lunes, 10 de mayo de 2010

La Reunión Familiar.


Ayer fue día de reunión familiar. Cuando estos días llegan ya uno lo sabe desde la mañana porque la cocina parece un pabellón de guerra. Mi mamá saca la olla gigante. Todos los platos que tiene. El poco de cubiertos, y los manteles. Siempre se rompe la cabeza y te pide ideas para los "centros de mesa" como si alguien se fuese a casar, pero al final del día dice: Yo no voy a andar gastando cincuenta mil bolos en un arreglo al que nadie le para bola. Así que agarra de sus propias matas y las pone en el centro de la mesa.

Después mi mamá empieza la histeria con mi papá. "Nene" (Ellos se llaman uno a otro nene, a lo argentino, es muy cuchi) "Yo creo que el licor no va a alcanzar." Claro que tienen botellas como para rascar a una cuadrilla de hooligans ingleses. Pero igual ella lo manda a las once de la mañana del domingo a comprar más licor, vaya usted a saber dónde. Y él consigue.

Después uno se va a vestir. Claro, no debería ser mayor cosa lo que te vas a poner, después de todo estás en familia. Tranquila. Relajada. No es que "nadie del otro mundo te va a ver." ¿Cierto? No. Totalmente equivocado. Esto es peor que si fueses a conocer a la Reina de Inglaterra, Carla Bruni, Victoria Beckham y el Meryl Streep en el Diablo Viste a la Moda, juntas. Porque cada una de ellas está representada en tu mamá y tus tías que todas empiezan:

- "Ay mi amor. ¿Y ese pelo? Me encanta que ahora las pavas no se peinan." O "Tú estás casi igualita qua antes de dar a luz" (lo que quiere decir, te quedan unos kilos de más, ¡moderfucker! O "Tú siempre te pones unos zapatos tan cómicos." O "Sonia, no te da risa que las pavas ahora usas esos pantalones así." Y se ríen en tu cara. La propia crítica que no es crítica y que uno se puede arrechar porque no te dijeron en forma de crítica, pero que tú sabes que en el fondo…es…una crítica.

Una vez que me he probado seis pantalones. Cuatro camisas. Y he pasado por el "¿Tú te vas a poner eso de mi mamá?" Y el "¿Para dónde vas tan elegante?" de mi papá, salgo. Van llegando y preguntan por la bebé y tuercen la cara porque está dormida. Con lo que me costó dormirla y lo que agradezco que por lo menos los pasapalos me los puedo comer en paz.

Ahora esta parte es clave, porque uno no está acostumbrado a esperar hasta las dos de la tarde para comer. Así que a esa hora te chillan las tripas y lo que te pasen por enfrente te lo zampas, así sea un mosquito que te está tratando de picar. En esta familia somos muchos y todos somos hambrientos. Aquí nadie se puede poner con formalismos. Si sacan una bandeja de tequeños tienes que alargar la mano y tener las bolas de agarrar más de uno, porque si no te jodiste. Nada de decirle a la tía "tú primero." Porque entonces ella agarra tres y tú…te jodiste. Así que apenas sacan esos pasapalos nos abalanzamos sobre ellos como hienas encima del cadáver de un ñu.

Ya a este punto ves que "la familia" está empezando a repetir los tragos. Y algo dentro de ti sabe que la pea colectiva se avecina y que nada bueno puede salir de esto.

En eso empieza todo el mundo con los temas necesarios. Aquellos que no pueden faltar en ninguna reunión capitalina y que hacen que tu domingo pase de ladilla a infernal.

Tema Número 1: El Dengue. Los cuentos de horror del dengue empiezan con alguien diciendo "¿Sabes que fulanito tiene dengue?" Por supuesto todos los "doctores" empiezan a decir que saben cuántos tipos de dengue hay, cómo se pega, cuándo se deben hacer los exámenes, y empiezan a discutir entre ellos, como si fuesen eminencias de la medicina tropical. Y tú no te quedas atrás. Acto seguido alguien dice que leyó es mañana sobre los chipos.

