viernes, 22 de enero de 2010

Libre de humo. Libre de polvo y paja.


Envejecer es algo que da miedo. No es nada más la soledad potencial. El tema del aspecto físico. La cercanía de la muerte. Pero hay algo que hace a los viejos temibles. No, no son las cagadas. Al menos no nada más. Son los achaques. Yo lo único que pido, más que el control de la canas, arrugas y esfínteres, es que por favor al envejecer no me convierta en una vieja loca.

Una vieja loca todos sabemos qué es. Es una menopausia no superada. Es una amargura constante. Es un regaño por cualquier cosa. Es esa vieja que le molesta el ruido y el silencio. Es esa vieja que deplora la sociedad, sobre todo la que está en el rango de edad desde los 0 hasta los 65 años. Es la vieja que todo lo sabe. Todo lo quiere solucionar a su manera. Todo lo dice de mala gana. Se sigue sintiendo joven. Es la vieja que maneja mal y se atraviesa y cuando uno le reclama se baja y te para un peo. La vieja loca es capaz hasta de empujarte. Te ofende. Te humilla. Y además se viste horrible. Porque ya no ve y agarra cualquier cosa que tiene el closet y siente que es hora de mostrar lo que no mostró a su debido tiempo. La vieja loca está más allá del bien y del mal. Y en ese aspecto la vieja, so pretexto de que cuenta con años de sabiduría y experiencia, intenta salvar el mundo sometiendo a cualquiera que se le atraviese.

Es el caso de la vieja que le molesta que la muchacha que trabaja casa de la vecina fume. Sí, ella dice que el humo le invade su apartamento y ella sencillamente no puede vivir. Seguramente es una de esas viejas que está viendo Globovisión todo el día y ya está como una hiena. De cualquier cosa saca una risa macabra que nadie entiende y tiene que comerse al que se le para enfrente por que sí. Ya que no puedes con el gobierno, pues te vas contra el más pendejo. El vecino que fuma.

Entonces esta vieja llama con tranquilidad a la vecina y le plantea la siguiente solución: que la muchacha deje de fumar. Listo. Muerto el perro se acabó la rabia. Así a ella no le invade el humo el apartamento y puede seguir viendo Globovisión. Claro que tarde o temprano se dará cuenta de que como dice la canción no era el humo del cigarrillo lo que la hacía llorar, pero por el momento es así.

Eso es la clásica vieja loca. ¿A qué ser se le puede ocurrir que es válido plantearle a alguien que no fume porque a uno que vive un piso más arriba le molesta? Yo recuerdo que en mis primeros meses de embarazo estuve en la misma situación. Dormíamos con la ventana abierta y yo escuchaba la fiesta que tenían los vecinos y despertaba a mi esposo y le decía: chamo están fumando. Es que lo huelo, lo siento. Qué asco. Quiero vomitar. Diles que paren. Pero mi esposo nunca fue. La verdad es que hoy me hubiera dado mucha risa imaginármelo planteando a los chamos, porque se notaba que era unos chamos, que dejaran la rumba porque su esposa que estaba en estado sentía que el humo se le metía hasta la colcha de su cama.

Eso también me recuerda a un amigo que una vez tiró un huevo a una gente que no paraba una rumba a las 5:00 am. Ciertamente hay veces que uno no puede más y hace cosas. Cosas puntuales. Y luego sigue adelante porque la realidad es que cuando uno cierra la puerta de su casa, aunque tiene en muchos casos que pensar en los vecinos, cosa que limita ciertas actividades, uno es libre de hacer una gran cantidad de cosas. Entre ellas fumar.

Es como para decirle a la vieja, bueno, yo dejo de fumar si tú dejas de hacer el salmón ese asqueroso que deja esto hediondo a pescado. Además le podemos decir al tipo del 4B que deje de tocar piano, pues no es ningún Gabriela Montero y dudo que lo sea algún día. Además le podemos decir a la enferma del 5to piso que deje las peas limpionas y no pase la aspiradora porque además hace que las luces tiemblen. Aprovechemos para decirle a la sifrina del pent-house que no se sequé más el pelo, que asuma sus chichas. A la del 3ro que saque a las carajitas de la clase de flamenco. Y al del 1B que se deshaga de la pecera porque me parece pavosa y cruel. Y ya que estamos en eso, a la parejita del 2A que no tire, porque la verdad que eso le baja la moral a los dos solteros del edificio. Declaremos este un edificio libre de humo y libre de polvo y paja.

Y sí, lo último es ficción, pero la frase: propongo que sencillamente no fume, salió de unos labios. Esas son las cosas que uno oye en la Ciudad de la Furia.

3 comentarios:

maria antonieta dijo...

Todavía me acuerdo de la fiesta a las 5 am y tu amigo tirándole un huevo a los vecinitos fumones y lloro de la risa!

Manuela Zárate dijo...

Jajajajajajajajaajja!!!!! La verdad que yo también!!!!

Anónimo dijo...

tengo algo más de cuarenta, y ojalá los viejos nos sintieramos jóvenes como dices!!! yo ya comienzo a sentir cansancio y dolores musculares (a pesar de que intento hacer ejercicio).
Afortunadamente en pocas décadas mucho de lo que temes tendrá solución gracias a tratamientos basados con células madre y terapias génicas. PERO algo no tendrá solución pronta, por mas que te rejuvenezcan los tejidos (piel, todo...) tu nariz, orejas y otros seguiran creciendo!!! ja, ja.... bueno habrá mas cirugías plasticas!!
Saludos.
pd. afortunados los menores de 10 o 15 años... probablemente nunca sufran de la vejez.