martes, 19 de enero de 2010

Explícame la regla


Yo antes tenía una lista de cosas que le quería decir a Dios el día de mi muerte. Ciertamente iba a comenzar con algunas preguntas sobre los hombres. Un tanto predecible para una mujer, “cuaima desde siempre” como me dijo el otro día Juan. Lo cierto es que a partir de hoy cambio de opinión y sólo le pienso decir:
Entiendo el tema del parto. O quizás no lo entiendo pero lo acepto. Ok. Damos pecho también. Nos metiste en el grupo de mamíferos y pal coño. Entonces a una se le hinchan las lolas. Se le vacían. Se le vuelven a hinchar. Queda una más llena que la otra. Se rompen. Da mastitis. Sangran. El horror.
Está bien. Lo acepto. Te acepto que una como mamá se despierta más por la noche y se vuelve una computadora que no duerme. Te acepto que una cambia más pañales por el mismo tema. Que una se aprende de memoria donde está toda la ropa. Que una encuentra las cosas que nadie más sabe buscar. Te acepto que algunas como yo, que somos desordenadas, nos tenemos que calar las miradas desaprobadoras del resto de la humanidad. Te acepto que uno a juro algo tiene que cocinar. Te acepto que esperan que uno cocine. Que vaya para el puto mercado. Qué bolas el mercado atestado de gente. Un horror. Ok, los hombres van y siempre traen lo que no es. Te lo acepto.
Me calo el que este sea el sexo que tiene que ir una vez al mes a un lugar donde le echan cera caliente por partes beligerantes, para después proceder a arrancar el pelo. Te acepto que una tiene que hacerse las uñas. Hacerse las mechas. Te acepto que no es lo mismo una vieja canosa, que un papi pelo blanco y por ende una desde cortas edades sufre por taparlas. Te acepto que una se tenga que calar que el otro diga que habla mucho. Que jode si dice, pana por qué no salimos a cenar. Te acepto que ahora nos liberamos y nos toca calarnos todo el peo doméstico, más el laboral y el intelectual. Te acepto que somos el sexo que desnudan en las vallas.
Me puedo calar los tacones, porque al final del día me encanta un zapato alto. Acepto a duras penas que seamos las que más nos tengamos que fajar haciendo dieta, porque no es lo mismo un gordito simpático que una gorda que debería rebajar. Me quedo además con la ironía de que ellos acumulan menos grasa corporal y no tienen tendencia, o casi, a la celulitis y las estrías. Está bien, seremos nosotras las que nos echamos cuchillo para ponernos prótesis en las tetas. Con todo eso me quedo, y no digo nada. Adoro la vida y de verdad gracias, no estoy siendo malagradecida, simplemente quejona.
Ahora, sí necesito que me explique algo: la regla.
Por favor, ¡explícame la regla! Encima de todo, por qué echarnos ese vainon. Porque no son nada más la consideraciones sanitarias que son una ladilla. Tampax todo lo que quieras, que te toque en un viaje a la playa es una desgracia. Te sientes como un castillo inflable, que solo falta que los niños te salten encima. Después no te quiero hablar de la arrechera por todo. El dolor de cabeza. El dolor de espalda. El hecho de que el acetaminofen no hace nada, si acaso un buen brugesic de 400mg, de resto, no te vistas que no vas. Nada lo quita. A cada rato tienes que ir al baño. Todo te molesta. Y para más colmo muchas veces vienen acompañada de una preciosa pepa, espinilla, barro, como quieras llamarlo que si ya traías la moral por el suelo, con esta terminas de ganarte el premio gordo.

Lo que termina de completar el cuadro es la arrechara y la depre simultanea. Ambas te hacen pelear con todo el mundo, que para ignorarte o quitarse el peo de encima te salen con que: estás reglúa. Y tú te arrechas más, porque no es justo que todo rollo que uno tiene con una mujer es culpa de una hormona. Pero es cierto, estás en esos días y el mundo te sabe a mierda. Si hay calentamiento global tú con tu arrechera no joda, lo vas a poner a hervir, capa de ozono será la que use el superhéroe que luche contra ti…y pierda carajo.
Yo me di cuenta de que sufría de síndrome pre-menstrual el día que estaba viendo una novela mexicana y frente al diálogo:
- Octavio. No puedo ser tuya. Aunque te ame. Debo casarme con Lisandro Alvarado.
- ¡Nooo Violeta! Yo te aaamo. Jamás permitiré que seas de otro hombre.
- No insistas Octavio. Me casaré con él.
Viendo esa mierda de diálogo con unos personajes que apenas sí podían simular unas lágrimas, yo me puse a llorar. Sí. Se me salían las lágrimas porque Octavio y Violeta se iban a separar. ¡El coño de la madre! Me tienes que explicar esa vaina, porque yo no la entiendo.
Por favor, explícame la regla. No la entiendo.

4 comentarios:

Astrina dijo...

Coye Manu, de pana y todo, cuando te explique, postealo ahi pues...
graaaaaaaaaaaaaacias.
pd: que se joda el mundo cuando tengo pms.

Manuela Zárate dijo...

jajajajajaj...es así!!!! Lo peor es que al día siguiente estás...qué era lo que me pasaba ayer?????

Toto dijo...

Yo solo te digo una cosa: el día que a ti te venga la menopausia, por favor ten la decencia de borrarme del blackberry del futuro. Me agregas después para acompañarte en la vejez pero me merezco no estar presente ante los gritos menopausicos!
Juan - que no sabe de reglas!

Manuela dijo...

Chamo. Tú no te salvas. Así que deja de decir mariqueras y vete preparando. Jajaja.