Tema Número 2: El mal de chagas. Empieza la histeria colectiva. Dos o tres tratando de calmar a todo el mundo, que no son escuchados, pues los ecuánimes son percibidos como indiferentes. Si tú no te haces presa de la paranoia. Si no estás llamando o hablándole por PIN en ese mismo instante a tu fumigador para que venga y mate los chipos de tu casa, eres un anormal. El mal de chagas, por supuesto se le achaca al gobierno. Y como Martha Colomina ya está en nuestros cuerpos alguien dice "Es que la situación está horrible."

Tema Número 3: Problemas de luz y de agua. Todo el mundo echa el cuento del peo que tuvieron con la luz y el agua. De la prima del vecino que trabaja en Cadafe pero no es chavista. Que dice que no aguanta más y que esto va a colapsar. Que están importando energía de Irán y que tienen una planta nuclear escondida en Ecuador. Y en eso alguien dice que están importando carne de Bielorusia.

Tema Número 4: La escasez. Todo el mundo narra a qué automercado fue esa semana. Qué consiguió. Qué no consiguió. Cuánto gastó. Qué le dijo el quesero, el carnicero, el pollero, el que pesa las frutas y los vegetales, la cajera y el muchacho de las bolsas. Además de las conversaciones con la gente que estaba en la cola. Una de las cuales contó sobre un atraco que hacen ahora en ese supermercado.

Tema Número 5: La inseguridad. Esta es la mejor parte del día, porque aquí todo el mundo se pelea por el cuento de horror más horrible. Todos los cuentos empiezan por "un amigo mío" que al final otra persona dice "¿Ese es el hijo de José Mengano?" Sí. Es el hijo de José Mengano, claro, conocen al papá porque fue cliente un ex marido. Es casi un pana del alma. Esos cuentos duran un buen tiempo. Y uno escucha jurándose por dentro que al día siguiente duplica las rejas en las ventanas, compra un Pit Bull, pone una alarma para la alarma y agarra unas clases de defensa personal y tiro al blanco.

Todo esto termina en la mejor parte del día que es el Tema Número 6: El Plan B. Todavía hay gente que anda con el plan B. Algo totalmente absurdo como montar un puesto de empanadas en Nicaragua, irse a meter curriculums en torrefactoras en Argentina o estudiar soplado de vidrio en Tulsa, Oklahoma. Los que tienen su pasaporte extranjero hablan de él como si les pagaran una mensualidad por tenerlo. Y cuándo uno dice que la vida afuera es casi más difícil que la vida aquí, con todos sus peos, te miran como si la bacteria come carne te hubiera comido la mitad del cerebro. Yo no tengo Plan B. Y estoy harta del Plan B. Y mi Plan B se resume en cuatro palabras "veré qué coño hago." Al que no le guste, le puede pasar un memo a Recursos Humanos.

Y ya por último alguien dice Chávez, elecciones, Diosdado, Primero Justicia, en fin. Yo ya ni oigo. Sólo sé que pasamos de Reunión Familiar a Sala Situacional de Análisis Político en el que todo el mundo tiene una solución para la crisis y una visión clara de por qué estamos mal y cómo vamos a salir de esto. Y además lo dice gritado.

Y por supuesto está el que tiene un amigo que es primo de la esposa de un militar que cuenta todo lo que los civiles no sabemos de las FAN.

Diez minutos de esto y uno ve que se empiezan a alzar las voces. Van a pelear porque no están de acuerdo en algo, que nadie sabe qué es. Pero es algo como hay que votar por el menos malo, no hay que hacerlo, hay que eliminar los partidos o no. Los partidos son necesarios. Cuando ya el peo es inminente alguien dice que la culpa es de Julio Borges y vuelve la armonía. Eso le debemos a ese carajo. Porque como todo el mundo lo odia, nadie pelea por eso. Le echan la culpa y justo es cuando está servido el almuerzo.

En mi casa se ponen tres mesas. La de los que hablan de política. La de los que joden y echan vaina todo el día. Y la de los chamos. Yo siempre estoy en la segunda. La primera jamás es una opción. Los que hablan de política pelean. Los que echan vaina tiran papelitos. Y empiezan un peo. Y como hay pea colectiva el peo se prende como el monte seco. Y ahí sale lo que hiciste hace diez años, que empeoraste hace ocho, que no arreglaste hace cinco y que tiene que ver con la cara de culo que pusiste la semana pasada. Pelea familiar.

