domingo, 16 de mayo de 2010

La Verdad Sobre Perros y Gato


Pelusa Carotenuto. Es la prueba fehaciente de que cuando tienes un deseo estilo Disney, lo que sea que quieres se hace realidad. Desde hace tiempo queríamos un gato. Los gatos, aunque no son queridos por mucha gente, son necesarios. Los gatos no sólo cazan los ratones, ergo no los tienes en tu casa. Sino que ahuyentan culebras y alacranes. ¿Cómo lo hacen? No lo sé. Nada más por eso tienen mi admiración.

Habíamos convencido a mi mamá que necesitábamos el gato. Sobre todo desde que apareció un alacrán en la puerta de la casa. Por supuesto en el Gran Reino de la Paranoia que es mi casa, hubo llamadas a toxicólogos, expertos en medicina tropical, se chequeó aquello de que se puede ir a la Clínica Ávila para que te den el suero si te pica el bicho, y se mandó el bicho a científico loco para que lo estudiara y nos dijera que era una hembra, no tan venenosa y tan grande como todos habíamos dicho que era. El frasco de mayonesa la hacía verse más gorda. Coño, ni las alacranas se salvan de los rollos de figura.

En todo caso, esta casa quería su minino. Mi mamá no lo quería adentro de la casa. No quería nada fru-fru que necesitase peluquería costosa cada dos semanas. Se tenía que llevar bien con los perros. No podía pretender que como el resto de los animales que hemos tenido iba a ser un miembro más de la familia. Si vamos a tener otra mascota, esta mascota tiene que entender que será mascota. A todo el mundo le dio lástima y flojera el plan, y nadie buscó el gato.

Fue el gato quien nos buscó a nosotros. Nos dimos cuenta una noche en que estaba reunido el club de lectura. Catalina, la Schnauzer se puso a ladrarle a un matero, de una forma ensordecedora e insoportable. (Yo seriamente pienso que Catalina en algún momento se tragó a Mariah Carey, porque más o menos en ese tono de grito que pega esa mujer es que ladra.)No había forma que hiciera caso y cuando decido acercarme a ver qué pasaba lo veo escondido detrás del matero. Negro con blanco. Ojos verdes. Cuchi. Hacía “sssssss” aruñando el aire, como todo un felino digno de su especie, y mostrando unos colmillitos. No cabía duda de que quien saldría perdiendo sería la perra. Así que la cargué y espanté al condenado.

Dos días más tarde vuelve a pasar lo mismo. Hasta que a los pocos días se confirma la noticia. El gato vive aquí. El gato ha decidido quedarse. El gato es nuestro. Recibe el nombre de Pelusa Carotenuto. Pelusa, porque le gusta a mi sobrinita que no sabe lo que es la toxoplasmosis y por eso lo soba y le da comida. Carotenuto, porque el día que apareció discutíamos el polémico ensayo sobre el amor, del italiano Aldo Carotenuto.

Durante varios meses Pelusa Carotenuto ha vivido afuera y nosotros adentro. Come. Pasea. Pelea con los perros. Catalina ha estado cerca, cerquísima de perder un ojo. Los otros perros ya les parece que pasó la novedad. Creo que es porque son machos y se aburren con más facilidad. Las hembras nos quedamos pegadas.

Hace un par de días salí a fotografiar. Lo curioso es que estoy trabajando en una interpretación visual del libro El Amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence. Un libro que trata sobre amor y sexo. Un libro que discutimos en el Club de Lectura. Estoy montando la cámara cuando algo me hace voltear y mi mirada choca con Pelusa Carotenuto. Se queda quieto viéndome y ronronea una vez. Y se acerca caminando hasta mis pies. Entonces procede a frotarse contra mis tobillos y la base de mi trípode. Pelusa Cartotenuto no sólo quiere un hogar. Quiere cariño. Y es más, quiere ser parte de la familia, pues insiste en entrar a la casa.

Luego de ese primer encuentro me quedo pensando que no es nada casual que Pelusa Carotenuto haya escogido a Lady Chatterley como dueña. Después de todo esa mujer (yo estaba disfrazada de ella) tuvo tremendo rollo amoroso, tal cual como lo trabaja Carotenuto en su ensayo. Sexo. Pasión. Ruptura. Se llevan como anillo al dedo. Realmente todo en esta vida tiene su explicación y su por qué.

