sábado, 17 de abril de 2010

Extraño ser Niña


Extraño ser niña. De verdad lo extraño. Extraño cuando todo era un juego. Cuando podías demostrar tu emoción sin tapujos, con un grito, con un brinco, con un helado, sin que nadie volteara a verte como si tuvieras algún tipo de problema. Extraño los problemas existenciales de la infancia. Cómo hago para que fulano y mengana me dejen jugar con ellos, cómo hago para no tener que ir al médico, cómo hago para que me dejen quedarme 5 minutos más en el parque. Extraño cuando las peleas se solucionaban con "perdón" y aunque te obligaban a darte la mano, todo volvía a la normalidad rápido. Todo quedaba olvidado volando.

Extraño creer en lo imposible. En esos personajes míticos. En Santa y el Niño Jesús. En el Ratón Pérez. Hasta la coneja de Pascua. Mi sobrina este año lloró porque a la coneja "se le olvidó" esconder los huevos. Yo eso lo extraño. Ese creer. Ese estar seguros de que en algún lugar están ellos, preparando cosas buenas para que uno se sorprenda, para que uno sueñe. Yo los extraño horrores. Hasta el punto que he pensando que me quiero disfrazar. Que quiero traerlos de alguna forma. Si tuviese algún diente por ahí, y espero que no se me caiga uno en estos días por andar deseando lo que no es, lo pondría bajo la almohada. Aunque ¿Cuánto pagará el Ratón Pérez por un diente hoy en día? Debe ser una barbaridad.

Extraño comer chucherías sin engordar. Doritos. Cri-cri. Susy. Hamburguesa. Lo que fuera. No importaba ni el bikini. Ni el colesterol. Ni los triglicéridos. Nada de eso existía. Ni era relevante. Sólo importaba disfrutar, y si era con una película mejor. No había el concepto de las calorías, ni los carbohidratos, ni de la celulitis. Es más, yo quería la celulitis, porque eso me hacía ser grande. Me acercaba más a lo que yo quería ser, mis hermanas. Extraño cuando "gourmet" significaba la cajita feliz de McDonalds. Hace cinco años y medio que no voy a McDonalds. Y no sé si tarde o temprano debería volver.

Extraño la seguridad que me daba mi mamá. Aunque todavía me la da. Pero la sensación de que ella y mi papá eran invencibles. Insuperables. De que no había nada en el mundo que no pudieran solucionar. Extraño la independencia, la libertad que uno tiene de niño. Porque uno se engaña, uno piensa que de adulto uno es libre porque puede salir sólo, porque no tiene que pedir permiso para nada. Pero no es cierto. Uno tienes los tabús, las obligaciones, los compromisos, las reglas, los acuerdos, las expectativas, la carrera, las relaciones. Todo está allí para forzarnos, para obligarnos. Para dictar lo que tenemos que hacer, lo que tenemos que decir. El niño no. El niño tiene tabús, ni filtros. El niño no tiene las magulladuras de la vida. Los prejuicios que se adquieren cuando van creciendo. Las restricciones, las cosas absurdas con que nuestras sociedades supuestamente civilizadas nos obligan a cumplir. El niño simplemente es niño. Yo extraño eso.

Extraño correr. Extraño jugar creyendo que el juguete tiene vida. Que es alguien. Extraño dormir abrazando a un peluche. Un peluche con nombre, apellido, con historia médica y hoy en día seguro hasta blog tendría. Extraño dormir con alguna de mis amigas. Comer oreos hasta las dos de la madrugada viendo películas que tienen un final que me sé de memoria, pero que no me canso de ver. Extraño los álbumes de barajita. La fascinación de ver un animal poco común como el caballo. Extraño ir a la playa con el único objetivo de no salir del mar. Extraño la sensación de maravilla de verse los dedos arrugaditos. Ya no me recuerdo cuándo fue la última vez que mojada, vi mis dedos arrugaditos y sonreí.

Extraño cómo se descubre el mundo poco a poco. Extraño preguntar mil veces y sin pena ¿Y por qué? Uno se convence de que la curiosidad mató al gato y no pregunta. No hay que preguntar. Loro viejo puede aprender alemán si quiere. Sólo tiene que tener ganas y curiosidad.

