viernes, 16 de abril de 2010

Yo Tenía, Yo Tenía un Piojo Peludo


Antes de seguir sacando a otra gente del closet debería sacar otras cosas mías.

Ok. Reconozco que cuando esto pasó fui incapaz de postearlo. Fui cobarde. Penosa. Escondí la verdad. No les dije de algo que estaba pasando en mi vida. Una de esas cosas que cuando te pasan dices. ¿Cómo coño me viene a pasar esto? A estas alturas de la vida.

Ok. Aquí va.

Hace dos años tuve piojos. Sí. Piojos y liendras. Como el peludo que por un pelo resbaló. Y lloré por ellos, pero no porque se hubieran muerto, sino porque sacármelos fue un verdadero infierno. Lloré de la arrechera de tener que decir ¡Coño tengo 29 años y tengo piojos!

Todo empezó cuando mi mamá estaba en la clínica. La acababan de operar de la peritonitis y me tocaba quedarme con ella durante la noche. La verdad es que no dormí mucho, entre otras cosas porque mis hermanas me habían dado un sermón de ¡Esto no es un hotel! Cuidadito carajita...como te quedes dormida." (Cuando tienes tres hermanas mayores el hecho de que estés por cumplir 30 años no te inhabilita para sermones, ni para presentarte a sus amigos diciendo: Conoce a mi hermanita.)

Y dormida no me quedé. Cada vez que entraba una enfermera yo brincaba. Hablaba. Buscaba "algo."Por supuesto a la mañana siguiente era un coleto. Y empecé a notar que me picaba la cabeza. Pero en serio. Pensé nada, estoy asquerosa, cansada. Deben ser los nervios. Y como sufro de psoriasis cuando me pongo nerviosa muchas veces me fastidia y me pica la cabeza. En lo que me de un buen baño se me va a quitar.

En eso entra mi hermana. La tercera, la T. Y me ve rascándome y se lleva las manos a la boca. Pero no dice nada. Sigue con su cosa. Tranquila. Yo me sigo rascando y en eso siento que tengo algo. Me paro. Voy al baño, prendo la luz, empiezo a revisarme el pelo. Y sí. Allí estaban los hijos de puta. Con sus liendras. Habían montado todo un circo. Una ciudad. Hasta su versión de Chávez tenían. Con Iris Varela. Con oposición dividida por Julio Borges. Con Laureano Márquez echando chistes. Con presentaciones de No eres Tú soy Yo. Hasta dejaban de picar una vez al día para ir a ver una novela de Leonardo Padrón. ¡El coño de la madre!

Salgo del baño y mi hermana comenta. Así como casualmente,

-Muérete que las niñitas tienen piojos. No se los hemos sacado bien.

Las niñitas. Las niñitas, mis sobrinas. Con las que hace días había jugado a compartir el cepillo que hacía las veces de micrófono de American Idol. Las muy coñas me habían pegado los putos piojos.

No saben lo que fue. Nada más ir a Farmatodo y comprar el arsenal de todo tipo de champuses y peines. Que para más colmo no se conseguían sino de plástico. Que se me rompió la primera vez que lo usé y tuve que ir, con el pelo mojado, con la cara de ponchada a buscar otro. A todas estas mi cuñado me empieza a ofrecer unas pastillas, que supuestamente te las tomas y el piojo queda infértil o algo así. Y por supuesto que no me las tomé. Explícame que es eso de pastillas para los piojos. Seguro eso fue lo que tomó Popy, ni de vaina.

Simplemente me lavé la cabeza el triple de veces que recomendaba el pote de champú, sin decir nada a nadie. Arriesgándome a quedar con quemaduras de segundo grado en el cuero cabelludo, hasta que llegué a un punto donde los hijos de puta tenían su Sala Situacional y tuve que pedir ayuda. Se la tuve que pedir a Espe, quien tiene toda la vida en mi casa, me vistió para el colegio desde que estaba en preparatorio, y me sacó los piojos que se me montaron de kínder a cuarto grado. Por supuesto, ella cual mamá, porque ella dice que es mi mamá negra me dijo:

- Ay pajarito. Sí eres sangre dulce.

Estuvimos una semana de revisión. No era que tenía piojos. Realmente estaba cundida. Finalmente un día dejé de tener. Pero por supuesto lo que me falto fue meter la cabeza en una bolsa previamente rociada de baigón. El pelo me quedó que no servía ni para limpiarle el polvo al teclado de la computadora. A todas estas no hallaba como explicarle a mi mamá que llegaba tarde a la clínica porque estaba en plena operación de búsqueda y fumigación. Cuando se lo dije, por supuesto me dijo, "si me llegas a pegar los piojos, operación y todo ¡Te mato!"

Pero lo peor de todo fue que haciéndome la que le estaba haciendo cariñito a mi esposo, le revisé la cabeza. Y sip. El hombre, que tiene una melena que le ganó el apodo de Richard Clayderman, tenía liendras que huyendo del Chávez de mi cabeza buscaban una vida mejor. Se lo tuve que confesar. Le tuve que prestar el peine y la gasolina de peluquería.