Ayer vuelvo a salir a trabajar y esta vez el gato me está esperando. Ya no sólo se pasea por mis pies, sino que me persigue. Pelusa Carotenuto me ha escogido. Yo lo veo y le pregunto ¿por qué? Porque tienes que venir a deshacer mi teoría de que yo soy canina. Ahora vienes y me esperas. Maullas cuando me voy. Si yo bajo bajas. SI yo subo subes. Si me paro te frotas contra mis piernas. Si agarro el trípode te frotas contra él. ¿Qué coño te pasa? Maulla. Maulla. Maulla. Hasta que se asoma el perro y se va corriendo como diciendo, con este sí no pienso convivir.

Lo veo alejarse y me da lástima. Llovería en cualquier momento. Gatos y agua no se llevan nada bien. Seguramente por eso quiere entrar a la casa. Me lo imagino pensando ¿por qué esos idiotas que tienen la lengua afuera todo el día sí pueden entrar y yo no? Y me da más lástima. Pero la verdad es que ese gato y mis perros jamás van a ser amigos. No por nada que tenga que ver con la eterna rivalidad Tom y Jerry, sino porque es como con la gente. Hay gatos que se llevan con perros. Hay perros y gatos que no se soportan.

Catalina no puede ni sentir que el animal está cerca porque se descompensa. Astro es demasiado grande como para ver qué podría pasar. Ese si es verdad que jode al gato si lo agarra.

Al final del día lo bueno que tienen las mascotas es que no importa la mierda de día que hayas tenido. Los problemas. Los pleitos. La crisis existencial. Ellos buscan siempre una manera de estar cerca. De ganarse tú afecto. Esa es la verdad de los perros y el gato, de Astro, Tomás, Catalina y Pelusa Carotenuto. Ellos sacan uñas y dientes por ti. Definitivamente Dios y la naturaleza trabajan de una forma que si te pones a ver es mucho más obvia de lo que pensamos. Yo me quedo escuchando a Pelusa Carotenuto maullar afuera de la ventana de mi cuarto y pienso “y tú que no creías en ti.”

5 comentarios:

Or@ dijo...

"Las hembras nos quedamos pegadas." Triste, pero cierto ¿Hasta cuándo?
Yo adoro a los gatos, pero en mi casa es una negativa rotunda el poder tenerlo. Una de las cosas por las que quiero un novio que me quiera burda es para que él pueda tener un gato en su casa para mí. Antes el nombre del gato sería Estebán José, de un tiempo para acá lo quiero llamar Borbotones. Algún día. Mientras les doy mi amor a un perro que se jura humano y a un morrocoy que se piensa perro.

Ana Cristina Sosa Morasso dijo...

AYY, me llegó el escrito y me dieron ganas de abrazar a Pelusa Carotenuda, con lo que odio los gatos.

me encantó el blog,

slds
Ana

maria oliveros dijo...

Que bell@ pelusa! A nosotros nos han llegado dos y se apoderaron de la casa en pleno! Pero estamos felices con ellas :)
Sigue escribiendo, eres muy buena!

Manuela Zárate dijo...

Si Ora. No sé por qué, pero nos quedamos pegadas. Qué vaina.
Que belleza, mi perro también es gente. Ayer disfracé a mis sobrintas de novias y el novio fue...Astro. Tan así que siempre le digo: estoy enamorada de ti, quieres ser mi novio? jajaja
Te dirá que me encanta el nombre Esteban José. jajaja. Qué pana!
Ana Crsitina, gracias. Cuando quieras creo que Pelusa estaría feliz de un abrazo, a mí todavía me da cosita, jaja. Me encanta tu foto!!! Muy cool. Repetible ;)
Gracias María!! Aquí seguiremos. La verdad es que creo que Pelusa se hace querer! Tan lindo. En un mes ese pana está durmiendo en mi cama. Ya lo vi todo.

Coraline dijo...

Bueno, es verdad... mientras los hombres se alejan cada vez q uno tiene un mal día o llega de mal humor echando pestes por algún peo que explotó en el trabajo porque sencillamente no quieren q uno les amargue el día o porque no les importa si te fue fatal, los animales son los únicos q te reciben con cariño y están ahí calándose toda vaina; incluso consiguen q uno se los suba y los mime. No lo había pensado pero es muy buen punto, por eso dirán q mientras más conocemos a los hombres más amamos a nuestras mascotas!!