miércoles, 26 de mayo de 2010

Peos Existenciales del Mundial


No aguanto las ganas de que llegue el mundial de fútbol. Durante treinta y un días cambiamos de problemas existenciales. Ya no se trata de huecos, hampa, partidos, elecciones. Nos va a importar un comino Julio Borges, y Luis Tascón. ¡Fuck la mesa de la unidad! Es más, ¡fuck Chávez! Realmente nadie le para. Hasta él mismo deja de pararse, porque todo el mundo está pendiente de fútbol.

Uno pasa a angustiarse porque España, que siempre gana el primer partido con un score ridículo como 8-0, en el segundo partido metió un autogol, y en el minuto 91:30, es decir en pleno descuento, está empatada y punto de quedarse fuera de la copa. Al final siempre mete gol. Uno queda con una úlcera y la mitad de tus amigos arrechos, (los de familia española) "porque tú jamás creíste que España iba a clasificar. Joder, si tienen el mejor equipo."

Italia es más o menos el mismo peo. Todo tú rollo existencial durante un mes. No te hablas con dos amigos, un primo, y la mitad de tu oficina, porque el bendito equipo Italiano. Además siempre hay un drama moral en torno a algún jugador. O corrupción. O cachos. O alguna falta descarada y horrible que no le cantaron. Es allí cuando el mundo se divide entre los que ya no te saludan con un "hola ¿cómo estás? Sino que a penas te ven pelan los ojos y gritan ¡Foorrzaaa aaazzuuurriiiiii! Y los que no pueden comer ni pasta durante todo el mes porque les recuerda a Italia y se arrechan.

Estos últimos son los que tienen dos clases de sentimientos. Los sentimientos futbolísticos y los sentimientos generales. Ellos te explican. Yo amo a Italia. Me fascina, mamma mía. Mozzarlla. Pizza. Ragazza. Pero futbolísticamente hablando no soportan al equipo. Yo creo que la culpa la tiene Paolo Maldini, no sé por qué, pero había algo en el pelo de ese carajo que hizo que mucha gente le agarrara arrechera.

El pelo de un futbolista es delicado. Como ejemplo está Claudio Caniggia. Hasta donde uno sabe, el carajo está disfrazado de empanada en un semáforo de Buenos Aires, porque no le quedó de otra. Nadie se acuerda de él, pero uno ve a un tipo con una especie de trenza de zapato como cintillo y dice: verga, Claudio Caniggia. Y era amado además. Con locura. Ahora está Cristiano Ronaldo, que yo creo que tiene la patente mundial de Moco de Gorila, y pronto lanzará su línea de cuidado de las cejas y depilación de pecho.

El rollo de amo al país, pero me molesta fubtolísticamente hablando abarca distintos equipos. España genera emociones. Entre otras cosas porque hay gente que le molesta que siempre tiene "el mejor equipo" y siempre lo dejan a uno emocionado. Yo no sé. Yo los amo la verdad. Me parece que todos los futbolistas son los más simpáticos. Al menos por televisión.

Argentina. Ese es otro equipo que remueve emociones. Nos gusta porque somos latinoamericanos. Pero más de uno repite la cantaleta gastada de que "es que los argentinos son…" no lo tengo que repetir. El que dice eso es porque no tiene amigos argentinos. Conócelos y después hablamos. Lo que me da risa de esta gente es que después al final, siempre le están ligando al equipo. Tienen su charm. Además como dice un amigo mío, tú en Buenos Aires tiras una piedra y te cae encima un tipo que está bueno. Son unos muñecos. Hasta la brujita Verón. Ahora, Argentina este año. Para mí. Tiene un gran problema. Maradona. Lo siento. Sé que es un grande. Que hizo esto y aquello y lo de más allá. Pero a mí se me incrusta ese hombre. Me parece todo lo que el deporte no debería ser y me cuesta horrores irle al equipo. Sin embargo, creo que al final el cariño que le tengo al país, más la sonrisita de Messi harán que al final grite: ¡Laaa paaaróooo! Cuando el arquero pare un penalti. Porque no hay partido clave del mundial que Argentina no arregle por penalti.