Aquí la política cambia. Todo el mundo toma un partido y levanta la voz. Siempre hay un loco que es el que grita más duro. Que ofende a alguien que dice "Es que con Fulano no se pueda hablar, ¡chico!" Y pronto todo el mundo está amargado, o semi-amargado o haciéndose el loco. Y sacan el café y con el café sacan más caña, y aumenta el nivel de pea y uno de mis tíos canta. Y cuando canta es como si nada hubiera pasado. Generalmente mis tíos cantan La Huerfanita. Y se abrazan como si nada.

Cuando llega ese momento generalmente yo no aguanto más y me voy. O me escondo en mi cuarto. Siempre hay alguien que te jala y te abraza para que cantes tú también. Desesperante. Como ahora tengo una chama, la quieren cargar justo en ese momento. Fatal.

Ya cuando se van a ir tú chama aturdida llora y te dicen algo que alude a que está malcriada. Encima de todo no sabes educar. Pero te besan y te dicen: "Mi amor, estás bella." Y te lo dicen con un cariño tal, que al final te hace reconocer que la familia jode, es un peo, cansa, agota, pero al final es la gente que más te quiere.

Y en el fondo por eso no tengo Plan B. Porque afuera tendré Starbucks, tendré calles sin huecos, tendré un parque con una pitón que no mate al carajo que la cuida, pero al final del día no tengo esto. No puedo ver a mis sobrinas empujando el carrito de juguete de mi chama que pega gritos de la emoción. No tengo a mi tía que me trae un tarro de chutney para desearme feliz día de la madre. No tengo al novio de mi tía que me enseña a encontrar la Ñ en el celular. No tengo a mi cuñado que prepara cochinillo. Ni tengo a mi mamá que arregla todo, se faja, se queja, pero al final todo le queda del carajo.

La vida aquí es jodida. Sí. Pero que venga alguien y de verdad me nombre un lugar donde no lo es. Por lo menos aquí hay compañía, apoyo. Y siempre, un buen cuento.

Nos vemos el Día del Padre.

10 comentarios:

Esencialmente dijo...

Me sacaste unas lágrimas pero de esas de tristreza, tristeza porque no me puedo sentir como tu, porque aunque todo lo que dices es ciertísimos, yo si quiero salir de aquí...no por el Starbucks, ni por las calles sin huecos, sino por uno de tus puntos, la inseguridad y porque me aterra pensar que mi chamo se acostumbre a las carencias y a la escasez, quízás si yo y todos los que se fueron o están por irse sintiesemos como tu la cosa podría mejorar.

Dejando de lado la parte buena, demasiado perfecta la descripción, el que no vea algo así en su casa no es venezolano!

Feliz comienzo de semana

Or@ dijo...

Mis comidas en familia por lo general son un peo, y eso que somos 4 gatos. Jodemos tanto mis hermanos y yo que mi papá termina arrecho y mi mamá arrecha con él porque él está arrecho. Un Diciembre comiamos en familia y en un pan de jamón apareció un animalito que todos desconocíamos, salió mi hermano mayor que le encanta joder a decir que esa vaina era un Chipo, mi hermano menor que es super culilluo empezó con una paranoia que el Chipo lo había picado y que le picaba todo, boto el pan de jamón entero y mi hermano mayor y yo no podiamos ni tragar de la risa. Mi papá sufría horrible porque la cena familiar estaba arruinada y mi mamá trataba de aguantar la risa en solidaridad con él. Eso es siempre, pero como nos reímos. Concuerdo contigo con el final de tu post. El tener hijos y que crezcan lejos de mis papás y mis hermanos no podría hacerlo jamás.

Nick Vega dijo...

He viajado mucho en los ultimos años trabajando, estudiando y buscando la respuesta a la inmortalidad del cangrejo. He visto muchos inmigrantes/emigrantes en todas partes.El tradeoff es demasiado grande, no hay nada que se compare a pertenecer y estar con tu familia.
Me identifico con tu caso, excepto que a mi, a pesar de los 30, todavía me sientan en la mesa de los chamos.

