lunes, 19 de abril de 2010

La Culpa ¿Es de las mujeres?



El perro es el hombre.

Hace un par de días leí un post sobre las parejas, y me quedé pensando. Uno creció viendo Cenicienta. Blancanieves. La Bella Durmiente. La clásica historia de niña conoce a niño, se sobreponen a numerosos obstáculos y son felices para siempre. Yo en estos días me estoy preguntando, ¿Por qué será que siempre el príncipe aparece al final de la película? Omitieron toda la parte en que la princesa se muda al castillo y empiezan a compartir el baño. No nos contaron de cuando la Cenicienta tuvo un peo con el príncipe, porque él mojaba todo el baño cuando salía de la regadera. No sabemos de cuando el otro príncipe se molestó con Blancanieves porque se tardaba tres horas arreglándose para salir. No vimos la escena en la que La Bella Durmiente le decía al Príncipe:

- Mi amor. ¿Te parece que estoy gorda?

Y el príncipe, sin levantar la mirada del periódico de deportes le decía: - Mi amor, estás perfecta.

Y Bella arrecha, se preguntaba, "cuándo coño fue que este marico dejó de fijarse en mí."

Nada de eso. Nunca nos dijeron prepárense porque las relaciones son trabajo. Tienes sexo, dinero, familia, trabajo. No vimos a ninguna de estas princesas quejarse porque el marido no la escucha. Al príncipe montarse en su caballo molesto diciéndole al escudero "esta tipa lo único que quiere es hablar todo el día. No importa lo que le digas, no se calla." No. Nos vendieron que el amor era fácil. Que lo conquistabas y listo. El resto era coser y cantar.

Irónicamente, esta generación Disney se volvió exigente. Es la generación de mi mamá la que estaba compuesta por mujeres que llegaban con una corona y un velo para quedarse. Ahora no. Ahora pareciera que las mujeres o estamos contentas, o simplemente no estamos. Es por eso que uno escucha por ahí que los hombres no se divorcian, o que como me dijo una vez un lanchero en una playa del litoral "la culpa es de las mujeres."

Según esta teoría las mujeres ahora si no tienen lo que buscan. Si no encuentran que una relación satisface todas sus necesidades, agarran sus corotos y se van. Prefieren pelar solas que pelar continuamente en una relación. Como que se les hace más pesada el estar solas con alguien que les ronca al lado, que estar solas en la privacidad de su hogar. Al menos así es más sincera la soledad. Pero, ¿Es esa la realidad? ¿La culpa realmente es de las mujeres?

¿Qué pasa con los hombres? Por un lado pareciera que también se han vuelto más exigentes. Ahora la mujer tiene que tener las tetas de yuyito, pero que no se vean demasiado grotescas. Tiene que ser una dura en la cama, pero no una puta. Tiene que saber cocinar, pero tampoco estar interesada sólo en eso. Tiene que tener su trabajo, pero su única ambición debe ser su familia. Debe ser culta, pero no sabionda. Debe tener vida propia, pero renunciar a su libertad. Debe maquillarse, pero no como si fuera una miss Venezuela.

Exigencias, muchas veces absurdas, que llevan generalmente a crisis en la que ves que la esposa gimnasio, maquillada perfecta, con la cartera de marca, la manicure intacto y los lentes esos gigantes que sólo le quedan bien a Angelina Jolie, termina sola, dejada, olvidada por una mujer que pierde en físico pero gana en otras cosas. Exigen mucho, para luego plantear que no fue todo lo que ellos esperaban.

O también pasa que la mujer, haciendo esfuerzos sobrehumanos para logar ser todo aquello termina agotada. Viendo que sus esfuerzos no son valorados, y que en algún lugar de esa lucha que no tiene ni pies ni cabeza, se perdió aquello que es vital para cualquier persona: su identidad.

En los últimos meses me dejaron pensando dos comentarios. Uno de un amigo que hablando de sus papás que tienen casados desde antes de cumplir los veinte años me dijo: "Después de tanto tiempo ¿Qué puede quedar?"

No lo sé. Pero definitivamente no es esa interrogante la que los productores de Disney nos mandaron a hacer. Creo que no es una que ni siquiera querríamos hacernos. Da hasta miedo pensar que le vas a invertir 20, 30 o más años a una relación para llegar un día y hacerte esa pregunta. Y sería triste pensar que desperdiciaste todo ese tiempo.

Otra cosa que escuché fue de un amigo que dice que la única manera de que un matrimonio dure años de años es que ambos tengan a lo largo de la vida, un "fuck buddy." Alguien que los saque de la rutina, sin que el otro sepa, pero a la vez bajo el amparo complaciente. Eso es a la vez muy moderno, y a la vez no lo es. Es una mezcla entre Rachel mandando a Ross para el carrizo porque lo hizo con otra "while they were on a break," para terminar años más tarde perdonándolo porque se dio cuenta que lo que tenían valía mucho más que un desliz. Ahora yo me pregunto. ¿Realmente queremos vivir de esta forma?

Quizás como todo en esta vida la verdad está en algún lugar del medio. Un poco aquí y un poco allá. Sí me niego a pensar que la receta está en mentiras. Creo que con mentiras uno se vuelve sínico, y la verdad, yo poco podría respetar a una pareja que no le importa que yo ande con otro. Y viceversa. Prefiero la honestidad, si ya no quieres estar conmigo. Si te aburro. Si te fastidio. Si ya te cansé entonces, mejor dímelo.

