domingo, 30 de mayo de 2010

Los domingos


Los domingos son la prueba de que Dios existe. Como descansó, este se convirtió en el día más insoportable de todos. Aunque yo tengo que confesar que me encantan los domingos por la mañana. Siempre me encantaron. Quizás era porque con el periódico, que en su momento era en blanco y negro, llegaban los suplementos y yo corría a despertar a mi papá. Él me leía El Fantasma, Olafo, Pomponio, y El Príncipe Valiente, con quien por supuesto yo me iba a casar, sin importar el ridículo corte totuma. Nunca leímos ni Rabanitos, o sea Snoopy, ni Lorenzo y Pepita. El primero, porque preferíamos verlo en comiquitas. El segundo, porque mi papá le parecía que Lorenzo era un poco maricón. Aunque jamás lo dijo con esas palabras, de eso me di cuenta más tarde.

Pero la maravilla de los domingos siempre ha durado poco. Los domingos siempre han sido días para deberes que uno no debería hacer. Esos enemigos acérrimos que yo tengo. Los compromisos. Empezando por la misa. Yo dejé de ir a misa porque me sinceré con Dios. Eso de ir a estar torciendo los ojos, bostezando, pensando qué estarán pasando en televisión y contando señoras con peinados feos, hizo que desistiera de aquello. Hoy en día tengo mi visión de la religión. Prefiero concentrarme en vivir mi vida intentando tratar a los demás, como me gustaría ser tratada. Pero eso tema de otro post. En todo caso, hubo un tiempo en que ir a misa era de una de las torturas dominicales.

También era el día de las visitas. Todo tipo de visitas. Recién nacidos. Enfermos. Cementerios. Abuelas. Tías. Parrillas de amigos que tienes años que no ves. Que la pasas bien, pero antes de ir mentas madre. Nada como tener que arreglarse para salir un domingo. No hay flojera que se compare. Y dígame si el compromiso es de Primera Comunión. Bautizo. Y cumpleaños. Fatal. Y de vez en cuando, una pareja de infelices decide casarse un domingo. Y a uno lo que le provoca es ponerles en la tarjeta de regalo: "que sean muy felices, de verdad. Pero de pana, esto de casarse un domingo, simplemente no se hace."

Y por supuesto, el domingo, es el día de los deportes. Pero, para uno, sobre todo si eres niña, aquello de que acapararan el televisor con boxeo o carreras de carros era la cosa más insoportable del mundo. Dos deportes que jamás voy a entender. El boxeo, idiotas cayéndose a golpes. Carreras de carros. Carros dando vuelta a toda velocidad. Me mareo nada más de pensarlo, jamás los pude seguir. Sorry Aiton. Lo mío no es alta cilindrada. ¿O eso es moto? No sé. Lo borré porque mi abuelo lo ponía y yo realmente agonizaba con aquello.

Además los domingos la televisión siempre ha sido un bodrio. Un asco. Como para castigar al pobre bolsa que no tiene nada que hacer. Es como si el programador te quisiera decir ¿no tienes familia? ¿amigos? ¿no crees en Dios? ¿Realmente no tienes nada que hacer un domingo, si no sentarte a ver porquerías en la tele? Entonces jódete. Anuncian películas como si fueran la gran maravilla. Pero son cosas a cada cual más viejas y mal dobladas. Jamás hubo peor pesadilla que ver a Terminator hablando como Mexicano. Lo llamaban Cine de Gala y Cine Millonario en una época. Y tenían un total como de diez películas entre las que estaban Arthur el Millonario y Tootsie. Las pasaban algo así como una vez al mes. Se ve que de vez en cuando podían pasar algún estreno, pero era algo así como una vez al año. Y aún así aquel estreno era una película añeja, estilo Splash de Tom Hanks y Daryl Hannah. Ahí sí uno se emocionaba. Y se calaba la versión mexicanizada de la película donde cada "fuck" de los actores era traducido a "relámpagos" o algo por el estilo.