Manuela Zárate dijo...

Hay Esen. Entiendo. Entiendo por qué tomaste la decisión. Y de verdad no te juzgo para nada. Y a lo mejor en mi destino está irme. Pero cuando llegue esa decisión llegará. Y lo tomaré como venga y por ahora pienso pasarla bien aquí, valorar lo que tengo aquí, porque afuera es súper duro y lo que sí me niego a hacer es idealizar.
Como dice Nick el trade off es demasiado grande. Pero a veces cuando uno tiene chamos, tiene que hacer el sacrificio.
A mí me pasa otra cosa, me pone los pelos de punta que mi hija crezca y me hable un idioma que no sea español, caraqueño, casi que landro. Qué te puedo decir?

Ora, me morí de la risa, pero mal, jajaja. Qué cómico tu cuento. Tu pobre papá! jajaaj.

Y Nick, tienes toda la razón como ya dije. Y sí no creas, de vez en cuando a mí también me sale la mesa de los adolescentes. Como soy la más chiquita de mis hermanas, viene con el territorio. jajaja.

Doña Treme dijo...

What can I tell you? Mi mamá me vio ayer y me dijo "tu vas a salir con esos shortcitos?" Cuando mi prima que me lleva 15 años tenía unos más cortos.
De paso, nos tocó el lugar al lado de la corneta... y la cantante juraba que era la final de American Idol. Tiene más aguante que Esteban.
Finalmente, mi mamá se antojó de irse cuando el palo de agua explotó. No sé como no me "escalabré" en ese piso mojado y con mis super tacones de quinta finalista.
Lo único bueno es que casi no hablamos porque la música no daba chance, jajajajajaja.
Espero que el día del padre sea menos venezolano...

rgv333 dijo...

siempre he pensado que nuestra generación bebe más que la de nuestros padres...

¿será por eso que las reuniones entre panas son una sola joda y como al final todos estamos prendidos a nadie le importa si la comida quedó mala o si uno vino en bermudas y otro con corbata???

o... ¿será que todos vamos pa' allá?

pa' allá = "la reunión familiar"

Manuela Zárate dijo...

Chamo...no sé...
Yo creo que todos vamos pa´lla. Sí beberemos menos. Lo pedirá el hígado eventualmente. Pero...espero llegar sin que me siga importando de las bermudas, etc...
Porque eso sí que me jode la vida. A ver, creo que soy la única mujer sobre la faz de la Tierra le regalaron una cartera de marca y al día siguiente fue y la devolvió. Le devolvió su plata al carajo y lo mandó por donde vino. Porque si después de tantos años me conocía tan poco...Ojo, eso sonó muy mierda. Como gesto era muy lindo, lo que pasa es el que pana pretendía que la cartera me definiera como persona, y no que yo siendo quien soy disfrutara la cartera. Son dos cosas totalmente distintas.
La verdad que esas cosas siempre me han importado muy poco y eso espero que no cambie.

todoloquemepasa dijo...

Creo que frente al argumento de la familia hay pocas cosas que puedan decirse para refutar; evidentemente es una razón muy potente para no tener un plan B y estoy de acuerdo tanto en que las cosas están difíciles en cualquier otra parte y en que lo que tienes allí no lo tendrás en ninguna otra parte, pero creo que todo depende de lo que cada quien desee y busque y del peso que tiene cada cosa dentro de nuestras vidas.

Mi madre tiene 10 hermanos por lo que mi familia también es grande y por lo que los zaraos familiares suelen ser bastante similares a los que reflejas aquí. A mí me costó mucho dejar atrás a mi familia, a mis 40 primos, a mis 20 tíos, a mis mejores amigos y desprenderme de todo eso que no he encontrado ni encontraré en ningún otro rincón del planeta.

No te niego que ha sido muy duro ser un ciudadano de ninguna parte porque el Venezolano ya no te considera tal y el extranjero nunca te considerará como uno de ellos ni porq tengas años allí ni porq tu pasaporte lo diga ni porq te comportes como uno de ellos.

