo viendo.

MZ: Má. Se te ve el sostén.

Mi mamá: Sí yo sé.

MZ: ¿No te vas a poner un topsito, un fondito, algo?

Mi mamá: No. A esta edad no me importa.

MZ: Má. De verdad se te ve todo el sostén y la barriga. Es trasparente.

Mi mamá: De verdad que no me importa.

MZ: Má. De verdad, ¿Vas a salir asi?

Mi mamá: Ya me fui.

Cabe destacar que la camisa que tenía puesta tenía un estampado de culebra y era muy trasparente. ¿Qué está pasando? ¿Cuál de las dos está más vieja? ¿Yo voy a ser así a los 70 años? Hija, desde ya, perdóname. Pero, con razón. Yo vine de alguna parte. Aunque como dice mi hermana, ya estamos como viejas para seguirle echando la culpa de todo a mami. Igual. Yo le cuento esto a un psiquiatra y me bota del consultorio. Con razón le puse al blog: Ayúdame Freud. Hablando de eso ¿Freud dijo algo sobre camisas transparentes de animal print de culebra? No. El cobarde ese se quedó en un piche tabaco. Así cualquiera.

Esto es demasiado intenso para un domingo. Extraño cuando el peo era el no haber ido a misa.

jueves, 3 de diciembre de 2009

¿Noche de Paz. Noche de Amor?



Foto Cortesía de Manuela Zárate jodida tratando de salir de un centro comercial en pleno diciembre

Yo sé que hay gente que se pone toda rosada y alegre apenas empieza a sonar (generalmente a mediados de Octubre, y algún día será en Agosto, ¡Por Dios!) por la radio "Cuando voy a Maracaibo y empiezo a pasar el puente"…. Es esa gente como mi mamá. Que tiene seis cajas en el sótano que dicen Adornos de Navidad. Que guinda bichitos que suenan en las puertas. Que tienen una media de navidad con su nombre, que además nunca llenan (¿Qué coño se pone en una media de navidad?). Que tiene un puto arbolito, que tiene más luces que un partido de baseball. Es esa gente que el primero de diciembre le empieza a decir a todo el mundo: ¡Feliz Navidad! Y se viste de rojo y verde, o verde y blanco y si tienes puesto algo dorado te dice: "Aaaaayyyy, estás celebrando la navidad." Es la típica gente que mientras hace pipí canta "corre caballito, vamos a Belén" y que no puede tener ningún tipo de evento en el que se reúnan tres o más personas porque dice: "Ay. Ya sé. ¡Vamos a jugar al amigo secreto!"

Después está la gente como uno. Y a uno lo llaman Grinch. Yo no sé si soy Grinch. Pero confieso que últimamente se me ha incrustado la navidad.

Yo no fui siempre así. Yo antes me tripeaba aquello de "Si la Virgen fuera Andina, etc." Es más, recuerdo que disfrazábamos a mi cuñando de Santa para que le llegara de sorpresa a mis sobrinitos. Esa era la mejor parte. Empezando por lo cómico que era verlo a él, que es guerrero para algunas cosas, pero no para enfrentarse con malos olores y cosas sucias, meterse en unos pantalones que olían a mapurite por pasar guardados el año entero. Era de verdad, como meterse en la ropa de un borrachito de la calle. Sin mencionar que las barbas de Santa, porque el disfraz era profesional, olían a saliva seca, cosa que después del cadáver es el peor olor sobre la tierra. Su cara era un poema. Además le hacíamos cachetes con algodón. Le metíamos almohadas para que se viera gordo y mis hermanas y yo lo empujábamos de un lado al otro, gozando un puyero viéndolo sufrir. Claro que lo mejor lo guardábamos para el final: el maquillaje. Nos fajábamos a ponerle polvo y colorete, mientras él decía: "¡Ya vale, yaaaa!" Y nosotras: "No cónchale, te van a reconocer." Y así, por un ratico teníamos de nuevo una muñeca.

Pero había otras tradiciones. Había patinatas. Estaba la cruz del Avila. Las hallacas. En mi casa siempre había una con un lacito rojo para mí, porque yo me como el guiso y más nada. Después estaban las galletas y polvorosas que traía mi papá del trabajo o que mi mamá compraba en bazares. Yo amaba eso de la navidad. La carta que le ponías a Santa junto con tus zapatos. Yo siempre pedía algo como un perro, y nunca entendía por qué coño no me lo traía. El Niño Jesús traía las cosas y no daba muchas explicaciones. Eso faltaba el 25 de diciembre, que al menos te explicara qué había pasado. Eso sí, siempre hubo muchos regalos y siempre mis papás me decían: "Tú como que te portaste muy bien. Ese Niño Jesús se portó buenísimo."

