martes, 16 de marzo de 2010

Esto no es El Niño. Es el Preescolar Completo.


Llevaba gran parte de un post escrito. Pero lo borré. Tengo que parar. Así no me puedo concentrar. Hace demasiado calor. No sé qué está pasando. Tengo varios días sintiéndome mal. Creo que el hecho de que mi cena consiste básicamente en chocolate negro, no ayuda. Pero la verdad, no creo que sea eso. Sí. Para los que viven en países de cuatro estaciones los calores extremos son normales. Pero hay que tomar en cuenta que ustedes durante esas fechas cierran todo y se largan. Las ciudades parecen el set viejo de alguna película, que espera que al hacerse famosa los turistas la visiten. No hay casi comercios abiertos. No provoca hacer nada.

Es que el calor es horrible. Pega. Aturde. Zarandea. Cansa. Genera mal humor. No provoca nada. Provoca dormir. Pero dormir con calor es imposible. Cuando uno se despierta sudando, así esté más sano que una cosecha de zanahorias, uno siente en medio del sopor que tiene fiebre. Sudar es de cochinos, de hipertensos y de moribundos. O de amantes. Pero es que el sexo es algo que debe provocar calor, no provoca hacerlo cuando hace demasiado calor. Eso sólo pasa en videos patéticos de artistas como Jennifer López.

El calor desgasta. Y lo digo yo. Que sufro perennemente de frío. Yo que siempre he dicho que el infierno es frío, porque el calor, en la mayoría de los casos no afectaba tanto. Ahora entiendo porque en los países del tercer mundo uno ve los gordos con la barriga afuera, la camisa arremangada hasta donde comienza el pecho. Es por eso que uno ve la muchedumbre tirada en los parques. Sin importarles aquell máxima de que “el suelo está sucio.” No importa. Yo ahorita me puedo tirar en cualquier grama, en cualquier piso.

El calor da sed. Por más agua que tomo no puedo parar. Siempre tengo sed. Y además me siento hinchada. A lo mejor estoy comiendo más y peor de la cuenta. Sí. Eso también hace. Pero la verdad es que el calor tampoco ayuda. Uno se siente gigante. La ropa aprieta. Molesta. Pero quitársela no es que haga mucho tampoco. Hace tanto calor que me da cosa con el aire acondicionado. Lo prendo y lo escucho, tratando desesperadamente de echar aire a toda velocidad para cumplir la promesa de llegar a la cifra que marca el control de la temperatura. Pero parece sufrir. Y a veces me da miedo que en cualquier momento explote. Exhausto. Rendido. Lo mismo le pasa la nevera. Yo sé que no están vivos. Pero si estuvieran, me daría mucha lástima por ellos. Se los diría.

El calor. El calor. El calor. Esto no es el niño. Esto es el preescolar completo. Me estoy ahogando. Hasta la computadora está hirviendo con el ventilador a millón. Como diciendo. No puedo más. Déjame parar un rato. Así que la voy a dejar. Voy a ver si me baño. Aunque repito lo que siempre digo por Twitter. Me baño y no sé si es el agua o es más sudor que cae. Pero esto es insoportable. Es como cuando uno tiene uno de esos virus que duran y duran, uno ya no se recuerda como era vivir sin este calor. Y me pregunto ¿será que va a pasar de verdad?

Hay quien dice que esto es normal. Hay quien dice que esta es la prueba de que Nostradamus y los mayas y el astrólogo no sé quién tenían razón. No sé. Yo no sé si esto significa que se acerca el fin. Pero esto así no puede durar mucho más.

2 comentarios:

Antonieta dijo...

Me uno a la protesta térmica. En la oficina el aire lo prenden a las 9 y lo apagan a las 3, no hay ascensor, las computadoras hierven y la gente se va poniendo de peor humor a medida que pasa el día.

Y en mi casa...la nevera colapsó el domingo y dijo, no enfrío más. ¿Qué más te puedo decir?

Manuela Zárate dijo...

Coño! Qué horror. A sacar las sillas a las aceras, subirnos la camisa, tomar cerveza y no hacer nada. Así no se puede ni pensar. El ventilador del cerebro se jodió.