viernes, 7 de mayo de 2010

Ratón: el Peor Amigo del Hombre


Si el mejor amigo del hombre es el perro, el peor enemigo es el ratón. No es nada más ese bichito gris con cola, que se mete por la basura. Que camina sigilosamente y que deja unos mordiscos antipáticos en las cosas que uno tiene guardada en la despensa. Es más que todo ese que se asoma al día siguiente de una rumba, de una fiesta, de una reunión de amigos.

Cuando uno está chamo la pea es algo que uno planea. Que a uno le hace sentir adulto. Uno la busca, y como buenos seres humanos lo que más queremos es hacer algo que nos permita luego alardear de nuestra experiencia. Todos tenemos un cuento de una pea famosa antes de los veinte años. Una pea que nos hizo hacer el ridículo mal, de la que hoy nos reímos y que seguramente en aquel momento provocó la reprobación de adultos y puritanos que decían meneando la cabeza "¡Qué papelón!"

De adulto la pea es distinta. Porque después de cierta edad si uno está buscando emborracharse el problema es otro. O es una crisis existencial, o a lo mejor ya es un problema más grave. Pero no es lo común que uno busque la pea, al menos no de forma regular. Claro que sí es sabroso aquello que después de algo estresante o algo que nos dejó vueltos mierda, tanto física como emocionalmente, celebremos su fin diciendo "¡me voy a meter una pea!"

Las peas de adulto son un tanto absurdas. Porque ya sabes que al día siguiente no vas a valer nada. Sabes que no importa lo mal que te sientas, no vas a poder eludir tus responsabilidades. No hay aquello de "coño, no voy a clase." Yo no le puedo decir a mi hija, "mira, no te cambio el pañal porque el ratón que tengo me está matando y si me acerco a ese olor echo el wafle." No. No se le puede decir al jefe "no voy hoy porque nada más pensar en tu voz me hace apretar los ojos y contener el aliento." Nada. Uno al día siguiente tiene que seguir siendo gente cómo sea.

Pero igual estás en tu fiesta, en tu reunión y ves la botella y dices ¿por qué no? Y te sirves. Y dices, pana que rico el vinito, y te vas medio mareando. Y el gallo que uno lleva adentro dice, ya deja de tomar, te estás mareando. Pero tú sigues. No le paras. Porque dices, prendidito es sabroso, a estas alturas de la vida no voy a estar agarrando ninguna pea voladora. Y así de pronto se te termina la copa. Y siempre hay alguien que se acerca y te pregunta ¿Te sirvo? Pero tú sabes que no es realmente una pregunta. Es más una declaración de que te van a servir. Y si la reunión está buena, tú te vas a dejar. Y por tu mente pasa aquello que tienes que hacer al día siguiente, y sabes que lo estás poniendo en peligro. Sabes que estás haciendo del día siguiente un infierno. Pero igual tomas.

Y pronto te estás riendo. Y estás diciendo estupideces. Y todo da vueltas. Y la música jamás sonó tan bien. Y los pasapalos jamás estuvieron tan buenos. Y comes, más en un esfuerzo para contrarrestar la borrachera, porque sabes que con el estómago lleno todo va mejor. Pero ya es demasiado tarde. Estás en medio del bochinche. Estás gritando. Y si te pasan la botella, te sirves más. Y aunque no fumas, si ves a alguien sacar una caja de Belmont, o de Astor, o de lo que sea, te vas fumar uno.

Y no sabes cómo, pero llegaste a tu cama. Y por pura costumbre tienes la pijama puesta. Por más nada. Pero no tienes ni idea de cómo llegó allí. Si tuvieras que reconstruir los pasos, estarías jodido. Sencillamente. No puedes. Y todo te da vueltas, y te arropas, y sientes que en cualquier momento sales volando y terminas contra el techo. Y no sabes quién se está moviendo, si tú, si la cama, si la casa, si el techo. Hasta pueda que sea al fin del mundo. Y como estás peo, no te importa.

Y al día siguiente te levantas. Y apenas abres los ojos sabes, que así tomes agua. Atamel. Que así uses la receta de la cerveza, del gatorade, o lo que sea, va a ser un día de mierda. Te hablan y lo único que quieres es silencio. Sale el sol pero tú quieres oscuridad. Quieres tomar agua pero no tienes sed. Quieres comer algo, pero nada más pensar en comida te da nauseas. Sabes que tienes que trabajar pero lo único que quieres es estar echado con la mirada perdida.

Y en medio de todo aquello reniegas de la noche anterior. Te arrepientes. Te das golpes de pecho porque sabes que sabías que esto iba a pasar. Y aún así lo hiciste. Te sientes como un tonto. Es la depre del ratón. Es un mal humor generalizado, como cuando el cuerpo tiene un quebranto. Te sientes un pelo más viejo. Hasta medio amargado.

Y dices que más nunca vuelves a tomar. Y sabes que no es cierto, que sí vas a volver a tomar, pero tachas de la lista aquello que tomaste anoche. La cosa es más nunca tomar ese color de vino, ese tipo de alcohol, ¡fuera la vodka! Ni pensar nunca más en tequila. La pinche tequila, coño de su madre el que la inventó. Porque al final la culpa siempre es de otro. Del mariquito que te sirvió. Del mariquito que te puso una reunión un viernes a las 10 de la mañana. Del día que pasa tan lento. Del mundo que no te quiere dejar en paz. Del ratón. La culpa es del ratón. Por mucho, el peor amigo del hombre.

7 comentarios:

Or@ dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Or@ dijo...

Yo pienso mil veces antes de tomar por las consecuencias. Más que el ratón, yo lo que odio es cuando me tengo que acostar que todo te da vueltaS y sientes como que si vas a salir volando al infinito Y más allá. Aprendí en esos días a dormirme con los ojos abiertos, es arrecho, pero si los cierro me jodí. Como sufro, siempre en esos instantes pienso que me voy a morir, me entra desesperación porque no puedo respirar y me angustio mal. Uno si es masoquista.

Bibi dijo...

Jajajaja.. Es así...

Mejor descrito, imposible!

Matilde Amorell dijo...

Yo todavía me averguenzo de mi pea de antes de los 20 años. Aguanto todos los chalecos menos ese. Para mi, la gran pea de mi adolescencia es un tabú.

Doña Treme dijo...

Espera mi próximo post. Justamente trata de las cosas que dejaron de ser "cool" cuando rompiste la barrera de los 30....
Un abrazo

Esencialmente dijo...

Jajaja lo del pañal me acordo la primera PEA de verdad verdad siendo mama, me desperte porque tenia a mi chamo encima a las 8 am abrazandome y dandome besos preguntando si no habia cole!!!! me senti ttttaaaan mal jajaja pero hoy me rio! fue una buena noche!

Manuela Zárate dijo...

Sí. A mi también me averguenza mi pea adolescente, aunque tengo que reconocer que medio la repetí en Enero de este año y me sentí tres veces peor.
Doña Treme ya quiero ver ese post.

Y Ora, eso de anclarse es horrible. Yo en esa pea que me metí en Enero juraba que de verdad me moría. Pensaba coño, me van a tener que venir a buscar en ambulancia. Qué verguenza. Estaba en la playa además. Eres una dura si puedes dormir con los ojos abiertos, ajjaja, yo me distraigo tanto que creo que jamás podría.

Tienes razón, uno es masoquista y pendejo, mal!