Después están los que yo llamo el restero. Eso es otro peo que tendremos durante un mes. Cómo organizar nuestros sentimientos respecto al restero. Porque no te importa que el restero pase a la segunda ronda o incluso a la tercera, pero qué ladilla que te lleguen a una semi-final o final. Francia. Holanda. Bélgica. Inglaterra (sorry para mí es restero). Portugal (cada vez menos, pero sigue siendo). Croacia. Son equipos que, son simpáticos. Si están jugando contra un nada que ver estilo: Emiratos Árabes Unidos les voy, pero no me voy a ir a la embajada de Holanda, con las mallas anaranjadas de Halloween para brincar porque les ganaron a un nada que ver.

Entre el restero está el restero latinoamericano. Es el restero que le vas porque bueno. Hablan español y te da cosa. Uruguay. Paraguay. Honduras. Pero al menos en el caso venezolano, no levantan tantas pasiones. Igual, uno se emociona tanto viendo esos partidos, que la mitad del juego hay un pleito familiar porque alguien preguntó ¿Cuál es la capital de Honduras? Estos no hacen nada nunca, y además dependen siempre del único jugador estrella que tienen. Estilo Chilavert o el Diablo Salas. Aquello es un horror, al pobre hombre lo marcan como si fuera sifrina hablando por blackberry en pleno casco de petare. Le caen a patadas y el tipo le cae a gritos a los demás jugadores que corren con aquella flojera que lo que da es dolor. Lo más triste de estos partidos es que siempre quedan que si 1-0. Es decirl el esfuerzo del pobre hombre paga. Pero no da para más.

Y entre el restero latinoamericano se abre un espacio especial para Chile y México. Chile es difícil de explicar, debe ser porque ellos son un país de primer mundo extraviado en una bazofia de continente. Chile cae bien. Es de esas cosas que no se entiende por qué no hacen más. Y México. Bueno. No se sabe ni por dónde empezar. Siempre pareciera que pueden, pero no llegan. Siempre se las arreglan para que les gane Alemania. Aquello parte el corazón. No hay nada peor que ver a los catires gigantes corriendo contra los enanitos morenos. Aquello parece la mesa de futbolito más políticamente incorrecta del planeta. Y siempre hay un catire mexicano que es la estrella. Termina haciendo una cagada de partidos. Y siempre se descubre que le caía a coñazos a la esposa. Y además pierden por uno a cero. Ahí la crisis existencial de uno es "¡Coño! México se merecía ganar." Y cuando el comentarista dice "al menos les queda la lucha. Lo bien que jugaron." Te provoca irlo a buscarlo para partirle la geta. Porque al final, el único peo que tienes en la vida, no es la tarjeta de crédito, ni el país que se va a la mierda. Es la Copa Mundial y la impotencia de que pitaron los 90:00 con su descuento y Alemania ganó.

Claro ahora la angustia es lo que siempre pasa. Que Alemania se da contra uno de los equipos nada que ver. Alguna de las Koreas. Grecia. Eslovenia. Dinamarca. Japón. Suiza. Uno de esos que cuando viste el Panini dijiste ¿Qué coño hacen estos carajos en el mundial? Uno de esos llega y se va a medir contra el grande Alemán y tú estás recagado. Ya ni ves a los motorizados que se vienen casi estampando contra tu retrovisor, pillando a ver si tienes algo para robarte. No tienes nada. Estás sólo en tu carro escuchando el partido. Chorreado porque tu único peo es que ese, que no es nadie, se tome en sus manos la venganza de México. Como tienes poca fe, dices imposible. El comentarista dice estupideces como "una labor titánica la del los helénicos, llevarse por delante al tigre Alemán. Al gigante letón, que viene con toda su furia dispuesto a ganar. Con un Ballack crecido." Generalmente qué pasa. Alemania pierde. Y no porque no tenían lo que era necesario para ganar. Sino por la ley del "Locutor Boca´E Chivo." Eso empava cualquier cosa. Y tú en tu cola dices "ñoelamadre. Me hubiera quedado en la oficina viendo el partido."

