sábado, 1 de mayo de 2010

Ellos en Paraguaná y yo escribiendo sobre cucarachas


NOTA: ¿ no se freakeó con la foto?

Las cucarachas. ¿Para quién no son un tema las cucarachas? Ya sea porque, como a mí, te generan una especie de angustia. De un asco que va más allá del asco. O porque como otras personas no te da miedo agarrarlas, quitarles las antenas, botarlas a la basura, destripadas, como si fueran un pedazo de papel que ya no sirve.

A mí las cucarachas me molestan. Ni muertas las quiero ver. Me cuesta aceptar aquello de que vuelan. Y siempre me pregunto ¿realmente las cucarachas vuelan? No lo sé. Creo que de chiquita en el llano, en un lugar que preferiría no recordar jamás, una vez vi a una volar. Y recuerdo también el cuento que echaron explicando que era una Cucaracha Prehistórica. Y me sentí como si fuese parte de un cuento fantástico, viendo un animal que había venido de un lugar que existía antes del tiempo. Y en mí creció por la cucaracha algo que marcó aún más mi miedo, el respeto. Después de todo, si tiran una bomba atómica nosotros ya no vamos a estar, pero ellas, con sus horrendas alas y sus patas de pinchos, ellas sí.

Cuando veo una que hace lo imposible por escaparse de mí, tan vulnerable ante mi determinación de matarla, me pregunto. ¿Por qué les tenemos miedo? ¿Pican? Yo he escuchado que no pican. Y es más, una vez abrí la puerta del garaje sin prender la luz, agarré la comida del perro a tientas, y sentí un cosquilleo. Cuando tiré el plato asustada la vi salir corriendo entre mis pies. Y no. No me picó. Entonces, ¿Por qué les huimos? ¿Por qué no le huimos al perro mil veces más grande? Que tiene armas corto punzantes en su hocico. ¿Es nada más porque ellas son cochinas y salen entre la basura? No es por nada, pero mi perro mete el hocico en todas las papeleras de la casa, y lo más asqueroso no es cuando saca las conchas podridas del tobo de la cocina, es cuando se mete en el baño. Y aún así, después de un baño, lo acaricio y lo mimo. Y sigue siendo eso divino que quiero tener cerca de mis pies.

¿Qué pasa entonces con las cucarachas? Porque a veces siento que sacan lo mejor de mí. Porque cuando he agarrado un zapato, generalmente el más grande, y me he abalanzado sobre ella aplastándola con toda la fuerza que me permite mi condición humana, ¿por qué me he sentido como si hubiese logrado algo? Parte de mí se aterra ante algo tan estúpidamente banal. Me digo, no señorita, ningún reportero va a concederle mañana una entrevista a la niña que logró matar una cucaracha. Pero dentro de mí sí hay algo, porque es como si realmente hubiera llegado a algún lugar al que me costaba llegar. Y siempre me pregunto ¿Por qué coño una piche cucaracha me hace sentir así?

Mi mamá se horroriza ante mi relación con las cucarachas. Le parece el colmo de la estupidez. Y tiene toda la razón. Y me lo digo. Y me lo repito. Ella es insecto. Tú eres homo sapiens. No puedo ni sacar la relación proporcional entre ella y yo. Nada más mi puño, y mira que mis muñecas son absurdamente flacas, serviría para destrozarla. Y aún así, a veces siento que ella puede más que yo. Y lo que es más, he tocado este tema con otras personas, hombres incluidos, que me han dicho:

- Yo te mato una rata si tú quieres. Pero dime que ahí hay una cucaracha y salgo corriendo.

Y recuerdo que quizás una de las frases más angustiantes de la literatura, es aquella con la que Kafka abre su obra La Metamorfosis. “Una mañana, al despertar de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se encontró en su cama, convertido en un monstruoso insecto.” La angustia que hay en esas palabras y lo que va generando al lector mientras va pasando el tiempo al lado de aquel bicho horrendo, que come porquerías del piso, que todo el mundo teme y desprecia, son como una virginidad literaria, que se va perdiendo a medida que las páginas van pasando. Como encontrarse con el horror de los horres. Y claro que Kafka tiene un tema mucho más profundo que el cómo vemos a los insectos, pero lo usa por esa precisa razón. Esa especie de incongruencia en el cómo entendemos nuestras proporciones humanas, nuestro lugar en el mundo, lo que consideramos cercano y bello versus lo lejano y horrible.

Hoy pienso en la gente que se fue en un paseo a Paraguaná a tomar fotos. Me moría por ir, pero cuando me decidí. Tarde. No había puesto ya. Así es la vida. O corres y te encaramas, o te quedas. Y sólo puedo pensar que allá estarán todos. Y yo aquí. En un bello día mientras la perra toma sol y disfruta de su sábado, yo estoy sentada, debatiendo cómo vencer el asco para recoger la cucaracha que yace muerta debajo de este escritorio, y escribiendo sobre ella.

Sí. Definitivamente las cucarachas son más poderosas de lo que ellas mismas se imaginan.

6 comentarios:

rgv333 dijo...

y esa foto... ¿también la tomaste tú? daaaaw :o

mi madre tiene exactamente la misma relación con las cucarachas que tú. ¡muy cómico!

Matías Sorel, a.k.a. Fabián Buelvas dijo...

Las cucarachas son el enlace. Siempre funcionan como atrapadores de nuestros miedos.

Matilde Amorell dijo...

Odio a las cucarachas!!!! me dan un asco inmenso. No pierdo el control, siempre que no me toquen. Pero el asco que me producen es incalculable. Nada mas la foto que anexaste me repugna, hice un esfuerzo para leer a continuación de tal figura.
Marco mi relación con las cucarachas una monja en el colegio que las pisaba con toda su humanidad, para luego extirparla girando su sandalia de un lado a otro, quedando un bicho ya asqueroso con lo poco que tenía dentro, regado por fuera.Iack!

Comentario aparte. Gracias a los comentarios que he puesto en tu blog o que se me han ocurrido a partir de su lectura me he dado cuenta el alto impacto que tuvo en mi los años en el colegio, por lo general todo me lleva para allá. Imaginate tú, hasta una cucaracha.

Manuela Zárate dijo...

No deja de maravillarme el poder que esos bichos tienen sobre nosotros. La mamá de Rgv, Matilde.
Es cirto, siempre hay alguien que marca esa relación, y además me imaginé perfecto a la monja con el pegoste asqueroso. !Guaakatelaa! jaja.
Así es Matías, siempre lo más sencillo, lo que parece más insignificante nos lleva a lo más profundo.

FRAGANCIAMANIAS dijo...

manuela, ese sentimiento hacia las cucarachas, todo lo que describes es exactamente lo que me pasa cuando veo a este insecto, es incomprensible como algo tan pequeño e indefenso pueda causar tanta angustia en muchos de nosotros, no las puedo ni ver, al extremo que no me salen fuerzas ni para matarlas, solo huyo!! ja ja ja ja!

todoloquemepasa dijo...

yo a las cucarachas no les tengo miedo sino un terrible asco! no todas son voladoras, sólo algunas y no es una fantasía! ew!