Está de más decir que debajo de mi lavamanos encontrarán toda gama de productos anti este tipo de animales. Porque cada vez que mis sobrinas se acercan la mano a la cabeza yo me los echo encima, para anunciarles a esos tipos que si se vuelven a acercar lo que les espera es gas del bueno.

Ahora, les digo. La historia no acaba allí. Hace un mes más o menos me fui a un paseo por el Estado Miranda. Fuimos por un lugar donde había gran cantidad de monte. Yo me metí a tomarle fotos a unos burros. Como si uno de ellos me fuera a decir "Hola amiguis soy el burro de Shrek." Después me metí por el monte. Por unas casas. Por un lugar donde habían unos pollos saltando, un pollito negro durmiendo con su mamá gallina. Lindísimo todo.

Al rato un señor me pregunta qué tal el paseo. Yo le digo que bien y luego me dice:

- ¿No se te montaron las garrapatas?

Yo le digo que no, pero en eso empiezo a ver que los lunarcitos de mis brazos se mueven. Sí. Las garrapatas. Montadas sobre mí, como si el burro fuera yo. Pero ninguna estrella de Shrek. Burro para comérselo como si fuesen los asquerositos del Maracucho. Tuve que arrancármelas, bajo los comentarios de uno de los compañeros del viaje, que me echó todo el cuento de cómo Thalía estaba muriéndose, tomando medicamentos de por vida por una picadura de garrapata.

Esa noche al llegar a mi casa me las tuve que quitar con alcohol absoluto. Un espanto. Pero pasó. Relativamente rápido. Ocho días más tarde, durante la madrugada algo me despierta. Una picazón. Una picazón como la del carajo que los Hombres G le echan el polvo pica-pica. Tenía aproximadamente 147 ronchas en la pierna derecha, que fue el camino utilizado por las garrapatas para subir por mi cuerpo. De verdad parecía una de esas personas que salen en National Geographic al lado de una foto agrandada de un insecto de 18 patas.

La explicación médica: las garrapatas liberan una toxina que después de ocho días surte su efecto. Te llenas de ronchas. Te pica. Te echas crema. Tratas de no rascarte. Te rascas. Te echas más crema. Te revuelcas en la cama. En el piso. Te cortas las uñas para evitar más tentación.Te tomas un antialérgico. Miras al perro y dices, chamo no nos diferenciamos en nada. El color de pelo quizás.

Y sí. Ahora ando con el collar anti pulgas de Astro y Catalina. Y una vez al mes me pongo Frontline en el cogote. Porque las pulgas también me han picado.

Y bueno. Esos son los otros animales que habitan en mi closet.

7 comentarios:

pablo dijo...

ja , ja yo tambien tengo a veces problemas con las pulgas de mi perra..je je

Manuela Zárate dijo...

Sí! Las pulgas pican duro y tardan días en quitarse. :(

Esencialmente dijo...

por tu culpa ahora me pica todo!!!! yo digo que te fumigues una vez al mes jajajajaja porque en verdad tienes sangre dulce!

Astrina dijo...

será normal que mientras leia me picaba el brazo?
es como cuando alguien te dice mi hijo tiene piojos y enseguida te pica la cabeza...
me paso lo mismo que a esencialmente.
Mal pues. Nunca me ha gustado montar caballo por el tema garrapatas. Y si, yo tambien escuche lo de thalia.
=)

Manuela Zárate dijo...

Bueno. Mientras los escribía, me picaba todo otra vez. Y después de que me quité las garrapatas, pasé como una semana que cada cinco minutos me daba unos golpes, así como cuando te sorprende una mosca. Más o menos. Pero nada. Ya estamos bug free!

Matilde dijo...

En ánimo de exponer nuestros más oscuros secretos relativos a bichos, me atrevo a contarte que en una oportunidad me dio una picazón sin aparente explicación que me hacía desear morir! Era una especie de urticaria que desde mi axila bajaba a mi barriga, atentando contra mi sanidad. Tuve que acudir al médico porque no encontrábamos explicación. Te imaginarás el tamaño de mi vergüenza cuando el muy doctor me dijo: "Ud. Lo que tiene es x€&@#... mejor conocido como sarna". Si querida, no te miento. Tuve que ir a la farmacia a comprar productos para la sarna, lavar toda mi ropa con agua caliente, incluida la de mi madre que también me tenía bajo amenaza de muerte y planchar hasta las pantaletas pues aparentemente las larbitas, gérmenes, no se que, se alojan en la ropa. Apuesto que ahora los piojos suenan un poco mas amigables para ti. Bueno el final feliz de esta historia fue que años mas tarde la urticaria volvió, para entonces darme cuenta que no era sarna compañera, era alergía al desodorante! Quise demandar al doctor pero para entonces había fallecido.

Manuela Zárate dijo...

Jajaja. Matilde, que cuento tan bueno!!!! Pobrecitaa! Sí, tienes razón. Para matarlo. Pero qué desgracia. Además que uno siente una pena, pero una pena horrible. Quieres esconderlo, pero a la vez, no. De verdad!!!! Menos mal que al menos descubriste la causa. Jajaj.