lunes, 12 de abril de 2010

¿Cómo se le explica a un perro el Insomnio?


Son las 4:49 am. Y entonces prendo la luz y todo cambia. Porque cuando prendo la luz no es como cuando tomo agua o voy al baño. Cuando prendo la luz estoy oficialmente desvelada. Tengo insomnio. Y lo que me toca decidir es si voy a escribir o a leer. Todo depende de cuál de los dos sea más doloroso o más interesante en ese momento. Y hay momentos como esta madrugada en los que Clarissa, que también tiene problemas para dormir a esta hora se despierta. Yo trato de convencerla de que duerma. Chupón. Tetero. Canciones de cuna. Nada funciona. Morfeo se ha ido y no tiene intenciones de volver.

Tenemos Jet Lag. Nuestra mañana se quedó en otra parte y nuestra noche hace tiempo que pasó.

Así que nos levantamos. El mundo es muy distinto de madrugada. Es silencioso. Extraño. El perro nos mira sin entender lo que está pasando. Aún así se levanta porque la fidelidad que nos tiene le impide ser otra cosa que no sea solidario. Pero ve hacia la ventana y sigue sin entender. Su sistema registra que para estar despiertos hace falta luz, y la calle está más oscura de lo que él recuerda.

Las cosas que uno piensa a estas horas son raras.

Pienso en la muerte. En la oscuridad de la muerte. Y me pregunto ¿Qué tendrá la muerte deparada para mi vida? Y me da un poco miedo. Me doy cuenta de lo efímero que es todo esto. De lo corto que es el tiempo. De la cantidad de cosas que quiero hacer. Escribir. Fotografiar. Y pienso en lo difícil que es vivir de ambas. Pienso en lo subjetivo que es y en sí realmente lo haré bien, o será que me engaño a mí misma. Sobre todo escribir, porque fotografiar esto aprendiendo y sé que la gran mayoría aún es terrible.

Y entonces empiezo a pensar en todo lo que quiero hacer. En las fotos que quiero tomar. En si me atreveré a ir a casa de tal o cual extraño y pedirle que pose para mí. A esta hora siento que no me da pena nada, y que lo voy a hacer. Que seguro voy y lo hago. A primera hora al día siguiente. O mejor dicho un poco más tarde ese mismo día. Y entonces siempre me entra un miedo horrible a los ladrones. Pienso que están justo afuera de mi casa tratando de entrar. Si llego a escuchar algún ruido, nada me saca de la cabeza que son ellos. Y si escucho un triqui-traqui asumo, sin pensarlo, que es un tiro. Y me da miedo pensar en salir de mi casa. Me ataca la paranoia. Siento que me están esperando. Que todo lo horrible del mundo está ahí.

Y pienso en Chávez y en la dictadura. Y todo me da miedo. Pienso en lo terrible que es la situación. Pienso que tengo que hacer algo pero no sé qué podrá ser. Pienso en migrar a otro lado, pero no sé a dónde, ni cómo. Me siento perdida. Como un pobre ser. Como un pedazo de madera, un trozo de árbol que bajó de una montaña arrastrado por un aguacero, y sólo por explicación de la naturaleza llegó el mar, y ahora se lo lleva la marea. Sin que pueda hacer nada. Inerte.

Y pienso en lo que quiero escribir. Y sé que las historias están allí y tengo que hacer que salgan.

Y es allí cuando decido hacer café. Y cuando el café termina de colar me doy cuenta que el café después de las 6 am no sabe igual. Este es mucho más intenso. Este sabe a vida. Este sabe a las cosas que tengo que hacer. Este café induce a hacer preguntas y buscar respuestas. Este es el café que hay que tomar cuando uno se siente sólo.

Y de repente me digo que lo único que uno tiene que saber en la vida. Saber a fuerza y por qué sí. Es cómo hacer café. Ya con eso te vales por ti sólo. Porque con eso sobrevives la madrugada. Si sobrevives las madrugadas estás a salvo. Ahora, si eres como yo. Si las necesitas. Si te gustan. Si las disfrutas. Entonces, es muy probable que no tengas remedio.

En eso Astro abre la boca, saca la lenuga, y empieza a jadear. Singo que está cansado. Me ve. Se me acerca. Le acaricio la cabeza y me siento a escribir, con el tercer ojo abierto porque Clarissa decide que esta hora es perfecta para practicar el difícil arte de caminar en dos pies. Astro se echa, su barriga sobre mis pies. Como queriendo decir, "estoy contigo, pero me voy a volver a dormir. Estar despierto a esta hora, no lo entiendo." Sí. Una vez más el perro es mucho más racional que yo.

Lástima que eventualmente, saldrá el sol.

5 comentarios:

Astrina dijo...

1. extraño el insomnio. Ahora soy una mas del grupo me levantodemadrugadaparaevitarlascolas-llegoalaoficina-trabajotodoeldia-nomequedatiempoparamasnada-mimejoramigaesmicomputadora.

2.- El tiempo perfecto para pensar en todo lo que uno quiere hacer es definitivamente la madrugada...

3.- Q bello ese perro..!

Esencialmente dijo...

Soy insomne declarada por un estudio de sueño y todo, sin causa aparente distinta a la ansiedad y el stress que genera vivir en la ciudad de la furia, Como tal comparto varios de tus pensamientos, el de estar expuestos y el de lo efimero de la vida y el miedo que trae darnos cuenta de esa realidad. Y otras veces me da por pelear con el insomnio, craso error porque ademas comienzo el dia de un mal umor impresionante.
Que rico que Clarissa quiere caminar y al mismo tiempo que horror!! jajaja preparate y trata de ver si convences a tu cerebro de pararse un rato y dormir porque cuando arranque a caminar necesitaras mas energia...y que Dios bendiga el cafe en las madrugadas...

Manuela Zárate dijo...

El perro es Astro. De verdad que es lo máximo! Todo un tipazo. :)

Esencialmente dijo...

Acabo de ver mi comment anterior I meant "humor"

Manuela Zárate dijo...

Jajaja. Tranquila. It happens to the best of us. A mí me pasa a cada rato. ;)