En fin. Pero ahora, no sé si es la edad. Si es que ya uno pierde la ilusión y como dice la película El Club de los 5 (The Breakfast Club) "when you grow up, your heart dies" (cuando creces tu corazón muere), pero para mí diciembre es una tortura China. Ha perdido la magia.

Uno va a un centro comercial y antes tiene que arrodillarse y pedir perdón al Dios Católico, al de los judíos, a Mahoma y Allah, a Buda, a Laotse y a lo que sea por todas aquellas fallas que haya cometido, porque lo que le espera es cielo, infierno y purgatorio todo mezclado. Una cola para entrar. Una súplica para conseguir puesto. Un milagro para conseguir un regalo. Magia para que sea algo que represente y que no suba de los 200 Bs F, y después una cola infernal para pagar, porque los puntos están colapsados y las tarjetas al tope, y no pasan. Y además hay que pedir perdón porque la gente que atiende en las tiendas lo trata a uno como un perro. Eso sin mencionar que hay que ofrecerle un sacrificio al Santo Tomás Patrón que-hoy-no-me-secuestre-un-ladrón.

Es horrible. La gente se pone agresiva, porque la cola está peor que nunca. La gente está de mal humor, porque todo se pone más caro, es más difícil conseguir las cosas y todos los días alguien nuevo inventa un plancito "tú sabes, para celebrar la navidad." Entonces si ya tenías todos tus regalitos comprados en Agosto. Te jodiste. Te sale ir a comprar algo, para el intercambio de última hora. Si vas a comer a un restorán, te jodiste, son puras mesas de 8, 12 y hasta 20 personas de una oficina celebrando la navidad. Te calas tu espera de 40 minutos que terminan siendo dos horas, y cuando pides, lo único que te dice el mesonero es: "No señora. Se nos terminó." Entonces todo el mundo bebe de la cuenta. No hay navidad sin al menos una pea. Hay gente que lo hace en la fiesta de la oficina. Otro que pone el papelón el 31 y empieza el año vomitando. Pero no hay navidad sin rasca. Ni sin pleito familiar.

Porque esa es otra. Las familias empiezan. Que si a mi hermana no le va a gustar la chaqueta que le compraste. Que si no invites a la Tía Raquel Mosquera porque ella el año pasado no le trajo regalo a la abuela, y ahora que se joda. Que si por qué tenemos que hacer la fiesta en tu casa, si tu vives tan lejos. Qué por qué nadie ofrece su casa y siempre soy yo la pendeja que tiene que terminar cocinando, limpiando y arreglando para todo el mundo. La típica "Este año ¡YO NO HAGO HALLACAS! No mi amor. Mucho trabajo. ¿Para qué? Para que me digan que las de la sra. no se quien que las vende están mejores". Todo para después regañarte, "¿Por qué coño compraste hallacas si sabes que yo siempre hago?" Y la favorita: "¿Qué te gastaste cuánto en esa vaina?"

Además, como eres mayor de 30, ahora te regalan torta de navidad. Una vaina marrón que adentro tiene peloticas verdes y amarillas. Coño, el resto del año algo así en una torta significa que está podrida. En navidad, es rico y te lo regalan.

Todo el mundo está esperando "el aguinaldo. Usted sabes cómo es…" El tipo que te echa gasolina. El Taxi. El carnicero. El que te lleva las bolsas de supermercado al carro. La secretaria del pediatra. La maestra del chamo. La secretaria del veterinario. El que barre la acera enfrente de tu casa. La peluquera. La que te hace las manos. La que te depila. El pollero. El del camión de pescado. El de la panadería donde siempre tomas café. El güachiman que cuida los carros en cualquier lugar donde vayas. Hasta la secretaria del veterinario está esperando el regalito. Y si eres pichirre, el año que viene, ni te aparezcar por ahí. Te sale cafecito con ecupitajo.
La glotonería por las cosas es algo que no tiene fin. Regalos. Regalos y más regalos. Y una pendeja que se cae a coñazos comprando, gastandose lo que ahorró durante el año, envolviendo, haciendo lazos, escribiendo Para: Fulano. De: Esta Guevona. Todo para que al final: aaay, esa no era mi talla.

Había una canción que decía "Noche de Paz, Noche de Amor" o algo así. Alguien me puede recordar ¿Por qué era?