Y sí creo. Sí creo que es posible levantarte, quizás no todos los días, pero sí la mayoría y pensar y decir, "qué de pinga que estás aquí." Más nada.

Y sí, las parejas hay que trabajarlas. Que cuidarlas. Que llenarlas de esas cosas que parecen estupideces. A las que no se le da importancia en un principio. Porque como dice un amigo mío, la vida está llena de nueve mil cosas al día que por sí solas carecen de importancia. Si te falla una, cuando te das cuenta, se te derrumba todo.

En todo caso, creo que lo que sí está claro es que a lo mejor, lo que pasa hoy en día, que tenemos una sociedad, un sistema de tecnología, que nos hace todo tan fácil y tan cómodo que quizás nos hemos vuelto más flojos. Y si algo tiene las parejas exitosas es que como todo éxito lo lograron con 5% de inspiración y 95% de sudor, es decir, de esfuerzo.

Y creo que la inspiración es necesaria para llenar todas esas páginas en blanco que nos dejaron los cuentos de hadas. Al final, yo soy de las que cree que la realidad puede llegar a ser mucho mejor que la ficción. Por eso escribir es un reto tan grande.


3 comentarios:

Esencialmente dijo...

Ay carajo y ahora me toca leer este post tan intenso un lunes bicentenario cuando pense que me iba a encontrar pajita en mis blogs favoritos...pero bueno quizas eso te hace ser una de las favoritas! pues chama yo a igual que tu creo que es el punto medio, DIFICILISIMO de alcanzar, con un divorcio a cuestas, unas cuantas relaciones complicadas y un actual noviazgo de dos años que huele a ser de esos de verdad verdad pues se me hace dificil decir. Pero si creo que somos mas exigentes y los hombres mucho mas, si creo que nos hemos vuelto comodos y con la facilidad del divorcio (o de lo comun porque facil de ni casualidad es!) pues como que no le ponemos tanto. Alguien me dijo una vez que las relaciones duran cuando uno se compromete de verdad y que comprometerse no es decir una vez me comprometo y listo sino que requiere levantarse cada dia y decir ok panita elegi amarte, elegi pasar mis dias contigos, elegi meterle el pecho a estar relacion si que me comprometo a ponerle aunque dejes el baño mojado, la tapa de la poceta arriba y la cama sin hacer! de pronto asi nos va mejor y logramos que nuestras relaciones se mantengan y no tengamos que buscar culpables! asi que good luck!

Manuela Zárate dijo...

Me gustó eso de "elegí". Creo que además por ahí va la clave de todo. De no caer en ok, como me dijiste que sí el día de la rumba, delante de mis amigos y en criollo eres "la legal" entonces me sabe a bola si existes o no. Sino como dices, aquí estoy y tengo que todos los días hacer un esfuerzo por recordar eso.
Al final las relaciones son como el ejercicio. Hace mucho más que corras 20 minutos todos los días a que cada 6 meses te pares de la cama y corras 10 km.

Pedro dijo...

Creo que tanto hombres como mujeres son más exigentes. Ya sea por lo que vemos en televisión, o cine, o dónde sea, el hecho es que ahora la actitud es “No quiero tener una vida ordinaria”. Yo sé que le tengo miedo a eso, y creo que cada vez somos más.

Hace 100 años la vida de la mayoría de las personas era aburrida y rutinaria. Pero no tenían punto de comparación. Miraban a los lados, y todos llevaban una vida igual de ordinaria. Todo a su alrededor les gritaba “¡Esto es lo que hay!”.

Hoy encienden la TV, van al cine, leen una revista, internet o el periódico, y están llenos de historias de personas que llevan vidas muy distintas a las de ellos. Ya sean personas reales o personajes ficticios, llevan vidas emocionantes e intensas, sorpresas, placeres impulsivos, amores furtivos, sucesos cómicos y entretenidos a la vuelta de cada esquina, etc. Historias llenas de personas aparentemente comunes y ordinarias como cualquier otro, pero aún así llevan vidas imposiblemente emocionantes. Mencionaste a Friends en el post: qué joven profesional en la vida real lleva vidas con tan emocionantes como ellos? La verdad es que seas joven o viejo, la realidad es la misma: La mayoría del tiempo no pasa NADA. Los días pasan uno tras otro, y si escribieras tus memorias 40 años después, dudo que incluyan historias sobre más de 50 días de cada año. Quizás no más de 30.

La vida de la mayoría es levantarse, trabajar, regresar a la casa, cenar y quizás ir al cine con tu pareja. Sexo de vez en cuando. El fin de semana puede que vayas a la playa. Luego te levantas al día siguiente y lo repites. Como dijo Miyagi: “Encerar, pulir. Encerar, pulir. Encerar, pulir”.

Lo que no quiere decir que lleven malas vidas o aburridas. Sencillamente no es lo que esperaban.

PD: Y es por todo esto que pienso que eso de la Crisis de los 40 (o de la mediana edad, como sea que le llamen) es un fenómeno de las últimas décadas. Tantos en hombres como mujeres. Qué iba hacer un cuarentón de distinto en 1850? Vestir un traje de 4 botones (y no de 5) y comprar un caballo más caro? A qué gimnasio iba ir una mujer y por dónde iba a andar en lycras todo el día? No tenían nada que hacer al respecto. Se sentaban en su casa y pasaban su crisis haciendo… nada. No había un punto de comparación sobre qué hacer distinto o nuevo.