El otro drama de los domingos es que generalmente uno come de más o se da permiso para darse duro con el postre. No hay domingo en la noche que uno no esté inflado como un caimán recién comido. Arrepentido diciendo "¿para qué tuve que repetir ese tremendo plato de parrilla?" Y si uno salió la noche antes, entonces el domingo no vale medio. Encima del ratón quedas sin voz. Te duele todo. Pies. Manos. Cuerpo. Lo único que provoca es quedarse en pijamas todo el día, arropado hasta el cuello. Y si llueve. Peor todavía.

Siempre hay gente que intenta matar el marasmo dominical saliendo. Los pobres infelices que deambulan. Salen. Colapsan todo. Van al cine. A comer. A las heladerías. A pasear en Centros comerciales. Por culpa de ellos no consigues entrada para el cine. Si vas comerte algo tienes que esperar mínimo cincuenta minutos. Hacer una cola con veinte personas por delante para comerte una miserable bola de helado. Y si quieres ir a la farmacia, peor, la cola es como para que te salgan canas esperando.

Lo peor del domingo es cuando llegan las cinco de la tarde. Porque allí ya casi oficialmente puedes decir que se acabó el fin de semana. Pero a la vez todavía no. Sin querer queriendo empiezas a pensar en que al día siguiente es lunes. En que las responsabilidades vuelven. En que estás cansado y así hayas dormido todo el día no has descansado. En que había diez mil cosas que querías hacer con tu tiempo libre, pero no las hiciste. No hiciste ni una. Porque el fin de semana será muchas cosas, pero tiempo libre, lo que se dice tiempo libre no es. ¿Entonces? Ahí es cuando entra la depre.

Y le escribes a un amigo: pana, qué ladilla son los domingos.

O en mi caso, escribes un post.

7 comentarios:

Matilde Amorell dijo...

Exactamente por eso mi relación amor/odio con los domingos. Los odio porque se acaba el fin de semana y por la misma razón no quiero que se acaben. La otra opción ahora, es twittear al respecto.

rgv333 dijo...

sunday bloody sunday...

tan fastidioso que me quedé en la tercera línea del segundo párrafo... plof

Manuela Zárate dijo...

Aunque, ahora que lo pienso yo he pasado unos domingos increíbles. Me faltó esa parte, que un domingo, cuando se pone bueno, es mejor que cualquier otro día.
La verdad es que no hay nada como llegar a las cuatro de la mañana un domingo. Hay uno que lo recuerdo particularmente. El hombre que conocí ese día me dejó, meses más tarde, astillada el alma en pedacitos que tuve que recoger uno por uno. Uuufff. Duro. Pero nada, el amor es como un virus. Un día te levantas y milagro. Te curaste.

Or@ dijo...

Definitivamente son una ladilla. Y se ponen peores según uno va creciendo. Chiquita eran divertidos porque jugabas cualquier vaina y te distraías. Adolescente eran una torura porque me tocaba la visita a los abuelos, a esa edad lo que quieres es hablar con gente de tu edad y esa vaina te frustra. De joven salías los sábados hasta las 1500 y el Domingo se lo pasaba una todo el día durmiendo, total que el día ni existia. Ahora de joven más crecida me paro temprano pero igual lo paso acostada. viendo tele, películas y comiendo. Total que descanso tanto pero tanto que en la noche el sueño no llega y termino durmiendome como a las 3 de la mañana angustuadisima y obligada porque al día siguiente otrá vez a trabajar. Ayer una primita me preguntaba casualmente: "por qué los domingos no pueden ser como cualquier otro día?" No sé, me imagino que cada día tiene su personalidad (como leí en un blog hace poco) el Domingo es súper incoherente, para mí que el pobre no tiene amigos.

Doña Treme dijo...

Los domingos son unos días raros... prefiero otros dias de la semana. Voy a postear en mi FB tu frase sobre el amor, es perfecta!

Manuela Zárate dijo...

jaja. Váyalo. Doña Treme.
Sí, el domingo es totalmente incoherente. Bien dicho Ora.

Or@ dijo...

El Blog es "¿518?" y el post: "Si los días fueran personas"
http://manuelandrescasas.blogspot.com/