Scanonne Comming Soon

Una vez más, gracias a todos los que me han dado su voto de confianza con este proyecto. Les aseguro, que como el disco de Serati, "Ahí vamos." Ya tengo tema. Ya sé de que va la historia. Fue muy cómico, porque estaba sentada con mi sobrino, quien reflexionaba sobre cómo y por qué terminó con su novia, y así, sin darse cuenta me dio el hilo de la historia que quiero contar.
Ya estoy montando la estructura. Ya los dos personajes principales tienen nombre. Ya tengo par de párrafos. Más adelante, les iré dando noticias. Pero creo que si la cosa sigue así, para la semana que viene estoy haciendo mi primera receta de Scanone. Yum o Yuk, ya veremos.

martes, 1 de diciembre de 2009

El Reto: Un añito en el infierno


He estado pensando mucho sobre lo que ahora llamo mi proyecto. Uno de ustedes me dijo, y es verdad, que no haga nada que no hago ahora. Muy buen consejo y muy válido. Pero otro de ustedes me dijo que le gustaría leer las descripciones de las recetas, y pensé, gracias por el voto de confianza, ese sería tremendo ejercicio creativo.

Este fin de semana mi cabeza estuvo tan grande que cuando me vine a dar cuenta había comido más de la cuenta. Es lo que me pasa cuando estoy a punto de hacer algo drástico. Torontos van. Torontos vienen (de paso, pronto haré un post sobre el chocolate más glorioso que existe en la faz de la tierra. No hay otro. No hay. Y la lata cuesta como 60 Bs F ¡Dios!). En fin. Les hice una pregunta y muchos de ustedes me dieron su opinión a través de distintas vías. Y la verdad que eso me emocionó. Después me asustó. Después me confundió. Después me volvió a asustar. Después me tuve que encerrar en el baño a pegar brincos de la emoción. Después me dio dolor de garganta y dolor de cuerpo, y si no estoy en cama como un perro maldito, es porque mi mamá me obligó a ponerme la vacuna anti flu. Pero justo antes de las dos últimas cosas me puse a caminar un rato al aire libre.

Recordé que en el año 2005 agarré mis maletas y me fui a Argentina. Había ido una vez antes a visitar a una de mis mejores amigas que vive en Buenos Aires. Desde que anunciaron: "Señores pasajeros en pocos minutos estaremos aterrizando en la ciudad de Buenos Aires…," supe que esa ciudad iba a cambiar algo en mi vida. Supe que iba a vivir allí. Y así lo hice en Julio del 2005. Me fui un mes y me quedé 6. ¿Qué fui a hacer? Fui a escribir.

Quería hacer un postgrado en periodismo. Entré. Quería hacer un taller con un señor que era del círculo de nada más y nada menos que Jorge Luis Borges. Tuve que ir hasta su casa en el barrio de Recoleta. Recuerdo que me sentía como entrando a un oráculo. Como el niñito de Historia Sin Fin. Me hizo llevar varias historias impresas que no podían tener más de una página. Yo llevé un par de historias oscuras que había escrito unas semanas antes. Él se sentó frente a mí, y mientras fumaba Marlboro rojo, leyó. Yo veía sus ojos ir de un lado al otro de la página. El aire me faltaba y no paraba de pensar "¡el papelón si me desmayo ahorita!" Estaba segura de que al bajar la hoja me iba a decir con su acento porteño:

- Y vos. ¿Por qué no te dedicás a otra cosa?-

No hizo eso. Bajó las hojas y mirándome fijamente me dijo:

- Misterioso. – Y arqueó las cejas.

Luego me dijo que podía empezar a entrenarme con él en Abril del 2006. Mientras tanto me mandó a trabajar con una escritora amiga de él. Solange Camaüer. Con ella pasé varias semanas y fue lo máximo. Debía volver a Argentina en Marzo del 2006 para comenzar el postgrado. Para comenzar ese taller. Y no volví.

¿Por qué? No sé. Me descuidé. Me dolía vivir de nuevo lejos de mi país. A lo mejor intuía que, como dice mi papá todo el tiempo, esos eran los últimos días buenos. Empecé a trabajar de nuevo en un proyecto que amaba que era el Premio al Futuro Chef. Pensé que Argentina no se iba a hundir y que me podía esperar un año. Total, en el post-grado me dijeron que cero rollo. Que me guardaban el cupo. Para diciembre de ese año yo había empezado un negocio nuevo. Tenía un novio que además era mi socio, y no tuve el paquete de decirle: me voy, te dejo con tu negocio aquí a medias, yo me voy a mi post-grado. Yo me voy a escribir.