Extraño salir corriendo porque una mariposa rarísima y de un color precioso apareció de la nada en mi ventana. Como si fuera un mensaje de un lugar remoto. De un ser que todo lo puede. Bueno, eso lo extraño menos, porque mi papá cuando ve algo así, nos hace salir corriendo. Sin importar que tengas 30 y estés embarazada. La vida tiene que maravillarnos. Siempre.

Extraño que la adultez a veces nos obliga a no decir lo que sentimos. A no expresarnos. A callarnos. Extraño el no utilizar las mentiras blancas. La sinceridad. El decirlo todo. El ser honesto hasta los tuétanos. A veces hasta con crueldad. Porque la vida exige que hagamos como dice Fito Páez "tendré que hacer el bien y tendré que hacer que el daño." No hay de otra.

No extraño el aburrimiento que me da la gente estirada. La gente que sólo tiene conversaciones donde no hay imaginación. Donde todo es serio. Pasmado. Amo la gente que sueña. El que retoma el piano. El que como mi amigo UnclePK lo aprende de grande. No extraño cuando me tratan como si yo no viviera como no es debido. No extraño cuando me quieren encarrilar, cuando quieren que sea algo que no soy. No extraño que me traten como si me pasó el tren. Como si soy una inmadura. Como si mis ganas de no querer crecer fuesen un defecto.

No son. Son mi mayor virtud. El rasgo que más amo. Adoro cuando alguien me dice que le gusta. Que se contagia de la emoción que transmito. A veces siento que esa es mi misión en la vida. Ser un payaso sin nariz.

Adoro cuando me sonríe un extraño. He allí un gran objeto de colección. Uno que si vale la pena. Que no te pueden robar. Que no se puede romper. Y que aunque nadie lo quiera creer, podría cambiar el mundo.

Extraño cuando creía que podía cambiar el mundo.No. Eso no lo extraño. Todavía lo creo. Esa ni me la quitan. Ni la regalo. Por más golpes que me quiera dar la realidad.

8 comentarios:

Or@ dijo...

Yo también extraño ser niña y muchísimo. De grande no puedo correr, te juro que se me olvido es desesperante cada vez que lo intento. Que nostalgia...

Matilde dijo...

qué dices de jugar en el recreo a interpretar el Chavo del 8! ???

eltauromquico dijo...

Te sientes vieja? ¿O eres vieja? Porque solo una vieja vendria con esos rezongos.

Manuela Zárate dijo...

Matilde! TOtalmetne! Jajaja. El recreo, había olvidado eso, que ahora le llamamos "el cafecito"
Jajajaj. OUUUCCCHHHH. Eltauromquico!!! Como puedes ver no soy la única. Vieja no soy. A veces me siento sí? Igual hay cosas de la vida que pasan y eso hay que aceptarlo. Si no, te quedas pegado en la nota.
En todo caso, lo escribí un poco para expresar cierta pérdida de libertad. Para explicar por qué a veces soy la treintona que hace el panini o que le canta a su hija canciones locas. Que se tira al piso con ella, de igual a igual.
Mi grito de guerra es: No soy una señora. Porque no lo soy coño.

Esencialmente dijo...

Yo creo que hay cosas a las que no tenemos que renunciar sin que nos juzguen como coleccionar albumes, etc..con tu chama tendras oportunidad de revivir muchas cosas y hasta la usaras a ella como excusa...no hay que crecer Manuela, lo importante no es ser adulto sino parecerlo, los adultos son tan tontos que ni cuenta se dan cuando uno esta fingiendo :)

Manuela Zárate dijo...

Jeje, me gustó esa última frase :)

Anónimo dijo...

La vida es asi, es lamentable pero todo tiene un principio y un fin , cuando sos joven extrañas ser niña , pero cuando seas vieja extrañaras ser joven, cuando las canas aparezcan extrañaras los 27 o 30 años, , eto es la vida, hay que apexhugar y aceptarla.

Gabriel dijo...

Hola busque un tema relacionado y me encontré este, me gusta el comentario referente a la niñez, somos una familia chilena que cerca de siete años vivimos en Costa Rica, esperamos estar en contacto, saludos Gabriel.