lunes, 25 de enero de 2010

Soy desordenada ¡Qué carajo!


Existen dos clases de personas. Las ordenadas y las desordenadas. Resulta que desde que uno está pequeño le quieren meter en la cabeza que uno tiene que pertenecer al primer grupo. A uno le hacen cantar la cancioncita de: cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. Hay gente que se lo toma a pecho estilo Monica de Friends. Tienen más que un lugar para cada cosa, una obsesión con que las cosas estén en un determinado lugar. Cuando yo estaba adolescente estuve un par de años en un internado y nos hacían inspecciones del cuarto. Yo recuerdo que agarraba las cosas y para salir del paso las tiraba dentro del closet. A primera vista el cuarto se veía impecable. Abría las puertas y era como una represa. Toda la mierda salía volando y me caía encima.

Durante mucho tiempo he venido luchando con el tema del orden. Pero este año he decidido quitarme la careta. Lo acepto. No soy para nada ordenada. Asumo mi barranco. No quiere decir por esto que voy a ponerme peor. No. Pero voy a dejar de perder sueño porque miro la mesa de noche y hay más de un libro en ella. O porque veo la cómoda y veo que mi esposo tiene ahí un nido que data de hace tres meses. Papeles. Llaves. Bolígrafos. Fotos. Invitaciones. Botellas vacías. El Ipod. Un cable. Monedas sueltas. De todo y por todos lados. Ese es mi desorden. Así como en las gavetas de las camisas de noche a veces hay una camisa de día, y una camisa que debería estar doblada está colgada. Eso sí. Yo siempre sé dónde está todo porque yo me encuentro en mi desorden.

Sé que mucha gente piensa que el desorden es una vergüenza. Es un rasgo que uno tiene que esconder. Yo recuerdo que cuanto tenía como 17 años me invitó a salir un tipo al que le pusieron por apodo mis amigas: el pingüino (se podrán imaginar el pobre personaje). Este ser era quizás una de las personas más desordenadas que he conocido. Y eso que no llegué a ir a su casa. El tipo me pasó buscando y yo llevaba un bolso que por alguna razón quiso guardar en la maleta del carro. Cuando me trajo de regreso en la noche y fui a sacar el maletín me percaté de que al mismo se había pegado una bola de chicle, y al chicle una botella vacía de agua mineral. Helo ahí. La verdad es que seres hay para todo. Al tipo no lo volví a ver más, pero debo confesar que no fue por su desorden, creo que el hecho de que me recordara a Dany De Vito en Batman hizo lo suyo. Pero la verdad es que no ayudó el tiradero de mierda de la maleta del carro.

Por otro lado, el extremo del orden tampoco es sano. Conozco gente que tiene que tener las gavetas coordinadas por color. Los libros abiertos sobre las mesas de la sala exactamente en la página del medio. Gente que definitivamente no es como yo. Claro, que lo peor de todo es que a mí el orden no me desagrada. No es que yo quiera ser desordenada. Simplemente soy así. Me entran peas limpionas y me propongo ordenar mis cosas, pero al poco tiempo el desastre se apodera de todo otra vez. O peor, no termino de ordenar nunca. No me gusta botar nada. Siempre me da miedo desprenderme de algo y necesitarlo por el camino. Tengo el escritorio lleno de correspondencia vieja, y para ella mi lema casi siempre es: no hagas hoy lo que puedes dejar para mañana.

Encuentro el trabajo doméstico terriblemente aburrido. Por alguna razón me parece que el orden es algo superfluo que me roba minutos que debería usar en cosas más importantes como leer, escribir, tomar fotos. Hasta ver tele. Descansar. Lo peor de todo es que a pesar de que acepto mi desorden, miro a mi alrededor y veo el reguero y me empiezo a poner nerviosa. Dicen que el desorden es malo para el espíritu. ¿Será por eso que estoy tan jodida?

No sé. En todo caso, sé que una vez más voy a decir que esta semana ordeno todo. Me imagino que la semana que viene no habrá cambiado nada, y yo estaré diciendo. Sí soy desordenada. ¡Qué carajo!

3 comentarios:

Pedro dijo...

Curioso que leo este post justo cuando me estoy sentando a descansar de pasar TODO el día ordenando mi cuarto. Soy desordenado, y me encanta.

Antes era como tú, no botaba nada. Desde hace unos años me desespera guardar cosas. Ya no caigo en el "puede servir para algo en algún momento". Ahora cada vez que me preguntan "Dónde ponemos esto?" mi respuesta siempre es "Bótalo", sin siquiera voltear. Si no sabes para qué puede servir algo, entonces no lo necesitas. Si tienes alguna duda, entonces no hay duda: bótalo.

Hoy boté 3 bolsas de basura de mi cuarto. Papeles, cables, cargadores, DVDs que nunca más veré, zapatos, cajas. Pruébalo, se siente excelente.

Manuela Zárate dijo...

Jajaja. Sí, tengo que hacerlo! De verdad que sí. Generalmente mi regla cuando voy a botar algo es: si no lo he usado en 6 meses es que no lo voy a usar nunca. Pero sí como 6 meses es mucho tiempo. no?
Estoy agarrando fuerzas. La semana que viene lo hago. Prometido. P

Ltx dijo...

Muy bueno el artículo! Gracioso también. Yo soy el desordenado de mi familia. Mi familiares hacen referencia a mi departamento con el mote de 'kosovo'.
Viene la mucama y el orden me dura un par de horas. Hago un huevo frito y revoluciono toda la cocina.
La verdad es que tengo una clara tendencia al desorden. Ultimamente estuve intentando diseñar un sistema para ser más ordenado, al menos en la cocina. Simplemente lavar y limpiar en el momento todo aquello que uso. No dejarlo para después. Hasta ahora he fracasado rotundamente.

Me parece que el desorden no es algo malo e inclusive puede ser hasta 'divertido', siempre y cuando no llegue al nivel de interferir con tu vida profesional.

Honestamente preferiría ser más ordenado.