Se apoderó de mí la idea de que no podía. De que las letras no eran para mí. Me puse a leer cosas que había escrito, incluido el principio de una novela, y recordé uno de mis libros favoritos: El Romance de Leonardo. En una parte Mehrekovzky cuenta cómo Leonardo ve a unos "muchachos" entre los que estaba Miguel Angel, ir hacia una pira que había encendido Savonarola, y quemar decenas de sus obras. Entonces pensé: Esto es una porquería. Si yo no soy ni una millonésima parte de lo que fueron y siguen siendo esos hombres, lo que tengo enfrente es una osadía absurda. Entonces le di a "select all" y apreté "enter." Borré todo. Traté de vivir otra vida. Es decir, la duda y el miedo me secaron como la tiña que estrangula a los árboles.

Me quedé en Caracas. Me casé. Y no puedo decir que me fue mal. Esa era una parte importante del camino. Ahora tengo una musa más. Que hoy probó fruta por primera vez y me ha enseñado tanto de la vida.

Hace ya un buen tiempo Juan empezó un blog y dije: ¿Por qué no? ¿A quién le voy a hacer daño? Y empezó de nuevo a germinar ese árbol que estaba muerto.

Caminando el sábado me vino a la mente una parte de la película en que el esposo le pregunta a Julie: ¿Qué te gusta hacer? Y ella responde: Me gusta cocinar. En mi caso, la respuesta sería: Me gusta escribir.

Es que, yo pienso. Estoy escribiendo. Mientras oigo un cuento. Estoy escribiendo. Veo una película. Estoy escribiendo. Leo las noticias. Estoy escribiendo. Mientras sueño. Estoy escribiendo. Me miro al espejo. Estoy escribiendo. Me baño. Estoy escribiendo. Entonces busco desesperadamente prender a Cleo (mi compu) y dejo en Word aquello que fui escribiendo mientras estaba viviendo. Y cuando no estoy escribiendo. Estoy leyendo.

Así que mi reto es: Escribir una novela. Me doy un año. 6 meses es muy poco y más es demasiado. Puede que termine antes. Buenísimo. Pero tengo que tenerla para el 1 de diciembre de 2010. Les iré contando cómo voy. Cuántas páginas llevo. Cómo van creciendo los personajes. Si me tranco. Gritaré. Aullaré. Pero voy a hacer esto. Voy a dejar todo de un lado. Ya tengo instalado mi escritorio. Ya Cleo tiene su puesto. Ya hay mouse pad. Papelera. Hasta una poltrona roja en que sentarme cuando se me incruste el escritorio marrón. Cuando hable de que estoy trabajando: es en eso. Ese es mi trabajo. Me he contratado. Mi sueldo es en hojas de 21,59 X 27,94. Y ya veré que tigre mato por ahí, dando talleres o lo que sea.

Claro, ni voy a dejar de contarles sobre la ciudad de la furia, ni voy a evitar del todo la aventura cocinar. Cada vez que logre algo interesante con mis personajes. O que necesite aire. O que me entren dudas. Voy a abrir el Scanone y voy a cocinar algo al azar. Puede ser pudín de hígado de mapurite al horno con habas frescas del campo, o torta marmoleada. Lo voy a hacer como ejercicio de creatividad. Como recordatorio de que hay que lanzarse a hacer cosas nuevas. De que hay que estar abierto a aprender. Y para obligarme a ir de vez en cuando al mercado de Chacao. Porque al fin y al cabo la escritura se alimenta de la vida.

Y sí. Me lanzo, como esa historia del halcón que uno de ustedes me dejó. Me corto la rama y me quedo en el aire. Batir las alas: única opción.

Como aquella vez que el Atlético de Madrid pasó a segunda división, pasaré "un añito en el infierno."

Tengo un nudo en el estómago. Tengo una tentación terrible de darle a selecta all y apretar enter, y decir que sólo voy a cocinar. Pero entonces, estaría viviendo la vida de otro, y no la mía. Y hay que seguir el concejo de Píndaro: Llega a ser quien eres. Eso lo tenía en una pizarra en mi apartamento de Buenos Aires. Hay que al menos intentarlo. Al final, la respuesta a la pregunta de vida o muerte:

- Chamo ¿Y si escribo una novela y nadie la lee? –

- Entonces. – Me dijo mi esposo, parado en la cocina. – Te sentarás y escribirás la segunda.