La sesión con tu psiquiatra también se la vas a dedicar al mundial. Porque vas a tener una depresión horrenda causada por los equipos nada que ver, pero que dan lástima. Los africanos. Tienen unas historias de teatro. Tristísimas. Y tu peo existencial es que te quejas de Venezuela cuando en el fondo no estamos tan mal. Aquí están estos carajos en guerra civil, con el peo del Sida, la malaria arrecha, hasta el ébola y míralos ahí, echándole bola a su mundial. Y aquí uno se queja porque no hay dólares. Te sientes como el propio frívolo hijo de puta. Sientes que somos unos flojos que no supimos aprovechar el petróleo. Coño. Este es el momento más duro del mundial. Estos equipos que lo conquistan a uno. Y que como siempre pierden o por un gol o por doce. Pero nada de cosas estilo 3-2. No. La vaina es el extremo siempre.

Y además de la fanaticada, y a quién le vas. A cuál odias o a cuál amas. El mundial trae otra cantidad de peos que son lo máximo. Por ejemplo, dónde ver los partidos. Si no lo ves casa de tal amigo. Se arrecha y no te habla. Pero es que el otro amigo tiene una tele más grande. O el de la tele más grande vive muy lejos y nadie quiere ir hasta su casa y se ofende. Después está la familia. No hay mamá que no organice una parrilla para ver el mundial. Pero te da vaina porque hay mamás que cuando gritas ¡Coño, gueevón. Mira la pelota pajuo mariquito, te van a meter gol!" Empiezan, "el vocabulario hijo." Y así no se puede ver fútbol. Claro que están mamás como la mía que gritan peor que repartidor de refresco y aquello de pena. Después está el pana que siempre arma un peo en un restaurante, y tu cagado porque desde el mundial pasado estás ahorrando para ese guateque. Siempre las cuentas son astronómicas y hay dos o tres que se paran a mitad del segundo tiempo para hacerse los locos con la cuenta. Eso sí, uno al menos una vez, durante el mundial tiene que ir a un lugar público a ver un partido. Si no, es como si no hubiera pasado el mundial.

Está el peo de en qué canal lo voy a ver. Qué locutor es menos ladilla. Qué señal tiene la grama más verde. Qué canal ya no pasa las propagandas que tapan la pelota y no te dejaron ver si la tarjeta roja era merecida o no. El coño de su madre. Y esa es otra. Uno debería ser árbitro. Porque generalmente son unos mariquitos vestidos de colores muy pargos que no saben lo que hacen. Unos vendidos siempre. Siempre hay un árbitro vendido. Siempre hay jugadores que se "tiran." Y uno que dice "ahí sí. Piscinita" Claro, si el árbitro saca una tarjeta al otro equipo, el que le queremos ganar decimos "¡Toma lo tuyo! Es que esos fulanos son unos tramposos. Unos sucios."

Y siempre con el rollo del arbitraje está ese Penalti. Ese Penalti que te robó tus ilusiones. Que hizo ganar a Estados Unidos. Si no ¿cómo? Dices al día siguiente en el trabajo. Es tu gran arrechera. Y por supuesto tu mayor alegría es cantar la cancioncita del mundial, la cual bailas en la ducha como si fueras una de las vainas que salieron flotando en la inauguración. Siempre hay algo que flota o vuela en la inauguración. Y todos los mundiales te preguntas si deberías comprar fuegos artificiales, porque después de todo Venezuela no juega. Es medio raro. Pero si te quedas esperando a que un día llegue…

Y allí entra lo que guardamos para el final. Brasil. Un fenómeno que no se entiende. Por donde lo veas. La gente si pintarrajea por toda Caracas con los colores de la bandera. Porque somos vecinos. Porque somos latinoamericanos. Porque los brasileros son gozones, las mujeres menean el culo y los hombres menean los hombros con los brazos abiertos. Más nada. Porque los colores son alegres y porque los nombres siempre dan para un chinazo, del que todo el mundo saca un chiste. Si en Brazil hablaran alemán en vez de portugués nos sabrían a mierda. Más bien los odiáramos. Pero Brasil es un peo existencial tan arrecho. Que merece un post para ellos solos.

Yo lo único que quiero es que llegue el mundial. Para cambiar de peos. Para no hablarle a alguien porque te metiste con Messi y con Lionel Andrés Messi no se mete nadie.

Todo esto me recuerda, tengo que ir armando mi quiniela.