A mí me sacaron de Venezuela obligada y me costó muchísimo aceptarlo, aceptar mi nueva vida y mi nueva realidad, fueron muchos meses de batalla y protesta para devolverme a Venezuela pero fue sólo una cuestión de tiempo porq si algo tenemos los seres humanos es q terminamos adptándonos a todo; y esto es un arma de doble filo porq terminámos acostumbrñandonos a todo lo bueno pero también a todo lo malo.

Yo me terminé adaptando a mi estilo de vida Miamero y ya la segunda migración a la madre patria no fue tan dura. Pero el venezolano también se ha terminado acostumbrando a lo q está pasando allá y no sé hasta qué punto eso sea positivo. La gente se ha acostumbrado a la escasez, a la inseguridad, a la mediocridad; a muchas otras cosas, pero al final como queda la familia y la rumba y la "buena vida" nos olvidamos de q en última instancia el país, desgraciadamente, no tiene futuro.

Esto no es una crítica, es muy respetable lo que cada uno haga pero con mis palabras sólo quiero decirte que yo también lo veía como tú, pero una vez q estuve fuera y no me dieron opción a volver terminé adaptándome, aceptando mi realidad, ampliando mi visión, creciendo, conociendo nuevos horizonte sy descubriendo que ahora q sí tengo la oportunidad de regresar, no deseo hacerlo.

Para mí la familia tiene un gran peso, pero ahora mismo no estaría dispuesta a recuperar esas reuniones familiares si eso me supone abandonar la calidad de vida q tengo q por mucha bola q pele al menos sé q estoy en un lugar en el q salgo d emi casa con la certeza de q volveré por la noche, de q puedo salir a las 2 de la mañana a caminar sin temor de q me atraquen, q puedo ponerme un reloj o unos zarcillitos de oro sin miedo a q me los arranquen, donde sé que sin importar qué tan mal vaya todo, basta con hacer y dar lo mejor de mí misma porque las circunstancias están dadas y el entorno me permitirá tener un futuro brillante, por humilde que sea.

¿Qué futuro pueden tener nuestros hijos allá? ¿Qué tenemos para ofrecerles?

Manuela Zárate dijo...

Todoloquemepasa. Creo que al final, como todo en la vida. Quedarse tiene cosas buenas y malas. Irse idem. Es cuestión del camino que a uno le toca seguir. Y como todo, el por qué lo haces.
Yo me he ido, he vivido casi ocho años de mi vida fuera. Sé lo que es. Pasé por todo lo que pasaste. Te entiendo más de lo que te imaginas.
Y un día, pues me tocó regresar.
Creo que al final, uno va siguiendo los pasos que la vida te marcando. Depende de tus metas, tus objetivos, y lo que sientes que es correcto para ti.
Es tal cual. Uno se acostumbra a las cosas. No creo que aquí nos hayamos "conformado" con lo malo. Si no, no estaríamos tan frustrados y angustiados. Creo que estamos viviendo un proceso, y sí creo que saldremos adelante. Al menos le voy a dar un tiempo más a mi país. Quizás eventualmente la vida me lleve lejos de aquí. Una vez más. Porque sí hay cosas con las que sé que no puedo vivir. Como el comunismo.
Y te entiendo cuando salgo respiro nada más de pensar que caminar por la calle es otra experiencia. Es triste lo que estamos viviendo.
Pero, estar aquí tiene sus cosas buenas. Como la familia. Y hay que aprovecharlas y verlas. Porque tenía mucho tiempo atormentándome. Y así tampoco podía vivir. Mientras mi vida esté aquí le veré lo bueno. Y cuando me toque irme, si es que eso llega, haré lo mismo afuera.
Sí creo que es fundamental lo que dices, porque lo que pasa es que mucha gente se va, jurando que afuera todo es maravilloso y perfecto. No. Hay que echarle un cerro de bola. Si no te vas mentalizado que eso así, sufres y la mayoría de las veces no aguantas.
Aunque a la vida dónde sea hay que ponerle ganas y esfuerzo. Si no. No pasa nada.
En fin...al final yo creo que uno tiene que estar abierto a todo, y verle las cosas positivas a todo. :)

todoloquemepasa dijo...

:) estoy de acuerdo