miércoles, 17 de marzo de 2010

95 en 35


Esta mañana en un período de 35 minutos conté un total de 97 motorizados. Entre esos había un Guardia Nacional, con traje verde, botas enormes. Las letras GN en la parte frontal de la moto. Tenía un casco gigante. Demasiado grande. Parecía un soldado alemán de la segunda guerra mundial. Hubo varios que pasaron de a dos. Ninguno con casco. Cuando se alejaban podía ver sus cabecitas rapadas. Parecían malandrines inofensivos. No pasaban de 17 años. La moto era mínima. En una moto un poco más grande iba una mujer sin casco. El pelo largo. Parecía la Xena de la Ciudad de la Furia. Pensé, me gustaría conocerla. Seguro tiene un nombre como Valeska y cuando hable de ella será para decir, ¿sabes Valeka?, mi amiga que tiene una moto. Ella monta moto sin casco y no le ha pasado nada. Y me van a decir, seguro los demás motorizados le dicen de mamita para abajo. Y yo contestaré que estoy segura que no. Algunos sí. Pero la mayoría le tienen miedo. Con Xena no te metes a menos que lo diga el libreto.

Vi un motorizado que estaba llegando a un lugar, y preguntó si estaba en el lugar correcto mientras miraba un papel. Yo asumo que era una factura. Tenía cara de apuro y preocupación. Un bolso cruzado por el pecho. El casco puesto. Cara de calor. Todos tenemos calor. De hecho vi varios con los bolsos cruzados. La gran mayoría. Esos casi siempre van solos. Vi uno que había dejado la moto estacionada y hablaba con otros hombres que estaban arreglando algo en la autopista. Estaban haciendo una cola. Pero a ese motorizado seguro no le importa. Es más a lo mejor hasta le conviene. Para ellos es menos peligroso si en la autopista el tránsito no está circulando a toda velocidad. Vi cascos grandes. Vi una moto con un tubo de escape enorme. De esos que se ve que pueden llegar a sonar durísimo.

En la ciudad de la furia los motorizados son mucho más que hombres, o mujeres, en moto. Un motorizado puede ser cualquier cosa. Un ladrón. Una asesino. Un mensajero. Un sicario. Un ejecutivo. Un abogado. Una mujer que se cree muy macha. Un malandro. Un niño desocupado. Un post adolescente que no tiene conciencia de dónde vive. Un abusador. Un falta de respeto. Un agresivo. Un mal ciudadano. Una persona honesta. Una víctima. Un eterno optimista. Un kamikaze. Un intermedio entre todo.
El motorizado es el mosquito de esta jungla urbana. Puede traernos dengue, malaria, fiebre amarilla, o simplemente una roncha. Una roncha grande o pequeña. Que nos cause alergia o que no nos haga nada. A lo mejor la picadura ni duele. A lo mejor no nos pica. Nos tratamos de poner repelente. Pero la gran mayoría de las veces no hace nada. El mosquito, aún con su tamaño diminuto hace lo que quiere. Es más poderoso que nosotros. Aunque no queramos verlo.

¿Cuántos motorizados hay? No sé. Hay muchos. Seguro algún organismo tiene una cifra. Pero seguro está mala. Los países como este no tienen cifras reales. No se sabe ni qué eso. Así que yo los cuento cada vez que puedo. Los cuento y me asombro. Hay más motorizados que personas. Más motorizados que carros. Más motorizados que las mismas motos. Salen de todos lados, en todas direcciones, a distintas velocidades. Y los cuento y no me da tiempo para hacer más nada. Ni para cantar. Ni escuchar radio. Ni hablar con el copiloto. Y pienso ¿Será que son reales? No sé. Un motorizado no es un hombre en una moto. Un motorizado puede ser cualquier cosa.

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